Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

 Confía en el proceso /¿Qué había en la maleta?

A veces los hijos, sobre todo si son adolescentes, envuelven sus mejores regalos en la peor caja de presentación, eligen su tarjeta más cutre… ¿Porqué lo harán? Se me ocurre que quieran asegurarse de que tu amor es incondicional, que sabes distinguir, sin dudar, lo esencial, de lo que no lo es.

O tal vez sea que cada uno tiene su lógica privada y, aunque crees que conoces algo a tu hijo, hay partes por descubrir (¡qué bien!) porque aún no están habilitadas. Puede ser que cada uno tiene su propia manera de mostrarse, de dejar que entres en su corazón.

Observo, observo bastante perpleja lo maravilloso que es verles crecer, ir poco a poco encontrando una forma suya, intransferible. ¡Cuánto aprendo cada día!

Este es el primer año en la universidad y en la residencia de David, se hacen la colada ellos mismos, o alguna vez con la ayuda de las lavanderías de La Coruña 😉 Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Había sido una semana de mucho amor al analizar las cosas, porque yo ya no creo que haya herramienta mejor para educar y sobre todo, para usar conmigo misma. El cariño y la conexión son la única manera de asegurarnos que todos podemos avanzar. Confiar, era toda mi estrategia educativa. Bueno, toda no, pero era la línea principal.

Me llama para avisarme de que un compañero me traerá, al día siguiente, una maleta con ropa sucia.

Empiezo a hacer prácticas con una palabra muy eficaz cuando no estás segura de lo que vas a querer decir: “cá-lla-te” Y de momento quedo satisfecha con el resultado. “Ya veré si cojo la ropa como rehén (recomendación de una amiga)”

A última hora me dice que “el paquete” llegará antes de lo previsto. Aprovecho para preguntar cuál es el problema con la ropa. Al día siguiente, se aseguraba de que estaría en la estación para recogerla. ¿Cómo no me di cuenta del seguimiento exhaustivo que estaba teniendo la maleta?

“La lista” que hay en cada madre, “la que está de vuelta cuando ellos van” y “la que todo lo sabe”, se apoderó de mí y tomó el mando.

Mientras esperaba en la estación, pensaba en la gran campaña de la ONCE para este año. ¿Compensa ser madre? Me sentía confusa, dividida y ridícula pensando en que no quería ser una madre rescatadora de esas que aconsejo no ser. Porque el anuncio de la campaña es muy gracioso pero hacer las cosas por tu hijo no le capacita a él para hacerlas.

Y seguí pensando, con la wifi de futuro a tope, pensando en que era la primera vez que lo hacía pero si no lo resolvía adecuadamente… ¿Qué sería de él?

 Como respuesta, imaginaba toda suerte de catástrofes. Cualquier madre sabe cómo puede desarrollarse este párrafo… el pensamiento se dispara.

Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Volví a casa con la maleta. No quería darme prisa y ponerme a resolver el asunto de la colada para tenerlo todo listo cuanto antes como se supone que haría una madre ejemplar. Aunque sólo fuera porque lleva meses viviendo fuera ¿Cómo te vas a negar? Dejé pasar un tiempo pero antes de salir para el trabajo decidí echar un vistazo.

Allí había ropa arrugada. No tanta cómo pensaba pero, eso sí, estaba arrugadísima. Y empecé a sacar, haciendo montones. “Esto fue lo que le expliqué que tenía que hacer pero en el mes de mayo parece que aún no está claro” Según él “había manchas difíciles”  Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Quizá primero tenía que aceptar la maleta con su ropa sucia para poder encontrar en perfectas condiciones de presentación un paquete que ponía: Espero que te guste. Feliz día de la madre. Te quiero.

En cuanto puede darme cuenta de lo que estaba pasando me puse a llorar de emoción.

Parece que mientras yo luchaba contra la tentación de ser la “madre perfecta”, mi hijo también se resistía a ser el “hijo perfecto” Éramos tal para cual. Imperfectos ambos y empeñados en ser reconocidos por el amor y no por la función.

En ese momento pensé que no me cambiaría por nadie y que no quería cambiar nada de mi hijo. ¿Estaría cerca de la famosa “aceptación”? ¡Pues claro que no!

Pero sí confío cada vez más en que sea él quien ajuste su rumbo y sea su capitán, haciendo su travesía de la forma que para él tenga sentido.

Por ahora lo que tengo claro es que, cada vez “que lo importante sea lo más importante” y que nuestro vínculo de madre-hijo nunca se ponga en cuestión, estoy haciendo lo mejor que yo puedo hacer. El resto, será su decisión. Su derecho y su responsabilidad. Y sea cual sea, su padre y yo siempre estaremos a su lado.

