Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Nuestros hijos perfectos

NUESTROS HIJOS PERFECTOS

El tener hijos más inquietos o tranquilos, revoltosos, desatentos, poco generosos… ¿es cuestión del tipo de padres?, es decir, si unos padres tienen conocimientos en crianza, ¿eso significa y conlleva tener hijos perfectos?

El hecho de saber manejar la conducta de un niño, tener opciones y estrategias hace que nuestros hijos ¿sean tranquilos, generosos respetuosos, empáticos…?  NO.   ¿Sabéis por qué? Porque los niños tendrán comportamientos inadecuados siempre y en algún momento, porque cuando están con otros niños tendrán comportamientos egoístas o impulsivos en algún momento, y esto es algo que debemos de esperar como algo normal, no tengamos expectativas idílicas, sepamos que los niños son niños y tienen comportamientos indebidos en muchos momentos, y esperando esto será como el adulto no se frustre innecesariamente y a continuación pueda actuar enseñando buenas habilidades y opciones asertivas. Nuestros hijos perfectos

Todas las personas con conocimientos en crianza se enfrentan a diario con conductas desapropiadas de sus hijos, es decir, no creas que tenemos hijos que se comportan bien y en todo momento, mis hijos son como los tuyos, la única diferencia es que yo tengo estrategias para entenderlo, ponerme en su lugar, buscar estrategias y crear habilidades en ellos.

Ayer en un taller a familias, al terminar la sesión, una madre me pregunta: “Y tú… ¿tienes dificultades, te enfrentas a estos problemas que te estamos exponiendo?” ¡Claro que sí! mis hijos comenten los mismos errores que los vuestros, no son perfectos, son niños y tienen los mismos comportamientos que los niños de su edad.  

Las personas con conocimiento en crianza no tenemos la varita mágica para convertir lo incorrecto en correcto, sino que trabajamos con estrategias empáticas y firmes para construir habilidades y generar aptitudes en el niño.

Así que, aunque nuestros retos sean los mismos, utilizamos estrategias asertivas para construir habilidades en el niño y que ellos aprendan, de esta manera los retos van disminuyendo. Nuestros hijos perfectos 

Nuestros hijos perfectos

Nuestros hijos perfectos

La perfección no existe y menos hablando de niños, pero en tu mano está construir fortalezas donde se presentan debilidades. Nuestros hijos perfectos

IRENE IGLESIAS RUIZ

Educar con RESPETO

Estamos cansados de escuchar que los niños no vienen con manual de instrucciones, es curioso observar, cómo desde el momento en que sabemos que vamos a ser padres nos afanamos en recopilar información referente a este gran acontecimiento en nuestras vidas, de este modo libros de pediatras, psicólogos u otros profesionales se convierten en nuestra inspiración.

No hay ninguna duda de que queremos ser los mejores padres, queremos ser respetuosos,  pero a la hora de la verdad cuando nos enfrentamos a nuestro día a día, a una situación delicada o tensa, finalmente salta el automático que está directamente conectado con nuestros instintos o necesidades y brotan desmesuradamente nuestras emociones más primitivas, terminamos desconectando de nosotros mismos y olvidando a quien tenemos enfrente y surgen los gritos, las amenazas, los chantajes, los castigos.

También estamos cansados de escuchar que antes la educación funcionaba con otros métodos y no se entiende porqué ahora no funcionan, pues es bien sencillo, los adultos ya no damos ejemplo de sumisión o disciplina y por otro lado tampoco proporcionamos a los niños ocasiones de aprender responsabilidades o motivación.

Para la gestión de los cambios, no sólo es suficiente con “el querer”, este está directamente relacionado con “el creer”, pero para poder querer y creer se requiere de una fuerza mayor y esta depende de la lucha que mantenemos con nuestro tirano interior, ese que  alimentamos de automatismos, de creencias y de memoria emocional.

Se requiere pues, no sólo de una caja de herramientas  o de pautas que nos ayuden al cambio en nuestra forma de educar, se requiere también de un desbloqueo, un insight o descubrimiento, la DISCIPLINA POSITIVA nos ayuda a esto.

La DISCIPLINA POSITIVA tiene su origen en la psicología individual de Alfred Adler, médico y psiquiatra austriaco, coetáneo de Freud, que estudió el comportamiento humano, Adler comprendió la importancia de mantener la dignidad y respeto por todas las personas y por supuesto a los niños.

Discípulo de Adler fue Rudolf Dreikurs que escribió un sin número de libros destinados a padres y educadores.

Los puntos básicos de la Teoría de ADLER son:

    • Todo comportamiento tiene una intención
    • La meta de ese comportamiento es la pertenencia (conexión) y la significancia (importancia)
    • El mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograr conexión y significancia

 

LAS CUATRO METAS EQUIVOCADAS DEL COMPORTAMIENTO SON:

Tabla metas equivocadas

Es decir la atención y el poder les ayudará a alcanzar ese sentido al que todo ser humano aspira que es el de pertenencia y significancia.

La venganza les dará satisfacción a cambio del dolor que experimentan por no sentir que pertenecen o no son importantes.

Y cuando creen que no son adecuados, se dan por vencidos y asumen la incapacidad.

Las claves para detectar esas metas que se manifiestan a través de los comportamientos inadecuados, van a ser los propios sentimientos de reacción del adulto, eso será fundamental para saber descifrar la meta que el niño persigue tras su comportamiento.

En realidad hay  muchos padres y docentes con conocimientos insuficientes sobre el comportamiento infantil y sobre el desarrollo de los niños, tratando finalmente como malas conductas a conductas cronológicamente adecuadas para la edad del niño.

CONCEPTOS BASICOS DE DISCIPLINA POSITIVA

        • Los niños son seres sociales

El comportamiento se determina dentro de un contexto social, los niños adoptan decisiones sobre si mismos, sobre los demás y sobre la manera de comportarse, basándose en cómo se ven ellos en relación a los demás y lo que creen que los demás sienten hacia él.

