Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
“Mi hijo DECIDIÓ saltar la valla, yo DECIDÍ seguir cambiando el mundo”

Decidí que era una oportunidad excepcional para practicar y modelar que eso tanto divulgo, el respeto mutuo , el aprovechamiento de los errores como oportunidades de aprendizaje, crecimiento, fortalecimiento de vínculos y conexión emocional, enfoque en soluciones y, en definitiva, poner un granito de arena más hacia el cambio de paradigma educativo.“Mi hijo DECIDIÓ saltar la valla, yo DECIDÍ seguir cambiando el mundo”

Estaba yo terminando una sesión a domicilio con unos padres cuando me entra una llamada, la veo aunque lo tenía en mute y pido permiso para atenderla porque veo un número infinito (de esos que sabes que son de hospital o de centro educativo…)

“Hola, buenos días”

 “Buenos días  ¿es usted la madre de…..?”

“Sí, dígame”

 “Mire, soy el jefe de estudios del instituto y tengo que comunicarle que…”

Aquí empieza una descripción de los hechos que recuerda a investigación policial o capítulo de CSI Las Vegas: “Su hijo no está en el centro (…) ha salido de forma ilegal (…) le hemos identificado por las grabaciones de las cámaras de seguridad (…) etc.”

“Mi hijo DECIDIÓ saltar la valla, yo DECIDÍ seguir cambiando el mundo”

“Mi hijo DECIDIÓ saltar la valla, yo DECIDÍ seguir cambiando el mundo”

Todo real, todo cierto… ¡pero tan impactante cuando ESTO no te lo esperarías nunca de tu hijo!

Bueno, el primer sentimiento es de fraude, me siento defraudada o engañada por mi hijo y es duro. No sé si realmente no me esperaba algo así de él o, simplemente, nunca me había planteado que tuviéramos que vivir algo así por primera vez.

Las que me leéis y ya lo habéis pasado una o mil veces lo veréis como una anécdota de madre novata en estos menesteres, las que me leéis y no os ha pasado (nunca o aún) entenderéis que el pecho te da un vuelco y en 3 segundos repasas lo que va a pasar ahora (posiblemente, porque estás suponiendo a la vez que intentas mantenerte en calma, auto-controlada).

Llegaron pensamientos del tipo: “Madre mía, mi hijo escapándose las 2 últimas horas de un viernes, se inicia un expediente disciplinario, las consecuencias serán que le prohíben ir a Londres… ¡¡que se van de viaje de estudios pasado mañana!!, ¿en qué estamos fallando para que necesite hacer esto, cómo me presento yo esta tarde y mañana sábado para seguir con mis talleres con padres?… si yo no estoy sabiendo hacerlo como él necesita, no sé cómo se lo tomará el padre, no sé qué decisiones tomará su hermano… y tengo que conducir durante una hora para llegar a casa y encontrarme con él. A ver qué hacemos…”

Y, antes de entrar en el segundo 4, y de una forma totalmente consciente, DECIDO QUE VOY A HACER LO QUE CREO MÁS COHERENTE Y RESPETUOSO, seguir siendo modelo de lo que defiendo: la educación democrática.

Lo primero AUTO-CUIDADO, necesito estar bien para poder cuidar a otros y CALMA porque debo estar auto-controlada para poder, además de cuidar, educar. Así que, al encenderse el chivato de la gasolina, tuve una gran idea. Parar en una estación de servicio que se presentó ante mí como oasis en un desierto. ¡Eureka! Llenar el depósito, vaciar la vejiga, beber agua para hidratarme, comer  frutos secos y una chocolatina con avellanas (de chocolate “del bueno” que por lo caras que son no me las compro nunca). Como nueva. Serena y mirando de buscar ya lo positivo de la situación. Si estamos bien hacemos las cosas mejor.

Se ha salido del insti sin autorización, vamos, las pellas de toda la vida (que todos sabemos lo que son porque hemos pasado por ello, o por las ganas de hacerlo).

No deja de ser algo que no debe hacer (por cumplimiento de normas impuestas, todo hay que decirlo) aunque lógico a su edad (esa edad en la que exiges libertad y te mantienen entre vallas, en que las hormonas te piden volar y las normas te cortan las alas), ha decidido pirar clase y ha tomado la decisión porque creía que era lo mejor que podía hacer en ese momento, no le debo juzgar, debo escucharle.

ESCUCHAR de forma activa resuelve malentendidos, evita suposiciones que tan peligrosas son, conecta a las personas y ayuda a que ese adolescente crezca entre adultos confiables lo que le hará desarrollarse de forma segura y empoderada, sintiéndose capaz. EMPATIZO, le tengo en cuenta y entiendo que yo también deseaba no tener clase los viernes a  última… y menos aún con aquel profe que no soportabas.

ACEPTO absolutamente lo que el informe de jefatura nos traiga, he aceptado el reglamento de régimen interno del centro (aún sin haberlo leído, como casi todos) en el mismo momento en que hicimos la matriculación de este estudiante. Así que toca asumir las  consecuencias de saltarse las normas. Aceptar es algo poderoso, muestra responsabilidad, entereza, capacidad de asumir un punto y desde ahí tirar para llegar al siguiente.

Él lo acepta absolutamente también. Sabe que hizo algo que no debía y asume las consecuencias de haberlo hecho igualmente. Se siente escuchado y está dispuesto a escuchar. No hay juicios de valor, hay descripción de lo sucedido, reflexión sobre las repercusiones, propuestas alternativas para futuras ocasiones… Se mantienen la confianza y la conexión emocional a pesar de aquel vuelco en el pecho.

No permitimos que salga la madre histérica preocupada por el qué dirán, ni el hijo rebelde apesadumbrado por el error  que la madre histérica enfatiza. Salen la madre y el hijo, los mismos que hablaban ayer de otros temas, los mismos que mañana hablarán de los siguientes y el lunes de las nuevas noticias que les lleguen a ambos.

Estando conectados, dejando claro y visible el mensaje de amor que nos une, resolveremos en positivo.

¿Qué creéis, que no le deberíamos dejar ir a Londres? Lo sé, estamos muy acostumbrados a hacer pagar por el error y cuesta entender que no se penalice lo que ha hecho. Lo que ese viaje al extranjero le aportará no puedo yo ofrecérselo, y es su momento, su oportunidad, además de nuestro esfuerzo económico para que lo disfrute (no quisiera estar el resto de la vida acordándome de aquella cantidad de euros malgastados o perdidos y, quizá, echándoselo en cara desde el resentimiento. Definitivamente el cuadro sería otro muy diferente que no le aportaría nada bueno).

De veras confío en que mi hijo sea quien es, como lo demuestra dialogando del tema, arrepintiéndose y asumiendo las consecuencias, y que esas consecuencias junto a sus reflexiones, sean el mejor revulsivo para tomar la decisión más acertada la próxima vez.

Le estoy educando en auto-control, en no estar necesitando un control externo (normas, profes, castigos, policía…) para que pueda llegar a saber lo que está bien y lo que está mal.

Estoy minimizando el conductismo que nos mantiene encasillados en un estilo educativo que peca de autoritario cuando el pecar de permisivismo ya nos hastía, estoy mostrando que hay formas de educar eficaces y capacitadoras  que al mismo tiempo son amables y respetuosas, manteniendo la horizontalidad con él en cuanto al respeto y derecho a la dignidad.

No necesito humillar, culpar, juzgar a mi hijo, no necesito generarle mayor sufrimiento que lo que en sí conlleva la situación.

Ante cualquier conflicto lo primero es mantener sana la relación, porque, desde ahí, después el conflicto se resolverá en positivo.

Así que en esas estoy, desde que él decidió saltar la valla y yo decidí cambiar el mundo educativo, al menos en la parcela en la que yo puedo impactar.“Mi hijo DECIDIÓ saltar la valla, yo DECIDÍ seguir cambiando el mundo”

Decidí seguir amando a mi hijo como le amaba cuando estaba en la cuna o arrancó a caminar (de aquella también cometía errores y le apoyábamos dando aliento para que lo volviera a intentar).

¿Cuál será la próxima sorpresa que me depare la vida de ser madre? Impaciente espero a saberlo porque deseo volver a practicar esto y sentirme de nuevo orgullosa de ser parte del cambio. ¿Os animáis a revisar vuestro estilo educativo, lo que os trae, lo que os aporta y lo que os quita, cómo impacta en vuestros hijos o alumnos que serán quiénes actúen el día de mañana con los siguientes? Yo ya lo estoy haciendo y no volveré atrás. No compensa. Eso no cambia el mundo.

