CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

 

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

Mis tres hijos aun son pequeños y no han llegado a esta etapa de la vida, pero trabajo en un instituto y convivo con ellos a diario. Por eso observo, reflexiono, trabajo con ellos y veo los errores que los adultos cometemos en el trato diario con la adolescencia.

Y ahora pensareis  “Yaaaa,  pero ellos también cometen muchos errores ¿y entonces? Sí, claro que sí, pero ellos están en un proceso fundamental de aprendizaje, de desarrollo, de ser la persona que llegarán a ser, como podríamos decir “están aun en el horno”, por eso es normal que “saquen los pies del tiesto”, y es ahí donde

el adulto (ya sea como madre, padre, profesor…) ha de intentar mejorar la relación con ellos, modelar su propia conducta para ser un referente para ellos y obtener mejor ambiente.

No quiero enrollarme con los motivos neurológicos que hacen que el adolescente reaccione como lo hace, por que sería largo, pero nuestro hijo/a o alumno/a adolescente no es un extraterrestre sino un joven que está pasando por un proceso de desarrollo orgánico, mental, emocional… y todo tiene una explicación científica  o ambiental para sus conductas o reacciones. Sin entrar entonces en la explicación neurológica veamos ejemplos para analizar los errores nuestros como adultos y en su posible mejora de estrategia:

Están en casa y ponen los pies sobre el sofá o la mesa auxiliar cuando saben que no pueden, o están en clase y todos estamos ya corrigiendo el ejercicio y este alumno/a no ha sacado el libro. Entonces nos ponemos firmes y decimos “Haz el favor de sacar el libro que ya estamos corrigiendo y tú no has sacado nada”, “Otra vez con los pies en el sofá ¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo hagas? , que es nuevo, ¡baja los pies ya!”. Ante esto tenemos una respuesta de defensa, con voz alta, luchas de poder, mensajes donde hay un “siempre” o un “nunca” (“siempre estas igual” por ejemplo). CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

¡Adulto para y utiliza otra expresión!

    • Comienza diciendo: “Tenemos un problema y necesito poder solucionarlo”. Así le haces ver que esta situación no es un problema tuyo como adulto sino que suyo también y agradeces su aportación. Si estas en el aula habla con el joven en privado sobre ello, no dejándole en evidencia delante del grupo-clase.
    • Nos incluimos en el mismo barco. ¿La empatía, colaboración y asertividad se consiguen mediante la imposición, ejerciendo autoritarismo, cediendo, complaciendo? no, la podemos desarrollar si me implico y a la vez implico al otro, ofreciendo mi ayuda y agradeciéndole la suya, como un equipo que funciona si todos reman y aportan.
    • Antes de hablar o decir algo reconoce que estas enfadado por lo que está haciendo, el joven tiene que aprender algo (no pisar la mesa o el sofá o a sacar el material al tiempo…) y el aprendizaje de algo se hace con paciencia, respeto e implicación, nunca con sermones, gritos, faltas de respeto… Nunca con mensajes de acusación, de amenazas, de ataque, sino con mensajes de “vamos a ver este problema como lo solucionamos”. Se trata de no paralizarnos por el error sino de ir más allá, y verlo como una fuente de discusión que debe de ser enfrentada con visión de futuro, es decir, con propuestas de ver opciones.
    • Habla de cómo te hace sentir esa situación. El joven no es capaz de analizar tu punto de vista. Si no se lo haces ver no será capaz de decir cosas como: “pero bueno como no me doy cuenta del sofá, no puedo volver a poner los pies, que mi madre me lo recuerda siempre y se agota de repetírmelo” o “vaya a este profesor le estoy alterando la clase al no sacar mis libros, no es justo que le haga sentir así”. Ellos no llegan a estas conclusiones por ellos mismos porque la empatía se encuentra en la zona prefrontal del cerebro, zona aún en construcción en esta época. Así primero explícale cómo te sientes, o cómo te hacen sentir sus acciones o palabras para que se percate de ello.
    • Calmarme. Si yo como padre/madre reacciono con explosión, alterada, gritando… ¿qué está aprendiendo?. Los chavales aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan, así que da ejemplo. Puedes decir: “no me gusta nada lo que estoy viendo, voy a calmarme antes de gritar o decir algo que no sea educado”, “Fulanito, llevo un rato viéndote sin sacar el material, me encantará hablar contigo del problema que pueda haber antes de tener que llegar a que la situación sea más difícil de solucionar” (Esto siempre en privado o en bajo, de tú a tú).

No des las cosas por sentado, no digas que ya lo saben, que es predicar en el desierto o que te toman el pelo. Adulto (padre/madre/profesor) mira con otro prisma la realidad, somos ejemplos y debemos modelar así que primero llega a la calma y luego utiliza estrategias que generen habilidades no estrategias que generen miedo, revancha, enfado, ira y alejamiento emocional.

IRENE IGLESIAS RUIZ     CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE