Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Desde hace unas semanas mi hija, de casi cuatro años, me regalaba un “mala” o un “fea” sin motivo aparente. En ocasiones incluso, tras darle los buenos días por la mañana. No es que fuera todo el tiempo pero sí lo hizo muchas veces (demasiadas, pensaba yo).

Haciéndome sentir cada día peor.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Mi reacción desde el principio fue en modo madre, no como educadora. Cómo me dolía lo que hacía, se lo hacía saber. “Laia, me haces daño cuando me dices esto. ¿Por qué me lo dices?” Así una y otra vez, cambiando las palabras pero más o menos con la misma intención. Desde el principio supe que no era efectivo hacerlo así. Pero era mi reacción automática. Estaba dolida porque había elegido trabajar menos fuera de casa para pasar las tardes con ella: la llevo a las actividades, al parque, me ocupo de sus cosas, de hacer comidas nuevas y más variadas, sorprenderla con nuevos sabores en los bocadillos o comprar unas galletas con sus dibujos animados favoritos. Y aun así, seguía siendo mala. ¿Os suena?

Todas las noches pensaba que no estaba abordando bien la situación.

Y sabía que:

  • Era una situación normal en niños de esta edad.
  • Si algo de lo que hacía para atajarlo no funcionaba, debía cambiarlo.
  • Lo estaba tomando como algo personal. Y aunque sí que lo es, desde el punto de vista de que me decía mala a mi y a nadie más, en el fondo lo importante es lo que había detrás de esas palabras. Un malestar que mi hija, por inmadurez emocional no era capaz de traducir y le salía por la boca en forma de esas palabras.
  • Tenía que pensar desde fuera. Sin involucrarme emocionalmente.
  • Me convencí de que tenía que ir al fondo del asunto. Centrarme en el por qué lo hace y no en lo que hace.
  • Según la Tabla de las Metas Equivocadas de Disciplina Positiva, si nuestro hijo nos hiere con su actitud, es que se siente herido por nosotros. Revisé entonces como transcurría cada día y me di cuenta que habían aumentado considerablemente los noes y las insistencias por mi parte para que hiciera sus cosas. Fui consciente también que llevo peor que  la casa se ensucie, porque ahora he vuelto a ocuparme yo de esto y lo que antes me daba igual ahora no tanto.  Mi paciencia había disminuido considerablemente desde que había decidido trabajar menos fuera de casa y han aumentado mis labores domésticas.

Y esto fue lo que hice:

  • Primero, decidí ver cómo podía aumentar mi paciencia: tenía que elegir entre la casa limpia o mi hija más feliz así que sin dudarlo me he impuesto “dejar pasar ciertas cosas” .Como por ejemplo que para ponerse los zapatos apoye su manita en el espejo de la entrada. Deje sin tirar la cisterna. O que se le caiga comida al suelo cuando come. Me recuerdo que todo esto es temporal y que luego echaré de menos sus huellas en el espejo, la muñeca en el sillón, o las pinzas del pelo esparcidas por lo lugares más remotos de la casa. También he decidido que la casa tendrá sus días y horarios y fuera de ahí limpiaré lo urgente pero no dejaré que me obsesione.
  • La segunda medida que adopté fue rebajar mi nivel de exigencia hacia ella. Cada vez que me iba a salir un recordatorio de algo pensaba primero si era lo más importante. En definitiva, elegí mis batallas. Solo me iba a ocupar de lo más importante e iba a permitir que mi hija se sintiese más relajada y a gusto en casa. Una idea valiosísima que aprendí en una de mis formaciones como Coach de Familia.
  • Y la tercera: cada vez que me decía mala tonta me convertía en la Bruja Piruja que hace cosquillas. Busqué la forma de hacerla reír en cada ocasión.

RESULTADO: Desde que introduje estos cambios este fin de semana, se han reducido drásticamente las veces en las que mi hija se ha dirigido a mí en esos términos. Y lo mejor incluso, es que cuando lo ha hecho, rectifica sobre la marcha diciendo, “Nooo, mamá linda”.

 Así que os dejo aquí mis reflexiones:

  • “En casa de herrero, cuchillo de palo”. Por muy educadora de familias que sea y por muchos talleres que haya impartido cuando soy madre también me sale el resorte automático. Igual que a ti.
  • El tener herramientas educativas me sirve para poder evaluar la situación y probar cosas nuevas.
  • La Disciplina Positiva te hace llegar a los niños de forma inmediata de forma respetuosa. Al centrarme en el porqué de su conducta, descubro una necesidad que mi hija tiene insatisfecha, como la necesidad de tener más poder sobre sus actos y sentirse menos encorsetada con mis demandas. Mi cambio de actitud aborda esta necesidad y como consecuencia la acción recriminada deja de aparecer.

Así que una vez más, comparto mi experiencia para animaros a dejar de pensar que vosotros no podéis. Que no tenéis paciencia. O que seguro que mi hija es más fácil.  Es cierto, que cada uno tiene sus circunstancias personales, familiares, laborales etc… pero cuando te centras y tomas conciencia de que tus hijos son lo más importante que tienes entre manos, aprendes a priorizar y poner tus energías donde más lo necesites.

Doris Marrero

www.FamiliasPositivas.com

¿SE PUEDE EDUCAR SIN AUTORITARISMO NI PERMISIVIDAD?

¿SE PUEDE EDUCAR SIN AUTORITARISMO NI PERMISIVIDAD?

Estamos cansados de escuchar que los niños no vienen con manual de instrucciones, es curioso observar, cómo desde el momento en que sabemos que vamos a ser padres nos afanamos en recopilar información referente a este gran acontecimiento en nuestras vidas, de este modo libros de pediatras, psicólogos u otros profesionales se convierten en nuestra inspiración.

No hay ninguna duda de que queremos ser los mejores padres,

queremos ser respetuosos,  pero a la hora de la verdad cuando nos enfrentamos a nuestro día a día, a una situación delicada o tensa, finalmente salta el automático que está directamente conectado con nuestros instintos o necesidades y brotan desmesuradamente nuestras emociones más primitivas, terminamos desconectando de nosotros mismos y olvidando a quien tenemos enfrente y surgen los gritos, las amenazas, los chantajes, los castigos.

También estamos cansados de escuchar que antes la educación funcionaba con otros métodos y no se entiende porqué ahora no funcionan, pues es bien sencillo, los adultos ya no damos ejemplo de sumisión o disciplina y por otro lado tampoco proporcionamos a los niños ocasiones de aprender responsabilidades o motivación.

Para la gestión de los cambios, no sólo es suficiente con “el querer”, este está directamente relacionado con “el creer”, pero para poder querer y creer se requiere de una fuerza mayor y esta depende de la lucha que mantenemos con nuestro tirano interior, ese que  alimentamos de automatismos, de creencias y de memoria emocional.

Se requiere pues, no sólo de una caja de herramientas  o de pautas que nos ayuden al cambio en nuestra forma de educar, se requiere también de un desbloqueo, un insight o descubrimiento, la DISCIPLINA POSITIVA nos ayuda a esto.

La DISCIPLINA POSITIVA tiene su origen en la psicología individual de Alfred Adler, médico y psiquiatra austriaco, coetáneo de Freud, que estudió el comportamiento humano, Adler comprendió la importancia de mantener la dignidad y respeto por todas las personas y por supuesto a los niños.

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Discípulo de Adler fue Rudolf Dreikurs que escribió un sin número de libros destinados a padres y educadores.

Los puntos básicos de la Teoría de ADLER son:

    • Todo comportamiento tiene una intención
    • La meta de ese comportamiento es la pertenencia (conexión) y la significancia (importancia)
    • El mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograr conexión y significancia

LAS CUATRO METAS EQUIVOCADAS DEL COMPORTAMIENTO SON:

Tabla metas equivocadas

Es decir la atención y el poder les ayudará a alcanzar ese sentido al que todo ser humano aspira que es el de pertenencia y significancia.

La venganza les dará satisfacción a cambio del dolor que experimentan por no sentir que pertenecen o no son importantes.

Y cuando creen que no son adecuados, se dan por vencidos y asumen la incapacidad.

 

Las claves para detectar esas metas que se manifiestan a través de los comportamientos inadecuados, van a ser los propios sentimientos de reacción del adulto, eso será fundamental para saber descifrar la meta que el niño persigue tras su comportamiento.

 

En realidad hay  muchos padres y docentes con conocimientos insuficientes sobre el comportamiento infantil y sobre el desarrollo de los niños, tratando finalmente como malas conductas a conductas cronológicamente adecuadas para la edad del niño.

CONCEPTOS BÁSICOS DE DISCIPLINA POSITIVA

        • Los niños son seres sociales

El comportamiento se determina dentro de un contexto social, los niños adoptan decisiones sobre si mismos, sobre los demás y sobre la manera de comportarse, basándose en cómo se ven ellos en relación a los demás y lo que creen que los demás sienten hacia él.

Observan                     Piensan                     Sienten                     Deciden

          • El comportamiento está orientado a metas.

El comportamiento tiene un propósito, la principal meta es la de pertenencia y significancia, el mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograrlo, Dreikurs explica que los niños son buenos observadores pero muy malos interpretando.
Cuando un bebé no tiene una necesidad cubierta ¿qué hace para hacértelo saber?, llora
Cuando un niño o adolescente siente que esa necesidad de comprensión, de afecto, de conexión falla ¿qué hace? rabietas, rebeldía , puede en algunos casos llegar a ser violento.

Con el bebé inmediatamente intentamos averiguar cuál es la necesidad y proporcionársela, con los niños y adolescentes sólo atendemos a su conducta intentando por todos los medios sofocarla, pero no hacemos caso a la causa que provoca ese comportamiento.

El niño confunde la manera de llegar a su objetivo, por eso es tan importante analizarse como padre, madre o educador para reflexionar si nuestra conducta invita a esa creencia equivocada.

          • Adler introdujo un concepto , la responsabilidad social o sentimiento comunitario

Si no contribuimos al bienestar de los demás no alcanzamos un óptimo desarrollo emocional y mental.

          • Relaciones horizontales

Todos sin excepción tenemos derecho a dignidad y respeto.

          • Los errores son grandes oportunidades para aprender

Si un niño se somete a la humillación de la corrección de un error de manera irrespetuosa, puede no querer volver a intentarlo por temor, puede llegar a ser un adicto de la aprobación o incluso puede querer esconder la equivocación , en algunos casos con mentiras.

Animar a exponer un error y qué aprendizaje salió de eso hará que los niños se recuperen del error, se reconcilien y lo más importante se enfoque en cómo solucionarlo, trabajando conjuntamente con ellos,

          • Asegurarse de que el mensaje que quieres transmitir es entendido (primero la conexión y luego la corrección)

Teniendo en cuenta todos estos puntos se comenzaron a poner en marcha talleres de padres en EEUU y posteriormente esta metodología se extendió a varios países  incluido España, con la ayuda de estos talleres se consigue ayudar al adulto a encontrar un respetuoso equilibrio en el arte de educar, usando como herramientas la amabilidad  y la firmeza, consiguiendo así desarrollar en los niños,  habilidades sociales, emocionales y de vida.

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HERRAMIENTAS QUE PROPORCIONA

LA  DISCIPLINA POSITIVA

    A) Herramientas de Actitud:

        1. Los niños que se portan mal son niños desanimados. En muchos casos el mal comportamiento se debe a que el niño no se considera aceptado ni importante. Los castigos aplicados por los adultos le humillan y provocan más desaliento y, como consecuencia, mal comportamiento en el futuro.

       

        1. Los niños hacen las cosas mejor cuando se sienten mejor. No tiene sentido pensar que para que un niño se porte mejor primero hemos de hacer que con el castigo se sienta peor.

       

        1. Los errores constituyen excelentes oportunidades para aprender. Hay que ver el error o el mal comportamiento como una manera de aprender para la próxima vez.

       

        1. Trabaja para mejorar, no para alcanzar la perfección. En lugar de castigar por los errores es mejor centrarse en los pequeños avances y animar así al niño.

       

        1. Utiliza la firmeza y la amabilidad a la vez. No se trata tampoco de ser demasiado permisivos con los niños, sino que hay que ser amables y firmes a la vez (“Te quiero y la respuesta es no”).

       

        1. Céntrate en convencer al niño en vez de en ganarle. Cuando se plantea una lucha de poder y el adulto gana, el niño pierde, pero eso no le hace mejorar, simplemente le desanima.

       

        1. Céntrate en los resultados a largo plazo. Con el castigo el niño no aprende más habilidades, aprende que el que tiene más poder puede doblegar a los demás.

       

        1. Busca soluciones, no culpabilices. Culpando no se soluciona nada, son las soluciones las que hacen que mejoren las cosas.

       

        1. Comprende el significado de la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, el verdadero significado de la disciplina es el de educar.

       

        1. Trata a los niños con dignidad y respeto. De ese modo los niños se sentirán mejor y se comportarán mejor.

       

        1. Los niños te escuchan si primero tú les escuchas a ellos. Si escuchas a los niños, ellos aprenderán a escuchar.

       

        1. Fíjate en el mensaje escondido detrás del mal comportamiento. Con el mal comportamiento los niños pueden perseguir algunos de estos objetivos erróneos: llamar la atención, tener el poder, venganza o asunción de incompetencia. Si comprendemos lo que el niño quiere decir con su comportamiento podremos ayudarle.

