Muchos pasamos por esta fase en la que nos planteamos que ya ha llegado el momento de ayudar a nuestros hijos a que se deshagan del chupete.

A veces nos lo planteamos por la gran dependencia que algunos bebés tienen hacia este objeto, otras veces por que creemos que está resultando un obstáculo para el desarrollo del habla, y en otras ocasiones para evitar posibles problemas con la dentición.

Bueno, yo tengo mi particular visión sobre este asunto porque en casa tengo un niño que nunca quiso chupete pero que a los 6 meses comenzó a succionarse el dedo y a día de hoy sigue con ello cuando necesita relajarse y tengo otro niño que utilizó el chupete y que yo se lo quité un par de meses antes de que cumpliera tres años.

Me gustaría explicarte mi experiencia en los dos casos, puesto que sobre uno de ellos no tengo control (no puedo quitarle el dedo y no me parece respetuoso utilizar todo tipo de productos para  embadurnar su dedo y que tenga mal gusto) y sobre el otro sí lo tenía y lo utilicé.

Lo primero de todo me gustaría partir de la base de que el chupete es un elemento artificial, que el bebé coger por sí sólo así que cuando llegué el día en que queramos quitárselo debemos recordar que quién se lo dimos fuimos nosotros. El o ella no se fue a la farmacia a comprarse un chupete, fuimos nosotros quiénes le ofrecimos ese instrumento cómo método para relajarse y calmarse. Y no digo que esté mal, pero recordar que nosotros los metimos en esto nos resultará útil para no desesperarnos con el niño ni acusarle de estar enganchado al chupete.

Si estás pensando en quitarle el chupete a tu peque quizás te ayude leer mi experiencia.

Si estás pensando en quitarle el chupete a tu peque quizás te ayude leer mi experiencia.

No juzgo el hecho de dárselo o no dárselo,

creo que no deberíamos dárselo por sistema nada más nacer cada vez que el bebé llora si no que podríamos observar y conocer primero a nuestro bebé un poquito, intentar calmarlo con calor corporal, con contacto físico, con el latido de nuestro corazón, y permitir que llore en nuestros brazos y con nuestro apoyo en lugar de precipitarnos a intentar “silenciar” el llanto.

Estoy convencida que si nos sentimos seguras de nosotras mismas, si los papás se sienten seguros de sí mismos, si confiamos todos en que somos los mejores padres del mundo para nuestros hijos, nuestros bebés se calmarían enseguida con tan sólo nuestro contacto y no necesitarían chupete. Pero lo más habitual es que estemos hechos un manojo de nervios esos primeros días y no logremos transmitir la calma necesaria a nuestro bebé, por eso, es muy humano que finalmente decidamos utilizar objetos de consuelo para nuestros peques.

Bueno, el caso es que yo les dí chupete por inercia a mis peques desde el primer día (aunque el mayor lo escupía). Así que pasados los años llegó el momento de ayudar a mi peque a desapegarse de ese objeto que tanto le gustaba, porque a pesar de saber que fui yo quién se lo doy, también sabía que tenía que ser yo quién le ayudase a abandonarlo. Así que esto fue lo que hice:

Comencé a hablar sobre dejar de utilizar el chupete unos cuantos meses antes de que finalmente lo dejara; no exagero si la primera vez que se lo expliqué fueron unos 3 o 4 meses antes…jejejejeje.

Cuando encontraba un buen momento le hablaba de que íbamos a dejar de utilizar el chupete, que habría un día que ya no lo utilizará, y que le diríamos adiós.

Entonces, pasado un mes y medio o así comencé a decirle con más frecuencia que iba a dejar el chupete y que necesitábamos encontrar la manera de hacerlo. Le pedía que me diera ideas, que me dijese qué quería hacer con el chupete. Él a veces estaba más por la labor y otras veces menos, y proponía cosas pero sin demasiado entusiasmo. Pasaron algunas semanas más manteniendo estas mini conversaciones, y entonces hubo un día que le propuse cambiar el chupete por algo que le gustase más, algo que si quería podíamos ir a comprar juntos. Primero estuvo mirando por casa entre sus peluches y juguetitos pero nada le convencía, así que al día siguiente nos fuimos a una tienda a mirar cosas (le recordé que íbamos por el chupete y volvimos a tener la conversación).

Y una vez allí él encontró su compañera ideal: “A Dora la exploradora” y quiso comprarla y volvimos a hablar sobre que dejaría el chupete.

Por la noche, al llegar la hora de dormir él estaba supercontento con su muñeca y entonces afrontamos de lleno el tema del chupete.

Él estaba completamente de acuerdo en no utilizar más el chupete y yo le pedí que me dijera que quería hacer con él. Con su lengua de trapo me dijo que quería hacerlo lo mismo que al chupete de su primito (su primito dormía con un chupete que ya no tenía tetina porque se había roto y su madre se la cortó porque no quería ningún otro chupete del mundo así que el pequeño dormía desde el año y medio con ese chupete sin tetina cogiéndolo con la mano). Así que mi hijo quería cortarle la tetina a su chupete y luego dormir con él en la mano.

¿Estás seguro? Le pregunté y le repetí lo que yo había entendido para que asegurarme de que era eso. Así que fui a por las tijeras y delante de él cogí el chupete, le pregunté si le cortaba la tetina, le pregunté si “por aquí” (con la tijera abierta y la tetina del chupete en medio) y el dijo “sí”. Y la corté. Me costó más a mi que a él. No las tenía todas conmigo pero sabía que una vez tomada una decisión lo mejor era afrontarla y no volver atrás, así que no tener el chupete en casa iba a ser lo mejor si por la noche el peque lloraba y yo tenía la tentación de devolverle el chupete. Así que juntos fuimos a la basura y tiramos la tetina, y dejamos el resto del chupete en su cama y nos preparamos para dormir.

Estaba muy contento, cogió su dora, cogió su chupete sin tetina y lo mantuvo en la mano, me dio las buenas noches y….hasta la mañana siguiente. Sin una lágrima, sin un despertar, sin un recuerdo de su chupete….lo cierto es que me quedé sorprendida aunque pensándolo fríamente, creo que llevaba tanto tiempo contándole que iba a dejar de utilizar el chupete ¡que ya lo tenía super asimilado! Jajajajaja.

Y así fue cómo afronté la retirada del chupete.

Con mucha paciencia, poniendo en sus manos la decisión final de qué hacer con el juguete, buscando alternativas hasta encontrar aquella que más le motivaba, sin olvidarme que era pequeño y que debía ayudar a su memoria a recordar nuestra conversación y planificándolo con mucho tiempo.  También he de decir que no le repetía el rollo todos los día ni siquiera todas las semanas, que esos 4 meses en que lo estuvimos trabajando se lo iba diciendo de vez en cuando sin presión y sin utilizar un tono acusador o burlón. Sólo las dos últimas semanas fueron las que más veces hablamos del tema y especialmente los últimos 3 días antes de la noche en que decidió dejarlo. Y yo no decidí que noche tenía que ser, esperé a encontrar el momento ideal y en que lo vi más receptivo para aprovechar la ocasión.

Y bueno, lo que después ocurrió fue que al cabo de unos días no se acordaba de coger el chupete para tenerlo en la mano y dormir con él, y que la muñeca dora y las ganas que tenía de dormir con ella le duró poco más de una semana porque enseguida quiso volver a coger su osito de peluche preferido.

Quería hablarte sobre cómo afronto el tema con el mayor, que succiona su dedo pulgar, pero me he alargado mucho en este artículo y si te parece vamos a dejarlo para el próximo día.

¿Me cuentas cual es tu experiencia con los chupetes? ¡Me encanta leer tus comentarios!

Nuria Ortega

http://www.educarparaelfuturo.com