Virginia García, www.ContigoDesenredo.es

Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

 Confía en el proceso /¿Qué había en la maleta?

A veces los hijos, sobre todo si son adolescentes, envuelven sus mejores regalos en la peor caja de presentación, eligen su tarjeta más cutre… ¿Porqué lo harán? Se me ocurre que quieran asegurarse de que tu amor es incondicional, que sabes distinguir, sin dudar, lo esencial, de lo que no lo es.

O tal vez sea que cada uno tiene su lógica privada y, aunque crees que conoces algo a tu hijo, hay partes por descubrir (¡qué bien!) porque aún no están habilitadas. Puede ser que cada uno tiene su propia manera de mostrarse, de dejar que entres en su corazón.

Observo, observo bastante perpleja lo maravilloso que es verles crecer, ir poco a poco encontrando una forma suya, intransferible. ¡Cuánto aprendo cada día!

Este es el primer año en la universidad y en la residencia de David, se hacen la colada ellos mismos, o alguna vez con la ayuda de las lavanderías de La Coruña 😉 Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Había sido una semana de mucho amor al analizar las cosas, porque yo ya no creo que haya herramienta mejor para educar y sobre todo, para usar conmigo misma. El cariño y la conexión son la única manera de asegurarnos que todos podemos avanzar. Confiar, era toda mi estrategia educativa. Bueno, toda no, pero era la línea principal.

Me llama para avisarme de que un compañero me traerá, al día siguiente, una maleta con ropa sucia.

Empiezo a hacer prácticas con una palabra muy eficaz cuando no estás segura de lo que vas a querer decir: “cá-lla-te” Y de momento quedo satisfecha con el resultado. “Ya veré si cojo la ropa como rehén (recomendación de una amiga)”

A última hora me dice que “el paquete” llegará antes de lo previsto. Aprovecho para preguntar cuál es el problema con la ropa. Al día siguiente, se aseguraba de que estaría en la estación para recogerla. ¿Cómo no me di cuenta del seguimiento exhaustivo que estaba teniendo la maleta?

“La lista” que hay en cada madre, “la que está de vuelta cuando ellos van” y “la que todo lo sabe”, se apoderó de mí y tomó el mando.

Mientras esperaba en la estación, pensaba en la gran campaña de la ONCE para este año. ¿Compensa ser madre? Me sentía confusa, dividida y ridícula pensando en que no quería ser una madre rescatadora de esas que aconsejo no ser. Porque el anuncio de la campaña es muy gracioso pero hacer las cosas por tu hijo no le capacita a él para hacerlas.

Y seguí pensando, con la wifi de futuro a tope, pensando en que era la primera vez que lo hacía pero si no lo resolvía adecuadamente… ¿Qué sería de él?

 Como respuesta, imaginaba toda suerte de catástrofes. Cualquier madre sabe cómo puede desarrollarse este párrafo… el pensamiento se dispara.

Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Volví a casa con la maleta. No quería darme prisa y ponerme a resolver el asunto de la colada para tenerlo todo listo cuanto antes como se supone que haría una madre ejemplar. Aunque sólo fuera porque lleva meses viviendo fuera ¿Cómo te vas a negar? Dejé pasar un tiempo pero antes de salir para el trabajo decidí echar un vistazo.

Allí había ropa arrugada. No tanta cómo pensaba pero, eso sí, estaba arrugadísima. Y empecé a sacar, haciendo montones. “Esto fue lo que le expliqué que tenía que hacer pero en el mes de mayo parece que aún no está claro” Según él “había manchas difíciles”  Confía en el proceso: ¿Qué había en la maleta?

Quizá primero tenía que aceptar la maleta con su ropa sucia para poder encontrar en perfectas condiciones de presentación un paquete que ponía: Espero que te guste. Feliz día de la madre. Te quiero.

En cuanto puede darme cuenta de lo que estaba pasando me puse a llorar de emoción.

Parece que mientras yo luchaba contra la tentación de ser la “madre perfecta”, mi hijo también se resistía a ser el “hijo perfecto” Éramos tal para cual. Imperfectos ambos y empeñados en ser reconocidos por el amor y no por la función.

