Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Hoy abordamos un tema por el que me consultan muchas familias tanto a título personal en consulta como en mis talleres de padres y educadores sobre Montessori y sobre Disciplina Positiva. El compartir parece que preocupa y mucho.Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte o le cuesta compartir.

¿Cómo lo hacemos? ¿Qué hago para que comparta?

Primero de todo, tenemos que tener en cuenta que un niño menor de 3 años aún no tiene suficientemente desarrollada la corteza cerebral prefrontal por lo que carece de autocontrol, habilidades sociales y de capacidad para comprender dónde están los límites entre lo que es suyo y lo que es del otro. Es lo que Maria Montessori denomino mente absorbente inconsciente.

Un niño de esta edad, cuando observa o tiene en sus manos un objeto nuevo desea explorarlo a fondo y su deseo y su sed de asombro va mucho más allá de quién es el poseedor de aquel tesoro que desea investigar de todas, todas.

Será a partir de los 3 años cuando la corteza prefrontal ya está lo suficientemente desarrollada como para poder comenzar sus primeras relaciones sociales, de una manera muy tímida, pero sí que comenzamos a observar el interés por el otro y por comenzar a realizar juegos de roles que implican la interacción o el tener en cuenta al otro. Antes de esta edad, podemos ver a niños de dos años interactuando y riendo, pero aún no juegan juntos, con unas normas elaboradas que requiere el juego social, sino que se dice que juegan en paralelo. Para que nos entendamos: “juegan juntos pero no revueltos”.

Es muy importante entender esto para comprender que un menor de 3 años no tiene ninguna necesidad de compartir, porque no tiene desarrolladas las habilidades necesarias para ello.

Desde aproximadamente los 18 meses hasta los 3 años su estado evolutivo se enfoca a otra funciones como es explorarse a sí mismo en relación a su entorno, con ello confoma su autoconcepto y construye su propia identidad. ¡Ahí es nada!

A partir de que el niño tiene cierta complejidad de vocabulario aparecen expresiones como  el “yo” o “es mío”, en ese momento es cuando el niño entiende que es un ser individual. Pero pese a ello, no podemos caer en el error de que ya sabe compartir, su sentido de pertenencia y del tiempo es muy débil. Así, no es capaz de entender que las cosas que deja siguen siendo suyas y que volverán a sus manos y no desaparecen para siempre de su posesión.

Esta etapa de entre aproximadamente los 2 y los 3 años, también conocida como “terrible two” (los terribles 2),

 se caracteriza por las típicas rabietas “irracionales” ya que el hecho de que no disponga de capacidades sociales hace que no pueda canalizar su frustración de otras formas más efectivas, pero…todo llegará!!! Paciencia!!!!

¿Y entonces cómo lo hacemos? ¿Cuál es el papel de los padres?

Evidentemente, cuando eres padre/madre y tu cachorro arrebata un objeto a otro niño  o por el contrario le es arrebatado un objeto, la situación por nuestra parte es incómoda y como que nos entran muchas ganas de que los demás vean lo bien educados y generosos que son nuestros hijos y no queremos “quedar mal” en público. Pero, explicado lo anterior, ¿creéis que es lícito pedirle eso a un niño menor de 3 años?, ¿entra dentro de sus posibilidades?

A veces, hemos de dejar de mirarnos el ombligo y empezar a mirar el mundo con los ojos con los que lo ven los niños…

Ahora bien, no me cansaré de decir que como todo en la crianza para educar a nuestros niños en competencias para la vida el pilar fundamental es el modelado. Así, a compartir se enseña compartiendo.

Es decir, tú, papá o mamá eres el modelo en el que se ve reflejado tu hijo y cuando tu compartes cosas con otros o con él estás influyendo en que imite ese tipo de conductas, sobre todo cuando tenga la capacidad para entender el complejo concepto que encierra el compartir.

Un montón de veces me he encontrado situaciones de padres o abuelos mediando entre un conflicto de posesión del objeto entre niños. Y la solución, en muchas ocasiones, era quitar con violencia el objeto al que lo había arrebatado y devolverlo al que lo tenía o bien obligarle a dejárselo. Pero señores, ¿cuándo ofrecemos esta actitud visualmente ante los niños qué les estamos enseñando? Fijaos en el modelado, tú quitas y yo te quito = ¡¡¡todos quitamos!!!

¿Realmente con esta actitud estamos educando en la generosidad y en la cooperación, o en todo lo contrario?Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Y por otro lado, cuando sus principales referentes (mamá/papá, abuelos…) prestan algo suyo a un desconocido, ¿qué generamos en nuestros niños respecto a nosotros mismos? ¿Está situación nos conecta con ellos o nos desconecta? Sin duda alguna, el niño puede interpretar la situación y puede generar una pérdida de confianza en quien era su apoyo principal con la consecuente pérdida de sentido de pertenencia, perdida seguridad, estrés… Así que nos cargamos de un plumazo, y como el que no quiere la cosa,  el respeto mutuo.

Y ahora.. yo te pregunto a ti, adulto que me estás leyendo, ¿tú siempre quieres compartir? y… ¿lo compartes TODO, TODO?

