Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
la carta alta

Todos vivimos momentos difíciles, situaciones en las que perdemos los nervios con demasiada facilidad o al menos con más de la que nos gustaría.

Sí, somos humanos y cuando nuestro cerebro reptiliano se pone al mando, da igual lo mucho que sepas de educación emocional, coaching o Disciplina Positiva, porque aunque tengamos estrategias para gestionar nuestras emociones de forma sana y respetuosa cara a los demás y a nosotros mismos, hay momentos en los que la emoción toma el control y nuestro comportamiento adopta papeles de los cuales no nos solemos sentir muy orgullosos… ¡decidme por favor que esto no solo me pasa a mí! 😉

Cada uno de nosotros solemos adoptar un tipo de comportamiento distinto ante estas situaciones.

¡Cuidado! Repito, comportamiento, porque eso es lo que hacemos nos comportamos de una forma o de otra, pero no somos nuestros actos y muchos menos esos actos que realizamos desde el miedo o el estrés que nos afectan en una situación difícil. La diferencia entre lo que somos y lo que hacemos daría para otro post o quizás hasta para un libro, dado lo extenso y complejo de este debate, pero, hoy no vamos a hablar ello. Por eso quiero subrayar la importancia de tomar consciencia de que nos vamos a referir a nuestro comportamiento.

En los talleres de Disciplina Positiva solemos hacer una actividad que se llama “La Carta Alta”. Una dinámica que el Dr. William Pew explica basándose en las raíces y enseñanzas de Adler y Dreikurs y cuya finalidad no es otra que una herramienta para entendernos un poco mejor a nosotros mismos y a los demás, es decir, tender un puente hacia el entendimiento.

Según esta teoría, todas las personas jugamos una carta alta en nuestros momentos de tensión y estrés. Algunos, ante este tipo de situaciones, suelen identificarse con un águila que en sus peores momentos necesita sentir que tiene el control de la situación mientras vigila todo desde las alturas. Su comportamiento suele estar asociado a ocultar sus debilidades, ponerse a la defensiva o ser críticos.

Otros, aquellos que se identifican con el camaleón, suelen adoptar conductas en los momentos difíciles que los llevan a evitar los conflictos, ceder, no decir lo que sienten, tener dificultad para posicionarse, etc.

Por su parte, las personas cuyo “símbolo” es el león, suelen tener comportamientos en situaciones complicadas en los que tienden a hacerse cargo de todo, adoptan una postura crítica hacia sí mismos o nunca estar satisfechos. Por último, están las personas que se identifican con la tortuga, esas que es estos contextos complicados se preocupan mucho, pero les cuesta encontrar soluciones, son difíciles de motivar y no arriesgan ni toman la iniciativa.

Seguramente que mientras leías cada una de estos ejemplos te sentías identificado con alguno o incluso puede ser que con más de uno de estos animalitos.

Todos conocemos a algún león, tortuga, águila o camaleón. Sin embargo, lo interesante de esta reflexión no es etiquetar nuestro comportamiento o encasillarnos, sino conocernos un poco más para reflexionar sobre la siguiente cuestión: cuando me comporto como me comporto, ¿qué provoco en los demás?, ¿a qué les estoy invitando con mi comportamiento?

Todos sabemos que nuestros actos tienen una influencia en aquellos con los que nos relacionamos. Vivimos en sociedad y nos movemos en grupos -la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, etc.- Párate a pensar un momento ¿eres consciente de cuál es el rol que adoptas en cada uno de ellos?.

Si en esos momentos de tensión, nos comportamos como camaleones puede ser que los demás perciban en nosotros que no somos claros o que incluso le invitemos a desconfiar de nosotros. Si adoptamos el papel del león, puede pasar que los demás puedan incluso sentirse “inferiores” a nuestro lado. Si nos comportamos como las tortugas, puede que los demás sientan que tienen que asumir nuestras responsabilidades. Y, si controlamos todo como el águila, quizás los demás puedan sentirse agobiados y esto les cause rechazo.

Casi nunca  somos conscientes de qué patrón de comportamiento solemos estar adoptando y, sobre todo, del impacto que esto tiene en las personas con las que compartimos nuestro día a día.

A la hora de educar esto incluso se hace más patente, porque muchas veces con nuestra forma de comportarnos o enfrentarnos a una situación difícil provocamos que los niños adopten un patrón de conducta determinado y no nos damos cuenta de que muchos comportamientos que se repiten son causados porque, en cierto modo, los estamos “provocando”.

No se trata tampoco de que nos sintamos culpables, ni que nos encasillemos a nosotros mismos o a los demás, sino de reflexionar. Reflexionar, eso que casi no solemos hacer dado el ritmo de vida que muchas veces llevamos, pero que es tan necesario para poder entendernos y relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los otros y, especialmente, para comprender que en la diversidad está la riqueza.

No es mejor ni peor comportarse como un águila, una tortuga, un león o un camaleón. Todos tenemos debilidades y fortalezas, pero gracias a que entre todos formamos este bonito ecosistema que es la vida podemos crecer y nutrirnos los unos a otros y por ello, GRACIAS…

 

la carta alta

la carta alta

Y, citando a la entrenadora de Disciplina Positiva, Angélica Joya:

“Gracias

…a las tortugas porque sois vosotros quienes nos recordáis que debemos PARAR. Parar y disfrutar. Parar y oler las flores, descansar y vivir el momento.

… también a los camaleones por recordarnos que debemos escuchar antes de intentar ayudar a alguien, que debemos hacer un esfuerzo por entender a otros, que hay mas de una forma de interpretar el mundo.

… a los leones por siempre ir mas allá, por romper el status quo, por no rendiros y luchar porque el bien común.

… por supuesto también a las águilas por hacer que todo funcione y permanezca en orden, por vuestro liderazgo y por hacer posible que se hagan realidad muchos sueños.”

Y, muchas gracias a ti por estar aquí, por leerme y por regalarme un poquito de tu tiempo ¡Gracias!

Marián Cobelas, www.mariancobelas.com La Revolución de las Mariposas (Blog)

*Fuente: Actividad “La carta más alta” (Manual de Facilitadores de Disciplina Positiva). Adaptado de Do It Yourself Therapy, Lynn Lott, Riki Intner, Barbara Mendenhall disponible en http://www.empoweringpeople.com

ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

¿Cuántas veces al día haces cosas “bien hechas” sin esperar nada a cambio?

Ese es el principal problema. El binomio premio/castigo es el mayor de los engaños educativos.

En otras ocasiones hemos hablado y volveremos a tratar el tema de los castigos pero, ¿qué pasa con los premios y halagos?  Pues que todo tiene un valor intercambiable. Que todo lo que aprendemos tiene una consecuencia cuantificable y mesurable en “me compensa o no”…

¿Y si eliminamos los premios? ¿Y si educamos sin materialismo, manipulación y chantaje?

Está claro que es imposible hacerlo si el planteamiento educativo que tenemos no va más allá del “que me obedezcan”.  Eliminar el condicionamiento requiere una “remodelación” completa  desde los cimientos hasta el tejado.

Partiendo de la base de que en la infancia se aprenden los patrones con los que luego vamos a entender e interactuar en el mundo, debemos replantearnos la posibilidad de dejar de prometer y ofrecer “cosas a cambio” y empezar a mostrar el valor mismo de los aciertos, de las “cosas bien hechas” y , mucho más importante : de los AVANCES DEL PROCESO.

Si pretendemos que “hagan lo que queremos”,  y “ya mismo”, claro que necesitamos un intercambio inmediato.

“Come y te pongo Peppa Pig”

Si entendemos que TODO, ABSOLUTAMENTE TODO es un proceso que requiere pasar por fases en las que se van adquiriendo competencias POCO A POCO, podremos permitirnos un “mañana saldrá mejor” cuando las cosas van mal y un “¡lo has conseguido!” cuando todo va bien.

No todo debe ser a cambio de algo. Los valores como el esfuerzo por mejorar, el autoanálisis para la crítica constructiva, la satisfacción por alcanzar retos y el aprendizaje de los errores NO SE APRENDE EN NINGÚN LIBRO, no a cambio de nada…

Es muy improbable que nuestros hijos aprendan a tener un “autocontrol” si todo los que les “controla” viene de fuera. Si siempre están esperando ese “algo” que PAGUE lo que han “hecho bien”.

Y sin darnos cuenta estamos empujando a nuestros hijos a confundir el VALOR de las cosas por EL PRECIO…que son dos cosas demasiado distintas.

Necesitamos ofrecer a nuestros hijos la maravillosa sensación de satisfacción al superar un obstáculo, al encontrar una solución a un problema, al experimentar CRECIMIENTO. Ningún gomet verde enseña todo eso. Necesitamos hacerles entender que no se es “bueno” por obedecer más rápido. ¿Qué es ser bueno? Eso es otro debate…

El premio y la alabanza les hacen dependientes de valoración externa, de juicio ajeno…adictos del aplauso y del los verbos conjugados en condicional.

No premies sus aciertos, pregúntale qué siente por haberse superado, aliéntale para seguir por ese camino y felicítale por haber sido capaz de hacer algo que antes no conseguía, que el premio sea la sensación de triunfo, porque la percepción de CAPACIDAD es la base de la autoestima, es un pilar maestro de su equilibrio emocional futuro.
Hazle consciente de que el mayor regalo por intentar hacer las cosas lo mejor posible es llegar a donde se propongan, pero sobretodo es LA INTEGRIDAD. Nada puede comprar eso.

María Soto

http://educabonito.com