En ese momento pensé que no me cambiaría por nadie y que no quería cambiar nada de mi hijo. ¿Estaría cerca de la famosa “aceptación”? ¡Pues claro que no!

Pero sí confío cada vez más en que sea él quien ajuste su rumbo y sea su capitán, haciendo su travesía de la forma que para él tenga sentido.

Por ahora lo que tengo claro es que, cada vez “que lo importante sea lo más importante” y que nuestro vínculo de madre-hijo nunca se ponga en cuestión, estoy haciendo lo mejor que yo puedo hacer. El resto, será su decisión. Su derecho y su responsabilidad. Y sea cual sea, su padre y yo siempre estaremos a su lado.

 

ROSA F. BELLO

Ahora que se acerca el final de curso, es una frase que se escucha bastante para justificar las malas notas. Es que no hace nada, no estudia, no se pone, ni siquiera se sienta a estudiar si no amenazas o castigas primero… Y casi siempre termina con un… ¡es que es un vago!

Con toda nuestra buena intención y queriendo comprender qué puede pasar por esa cabecita para no hacer un mínimo esfuerzo por su futuro, le estamos dando la excusa perfecta para ni siquiera intentarlo.

Porque ¿qué hacen los vagos? Desde luego, no responsabilizarse de sus tareas y ponerse a estudiar por ellos mismos. No van a esforzarse, ni van a ser autónomos, limpios y ordenados en lo que se supone que se espera de ellos. No, eso lo hacen los niños responsables, pero no los vagos. Y el que tenemos nosotros es vago, así que no le toca.

Pero, ¿realmente es así? ¿nuestro hijo es vago y ya no hay nada más que hacer para que le vaya bien en los estudios? Pues podemos quedarnos tranquilos porque se puede salir de ahí.

Primero dejando de decir que es vago, porque no lo es. Solo está desmotivado y no le apetece estudiar. De cierta forma es normal. La forma en que están organizadas las materias, los contenidos, la metodología utilizada y la conexión que tiene con los intereses reales de los chavales hace que se desganen fácilmente.

Para que tengan ganas de estudiar necesitan algo estimulante, algo que les interese, bien por el tema, bien por la forma en que se explica el profesor, bien porque el profesor les cae bien y no quieren defraudarlo, necesitan algo que les motive a coger un libro.

Porque si somos sinceros, la diferencia entre el clima oceánico y el continental o la resolución de una integral, para un adolescente no es un tema vital.

vago

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Y el cerebro desecha la información que no resulta útil, importante o necesaria. Toda esa información que por obligación se pasan leyendo toda la tarde, al día siguiente desaparece de su cerebro como si se la llevase el agua de la ducha. Necesitan una forma de estudiar que les resulte atractiva e interesante y que no sientan que están perdiendo su tiempo.

Pero lo más importante es el contenido de la afirmación “eres un vago”. Es una etiqueta que llega a su identidad, le estamos diciendo que es así, igual que es alto, o bajo, y eso supone que poco podrá hacer para cambiarlo. Cuando no es así en absoluto.

La diferencia entre lo que eres y lo que haces determina enormemente la actitud con la que nos enfrentemos a ello. Si soy un vago no hay nada que hacer, pero si me comporto como un vago, siempre tengo la opción de comportarme de otra manera.

Además, le transmitimos la idea de que no vale la pena intentarlo porque no lo va a conseguir, ya tiene el fracaso garantizado (porque ya sabemos que no va a esforzarse lo suficiente para que salga bien) y por lo tanto, ¿para qué va a perder el tiempo en intentarlo?

Entonces, ¿qué necesita para cambiar sus hábitos? Necesita confianza, que creamos en él. Es cierto que como padres, se las tenemos guardadas todas las veces que intentamos confirmar en él y no lo logró. Si tiramos la toalla y le damos por caso perdido, no se va a sentir más motivado. Además de la confianza, es posible que necesite aprender una nueva forma de estudiar, que le resulte más asequible y que le permita tomar las riendas de sus estudios y ver cómo puede enfrentarse a su curso, pero desde la responsabilidad, la de él, no la de los padres.