Observan                     Piensan                     Sienten                     Deciden

 

          • El comportamiento está orientado a metas.

El comportamiento tiene un propósito, la principal meta es la de pertenencia y significancia, el mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograrlo, Dreikurs explica que los niños son buenos observadores pero muy malos interpretando.
Cuando un bebé no tiene una necesidad cubierta ¿qué hace para hacértelo saber?, llora
Cuando un niño o adolescente siente que esa necesidad de comprensión, de afecto, de conexión falla ¿qué hace? rabietas, rebeldía , puede en algunos casos llegar a ser violento.

Con el bebé inmediatamente intentamos averiguar cuál es la necesidad y proporcionársela, con los niños y adolescentes sólo atendemos a su conducta intentando por todos los medios sofocarla, pero no hacemos caso a la causa que provoca ese comportamiento.

El niño confunde la manera de llegar a su objetivo, por eso es tan importante analizarse como padre, madre o educador para reflexionar si nuestra conducta invita a esa creencia equivocada.

          • Adler introdujo un concepto , la responsabilidad social o sentimiento comunitario

Si no contribuimos al bienestar de los demás no alcanzamos un óptimo desarrollo emocional y mental.

          • Relaciones horizontales

Todos sin excepción tenemos derecho a dignidad y respeto.

          • Los errores son grandes oportunidades para aprender

Si un niño se somete a la humillación de la corrección de un error de manera irrespetuosa, puede no querer volver a intentarlo por temor, puede llegar a ser un adicto de la aprobación o incluso puede querer esconder la equivocación , en algunos casos con mentiras.

Animar a exponer un error y qué aprendizaje salió de eso hará que los niños se recuperen del error, se reconcilien y lo más importante se enfoque en cómo solucionarlo, trabajando conjuntamente con ellos,

          • Asegurarse de que el mensaje que quieres transmitir es entendido (primero la conexión y luego la corrección)

Teniendo en cuenta todos estos puntos se comenzaron a poner en marcha talleres de padres en EEUU y posteriormente esta metodología se extendió a varios países  incluido España, con la ayuda de estos talleres se consigue ayudar al adulto a encontrar un respetuoso equilibrio en el arte de educar, usando como herramientas la amabilidad  y la firmeza, consiguiendo así desarrollar en los niños,  habilidades sociales, emocionales y de vida.

HERRAMIENTAS QUE PROPORCIONA LA  DISCIPLINA POSITIVA

 

A) Herramientas de Actitud:

    1. 1. Los niños que se portan mal son niños desanimados. En muchos casos el mal comportamiento se debe a que el niño no se considera aceptado ni importante. Los castigos aplicados por los adultos le humillan y provocan más desaliento y, como consecuencia, mal comportamiento en el futuro.
    2. Los niños hacen las cosas mejor cuando se sienten mejor. No tiene sentido pensar que para que un niño se porte mejor primero hemos de hacer que con el castigo se sienta peor.
    3. Los errores constituyen excelentes oportunidades para aprender. Hay que ver el error o el mal comportamiento como una manera de aprender para la próxima vez.
    4. Trabaja para mejorar, no para alcanzar la perfección. En lugar de castigar por los errores es mejor centrarse en los pequeños avances y animar así al niño.
    5. Utiliza la firmeza y la amabilidad a la vez. No se trata tampoco de ser demasiado permisivos con los niños, sino que hay que ser amables y firmes a la vez (“Te quiero y la respuesta es no”).
    6. Céntrate en convencer al niño en vez de en ganarle. Cuando se plantea una lucha de poder y el adulto gana, el niño pierde, pero eso no le hace mejorar, simplemente le desanima.
    7. Céntrate en los resultados a largo plazo. Con el castigo el niño no aprende más habilidades, aprende que el que tiene más poder puede doblegar a los demás.
    8. Busca soluciones, no culpabilices. Culpando no se soluciona nada, son las soluciones las que hacen que mejoren las cosas.
    9. Comprende el significado de la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, el verdadero significado de la disciplina es el de educar.
    10. Trata a los niños con dignidad y respeto. De ese modo los niños se sentirán mejor y se comportarán mejor.
    11. Los niños te escuchan si primero tú les escuchas a ellos. Si escuchas a los niños, ellos aprenderán a escuchar.
    12. Fíjate en el mensaje escondido detrás del mal comportamiento. Con el mal comportamiento los niños pueden perseguir algunos de estos objetivos erróneos: llamar la atención, tener el poder, venganza o asunción de incompetencia. Si comprendemos lo que el niño quiere decir con su comportamiento podremos ayudarle.
    13. Da a los niños el beneficio de la duda: Es mejor que el niño sepa que estamos de su parte.
    14. Un respiro para iluminarse: El pararse a pensar, el retirarse y relajarse puede hacer ver los problemas desde otra perspectiva.

B) Herramientas de Acción:

  • Asegúrate que el niño recibe el mensaje de amor y respeto. El niño con mal comportamiento es el que más necesita oír que se le quiere.
  • Permite al niño desarrollar percepciones de que es significante y aceptado. A través de las reuniones familiares y de clase se puede ayudar a los niños a que descubran sus capacidades y se valoren.
  • No hagas cosas por los niños que puedan hacer solos. Así les ayudarás a ser más capaces.
  • Formula preguntas del tipo “qué” y “cómo”. Por ejemplo. ¿Qué ha ocurrido?, ¿Cómo te sientes con lo que ha pasado?, ¿Qué has aprendido con esto?, ¿Cómo puedes utilizarlo para la próxima vez?
  • Formula preguntas de curiosidad. Hacer preguntas para que el niño observe sus propios sentimientos.
  • Implica a los niños en las soluciones. Así el niño aprenderá a solucionar problemas y se animará a participar en las soluciones diseñadas.
  • Celebra reuniones familiares o de clase con regularidad. En ellas los niños aprenden a solucionar conflictos y problemas y a ayudarse los unos a los otros.
  • Resuelve los problemas en parejas. Deja a dos niños que hayan tenido un problema o una pelea resolver ellos solos el conflicto, con estas normas: no echarse la culpa y centrarse en las soluciones.
  • Marca líneas de resolución de problemas:

Los pasos a seguir ante un conflicto serían:

  • No responder a la provocación, dialogar con respeto sobre lo sucedido, elegir una solución consensuada, pedir ayuda si no se encuentra solución.
  • Establece rutinas con los niños. Si conjuntamente con el niño se establecen los pasos de cualquier actividad (por ejemplo, la hora de acostarse) el niño tendrá más voluntad de llevarlo a la práctica sin problemas ya que ha participado en su diseño.
  • Ofrece opciones limitadas. Cuando proponemos opciones (por ejemplo: ¿Quieres bañarte antes o después de hacer los deberes?) damos al niño la libertad de elegir, lo que le motivará a actuar.

 

 

  • Reorienta el poder. Dejar que los niños participen y ayuden les permite también ejercer poder, no solo obedecer.
  • Di: “Me doy cuenta”. Si ves que el niño no ha hecho algo, p. ej.: recoger los juguetes, es mejor decir: “Me doy cuenta de que no has recogido tus juguetes”, en vez de “¿Has recogido tus juguetes?”
  •  Céntrate en las soluciones. Proponer a los niños que planteen soluciones a los problemas o dificultades cotidianas: “¿Cómo podríamos solucionar las discusiones sobre la hora de salir de la bañera?

 

 

  • Crear una rueda de opciones. A la hora de encontrar soluciones a los problemas se le pueden ofrecer diferentes opciones y que el elija.
  • Utiliza las emociones honestamente.

 

 

  • Hablar sobre las propias emociones y sentimientos es un buen ejemplo para los niños. Una fórmula adecuada sería: “Me siento___________ cuando___________, porque__________, y me gustaría___________”.

 

 

  • Enseña las diferencias entre lo que los niños sienten y lo que hacen. Hay que dejar que los niños expresen sus sentimientos (esos son reales y no debemos negarlos), aunque desaprobemos su conducta ( esta sí se puede evitar o corregir). Por ejemplo, ante un ataque de celos entendemos los sentimientos, pero evitamos que el niño pegue a su hermanita.

 

 

  • Asume las responsabilidades que tienes en el conflicto. Si aceptamos nuestra parte de culpa en el conflicto, facilitamos igualmente que el niño asuma su parte de culpa.

 

 

  • Dale un cronómetro. Un cronómetro puede ayudar al niño a decidir cuándo empezar con los deberes o cuándo apagar la televisión.

 

 

  • Adéntrate en el mundo de los niños. Preguntarse qué hay detrás de la conducta de los niños.

 

 

  • Escúchale reflexivamente. A la hora de escuchar es bueno parafrasear las palabras del niño.

 

 

  • Escucharles activamente. En la escucha activa, escuchamos los sentimientos escondidos entre las palabras haciéndole ver que entendemos sus sentimientos.

 

 

  • Supervisa, supervisa, supervisa. Es una herramienta necesaria sobre todo para niños más pequeños.

 

 

  • Distrae y/o reorienta: En vez de prohibirles hacer algo es preferible decirles u orientarles sobre lo que pueden hacer.

 

 

  • Utiliza las 4 R para recuperarse de los errores:
    Reconocer que se ha cometido un error, Responsabilizarse de lo que se ha hecho mal, Reconciliarse (pidiendo perdón) y Resolver (buscar una solución conjuntamente.

 

 

  • Mantente al margen de las peleas. Es una herramienta inicial para abordar las peleas ya que uno de los principales motivos de éstas es involucrar a los padres.

 

 

  • Pon a todos los niños en el mismo barco. No dar la razón a ninguno de los contendientes de una pelea (aunque se esté seguro de quién es el culpable). La solución al problema la han de encontrar entre los dos.

 

 

  • Tómate un tiempo para enseñar. Una herramienta muy útil es la de enseñar a los niños a hacer juegos de rol.

 

 

  • Decide lo que vas a hacer. Es bueno decidir cómo se va a comportar uno ante un conflicto y hacérselo saber al niño. Por ejemplo, aparcar y dejar de conducir si los niños se pelean en el coche.

 

 

  • Sigue hasta el final. Hay que ser amables pero firmes y llegar hasta el final en el uso de las estrategias positivas.

 

 

  • Menos es más. Cuanto menos se hable más eficaz se es. Hay que dejar que las acciones hablen más alto que las palabras.

 

 

  • Utiliza señales no verbales. El uso de señales no verbales (p. ej.: un vaso bocabajo en la mesa indicaría que hay que lavarse las manos antes de comer), sobre todo si participan los niños en su elección, puede aumentar la motivación para realizar las tareas cotidianas.

 

 

  • Di: ” Cuando……, entonces”. Es más eficaz decir: “Tan pronto como acabes los deberes verás la TV”, que “Si acabas los deberes, verás la TV”.

 

 

  • Enseña consecuencias naturales. Es bueno que el niño experimente las consecuencias naturales de sus actos. Una consecuencia natural es algo que sucede debido a lo que el niño ha elegido, sin que el adulto haya hecho nada.

 

 

  • Enseña consecuencias lógicas. Para que una consecuencia lógica no sea un castigo deben cumplirse las 3 R: Las consecuencias lógicas deben ser Relativas (deben estar relacionadas con el comportamiento), Respetuosas (deben aplicarse sin cólera, fuerza ni humillación) y Razonables (deben parecer razonables al adulto y al niño).