       

        1. Da a los niños el beneficio de la duda: Es mejor que el niño sepa que estamos de su parte.

       

        1. Un respiro para iluminarse: El pararse a pensar, el retirarse y relajarse puede hacer ver los problemas desde otra perspectiva.

       

        B) Herramientas de Acción:

              1. Asegúrate que el niño recibe el mensaje de amor y respeto. El niño con mal comportamiento es el que más necesita oír que se le quiere.

           

              1. Permite al niño desarrollar percepciones de que es significante y aceptado. A través de las reuniones familiares y de clase se puede ayudar a los niños a que descubran sus capacidades y se valoren.

           

              1. No hagas cosas por los niños que puedan hacer solos. Así les ayudarás a ser más capaces.

           

              1. Formula preguntas del tipo “qué” y “cómo”. Por ejemplo. ¿Qué ha ocurrido?, ¿Cómo te sientes con lo que ha pasado?, ¿Qué has aprendido con esto?, ¿Cómo puedes utilizarlo para la próxima vez?

           

              1. Formula preguntas de curiosidad. Hacer preguntas para que el niño observe sus propios sentimientos.

           

              1. Implica a los niños en las soluciones. Así el niño aprenderá a solucionar problemas y se animará a participar en las soluciones diseñadas.

           

              1. Celebra reuniones familiares o de clase con regularidad. En ellas los niños aprenden a solucionar conflictos y problemas y a ayudarse los unos a los otros.

           

              1. Resuelve los problemas en parejas. Deja a dos niños que hayan tenido un problema o una pelea resolver ellos solos el conflicto, con estas normas: no echarse la culpa y centrarse en las soluciones.

           

              1. Marca líneas de resolución de problemas:

          Los pasos a seguir ante un conflicto serían: No responder a la provocación, dialogar con respeto sobre lo sucedido, elegir una solución consensuada, pedir ayuda si no se encuentra solución.

              1. Establece rutinas con los niños. Si conjuntamente con el niño se establecen los pasos de cualquier actividad (por ejemplo, la hora de acostarse) el niño tendrá más voluntad de llevarlo a la práctica sin problemas ya que ha participado en su diseño.

           

              1. Ofrece opciones limitadas. Cuando proponemos opciones (por ejemplo: ¿Quieres bañarte antes o después de hacer los deberes?) damos al niño la libertad de elegir, lo que le motivará a actuar.

           

              1. Reorienta el poder. Dejar que los niños participen y ayuden les permite también ejercer poder, no solo obedecer.

          Di: “Me doy cuenta”. Si ves que el niño no ha hecho algo, p. ej.: recoger los juguetes, es mejor decir: “Me doy cuenta de que no has recogido tus juguetes”, en vez de “¿Has recogido tus juguetes?”

              1. Céntrate en las soluciones. Proponer a los niños que planteen soluciones a los problemas o dificultades cotidianas: “¿Cómo podríamos solucionar las discusiones sobre la hora de salir de la bañera?

           

              1. Crear una rueda de opciones. A la hora de encontrar soluciones a los problemas se le pueden ofrecer diferentes opciones y que el elija.

           

              1. Utiliza las emociones honestamente.

           

              1. Hablar sobre las propias emociones y sentimientos es un buen ejemplo para los niños. Una fórmula adecuada sería: “Me siento___________ cuando___________, porque__________, y me gustaría___________”.

           

              1. Enseña las diferencias entre lo que los niños sienten y lo que hacen. Hay que dejar que los niños expresen sus sentimientos (esos son reales y no debemos negarlos), aunque desaprobemos su conducta ( esta sí se puede evitar o corregir). Por ejemplo, ante un ataque de celos entendemos los sentimientos, pero evitamos que el niño pegue a su hermanita.

           

              1. Asume las responsabilidades que tienes en el conflicto. Si aceptamos nuestra parte de culpa en el conflicto, facilitamos igualmente que el niño asuma su parte de culpa.

           

              1. Dale un cronómetro. Un cronómetro puede ayudar al niño a decidir cuándo empezar con los deberes o cuándo apagar la televisión.

           

              1. Adéntrate en el mundo de los niños. Preguntarse qué hay detrás de la conducta de los niños.

           

              1. Escúchale reflexivamente. A la hora de escuchar es bueno parafrasear las palabras del niño.

           

              1. Escucharles activamente. En la escucha activa, escuchamos los sentimientos escondidos entre las palabras haciéndole ver que entendemos sus sentimientos.

           

              1. Supervisa, supervisa, supervisa. Es una herramienta necesaria sobre todo para niños más pequeños.

           

              1. Distrae y/o reorienta: En vez de prohibirles hacer algo es preferible decirles u orientarles sobre lo que pueden hacer.

           

              1. Utiliza las 4 R para recuperarse de los errores:
                Reconocer que se ha cometido un error, Responsabilizarse de lo que se ha hecho mal, Reconciliarse (pidiendo perdón) y Resolver (buscar una solución conjuntamente.

           

              1. Mantente al margen de las peleas. Es una herramienta inicial para abordar las peleas ya que uno de los principales motivos de éstas es involucrar a los padres.

           

              1. Pon a todos los niños en el mismo barco. No dar la razón a ninguno de los contendientes de una pelea (aunque se esté seguro de quién es el culpable). La solución al problema la han de encontrar entre los dos.

           

              1. Tómate un tiempo para enseñar. Una herramienta muy útil es la de enseñar a los niños a hacer juegos de rol.

           

              1. Decide lo que vas a hacer. Es bueno decidir cómo se va a comportar uno ante un conflicto y hacérselo saber al niño. Por ejemplo, aparcar y dejar de conducir si los niños se pelean en el coche.

           

              1. Sigue hasta el final. Hay que ser amables pero firmes y llegar hasta el final en el uso de las estrategias positivas.

           

              1. Menos es más. Cuanto menos se hable más eficaz se es. Hay que dejar que las acciones hablen más alto que las palabras.

           

              1. Utiliza señales no verbales. El uso de señales no verbales (p. ej.: un vaso bocabajo en la mesa indicaría que hay que lavarse las manos antes de comer), sobre todo si participan los niños en su elección, puede aumentar la motivación para realizar las tareas cotidianas.

           

              1. Di: ” Cuando……, entonces”. Es más eficaz decir: “Tan pronto como acabes los deberes verás la TV”, que “Si acabas los deberes, verás la TV”.

           

              1. Enseña consecuencias naturales. Es bueno que el niño experimente las consecuencias naturales de sus actos. Una consecuencia natural es algo que sucede debido a lo que el niño ha elegido, sin que el adulto haya hecho nada.