Es posible que lo intente y no lo consiga (no tiene mucho hábito en conseguir buenos resultados) pero es más importante fomentar el esfuerzo, y reconocer el trabajo que sí hace, que quejarnos porque los resultados no hayan sido los deseados. Desde luego la queja sí que no motiva y no predispone a mejorar.

Resetear, cederle la responsabilidad de sus decisiones, confiar en él (también cuando se equivoca) y motivarle. Esos son los ingredientes principales de la receta mágica.

Ana Couto. www.anacoutocoaching.com

Conectados con el adolescente

Conexión EMOCIONAL con el hijo adolescente

Ante esta frase de un hijo de 14 años:

“Mamá… quiero contarte algo”

pensamos: “Uhmmmm, a ver con qué nos viene ahora” y, a la vez,  nos surge una gran oportunidad para revisar QUÉ ESTAMOS HACIENDO Y QUÉ NOS ESTÁ TRAYENDO lo que hacemos.

"Mamá... quiero contarte algo"  Uhmmmm... A ver con qué viene. Adolescente "conectado"

Mira, entre paréntesis, te voy dejando las claves…

Nos preguntó si le podríamos llevar a pasar un rato a la villa, con un amigo, un par de horas. Permiso tenía y nuestra disposición para que pudiera ir y venir  también (porque queremos atender sus necesidades de sociabilización) y planteamos buscar la forma de que el viaje de ida o el de vuelta fuesen en bus o tren, a penas tenían 2 horas. Ninguna opción encajó por horarios y buscó la alternativa de llamar a un familiar que iba para allá y preguntó si le podían llevar de paso (enfocándose en soluciones, ellos tienen recursos que debemos dejar que usen, que prueben). Todo ok hasta aquí.

Ya de vuelta en casa nos saludamos,  y a la pregunta “¿Qué tal hijo, os dio tiempo a algo?” él respondió: “Mamá… quiero contarte algo” (Ese “quiero” muestra la decisión tomada de hacerlo, mi interés es escuchar de forma activa, con los 5 sentidos, sin interrumpir, validando y empatizando). “Dime hijo...”

Me contó lo que habían hecho para divertirse pasando el rato juntos y cómo tuvo un accidente haciéndolo.

Habló de “pasé miedo“, “creí que la había liado gordísima (honestidad emocional), “sé que hice una irresponsabilidad” (reflexión, postjuicio), “flipé con mi amigo porque me miraba con cara de pánico cuando me vio caer, estaba pálido y muy preocupado (empatía), “recordé lo que me enseñaste de mover la lesión en caliente” (valida aprendizajes previos), “lo siento mamá” (arrenpentimiento, empatía), “me alegró saber algo de escalada, ser ágil y tener buenos reflejos” (autoestima, capacitación, validación de habilidades propias)…

Y entonces surgieron frases diferentes, confesiones que, gracias a la conexión y la confianza, pudieron  darle respuestas y apoyo:

No sé porqué salté allí, mi cerebro iba por libre, yo no quería hacerlo” (necesidad de entender los porqués, aquí hablamos de des-concentración, falta de consciencia, actos involuntarios… efectos secundarios del abuso de pantallas, tema clave), “iba todo bien Mamá ¡molaba un montón! bueno… los saltos, la caída no moló nada. Me sentía bien, no sé…” (hablamos de la adrenalina y el bienestar que genera y también de la búsqueda de adrenalina por necesidad de estímulos más fuertes, más fuertes que los de los videojuegos, y tocamos de nuevo el tema clave: dependencia/pantallas/falta de auto-control. Necesito adrenalina VS Necesito cuidarme) y una que ME ENCANTÓ porque me hizo sentir muy satisfecha fue: “Mi amigo decía que era tonto, que para qué me habría dicho de ir a saltar allí, que me ibais a echar una bronca tremenda por su culpa… y yo le dije que no, que SI SE LO CONTABA SINCERAMENTE A  MI MADRE ELLA NO SE ENFADARÍA “Mamá… quiero contarte algo”

¡Olé, olé y olé!

¡Por mí, sí señor, y por el esfuerzo diario, y por la educación en positivo, y por las relaciones basadas en el respeto mutuo!

Sí señor, lo que se siembra se recoge y  nuestro hijo adolescente SE SIENTE CONECTADO A LOS ADULTOS DE REFERENCIA = ÉXITO en el desarrollo emocional.

