Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
AHORA

Los acusamos de impacientes y caprichosos. De pesados o insistentes.
Lo quieren todo y lo quieren YA.

No aprenden que si nos piden agua, tendrán que esperar a que lleguemos a la cocina, a que dejemos de hacer lo que estábamos haciendo…y deben de entender que no hace falta pedir el agua desde que sienten sed hasta que tienen el vaso en su mano.
“Mamá quiero agua. Tengo sed. Mamá agua. Mamaaaaaá, quiero aguaaaa!”

Y así para todo.

Cuándo aprenderán que no somos sus esclavos y que las cosas llevan su tiempo? Cuándo se darán cuenta de una vez por todas de que no pueden tenerlo TODO YA?

Pobrecitos….Crecen en la exigencia del “a la primera”, del “ahora mismo”, del ” Inmediatamente”

Y no.

No va a aprender NADA AHORA.

Porque el aprendizaje es mucho más complejo que la asimilación por repetición, mucho más sutil que el mismo grito en 7 tonalidades diferentes.

Porque lo que les marca AHORA, no les enseña nada. Sólo les paraliza, les asusta, les enseña a depender o a exigir a los demás.

El aprendizaje requiere el desarrollo de una serie de procesos que LLEVAN SU TIEMPO. Nos puede parecer que les hemos repetido “recoge el abrigo” un millón de veces y no entendemos por qué no lo han captado todavía, pero es que el hecho de aprender a recoger es más complejo que esperar una orden y cumplirla, y el hecho de tener que seguir repitiéndolo se debe, entre otras cosas, a una razón muy simple: no aprenden lo que escuchan, si no lo que ellos mismo procesan.

Y eso nos pasa a todos.

Si quieres que tus hijos aprendan y de paso “te hagan caso” has de entender dos cosas:
1- No les digas lo que “tienen que hacer”
2- Respeta (con kilotones de paciencia) sus procesos, igual que te encantaría que la sociedad respetara los tuyos.

El punto 1 parece complejo, pero entendiendo que no estamos programados para “obedecer”, sino para “solucionar”, usa tu imaginación y ponle retos a tus hijos, no les des “órdenes”. Y el respeto, es cuestión de empatía.

AHORA

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Ser niño es como llegar a un país extraño, sin saber el idioma y con gente grande que quiere TODO YA.

María Soto. www.EducaBonito.com

Los tesoros de la tristeza

Los tesoros de la tristeza

Los tesoros de la tristeza

A veces me siento triste. ¿Y tú?

¿Crees que estar triste es bueno? ¿Que es malo?

¿Qué piensas de la tristeza?

La tristeza es una emoción. Sí, no digo nada nuevo.

Pero si te digo que todas las emociones están bien, entonces… ¿sentir tristeza está bien? Pues sí, está bien; y puede que eso te rechine, porque no es lo que nos han enseñado.

Sentir tristeza está bien.

¿Te estoy sugiriendo con esto que te dejes arrastrar al pozo de la amargura? ¡Pues no!

Lo que te sugiero es que la aceptes, que no la rechaces, que no luches contra ella.

Sé que esto no es lo que solemos oír. Sé que cuando estás triste, como a casi todos, lo que te dicen es:

“¡Animo, no es para tanto!”; “Anda, no llores, que no me gusta verte llorar”; “Tampoco es para ponerse así”; “Para lo que te sirve llorar…”; “Venga, no pienses mas en ello”; “No quiero verte así de triste”.

Y frases por el estilo, todas ellas con un nexo común: negar la emoción, aplastarla y hacerte parecer inadecuado por sentirla. ¡Ojo!, todas con la mejor de las intenciones, esa intención que pretende que al no mirar la emoción ¡desaparecerá! como por arte de magia.

¡Craso error!

¿Pero entonces que te propongo?

Te propongo sacarle el jugo a tu tristeza, porque hay un gran tesoro tras ella, un tesoro de incalculable valor: el medio para recuperarte y reflexionar.

Cuando estamos tristes nuestra energía baja y se queda bajo mínimos. No nos apetece hacer nada y parece como si todo lo externo a nosotros perdiera brillo y pasase a un segundo (o tercer) plano. Estamos totalmente “encuevados” en nuestro interior.

Entonces podemos hacer varias cosas:

  • Negarlo y tratar de seguir como si nada. La consecuencia es una pérdida de brillo general en nuestra forma de mirar la vida.
  • Dejarnos arrastrar por ella alimentándola con pensamientos negativos.
  • Aceptarla y acogerla.

Habrás adivinado ya que las dos primeras, a pesar de que suelen ser las que escogemos… no son las más adecuadas. Aceptarla y acogerla es una forma de gestionar la tristeza emocionalmente inteligente.

 

¿Cómo aceptamos y acogemos a la tristeza?

  • Llámala por su nombre, dilo en voz alta o en tu mente, no importa: “Estoy triste”

  • Acéptalo entendiendo que todos la sentimos y que no es nada malo, no eres defectuoso por sentirte así: “Estoy triste y está bien”

  • Acógela escuchando su mensaje

    . La tristeza te pide que descanses, que dediques tiempo para estar contigo, para llorar tu pena (sea la que sea), para sanar tus heridas con compasión y amabilidad, para actuar contigo como lo haría un amigo de esos que valen oro (de los que escuchan sin juzgar y te ofrecen un abrazo)

 Llorar es bueno, llorar ayuda a digerir la tristeza y a descargar la pena.

  • Reflexiona sobre los cambios que necesitas

    para mejorar aquello que haya provocado tu tristeza, pero espera un poco a ponerlos en práctica. Sabrás que ha llegado el momento de hacerlo cuando la luz vuelva a salir a través de tu corazón, cuando hayas soltado esa pena, cuando sientas que la energía vuelve poco a poco.

 ¿Y si es el niño el que está triste?

  • Consuélale sin juzgarle.

  •  Escúchale con atención plena y comprensión, 
  • No trates de solucionárselo todo tú.
  •  Abrázale sin más.
  • A veces solo hace falta esto para reconfortar al otro.
  •  Ponte en su lugar, empatiza con él.
  • Es probable que tú también te sintieses así si estuvieses en su piel y situación. Házselo saber.
  •  Explícale qué es la tristeza, cuéntale cuáles son sus tesoros; ¡ahora ya los conoces!
  • Y puedes leerle el cuento de Dopi y el baúl de la tristeza 😉
  •  Ten la paciencia necesaria para dejar que sane su corazoncito herido, no le metas prisa.
  • Estate dispuesto para consolar, abrazar y escuchar, para ayudarle a buscar soluciones haciéndole preguntas que le lleven a sus propias conclusiones o ofreciéndole varias alternativas si no se le ocurre nada.

Ana Isabel Fraga

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