           

              1. Enseña consecuencias lógicas. Para que una consecuencia lógica no sea un castigo deben cumplirse las 3 R: Las consecuencias lógicas deben ser Relativas (deben estar relacionadas con el comportamiento), Respetuosas (deben aplicarse sin cólera, fuerza ni humillación) y Razonables (deben parecer razonables al adulto y al niño).

           

              1. Anima en lugar de dar recompensas o elogios. Animar a los niños les lleva a la autoconfianza mientras que elogiar les hace dependientes de los demás. Las pagas se deben dar sin relacionarlas con las tareas.

           

              1. Haz que los niños se impliquen en las tareas domésticas. Los niños deben participar en las tareas de la casa y una buena manera de planificarlas es en las reuniones familiares.

           

              1. Abrázale. Esto puede por sí solo cambiar la actitud tanto del padre como del hijo.

           

              1. Dedícale tiempo. Dedicar todos los días unos minutos extra hace que los niños se sientan aceptados e importantes y les permite compartir experiencias y sentimientos.

          Deseo que estas líneas hayan conectado contigo y te haya podido trasmitir la grandeza de esta metodología educativa que acerca al adulto a una educación respetuosa con el niño pero también con el mismo.

           

          Carmen Fernández Rivas

          www.PadresAyudandoaPadres.es

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ¿Cuántas veces al día haces cosas “bien hechas” sin esperar nada a cambio?

          Ese es el principal problema. El binomio premio/castigo es el mayor de los engaños educativos.

          En otras ocasiones hemos hablado y volveremos a tratar el tema de los castigos pero, ¿qué pasa con los premios y halagos?  Pues que todo tiene un valor intercambiable. Que todo lo que aprendemos tiene una consecuencia cuantificable y mesurable en “me compensa o no”…

          ¿Y si eliminamos los premios? ¿Y si educamos sin materialismo, manipulación y chantaje?

          Está claro que es imposible hacerlo si el planteamiento educativo que tenemos no va más allá del “que me obedezcan”.  Eliminar el condicionamiento requiere una “remodelación” completa  desde los cimientos hasta el tejado.

          Partiendo de la base de que en la infancia se aprenden los patrones con los que luego vamos a entender e interactuar en el mundo, debemos replantearnos la posibilidad de dejar de prometer y ofrecer “cosas a cambio” y empezar a mostrar el valor mismo de los aciertos, de las “cosas bien hechas” y , mucho más importante : de los AVANCES DEL PROCESO.

          Si pretendemos que “hagan lo que queremos”,  y “ya mismo”, claro que necesitamos un intercambio inmediato.

          “Come y te pongo Peppa Pig”

          Si entendemos que TODO, ABSOLUTAMENTE TODO es un proceso que requiere pasar por fases en las que se van adquiriendo competencias POCO A POCO, podremos permitirnos un “mañana saldrá mejor” cuando las cosas van mal y un “¡lo has conseguido!” cuando todo va bien.

          No todo debe ser a cambio de algo. Los valores como el esfuerzo por mejorar, el autoanálisis para la crítica constructiva, la satisfacción por alcanzar retos y el aprendizaje de los errores NO SE APRENDE EN NINGÚN LIBRO, no a cambio de nada…

          Es muy improbable que nuestros hijos aprendan a tener un “autocontrol” si todo los que les “controla” viene de fuera. Si siempre están esperando ese “algo” que PAGUE lo que han “hecho bien”.

          Y sin darnos cuenta estamos empujando a nuestros hijos a confundir el VALOR de las cosas por EL PRECIO…que son dos cosas demasiado distintas.

          Necesitamos ofrecer a nuestros hijos la maravillosa sensación de satisfacción al superar un obstáculo, al encontrar una solución a un problema, al experimentar CRECIMIENTO. Ningún gomet verde enseña todo eso. Necesitamos hacerles entender que no se es “bueno” por obedecer más rápido. ¿Qué es ser bueno? Eso es otro debate…

          El premio y la alabanza les hacen dependientes de valoración externa, de juicio ajeno…adictos del aplauso y del los verbos conjugados en condicional.

          No premies sus aciertos, pregúntale qué siente por haberse superado, aliéntale para seguir por ese camino y felicítale por haber sido capaz de hacer algo que antes no conseguía, que el premio sea la sensación de triunfo, porque la percepción de CAPACIDAD es la base de la autoestima, es un pilar maestro de su equilibrio emocional futuro.
          Hazle consciente de que el mayor regalo por intentar hacer las cosas lo mejor posible es llegar a donde se propongan, pero sobretodo es LA INTEGRIDAD. Nada puede comprar eso.

          María Soto

          http://educabonito.com

          EL PODER DE UN ¡GRACIAS!

          EL PODER DE UN “GRACIAS”… Tantas veces que intentamos buscar información y conseguir técnicas que nos ayuden a mejorar la colaboración con nuestros hijos. Leemos libros, consultamos blogs y buscamos elaboradas teorías que nos muestren complicados procedimientos y pasos que se deben seguir y que, supuestamente, van a conseguir la deseada colaboración.

          ¿Qué palabras tengo que utilizar? … ¿En qué orden debo decir no sé qué cosas?… ¿Cuál es el tono exacto para que tenga el efecto deseado?

          Es posible que no todos nos identifiquemos con estas cuestiones, pero en la mente de casi todos está la idea de que debe ser algo complicado, pues no es tan fácil conseguirlo.

          Es cierto que no es como sumar 2+2 y que el resultado no es exacto, pero sí es aproximado. Una sola palabra tiene efectos casi mágicos que consigue más que cualquier evento detalladamente planificado. Y ¿Cuál es esa palabra? ¡GRACIAS!, un sincero ¡GRACIAS!    EL PODER DE UN ¡GRACIAS!

          ¡¡¿En serio?!!…  Pero ¿qué le vamos a agradecer… el cuarto de hora que estuvo dando vueltas por la casa en vez de vestirse?, ¿el grito que me dio cuando quería una galleta?

          Pues sí, en serio. Agradecer cada momento que sí presta atención, que sí escucha, que sí ayuda o colabora, que se pone los zapatos… “Pero, es que que eso es lo que tiene que hacer, ¿no se supone que eso ya lo tienen que hacer?” Efectivamente. Igual que mamá (o papá, seamos realistas) se encarga de tener su comida lista, o su ropa limpia, también es parte de su responsabilidad y le encanta escuchar “Gracias por cuidarme”

          No se trata de manipularle y utilizar esta palabra como un refuerzo positivo, no es un premio, no tiene segundas intenciones, no tiene trasfondo.

          Necesita que sea sincera, necesita que lleve corazón, cariño, reconociendo, integridad, conexión. Es mirarle a los ojos y decirle gracias por ser como eres.  EL PODER DE UN ¡GRACIAS!

          ¿Qué efecto tiene esto en el niño?

          Se siente aceptado, siente que no hay nada malo en él, que no queremos someterlo, que le valoramos a él y al esfuerzo realizado. Siente que es importante y le has dedicado ese segundo de atención de una forma adecuada, sin viciar la situación.

          Seguro que hay aspectos de tu hijo que te gustaría que mejorara: que fuese más ordenado, que estudiase más, que fuese más amable o educado… una larga lista que siempre vamos aumentando por su bien sin darnos cuenta de lo que ya ha conseguido, de lo que ya está bien en él. En lugar de centrar toda nuestra atención en lo que le falta para ser una persona de bien, podemos poner el foco en lo que ya tiene y lo que ya es para ser un niño feliz.

          ¿Y eso significa dejar de ser exigente, dejar que todo quede como está, conformarnos y no mejorar nunca?

          Para nada. Significa que no vamos a adelantarnos a sus necesidades o a sus propias aspiraciones. Si nosotros marcamos las exigencias que creemos que debería tener, no tendrá la oportunidad de elaborar sus propias aspiraciones. No todo el mundo es igual de competitivo, ni responde igual a los retos. Que tenga la oportunidad de decidir en qué quiere mejorar es una buena oportunidad de aprendizaje para la vida.

          Los niños desean agradar a sus padres y lo hacen de forma instintiva y totalmente inconsciente. Un ¡Gracias! le facilita enormemente el camino porque le ayuda a saber por dónde tiene que ir para contentar a mamá o a papá. Y aquí insisto en que esto no es con la intención de manipularle, solo es la explicación de porqué nos siguen tan fácil justo después de un ¡Gracias!. Si lo piensas un momento, igual que seguirías a tu jefe si te agradece tu esfuerzo por la empresa (aunque sea tu trabajo y ya te paguen por eso).

          Qué tal si lo ponemos en práctica en los próximos días y me haces llegar tu experiencia. ¿Has comprobado ese efecto mágico? ¡Me encantaría saberlo!

          EL PODER DE UN ¡GRACIAS!

          Ana Couto

          www.AnaCoutoCoaching.com

          ¿Feliz? vuelta a las rutinas

          Vuelta a la rutina

          Vuelta a la rutina

          Enero, ese mes cuyo sinónimo no es otro que vuelta a las rutinas después de ese parón y la libertad de horarios que nos ofrece la Navidad. Llega la vuelta al trabajo, a las actividades y, para los más pequeños,  vuelta al cole. ¿Feliz? vuelta a las rutinas

          Del mismo modo, de la mano de la rutina, muchas veces también llegan el temido estrés, las peleas y el intentar una y otra vez que los niños colaboren al máximo con la nueva realidad a la que nos enfrentamos en el día a día.

          Como adultos a veces nos cuesta adaptarnos a los nuevos horarios, las obligaciones y las tareas que conforman nuestra nueva rutina tras las vacaciones. Sin embargo, en ocasiones nos resulta difícil comprender que los niños experimentan lo mismo, pero multiplicado por 100, ya que ellos viven a un ritmo muy distinto al de los adultos. Su mundo tiene otras condiciones, otros tiempos y otras necesidades que en ocasiones perdemos de vista desde nuestra perspectiva.

          Entonces, ¿Se puede volver a la rutina y no “morir” en el intento?, ¿cómo se hace?

          En este breve artículo te contaré 5 herramientas de Disciplina Positiva que te ayudarán a que el día a día en casa deje de ser una lucha constante y comience a parecerse más a una colaboración mutua entre las partes. Empezamos 🙂

          1. Muestra empatía y valida sus sentimientos: está claro que todos nos sentimos mejor cuando somos escuchados y comprendidos ante una situación que no es de nuestro agrado. Madrugar, dejar de ver los dibujos para ir a lavarse los dientes o acostarse temprano, resulta igual de “horrible” para un niño como cuando los adultos estamos disfrutando de una magnífica cena con amigos y de repente recordamos que tenemos que irnos ya porque mañana toca madrugar para entrar antes a una reunión de trabajo. ¿A que ese momento en el que alguien del grupo muestra conexión y comprensión por cómo nos sentimos nos hace ver que no estamos solos ante el peligro? Esa actitud activa en nosotros de forma automática una mayor predisposición a colaborar y aceptar la realidad. Muéstrale a tu hijo comprensión por la situación y exprésale de forma directa que entiendes perfectamente lo mucho que cuesta levantarse tan temprano otra vez, en definitiva, a ti también te pasa.
          2. Menos órdenes y más preguntas: ¿sabes que cuando nos dan una orden la parte de nuestro cerebro que se activa primero es el área encargada de mostrar rechazo? Sin embargo, cuando nos hacen una pregunta, lo que ocurre es algo muy distinto. La zona que toma primero el control ante un interrogante es la que se encarga de buscar respuestas ¿Qué nos dice eso? si nos pasamos el día hablando a nuestros hijos en imperativo, en primer lugar, no le dejamos desarrollar su propia capacidad de búsqueda de soluciones, y, además, nos estaremos comunicando con ellos de una forma muy poco efectiva, si lo que queremos es conseguir su colaboración. Prueba a hacerle preguntas como: ¿Qué nos toca hacer ahora? o ¿Qué necesitamos hacer antes de ir al cole? Ayúdales a activar su zona de búsqueda de respuesta y permítele que poco a poco deje de esperar una orden para actuar y comience a ser más proactivo.
          3. Crea una tabla de rutinas: esta es una de las herramientas más eficaces de la Disciplina Positiva a la hora de facilitar las tareas del día a día en casa. ¿Cómo funciona? Lo primero que tienes que hacer es coger una cartulina y sus rotuladores o ceras favoritas, siéntate con ellos y explícales que vais a crear juntos una tabla de rutinas que nos va a ayudar a recordar qué cosas tenemos que hacer en nuestro día a día para que así no tengamos que estar repitiendo lo mismo varias veces todos los días. Hazlo de forma divertida, con dibujos o pega incluso fotos suyas haciendo cada una de las actividades para que así se acuerden mejor de qué hay que hacer en cada momento sin necesidad de que tú se lo digas. Deja que sea la tabla quien hable.
          4. Dale opciones limitadas: ¿qué tal si, en vez de acatar tu voluntad, pruebas a darle opciones limitadas? Por ejemplo, una buena forma de ahorrar tiempo y discusiones a la mañana siguiente es elegir la noche anterior la ropa que nos vamos a poner para ir al cole al día siguiente. No se trata de decirles, “Cariño, elige qué quieres llevar puesto mañana”, sino de, por ejemplo, mostrarle 2 camisetas y preguntarle ¿cuál de las dos quiere ponerse mañana?. Añade también un “¡tú eliges, cariño!” y será aún más eficaz. Esta pequeña pauta le ayudará a darse cuenta de que su voz ha sido escuchada y de que son ellos los han tomado esa decisión. Por lo tanto, la mañana siguiente no será una nueva batalla por evitar hacer lo que me digan, sino que le será más fácil colaborar porque él o ella ha formado parte del trato.
          5. Pide su colaboración y dale las gracias: muchas veces damos por hecho que los demás saben exactamente lo que nosotros esperamos de ellos. No obstante, la mayoría de las ocasiones no es así ¿no sería todo más fácil si pedimos ayuda explícitamente y amablemente cuando la necesitamos? Prueba con un “Cielo, necesito por favor tu ayuda para que me traigas la mochila de tu hermana mientras yo envuelvo los bocadillos y llegar así todos a tiempo al cole”. Por supuesto, una vez que nuestros hijos colaboren, ya sea por petición previa o por su propia voluntad, acordémonos de la importancia de darles las gracias por su ayuda y recordarles lo genial que ha sido que todos hayamos puesto de nuestra parte para que todo saliese bien.

          ¿Estás dispuesto a probar nuevas opciones, contar hasta 10 y no dejarte llevar por el estrés que supone para todos el volver a adaptarnos a nuestros hábitos diarios tras unos días donde no era el reloj quién mandaba?

          ¿Qué te parecen estas ideas? Pon en práctica esos sencillos pasos y cuéntame si quieres qué tal la experiencia. Si lo haces con constancia y paciencia, estoy segurísima de que no te arrepentirás.

           

          “La trampa de la rutina se desarma, mirando excepcionalmente lo no excepcional”

          Victor Hugo

           

          Marián Cobelas

          https://larevoluciondelasmariposas.wordpress.com

          Nuestros hijos perfectos

          NUESTROS HIJOS PERFECTOS

          El tener hijos más inquietos o tranquilos, revoltosos, desatentos, poco generosos… ¿es cuestión del tipo de padres?, es decir, si unos padres tienen conocimientos en crianza, ¿eso significa y conlleva tener hijos perfectos?

          El hecho de saber manejar la conducta de un niño, tener opciones y estrategias hace que nuestros hijos ¿sean tranquilos, generosos respetuosos, empáticos…?  NO.   ¿Sabéis por qué? Porque los niños tendrán comportamientos inadecuados siempre y en algún momento, porque cuando están con otros niños tendrán comportamientos egoístas o impulsivos en algún momento, y esto es algo que debemos de esperar como algo normal, no tengamos expectativas idílicas, sepamos que los niños son niños y tienen comportamientos indebidos en muchos momentos, y esperando esto será como el adulto no se frustre innecesariamente y a continuación pueda actuar enseñando buenas habilidades y opciones asertivas. Nuestros hijos perfectos

          Todas las personas con conocimientos en crianza se enfrentan a diario con conductas desapropiadas de sus hijos, es decir, no creas que tenemos hijos que se comportan bien y en todo momento, mis hijos son como los tuyos, la única diferencia es que yo tengo estrategias para entenderlo, ponerme en su lugar, buscar estrategias y crear habilidades en ellos.

          Ayer en un taller a familias, al terminar la sesión, una madre me pregunta: “Y tú… ¿tienes dificultades, te enfrentas a estos problemas que te estamos exponiendo?” ¡Claro que sí! mis hijos comenten los mismos errores que los vuestros, no son perfectos, son niños y tienen los mismos comportamientos que los niños de su edad.  

          Las personas con conocimiento en crianza no tenemos la varita mágica para convertir lo incorrecto en correcto, sino que trabajamos con estrategias empáticas y firmes para construir habilidades y generar aptitudes en el niño.

          Así que, aunque nuestros retos sean los mismos, utilizamos estrategias asertivas para construir habilidades en el niño y que ellos aprendan, de esta manera los retos van disminuyendo. Nuestros hijos perfectos 

          Nuestros hijos perfectos

          Nuestros hijos perfectos

          La perfección no existe y menos hablando de niños, pero en tu mano está construir fortalezas donde se presentan debilidades. Nuestros hijos perfectos

          IRENE IGLESIAS RUIZ

          Educar con RESPETO

          Estamos cansados de escuchar que los niños no vienen con manual de instrucciones, es curioso observar, cómo desde el momento en que sabemos que vamos a ser padres nos afanamos en recopilar información referente a este gran acontecimiento en nuestras vidas, de este modo libros de pediatras, psicólogos u otros profesionales se convierten en nuestra inspiración.

          No hay ninguna duda de que queremos ser los mejores padres, queremos ser respetuosos,  pero a la hora de la verdad cuando nos enfrentamos a nuestro día a día, a una situación delicada o tensa, finalmente salta el automático que está directamente conectado con nuestros instintos o necesidades y brotan desmesuradamente nuestras emociones más primitivas, terminamos desconectando de nosotros mismos y olvidando a quien tenemos enfrente y surgen los gritos, las amenazas, los chantajes, los castigos.

          También estamos cansados de escuchar que antes la educación funcionaba con otros métodos y no se entiende porqué ahora no funcionan, pues es bien sencillo, los adultos ya no damos ejemplo de sumisión o disciplina y por otro lado tampoco proporcionamos a los niños ocasiones de aprender responsabilidades o motivación.

          Para la gestión de los cambios, no sólo es suficiente con “el querer”, este está directamente relacionado con “el creer”, pero para poder querer y creer se requiere de una fuerza mayor y esta depende de la lucha que mantenemos con nuestro tirano interior, ese que  alimentamos de automatismos, de creencias y de memoria emocional.

          Se requiere pues, no sólo de una caja de herramientas  o de pautas que nos ayuden al cambio en nuestra forma de educar, se requiere también de un desbloqueo, un insight o descubrimiento, la DISCIPLINA POSITIVA nos ayuda a esto.

          La DISCIPLINA POSITIVA tiene su origen en la psicología individual de Alfred Adler, médico y psiquiatra austriaco, coetáneo de Freud, que estudió el comportamiento humano, Adler comprendió la importancia de mantener la dignidad y respeto por todas las personas y por supuesto a los niños.

          Discípulo de Adler fue Rudolf Dreikurs que escribió un sin número de libros destinados a padres y educadores.

          Los puntos básicos de la Teoría de ADLER son:

            • Todo comportamiento tiene una intención
            • La meta de ese comportamiento es la pertenencia (conexión) y la significancia (importancia)
            • El mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograr conexión y significancia

           

          LAS CUATRO METAS EQUIVOCADAS DEL COMPORTAMIENTO SON:

          Tabla metas equivocadas

          Es decir la atención y el poder les ayudará a alcanzar ese sentido al que todo ser humano aspira que es el de pertenencia y significancia.

          La venganza les dará satisfacción a cambio del dolor que experimentan por no sentir que pertenecen o no son importantes.