 

 

  • Anima en lugar de dar recompensas o elogios. Animar a los niños les lleva a la autoconfianza mientras que elogiar les hace dependientes de los demás. Las pagas se deben dar sin relacionarlas con las tareas.

 

 

  • Haz que los niños se impliquen en las tareas domésticas. Los niños deben participar en las tareas de la casa y una buena manera de planificarlas es en las reuniones familiares.

 

 

  • Abrázale. Esto puede por sí solo cambiar la actitud tanto del padre como del hijo.

 

 

  • Dedícale tiempo. Dedicar todos los días unos minutos extra hace que los niños se sientan aceptados e importantes y les permite compartir experiencias y sentimientos.

Deseo que estas líneas hayan conectado contigo y te haya podido trasmitir la grandeza de esta metodología educativa que acerca al adulto a una educación respetuosa con el niño pero también con el mismo.

 Fuentes : Jane Nelsen “Disciplina Positiva” (Editorial Oniro, Barcelona 2002)  y ” Disciplina Positiva para Padres” (Ediciones Ruz)

Carmen Fernández Rivas

http://www.padresayudandoapadres.es

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

Muchas familias me preguntan cómo actuar cuando los herman@s se pelean, no saben si tomar partido o mantenerse al margen.

Estas discusiones, desavenencias o peleas, son parte del aprendizaje. Son una forma de aprender a interactuar con los demás. En este sentido, la labor de los hermanos es la de servir de pequeño laboratorio en el que probar y experimentar reacciones, y formas de actuar. Es el espacio donde ensayar respuestas entre iguales. De ahí saldrán sus estrategias para enfrentarse a sus compañeros de colegio, de instituto, de trabajo… Peleas entre hermanos, ¿intervenir o no?

Parte del “trabajo” de herman@ consiste en poner a prueba y tantear hasta dónde se puede llegar.

Probarán a sacar toda la artillería en pelea campal directamente, pero también  probarán a negociar, a gritar, a pegar, a buscar el adulto que se lo resuelva, a engañar, a mentir, a ayudar, a apoyar, a ser amable, a compartir… lo probarán todo y verificarán de qué forma consiguen mejores resultados. Por supuesto, de forma totalmente inconsciente, de igual modo que cuando empezaban a andar colocaban el pie de esta manera o de esta otra según tanteaban cómo se apoyaban mejor.

Es difícil como padres oírles o verles discutir y no entrar a separarles o a tranquilizarles. Pero pararnos a pensar qué conseguimos con ello puede darnos luz sobre lo que realmente es mejor.

Si nosotros solucionamos su “problema” pueden estar entendiendo que no tienen recursos suficientes para arreglarlo solos.

Cuando intervenimos, realmente… ¿cuál es nuestro objetivo?, ¿qué queremos conseguir? Vamos a verlo con un ejemplo muy típico que se habrá vivido en todas las casas: cuando l@s dos herman@s quieren el juguete al mismo tiempo.

Si nuestra intención es simplemente que se callen y dejen de gritar, realmente cualquier solución es buena, con tal de que se callen. En este caso da igual quien tenía la razón y cómo se solucione. Da igual si los dos terminan enfadados o alguno se siente vencedor. En nuestro ejemplo, da igual quién lo tenía antes, cuánto tiempo llevase con él, etc. posiblemente se pueda terminar con un: “pues para ninguno, lo guardo yo y se termina el problema”.

Si nuestra intención es que aprendan a resolver sus propios problemas, es importante darle el protagonismo a los dos en la solución. Para ello es importante escuchar las dos partes, hacer un poco de juez y ser lo más neutral posible, sobre todo si no estábamos presentes y no sabemos bien qué ha ocurrido. La solución debe ser buena para los dos y vista como solución válida para cada uno.

Si intervenimos de este modo, comprobando qué quiere uno, qué quiere el otro y de que forma se pueden combinar los dos deseos, o si uno tiene que perder cómo se puede compensar… es enseñarles a negociar. Si nosotros iniciamos ese proceso en poco tiempo lo aprenderán y podrán incorporarlo como forma válida para solucionar una discusión o pelea con otras personas. En nuestro ejemplo puede ser algo así:

  • ¿Quién lo tenía antes? ¿Cuánto tiempo llevabas con él?

  • ¿Podemos hacer turnos? Si tú ya lo tenías desde hace un rato, ¿te parece bien si se lo dejas un ratito y luego él te lo devuelve? ¿quieres otro juguete mientras? ¿O quieres jugar conmigo a este otro? Mientras lo tienes tú y luego cambiamos. (aquí dependiendo de las respuestas vamos organizando, si no le gusta el juguete alternativo probar con otro pero con la presencia del cuidador, que suele ser más deseado que cualquiera de los juguetes)

Si nuestro objetivo es que se lleven bien, lo importante es que no haya vencedores ni vencidos, que no haya sensación de injusticia y, sobre todo, que no se imponga una solución que no sea buena para los dos. Además de negociar la solución para que se entienda como buena para todos es necesario actuar también en explicar las intenciones de cada uno y desvincularlas de “me quería hacer daño/me odia/no me quiere…”

Para esto es mejor hacerlo por separado con cada uno y en diferido, es decir, en otro momento con más calma en que pueda razonar en frío. Para ello este breve guion será muy cómodo:

  1. Preguntar qué ha pasado y tener la información desde las dos partes.

  2. ¿Cómo te has sentido con lo que ha pasado y con lo que has hecho?

  3. ¿Cómo crees que se ha sentido tu herman@? ¿qué crees que intentaba?

  4. ¿Cómo te gustaría hacer la próxima vez para que salga mejor?

Siguiendo con nuestro ejemplo, lo más importante va a ser hacerle ver que su herman@ no buscaba fastidiarle, sino que se acordó de ese juguete al verle y le apeteció jugar en ese momento.

Al principio sobre todo, es posible que no sepa muy bien cómo enfocar sus respuestas o no se dé cuenta de qué pude hacer. En ese caso podemos hacer recomendaciones y darle ideas que puede que le sirvan. Por supuesto, como son recomendaciones e ideas, no son de obligado cumplimiento. Tendrá que probar por sí mismo si realmente vale la pena o no. De modo que podemos recomendarle que la próxima vez pruebe a pedir por favor si le deja jugar un ratito con el juguete en vez de arrancárselo de las manos.

Si lo hace, comprobará si tiene mejores resultados, pero si no lo prueba, simplemente lo sugerimos de nuevo, sin presiones.

Para comprender lo que les puede ocurrir en estos casos, es como cuanto te recomiendan tal o cual remedio para algún problema pero que no te convence, de primeras no vas a probar. Pues ellos igual.

Es importante que cada uno tenga su oportunidad de hablar del tema a solas y que tenga su oportunidad de explicar su parte y que con cada uno podamos pensar en cómo puede hacerlo mejor la próxima vez. Ambas partes necesitan entrenar cómo conseguir más recursos.

El truco está en entrenar nosotros también, en practicar y ver cómo podemos ayudarles, pero a cada uno en lo que necesita, sin presiones, sin culpas y con mucha comprensión y mucho cariño. Porque tanto ellos como nosotros lo necesitamos, a todos nos sienta bien y nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Ana Couto

www.AnaCoutoCoaching.com

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

Si pensamos en qué contexto utilizamos las reuniones como herramienta para resolver conflictos, generar ideas y conseguir colaboración entre los miembros de un equipo, probablemente pensemos de inmediato en nuestro entorno profesional. Sin embargo, resulta cuanto menos curioso que, pese a su efectividad, no estemos habituados a emplear las reuniones familiares como un recurso educativo. ¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

Dentro de la Disciplina Positiva, una de las metodologías educativas con las que trabajo, las reuniones familiares son una de las herramientas más efectivas y beneficiosas a la hora de educar y conseguir el bienestar que todos deseamos en nuestra familia

¿Quieres descubrir en qué consisten?

Quizás al principio te puede resultar extraño o incluso chocante. Muchas veces pensamos que estas cosas solo funcionan en las películas americanas, pero te garantizo que, si te animas a probarla y las realizas con la constancia necesaria, comprobarás de primera mano todos los beneficios que te aportan y no habrá semana que no querrás hacerla.

¿En qué consisten las reuniones familiares?

Las reuniones familiares proporcionan una oportunidad única para enseñarle a los niños valiosas habilidades sociales, al mismo tiempo que funcionan como un espacio para que los padres y madres modelen las competencias de vida que desean enseñar a sus hijos.

No necesitas ningún conocimiento teórico específico ni demasiado tiempo para poder llevarlas a cabo, solo necesitas constancia, actitud y ganas de compartir un momento especial en familia. Las reuniones familiares suelen realizarse con una frecuencia semanal, preferiblemente siempre el mismo día de la semana que elijamos y a la hora que decidamos. La duración de la misma no necesita superar los 20 o 30 minutos aproximadamente.

Debemos reunirnos todos los miembros de la familia que vivamos en la casa y queramos participar. Es importante que no se obligue a nadie a formar parte de esta actividad, si no desea hacerlo.

En caso de que algún miembro de la familia se muestre reacio ante esta nueva dinámica familiar, es mejor ponerle a la actividad otro nombre distinto a “reuniones familiares”,  puesto que así nos aseguramos de respetar las necesidades de todos los miembros y su voluntad de no querer participar, aunque seguramente sea algo que cambie en cuanto comience a comprobar su gran efectividad 😉 Las reuniones familiares tienen la siguiente estructura:

  1. Primer paso -AGRADECIMIENTOS-:

    ¿Cuánto hace que no le dices a tu pareja o a tus hijos lo mucho que aprecias algo concreto que han hecho por ti esta semana? y ¿que no lo escuchas de su parte? A veces damos por hecho que los miembros de nuestra familia saben lo mucho que les queremos y le estamos agradecidos, sin embargo, en ocasiones no está demás ser explícitos y manifestar nuestras apreciaciones en voz alta ante toda la familia. Es por ello que el primer paso de las reuniones familiares consiste en realizar una ronda de agradecimientos en la que cada miembro de la familia, turno a turno, vaya dando las gracias al resto de los participantes por algo que otro haya realizado y le haya hecho sentir bien. Crearás una atmósfera positiva en tu familia si todos aprenden a buscar lo bueno en los demás y a verbalizar los comentarios positivos.

  2. Segundo paso -búsqueda de soluciones, ideas y aportaciones sobre un tema agendado-:

    Tras haber acabado la ronda de agradecimientos, llega el turno de debatir en familia un tema que hayamos pensado y puesto en agenda para esa semana, puede ser desde: acordar qué vamos a hacer el fin de semana, qué le compramos al abuelo por su cumpleaños, planificación de las comidas, vacaciones o qué podemos hacer para que las rutinas por las mañanas sean más llevaderas y no lleguemos todos los días tarde al cole. Este momento de la reunión tiene como finalidad que todos desarrollemos la habilidad de enfocarnos en soluciones tan necesario para nuestro día a día en familia. Este es el espacio ideal para que tranquilamente hagamos una lluvia de ideas entre todos y tratemos algún tema que nos preocupe.

  3. Tercer paso -se marcan los acuerdos-:

    Tras recoger todas las ideas (tanto las expuestas por los padres como las aportadas por los niños), se vota aquella que creamos más útil y se acuerda ponerla en práctica durante un tiempo determinado, por ejemplo, durante una semana y así podremos revisar si lo que decidimos nos está funcionando o no en la próxima reunión familiar.

  4. Cuarto paso -Actividad de ocio en familia-:

    Es importante cerrar las reuniones familiares con una actividad divertida para generar interés y crear un clima cooperativo en el que todos tengan ganas de repetir cada semana, al mismo tiempo que pasamos un tiempo especial juntos. Las actividades pueden ser desde un juego de mesa, ver una película, una guerra de cosquillas o cualquier cosa que nos haga conectar con nuestros hijos de forma positiva.

Como hemos visto, las reuniones familiares son una herramienta sencilla que nos permiten enseñarle a los niños habilidades como: la escucha, generar ideas, resolver problemas, el respeto mutuo, la importancia de estar calmados para resolver problemas, centrarse en soluciones, llegar a acuerdos, cooperación, perder el miedo a equivocarse y aprender de los errores, etc.

Al mismo tiempo, ayuda a los padres a evitar las luchas de poder, ya que el control se comparte de manera respetuosa y los niños participan en la toma de decisiones. También es una excelente opción para compartir responsabilidades, crear buenos recuerdos familiares, vínculo con nuestros hijos y modelar las habilidades de vida que queremos que aprendan

 ¿A qué esperas para probarla? ponte en marcha y, si lo deseas, comparte conmigo tu experiencia…

 

Marián Cobelas

“La revolución de las mariposas”

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

Hace unas semanas te hablé de cómo llevar la calma a tu día a día, te mostré algunas pautas para que fueras consciente de cómo observar, parar y respirar, antes de responder a tus hijos y hoy mi propuesta es dar un paso más, mostrarte cómo aprender a gestionar las emociones de tus pequeños.

Insisto en que el primer paso está en nosotras, si tu hijo está invadido por la ira, rabia, tristeza, frustración… y tú vas como una mona el cómo termine la escena es fácil de imaginar, todos revueltos y con un final desagradable para todas las partes, ellos se sentirán mal y no aprenderán nada acerca de esa emoción  y tú al dejarte llevar sin más, puede que luego te sientas culpable por haber reaccionado de una manera poco equilibrada.

Mi primera invitación es que te quites la culpa de encima, somos humanas.

En más de una ocasión no lo harás como te hubiera gustado, pero para eso están los errores, para tomar consciencia y aprender a hacerlo de otra manera, además de la oportunidad de mostrarle a tu hijo que tú, al igual que él, también te equivocas y pides disculpas.

Decirte que,  aun tomando consciencia,  habrá días y días, pero si vas incorporando estos hábitos llegará un momento en el que los sigas de manera automática y cuando tu hijo esté ante una emoción desbordada sabrás encauzar ese momento con firmeza, amabilidad y respeto.

Voy al tema en cuestión: ¿Qué hacer en el momento cumbre de la emoción?

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

Después de haber parado tú, observarte a ti, a la situación, respirar profundo y repetirte  una y otra vez mentalmente: “Es solo un niño y esta situación pasará”, mis sugerencias son:

  • Conecta con tu hijo, ponte de rodillas por debajo de sus ojos, mantén una posición calmada, receptiva y, si se deja, tócale, acaríciale, dale un fuerte abrazo.

Es posible que no te deje abrazarle, en ese caso, deja que suelte toda la tensión y pasado un rato vuelve a intentarlo.

  • Valida su emoción diciéndole: “Comprendo cómo te sientes”.

Aunque no te guste el comportamiento de ese momento, acepta sus sentimientos. Hay un motivo, aunque tú no lo entiendas, por lo que se ha desbordado emocionalmente.

  • Reconoce e identifica su emoción: “ Te veo muy enfadado ( triste o lo que sea )“.
Deja las etiquetas de lado y no te dejes contagiar por su emoción.
  • Habla menos y Escucha más, no le sermonees, déjale que te cuente lo sucedido,  si es que te dice algo al respecto y busca las emociones que te está comunicando e intenta entenderle.

Mi entrenadora me decía ante la duda cállate, un buen consejo que hoy también os brindo ;).

  • Aborda la conducta diciéndole: “Pegar, morder, duele”, “Gritar aquí así molesta”, “Tienes mucha fuerza y así haces daño”.

Se trata de describir la consecuencia de su comportamiento, sin entrar a juzgarlo.

  • Propón alternativas: “Si necesitas morder puedes hacerlo en este mordedor” (en la etapa oral necesitan soltar su tensión en la boca y es muy frecuente que utilicen la boca para expresar sus emociones). Puedes decirle: “Esto no me gusta, trátame bien”, “los brazos y las manos también sirven para dar abrazos y caricias, mira prueba”.

Cuando son más mayores, a partir de los tres años, puedes preguntarle: “¿Puedes decírmelo de otra forma?”.  A veces  no saben transmitir lo que sienten y lo hacen pegando, gritando, mordiendo, si no te contestan prueba a ponerle tú palabras para así mostrarle que hay otras maneras. “Puedes decírmelo con un tono más bajito”, “prueba a decírmelo tratándome bien”, “¿puede que quieras ese juguete que te han quitado?”…

  • Establece normas y límites claros: “Nosotros no permitirnos hacernos daño” “Nosotros nos respetamos y nos tratamos bien. Estas normas también son para los adultos, ojo!.

Si sigue gritando, mordiendo, pegando, te puedes alejar  y quedándote en la misma habitación decirle: “cuando estés preparado para tratarme bien avísame” y cuando te avise te acercas, le abrazas y cambias de tercio.

  • Cambia de actividad, utilizar el humor o empezar con un juego le ayudará a salir de la emoción y volver a sentirse conectado contigo.
  • Crea una zona de Tiempo Fuera Positivo junto con tu hijo (herramienta de Disciplina Positiva) :

Decorad un espacio de la casa con cosas que puedan ayudar a calmaros, tu pequeño puede participar eligiendo qué juguetes quiere que estén en ese espacio, dile que tienen que ser aquellos que le transmitan calma. Pueden ser peluches suaves, cojines, cuentos, pelotas blanditas, papeles para romper o tirar a una papelera.

Cuando ya tengáis decorada esa zona cuéntale a tu hijo que, a partir de ese momento, cuando necesite sentirse mejor, tendrá la posibilidad de ir libremente a ese lugar de la casa. Es una opción, no una obligación(nada que ver con el rincón de pensar o el: “vete a tu cuarto castigado”) siempre se le pregunta si quiere ir y puede ir sólo o contigo, acompañarle al principio es una buena opción para que se sienta respaldado por ti.

Es importante que esa zona de  tiempo fuera positivo pueda ser para los adultos también, es fundamental ser ejemplo para nuestros niños y mostrarles que cuando nosotros estamos desbordados emocionalmente también usamos ese u otro espacio, para calmarnos.

Una vez pasado el temporal y ambos estéis tranquilos y receptivos puedes trabajar con él qué cosas podéis hacer para buscar soluciones.

Como todo aprendizaje requiere entrenamiento así que paciencia y constancia.

Te animo a que lo interiorices, lo pruebes y vayas convirtiendo estas pautas en tus nuevos hábitos y me cuentes qué cambios se dan en tu hogar.

Patricia Coach

Asesoramiento en la Maternidad

Educar es siempre un reto…hablar sobre educación es mucho más fácil.

Pero lo que se necesita para educar no es tanto “conocer teorías” sino “saber aplicarlas”.

Porque además no es lo mismo saber qué es lo correcto que “sentir” lo correcto. Y es el sentimiento correcto el que nos guiará a una educación eficiente. No se trata de aprender a fingir “tranquilidad” sino saber interpretar las situaciones de manera apropiada y que esto nos permita mantener la calma y el auto-control. HABLEMOS de EDUCACIÓN

Es decir, las teorías hay que tenerlas interiorizadas y meditadas para aplicarlas eficientemente, para ser coherentes y encontrarnos seguros y saber qué hacer ante las eventualidades que sin ninguna duda van a surgir.

El niño rara vez se va a quedar sin palabras o sin recursos para seguir defendiendo su postura, esa que precisamente nosotros queremos modificar. En creatividad e ingenio nuestros niños van sobrados así como en audacia y determinación. Y tener capacidad de maniobra y confianza y seguridad en uno mismo como educador pasa también por conocer nuestros límites y nuestras dificultades y que “ni lo sabemos todo” ni la teoría que aplicamos “es la fórmula mágica que de un plumazo soluciona todos mis problemas”. Esto es poco realista y una cosa es tener fe en que lo lograremos y otra contar con que ya lo hemos logrado con haber aprendido la teoría.

Aplicar la teoría, la práctica de esos principios educativos requiere adquirir habilidades y aprender el manejo de esas nuevas herramientas se logra practicando…y cometiendo errores que nos ayudarán a aprender. Cada vez que he me doy cuenta de que he cometido un error es porque ya sé “qué hay que hacer”, aunque sin pretenderlo he vuelto a poner en marcha mecanismos automáticos que han guiado mi conducta como educador desde hace mucho tiempo. “Desaprender” estas costumbres que  en gran medida están automatizadas requiere también un proceso. Darse cuenta de que he cometido un error, ya es un avance que no puedo vivir como un fracaso, sino como un logro aunque sea parcial.

Vamos a ver un pequeño ejemplo:HABLEMOS de EDUCACIÓN

Mi hijo de 10 años sabe que hay que llevar el casco cuando montamos en bicicleta, pero no le gusta y se niega a ponérselo. Este tema se convierte en un enfrentamiento. No podemos saber qué pasa exactamente por su cabeza…pero podemos hacernos una idea y sobre ella podemos apoyarnos a la hora de decidir cuál será nuestra forma de actuar, nuestra forma de educar, nuestra forma de enseñarle. Funcionará mejor o peor y esto también habremos de observarlo y seguir sacando conclusiones y buscando caminos, soluciones y mejores vías educativas.

Algunas pistas en esta pequeña simulación del proceso del padre en su intento educativo:

Reflexiones del padre que aplica aquellos principios sobre el funcionamiento de la psicología infantil en los que cree:

-Cuando un niño me reta…

lo correcto es mantener la calma y no tomárselo como algo personal.

El niño está aprendiendo, está formándose y no sabemos por qué, pero ha llegado a la conclusión de que lo que merece la pena en la vida es imponerse, y en este momento salir victorioso de un pulso de poder que mantiene contigo, porque tú eres sencillamente un adulto con el que se relaciona, o su padre, o su profesor y contigo está ensayando sus habilidades y su fuerza.

Ese hecho no vas a poder cambiarlo en un segundo, le digas lo que le digas, hagas lo que hagas. Puedes coartar su conducta, evitarla…pero el niño seguirá en su error: en la vida lo que importa, y por lo que hay que luchar es por lograr ocupar una posición en la que nadie nos diga lo que hacer ni nos prohiba nada y a poder ser nosotros hemos de mandar e imponernos sobre el resto.

-Cuando nos sentimos atacados, retados, cuestionados en nuestro rol de adultos que han de ser respetados y en cierto modo obedecidos incondicionalmente…

ese sentimiento es lo que nos conduce hacia actitudes de enfrentamiento contra el menor y sin darnos cuenta lucharemos por nuestra hegemonía. Nuestra actitud está reforzando lo que él piensa: es lo que merece la pena en la vida, imponerse sobre los demás por la fuerza, la autoridad o la posición social. Él, consciente de que todavía es un niño y por lo tanto se espera de él que permanezca “abajo”, luchará instintivamente por superar su situación y “prosperar” todo lo posible y subir en el escalafón. Subir todo lo que se pueda…por eso nos medirá constantemente, en un intento de alcanzar “respeto” y “posición”.

-Haciendo valer tu posición y autoridad sobre él, tal vez logres imponerte y reprimir su conducta…

pero no hemos logrado hacerle cambiar su visión sobre lo que es la vida, y sobre cómo se comporta un ser humano que merezca la pena, una persona que sepa ser uno más entre los otros, que respeta y coopera por el bien de todos y esto construye en él un sentimiento de valía y de conexión consigo mismo y con los que forman parte de su grupo (familia, amigos, compañeros de clase, etc). En resumen  imponiéndonos estamos intentando modificar una conducta pero no estamos poniendo el foco en la implementación de valores, que tal vez defendemos teóricamente…pero no siempre los hacemos evidentes para el niño en la práctica, no en nuestras formas educativas, no en lo que implícitamente defendemos con nuestra forma de reaccionar.

-No entrar en luchas de poder…

sería más efectivo a la hora de educarle y modificar su conducta a largo plazo basándonos en que el niño adquiera una forma “moral” de comportamiento, en un proceso gradual que no se improvisa de la noche a la mañana cuando cumple 18 años.

El padre podría decidir que hablará con el niño en estos términos:

_”He visto que te niegas a hacer lo que te digo…y hasta parece que te ofende que te diga lo que tienes que hacer. ¿Estoy en lo cierto?. Yo siento que soy responsable de tu seguridad…en parte al menos, porque todavía tienes 10 años y tal vez no tengas ganas de ponerte el casco…pero es importante que si te caes no te dañes la cabeza. Y aunque ni quiero molestarte, ni disgustarte…no tengo otra opción que no dejar que salgas con la bici si no es con casco”.

No entramos en discusiones, ni en reproches, ni en descalificaciones…no juzgamos siquiera. Aceptamos nuestra responsabilidad y ejercemos nuestra capacidad de decisión que esta conlleva. Nos mantenemos firmes pero sin mostrar enojo ni malas maneras, sin dejar de ser amables. Sin convertirnos (simular que nos convertimos) en el “ogro autoritario” que servirá al niño como modelo de muchos malos comportamientos. Al niño no le vale tanto lo que le decimos que debe hacer como lo que nosotros hacemos y él ve que “funciona”. Si nosotros mostramos que “nos salimos con la nuestra” a base de ponernos “fuertes” y “autoritarios“ el comprueba en carne propia la derrota en ese pulso de poder que él mismo nos sirve sin descanso. Él desea, siente el anhelo de vencer…y lo que le estamos mostrando son armas eficaces para lograrlo.

Si el niño en su enfado nos falta al respeto, lo comprenderemos sin sentirnos ofendidos…

pero aunque en ese momento no caeremos en esa trampa, en su provocación, en la lucha de poder que nos presenta, más adelante no dejaremos de entrar en el tema. El respeto es un tema prioritario y una falta de respeto no debiera quedar sin tratar. Pero es un asunto central que debe ser tratado con calma y en el momento adecuado en el que se cuenta con conexión entre el niño y el adulto.

Volviendo al ejemplo del niño que no quiere ponerse el casco…Sin decir nada más y con tranquilidad zanjaremos el asunto: “Sin casco no hay salida en bici”.

-Desde luego, en otro momento, cuando el niño y nosotros estemos calmados, podremos y deberíamos hablar de los malos modos, los gritos y los insultos que haya podido lanzarnos. Pero cuando ya la cuestión del casco sea “agua pasada”.

Entonces podremos hablar con el niño:

”Ayer me gritaste y me llamaste estúpido…y unas cuantas cosas más. Y la verdad es que me sentí muy mal. Estaba mamá delante y la tía y me sentí humillado. Si tienes alguna queja sobre mí, dímelo pero igual que yo no te insulto, me gustaría que tú a mí tampoco. Las personas no estamos siempre de acuerdo…pero lo hablamos sin faltarnos al respeto.….Si ahora no quieres hablarlo, no pasa nada…pero piénsalo y cuando estés preparado lo hablamos. Eres mi hijo y no quiero que estas cosas nos alejen. Creo que llevarnos bien en la familia es lo más importante para vivir contentos”.

Para hablarle a los niños y a los adolescentes y lograr hacer valer nuestras razones, no nos queda otra que entrar en profundidad en los asuntos, entrar en lo esencial y buscar las razones primeras de las cosas. Esas que muchas veces ya hemos olvidado porque las llevamos dentro desde hace tanto que damos por sentado que son evidentes y no acostumbramos a expresar en palabras.

Ahora nuestro papel de educadores nos obliga a revisar todos nuestros aprendizajes, quitarles el polvo, actualizarlos, contrastarlos con lo que hemos vivido, re-evaluarlos y ponderarlos…y así transmitirlos con claridad a nuestros niños y jóvenes como legado inmaterial para su vida.

-Los niños nos desobedecen…y muchas veces nos dejan sin argumentos, sin recursos, sin herramientas para lograr influencia sobre ellos. Convencerles implica rebuscar las razones que mantienen esas convicciones, normas y reglas que aplicamos y muchas veces re-elaborarlas porque gran parte de ellas nos han sido implícitamente transmitidas o lo que es peor nos han sido impuestas.

-Un niño de hoy en día nos lo va a cuestionar todo. No va a aceptar nada impuesto ni nuestra palabra porque sí. Hemos defendido su dignidad y sus derechos y ese ser digno, amado, y protegido dará lo mejor de sí sin duda y también plantará batalla, aportará su impronta, sus ideas y nos pondrá a prueba…lograremos salir de esta y lo educaremos y se hará una buena persona. Debemos tener confianza en nosotros mismos como educadores responsables y en el amor que hemos dado a nuestros niños y en que este, tarde o temprano, dará sus frutos. Pero siendo realistas hemos de saber no va a ser fácil, tan altas expectativas que albergamos hacia nuestros niños van a exigir de nosotros nuestros mayores esfuerzos y la mejor versión de nosotros mismos.

Educar es el arma de evolución para el adulto no en menor medida que es el motor de desarrollo para el niño.Perseguir lo mejor para los hijos nos lleva a seguir avanzando y mejorando como personas. Ser mejor padre pasa por ser mejor persona.