Esto  no es un objetivo cumplido. Esto hay que mantenerlo de la misma forma en que se gestó:

  • Escuchando (callando mucho, aunque duela la garganta), validando lo que para ellos es importante (aunque para nosotros es una chorrada),
  • Acompañando en el error (aunque apetezca castigar y hacer pagar por ello),
  • Involucrándoles y teniéndoles en cuenta (que se sientan significantes, que pertenecen, tienen muy buenas ideas que debemos escucharlas y recibirlas mientras les enseñamos a proponer lo que sea justo para todas las partes “enfoque en soluciones”),
  • Seguir dejando que se lleve el viento las palabras que a veces dicen porque necesitan descargar o gestionar y no saben cómo hacerlo de otra forma más respetuosa (no tomarnos como algo personal ese grito, juicio o portazo ¡o los 3 a la vez!)
  • Y seguir mostrando cómo se mantiene la calma, como uno puede decidir apartarse de lo que le altera para volver a atenderlo cuando se esté más tranquilo (así damos ejemplo y ellos empiezan a practicar).

Estar conectado con un adolescente es tan fácil como SER (ser tú mismo, sin disfraces, honesto) y ESTAR (presente, 100% en los momentos que surgen y que no son tantos como tú quisieras, y disponible, para acompañar CUANDO LO PIDA).

Todos podemos SER y ESTAR. Tú también. Date una oportunidad, nunca es tarde. NO está todo perdido, no cortes los hilos (ni tampoco los forres de espino), estate ahí donde decidiste estar cuando elegiste ser padre/madre/docente y DISFRÚTALO. No es tan fiero el león como lo pintan.

¿Sabes cuál es el secreto para que EDUCAR  se convierta en algo FÁCIL y eficaz?   SOLTAR confiando

Soltar es lo contrario a CONTROLAR. Controlar agota y desconecta, ponte en su lugar, ¿te gustaría tener un control externo continuo, que no te permitiera ser y estar según tus necesidades individuales? Sin embargo SOLTAR, acompañado de un “Ya sabes dónde estoy” para que no se convierta en desamparo, aporta CALMA, seguridad, confianza… “Mamá… quiero contarte algo”

También aporta posibilidades de pensar y actuar, de equivocarse y “liarlas muy gordas” por supuesto, pero eso igual que tú, supongo que alguna vez te habrás equivocado (incluso siendo adulto):

  • matrimonios fallidos, empresas quebradas, ideas sin plasmar, latidos no escuchados, venganzas inútiles, compras ruinosas, trato autoritarista a un hijo o empleado…

MUCHOS ERRORES forman parte de nuestra vida e historia personal, nos han hecho como somos ahora y nos enseñan a verlos, atenderlos y repararlos en lo posible, o al menos aprender de ellos.

De mi boca salían frases como “Normal que tuvieras miedo, vaya susto”, “Qué majete tu amigo”, “Me alegra que me lo cuentes”, “¿Crees que necesitas ir al médico o la fisio? ¿Te lo puedo mirar?”, “Creo que te vendrá bien una ducha para relajarte. Voy preparando algo de cena”, “Te quiero cielo”.

Tras la ducha, viene a la cocina y dice: “¿Tú dónde vas a estar ahora, por aquí cocinando?, pues voy a hacer aquí contigo los ejercicios de biología” “Sabes Mamá, creo que el accidente que tuve hoy me va a hacer que a partir de hoy sea menos… no sé cómo decirlo… niñato. Que voy a estar más atento a pensar las cosas antes de hacerlas“ “Mamá… quiero contarte algo”

Esto suena fenomenal, pero seamos realistas (hijo y público en general): Volverás a cometer imprudencias, volverás a sentir miedo o  tener daños graves y dirás “Cómo puedo ser tan gilipollas”… pues sí, así somos.

Bien estará que estés más atento, por ti sobre todo.

Ahora a seguir cuidando la conexión, a esperar al siguiente caso y  a reforzar los temas “auto-control” y “pantallas”.  A ver con qué viene… ¡Ah! y a atender las preguntas que le surjan al hermano menor respecto a todo esto que vivió hoy. Recuerda que están tomando decisiones y que si estamos conectados ayudamos a que tomen las más sanas.

Virginia García

www.ContigoDesenredo.es