          Y cuando creen que no son adecuados, se dan por vencidos y asumen la incapacidad.

          Las claves para detectar esas metas que se manifiestan a través de los comportamientos inadecuados, van a ser los propios sentimientos de reacción del adulto, eso será fundamental para saber descifrar la meta que el niño persigue tras su comportamiento.

          En realidad hay  muchos padres y docentes con conocimientos insuficientes sobre el comportamiento infantil y sobre el desarrollo de los niños, tratando finalmente como malas conductas a conductas cronológicamente adecuadas para la edad del niño.

          CONCEPTOS BASICOS DE DISCIPLINA POSITIVA

                • Los niños son seres sociales

          El comportamiento se determina dentro de un contexto social, los niños adoptan decisiones sobre si mismos, sobre los demás y sobre la manera de comportarse, basándose en cómo se ven ellos en relación a los demás y lo que creen que los demás sienten hacia él.

          Observan                     Piensan                     Sienten                     Deciden

           

                  • El comportamiento está orientado a metas.

          El comportamiento tiene un propósito, la principal meta es la de pertenencia y significancia, el mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograrlo, Dreikurs explica que los niños son buenos observadores pero muy malos interpretando.
          Cuando un bebé no tiene una necesidad cubierta ¿qué hace para hacértelo saber?, llora
          Cuando un niño o adolescente siente que esa necesidad de comprensión, de afecto, de conexión falla ¿qué hace? rabietas, rebeldía , puede en algunos casos llegar a ser violento.

          Con el bebé inmediatamente intentamos averiguar cuál es la necesidad y proporcionársela, con los niños y adolescentes sólo atendemos a su conducta intentando por todos los medios sofocarla, pero no hacemos caso a la causa que provoca ese comportamiento.

          El niño confunde la manera de llegar a su objetivo, por eso es tan importante analizarse como padre, madre o educador para reflexionar si nuestra conducta invita a esa creencia equivocada.

                  • Adler introdujo un concepto , la responsabilidad social o sentimiento comunitario

          Si no contribuimos al bienestar de los demás no alcanzamos un óptimo desarrollo emocional y mental.

                  • Relaciones horizontales

          Todos sin excepción tenemos derecho a dignidad y respeto.

                  • Los errores son grandes oportunidades para aprender

          Si un niño se somete a la humillación de la corrección de un error de manera irrespetuosa, puede no querer volver a intentarlo por temor, puede llegar a ser un adicto de la aprobación o incluso puede querer esconder la equivocación , en algunos casos con mentiras.

          Animar a exponer un error y qué aprendizaje salió de eso hará que los niños se recuperen del error, se reconcilien y lo más importante se enfoque en cómo solucionarlo, trabajando conjuntamente con ellos,

                  • Asegurarse de que el mensaje que quieres transmitir es entendido (primero la conexión y luego la corrección)

          Teniendo en cuenta todos estos puntos se comenzaron a poner en marcha talleres de padres en EEUU y posteriormente esta metodología se extendió a varios países  incluido España, con la ayuda de estos talleres se consigue ayudar al adulto a encontrar un respetuoso equilibrio en el arte de educar, usando como herramientas la amabilidad  y la firmeza, consiguiendo así desarrollar en los niños,  habilidades sociales, emocionales y de vida.

          HERRAMIENTAS QUE PROPORCIONA LA  DISCIPLINA POSITIVA

           

          A) Herramientas de Actitud:

            1. 1. Los niños que se portan mal son niños desanimados. En muchos casos el mal comportamiento se debe a que el niño no se considera aceptado ni importante. Los castigos aplicados por los adultos le humillan y provocan más desaliento y, como consecuencia, mal comportamiento en el futuro.
            2. Los niños hacen las cosas mejor cuando se sienten mejor. No tiene sentido pensar que para que un niño se porte mejor primero hemos de hacer que con el castigo se sienta peor.
            3. Los errores constituyen excelentes oportunidades para aprender. Hay que ver el error o el mal comportamiento como una manera de aprender para la próxima vez.
            4. Trabaja para mejorar, no para alcanzar la perfección. En lugar de castigar por los errores es mejor centrarse en los pequeños avances y animar así al niño.
            5. Utiliza la firmeza y la amabilidad a la vez. No se trata tampoco de ser demasiado permisivos con los niños, sino que hay que ser amables y firmes a la vez (“Te quiero y la respuesta es no”).
            6. Céntrate en convencer al niño en vez de en ganarle. Cuando se plantea una lucha de poder y el adulto gana, el niño pierde, pero eso no le hace mejorar, simplemente le desanima.
            7. Céntrate en los resultados a largo plazo. Con el castigo el niño no aprende más habilidades, aprende que el que tiene más poder puede doblegar a los demás.
            8. Busca soluciones, no culpabilices. Culpando no se soluciona nada, son las soluciones las que hacen que mejoren las cosas.
            9. Comprende el significado de la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, el verdadero significado de la disciplina es el de educar.
            10. Trata a los niños con dignidad y respeto. De ese modo los niños se sentirán mejor y se comportarán mejor.
            11. Los niños te escuchan si primero tú les escuchas a ellos. Si escuchas a los niños, ellos aprenderán a escuchar.
            12. Fíjate en el mensaje escondido detrás del mal comportamiento. Con el mal comportamiento los niños pueden perseguir algunos de estos objetivos erróneos: llamar la atención, tener el poder, venganza o asunción de incompetencia. Si comprendemos lo que el niño quiere decir con su comportamiento podremos ayudarle.
            13. Da a los niños el beneficio de la duda: Es mejor que el niño sepa que estamos de su parte.
            14. Un respiro para iluminarse: El pararse a pensar, el retirarse y relajarse puede hacer ver los problemas desde otra perspectiva.

          B) Herramientas de Acción:

          • Asegúrate que el niño recibe el mensaje de amor y respeto. El niño con mal comportamiento es el que más necesita oír que se le quiere.
          • Permite al niño desarrollar percepciones de que es significante y aceptado. A través de las reuniones familiares y de clase se puede ayudar a los niños a que descubran sus capacidades y se valoren.
          • No hagas cosas por los niños que puedan hacer solos. Así les ayudarás a ser más capaces.
          • Formula preguntas del tipo “qué” y “cómo”. Por ejemplo. ¿Qué ha ocurrido?, ¿Cómo te sientes con lo que ha pasado?, ¿Qué has aprendido con esto?, ¿Cómo puedes utilizarlo para la próxima vez?
          • Formula preguntas de curiosidad. Hacer preguntas para que el niño observe sus propios sentimientos.
          • Implica a los niños en las soluciones. Así el niño aprenderá a solucionar problemas y se animará a participar en las soluciones diseñadas.
          • Celebra reuniones familiares o de clase con regularidad. En ellas los niños aprenden a solucionar conflictos y problemas y a ayudarse los unos a los otros.
          • Resuelve los problemas en parejas. Deja a dos niños que hayan tenido un problema o una pelea resolver ellos solos el conflicto, con estas normas: no echarse la culpa y centrarse en las soluciones.
          • Marca líneas de resolución de problemas:

          Los pasos a seguir ante un conflicto serían:

          • No responder a la provocación, dialogar con respeto sobre lo sucedido, elegir una solución consensuada, pedir ayuda si no se encuentra solución.
          • Establece rutinas con los niños. Si conjuntamente con el niño se establecen los pasos de cualquier actividad (por ejemplo, la hora de acostarse) el niño tendrá más voluntad de llevarlo a la práctica sin problemas ya que ha participado en su diseño.
          • Ofrece opciones limitadas. Cuando proponemos opciones (por ejemplo: ¿Quieres bañarte antes o después de hacer los deberes?) damos al niño la libertad de elegir, lo que le motivará a actuar.

           

           

          • Reorienta el poder. Dejar que los niños participen y ayuden les permite también ejercer poder, no solo obedecer.
          • Di: “Me doy cuenta”. Si ves que el niño no ha hecho algo, p. ej.: recoger los juguetes, es mejor decir: “Me doy cuenta de que no has recogido tus juguetes”, en vez de “¿Has recogido tus juguetes?”
          •  Céntrate en las soluciones. Proponer a los niños que planteen soluciones a los problemas o dificultades cotidianas: “¿Cómo podríamos solucionar las discusiones sobre la hora de salir de la bañera?

           

           

          • Crear una rueda de opciones. A la hora de encontrar soluciones a los problemas se le pueden ofrecer diferentes opciones y que el elija.
          • Utiliza las emociones honestamente.

           

           

          • Hablar sobre las propias emociones y sentimientos es un buen ejemplo para los niños. Una fórmula adecuada sería: “Me siento___________ cuando___________, porque__________, y me gustaría___________”.

           

           

          • Enseña las diferencias entre lo que los niños sienten y lo que hacen. Hay que dejar que los niños expresen sus sentimientos (esos son reales y no debemos negarlos), aunque desaprobemos su conducta ( esta sí se puede evitar o corregir). Por ejemplo, ante un ataque de celos entendemos los sentimientos, pero evitamos que el niño pegue a su hermanita.

           

           

          • Asume las responsabilidades que tienes en el conflicto. Si aceptamos nuestra parte de culpa en el conflicto, facilitamos igualmente que el niño asuma su parte de culpa.

           

           

          • Dale un cronómetro. Un cronómetro puede ayudar al niño a decidir cuándo empezar con los deberes o cuándo apagar la televisión.

           

           

          • Adéntrate en el mundo de los niños. Preguntarse qué hay detrás de la conducta de los niños.

           

           

          • Escúchale reflexivamente. A la hora de escuchar es bueno parafrasear las palabras del niño.

           

           

          • Escucharles activamente. En la escucha activa, escuchamos los sentimientos escondidos entre las palabras haciéndole ver que entendemos sus sentimientos.

           

           

          • Supervisa, supervisa, supervisa. Es una herramienta necesaria sobre todo para niños más pequeños.

           

           

          • Distrae y/o reorienta: En vez de prohibirles hacer algo es preferible decirles u orientarles sobre lo que pueden hacer.

           

           

          • Utiliza las 4 R para recuperarse de los errores:
            Reconocer que se ha cometido un error, Responsabilizarse de lo que se ha hecho mal, Reconciliarse (pidiendo perdón) y Resolver (buscar una solución conjuntamente.

           

           

          • Mantente al margen de las peleas. Es una herramienta inicial para abordar las peleas ya que uno de los principales motivos de éstas es involucrar a los padres.

           

           

          • Pon a todos los niños en el mismo barco. No dar la razón a ninguno de los contendientes de una pelea (aunque se esté seguro de quién es el culpable). La solución al problema la han de encontrar entre los dos.

           

           

          • Tómate un tiempo para enseñar. Una herramienta muy útil es la de enseñar a los niños a hacer juegos de rol.

           

           

          • Decide lo que vas a hacer. Es bueno decidir cómo se va a comportar uno ante un conflicto y hacérselo saber al niño. Por ejemplo, aparcar y dejar de conducir si los niños se pelean en el coche.

           

           

          • Sigue hasta el final. Hay que ser amables pero firmes y llegar hasta el final en el uso de las estrategias positivas.

           

           

          • Menos es más. Cuanto menos se hable más eficaz se es. Hay que dejar que las acciones hablen más alto que las palabras.

           

           

          • Utiliza señales no verbales. El uso de señales no verbales (p. ej.: un vaso bocabajo en la mesa indicaría que hay que lavarse las manos antes de comer), sobre todo si participan los niños en su elección, puede aumentar la motivación para realizar las tareas cotidianas.

           

           

          • Di: ” Cuando……, entonces”. Es más eficaz decir: “Tan pronto como acabes los deberes verás la TV”, que “Si acabas los deberes, verás la TV”.

           

           

          • Enseña consecuencias naturales. Es bueno que el niño experimente las consecuencias naturales de sus actos. Una consecuencia natural es algo que sucede debido a lo que el niño ha elegido, sin que el adulto haya hecho nada.

           

           

          • Enseña consecuencias lógicas. Para que una consecuencia lógica no sea un castigo deben cumplirse las 3 R: Las consecuencias lógicas deben ser Relativas (deben estar relacionadas con el comportamiento), Respetuosas (deben aplicarse sin cólera, fuerza ni humillación) y Razonables (deben parecer razonables al adulto y al niño).

           

           

          • Anima en lugar de dar recompensas o elogios. Animar a los niños les lleva a la autoconfianza mientras que elogiar les hace dependientes de los demás. Las pagas se deben dar sin relacionarlas con las tareas.

           

           

          • Haz que los niños se impliquen en las tareas domésticas. Los niños deben participar en las tareas de la casa y una buena manera de planificarlas es en las reuniones familiares.

           

           

          • Abrázale. Esto puede por sí solo cambiar la actitud tanto del padre como del hijo.

           

           

          • Dedícale tiempo. Dedicar todos los días unos minutos extra hace que los niños se sientan aceptados e importantes y les permite compartir experiencias y sentimientos.

          Deseo que estas líneas hayan conectado contigo y te haya podido trasmitir la grandeza de esta metodología educativa que acerca al adulto a una educación respetuosa con el niño pero también con el mismo.

           Fuentes : Jane Nelsen “Disciplina Positiva” (Editorial Oniro, Barcelona 2002)  y ” Disciplina Positiva para Padres” (Ediciones Ruz)

          Carmen Fernández Rivas

          http://www.padresayudandoapadres.es