Porque si yo voy tan tranquila por la calle y alguien me arrebata el bolso, ya puede haber alguien detrás que me diga “Mujer déjaselo un ratito, que hay que compartir!” (frase del millón con los peques). ¡¡¡Pepinillos en vinagre!!! lo mínimo que hago es salir corriendo detrás, gritar “al ladrón, al ladrón” y según la situación pues igual hasta lo denuncio… ¿Tu dejas que te arranque el bolso, el móvil, el coche, la novia/o… el primero que te encuentras? ¿Y aunque sea un conocido también estás siempre dispuesto a compartirlo TODO? Yo no.

Entonces, ¿por qué exigimos a los niños que compartan cuando nosotros no siempre lo hacemos?

Lo mejor que podemos hacer es modelar como os he dicho anteriormente e inculcar en el niño valores cómo acompañarle en el conocimiento de dónde están sus límites. Sus cosas son suyas y su cuerpo es suyo, y comparte si quiere, cuando quiere y con quién quiere.

Yo no soy muy partidaria de intervenir si dos pequeños entran en conflicto, os animo a saber esperar, son grandiosamente creativos y muchas veces ellos mismos encuentran las soluciones. Sólo intervendremos en casos que atenten a la seguridad y salud, como por ejemplo si los niños empiezan a pegarse con el objeto o se lastiman a ellos mismos o al material. En ese caso los podemos separar y alejarnos de la zona de conflicto para recanalizar la frustración y redirigir al niño hacia otros derroteros hasta que se hayan calmado. En niños menores de 3 años puede que el asunto acabe aquí y en los mayores de 3 años se necesiten otras estrategias adicionales cuando el ambiente se haya enfriado y que le permitan reflexionar sobre lo acontecido.

Otra cosa que podemos hacer es acompañar al niño validando sus sentimientos, por ejemplo al que no lo quiere compartir,

“Sé que te molesta dejar tu juguete, si quieres puedes decirle al otro niño que no te apetece dejárselo hoy”

En el caso de que el niño no quiera dar por él mismo el mensaje, una opción es sonreír al otro niño que lo quiere y decirle que lo sientes mucho pero que a tu hijo hoy no le apetece compartir el juguete, tal vez otro día…Pero como os comento, yo en general prefiero no intervenir demasiado.

¿Y en caso de los hermanos?

Poner voz al pequeño si no tiene lenguaje y validar la emoción que le provoca que le hayan arrebatado el objeto “Estás llorando porque no te gusta que tu hermano te haya quitado el juguete”, si no te gusta se lo puedes decir, y darle opciones: “¿Hay algún otro juguete con el que te apetezca jugar?”

Nos aseguramos que el mayor está oyendo eso, y acto seguido se les pregunta a los dos si creen que puede hacer algo para que los dos puedan disfrutar del mismo juguete.

Se les alienta a que busquen soluciones sobre qué hacer cuándo los dos quieren lo mismo al mismo tiempo para que las puedan aplicar ahora y en el futuro.

En caso de que sea el pequeño el que arrebata o desordena los objetos del mayor, se valida su emoción “Entiendo que ahora estás molesto porque tu hermana te ha desmontado tu construcción y que te quite tus juguetes, ¿crees que le podemos dar alguna alternativa de juguete para que juegue?”

Si el niño dice que sí y ofrece un juguete le animamos a que le explique al pequeño que no le gusta que le quite sus juguetes pero que puede jugar con ese. Si dice que no quiere dejar sus juguetes le animamos a que lo exprese así a su hermano y pedirle que este respete su decisión.

Es muy importante en estos casos que no nos posicionemos hacia ninguno de los niños ni vayamos al rescate del más perjudicado, ya que esto genera muchísima rivalidad y competencia entre ellos y crea roles que pueden enquistarse de víctima y culpable y se carga automáticamente las relaciones horizontales y nos sitúa modelando la lucha del poder y no de la cooperación.

Es preferible no hacer de juez, usar el “nosotros”, hacer de traductor de mensajes y emociones (sin descargar nuestros juicios en ellos), acompañándoles y guiándoles en la búsqueda de ideas y soluciones, en lugar de buscar culpables.

Una de las premisas de la Disciplina Positiva es el respeto mutuo, así que antes de dejarle a otro niño algo que es de nuestro hijo y que no nos pertenece, deberíamos preguntarle a nuestro hijo si quiere dejarlo, y respetar su decisión, sea su hermano o sea un desconocido.

¿Y a partir de los tres años?

Pero, a partir de los 3 años sí que podemos empezar a implementar otras estrategias, como trabajar las habilidades sociales. En Montessori lo hacemos a través de teatrillos de gracia y cortesía dónde el niño puede ensayar y mejorar su comunicación con su educadora y con otros niños. A través de estos juegos de rol,  el niño pone en marcha habilidades sociales con los demás, en situaciones cotidianas concretas en las que sabe a la perfección qué hacer y qué se espera de él. Así puede expresar, por ejemplo, su capacidad asertiva en diferentes situaciones, tanto aquellas en las que necesite comunicar que no desea dejar tal cosa, como en situaciones en las que lo que necesita es pedir algo prestado a otra persona.

En ese momento madurativo ya tiene capacidad para ponerse en la piel del otro y sentir cierta empatía para poder entrenarse socialmente. Además ya tiene más interiorizado en sentido de pertenencia y entenderá muy bien que aunque el objeto pase por diversas manos no desaparece para siempre y sigue siendo suyo.

Para concluir este artículo sobre el compartir, no olvides que siempre, siempre, siempre debemos respetar la decisión del niño. Él tiene la última palabra.

Y por supuesto, continuar  modelando ¡¡¡¡que es gerundio!!!!

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Clara,

MamiLATTE