 

ROSA F. BELLO

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

 

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

Mis tres hijos aun son pequeños y no han llegado a esta etapa de la vida, pero trabajo en un instituto y convivo con ellos a diario. Por eso observo, reflexiono, trabajo con ellos y veo los errores que los adultos cometemos en el trato diario con la adolescencia.

Y ahora pensareis  “Yaaaa,  pero ellos también cometen muchos errores ¿y entonces? Sí, claro que sí, pero ellos están en un proceso fundamental de aprendizaje, de desarrollo, de ser la persona que llegarán a ser, como podríamos decir “están aun en el horno”, por eso es normal que “saquen los pies del tiesto”, y es ahí donde

el adulto (ya sea como madre, padre, profesor…) ha de intentar mejorar la relación con ellos, modelar su propia conducta para ser un referente para ellos y obtener mejor ambiente.

No quiero enrollarme con los motivos neurológicos que hacen que el adolescente reaccione como lo hace, por que sería largo, pero nuestro hijo/a o alumno/a adolescente no es un extraterrestre sino un joven que está pasando por un proceso de desarrollo orgánico, mental, emocional… y todo tiene una explicación científica  o ambiental para sus conductas o reacciones. Sin entrar entonces en la explicación neurológica veamos ejemplos para analizar los errores nuestros como adultos y en su posible mejora de estrategia:

Están en casa y ponen los pies sobre el sofá o la mesa auxiliar cuando saben que no pueden, o están en clase y todos estamos ya corrigiendo el ejercicio y este alumno/a no ha sacado el libro. Entonces nos ponemos firmes y decimos “Haz el favor de sacar el libro que ya estamos corrigiendo y tú no has sacado nada”, “Otra vez con los pies en el sofá ¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo hagas? , que es nuevo, ¡baja los pies ya!”. Ante esto tenemos una respuesta de defensa, con voz alta, luchas de poder, mensajes donde hay un “siempre” o un “nunca” (“siempre estas igual” por ejemplo). CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

¡Adulto para y utiliza otra expresión!

    • Comienza diciendo: “Tenemos un problema y necesito poder solucionarlo”. Así le haces ver que esta situación no es un problema tuyo como adulto sino que suyo también y agradeces su aportación. Si estas en el aula habla con el joven en privado sobre ello, no dejándole en evidencia delante del grupo-clase.
    • Nos incluimos en el mismo barco. ¿La empatía, colaboración y asertividad se consiguen mediante la imposición, ejerciendo autoritarismo, cediendo, complaciendo? no, la podemos desarrollar si me implico y a la vez implico al otro, ofreciendo mi ayuda y agradeciéndole la suya, como un equipo que funciona si todos reman y aportan.
    • Antes de hablar o decir algo reconoce que estas enfadado por lo que está haciendo, el joven tiene que aprender algo (no pisar la mesa o el sofá o a sacar el material al tiempo…) y el aprendizaje de algo se hace con paciencia, respeto e implicación, nunca con sermones, gritos, faltas de respeto… Nunca con mensajes de acusación, de amenazas, de ataque, sino con mensajes de “vamos a ver este problema como lo solucionamos”. Se trata de no paralizarnos por el error sino de ir más allá, y verlo como una fuente de discusión que debe de ser enfrentada con visión de futuro, es decir, con propuestas de ver opciones.
    • Habla de cómo te hace sentir esa situación. El joven no es capaz de analizar tu punto de vista. Si no se lo haces ver no será capaz de decir cosas como: “pero bueno como no me doy cuenta del sofá, no puedo volver a poner los pies, que mi madre me lo recuerda siempre y se agota de repetírmelo” o “vaya a este profesor le estoy alterando la clase al no sacar mis libros, no es justo que le haga sentir así”. Ellos no llegan a estas conclusiones por ellos mismos porque la empatía se encuentra en la zona prefrontal del cerebro, zona aún en construcción en esta época. Así primero explícale cómo te sientes, o cómo te hacen sentir sus acciones o palabras para que se percate de ello.
    • Calmarme. Si yo como padre/madre reacciono con explosión, alterada, gritando… ¿qué está aprendiendo?. Los chavales aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan, así que da ejemplo. Puedes decir: “no me gusta nada lo que estoy viendo, voy a calmarme antes de gritar o decir algo que no sea educado”, “Fulanito, llevo un rato viéndote sin sacar el material, me encantará hablar contigo del problema que pueda haber antes de tener que llegar a que la situación sea más difícil de solucionar” (Esto siempre en privado o en bajo, de tú a tú).

No des las cosas por sentado, no digas que ya lo saben, que es predicar en el desierto o que te toman el pelo. Adulto (padre/madre/profesor) mira con otro prisma la realidad, somos ejemplos y debemos modelar así que primero llega a la calma y luego utiliza estrategias que generen habilidades no estrategias que generen miedo, revancha, enfado, ira y alejamiento emocional.

IRENE IGLESIAS RUIZ     CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE