Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

Muchas familias me preguntan cómo actuar cuando los herman@s se pelean, no saben si tomar partido o mantenerse al margen.

Estas discusiones, desavenencias o peleas, son parte del aprendizaje. Son una forma de aprender a interactuar con los demás. En este sentido, la labor de los hermanos es la de servir de pequeño laboratorio en el que probar y experimentar reacciones, y formas de actuar. Es el espacio donde ensayar respuestas entre iguales. De ahí saldrán sus estrategias para enfrentarse a sus compañeros de colegio, de instituto, de trabajo… Peleas entre hermanos, ¿intervenir o no?

Parte del “trabajo” de herman@ consiste en poner a prueba y tantear hasta dónde se puede llegar.

Probarán a sacar toda la artillería en pelea campal directamente, pero también  probarán a negociar, a gritar, a pegar, a buscar el adulto que se lo resuelva, a engañar, a mentir, a ayudar, a apoyar, a ser amable, a compartir… lo probarán todo y verificarán de qué forma consiguen mejores resultados. Por supuesto, de forma totalmente inconsciente, de igual modo que cuando empezaban a andar colocaban el pie de esta manera o de esta otra según tanteaban cómo se apoyaban mejor.

Es difícil como padres oírles o verles discutir y no entrar a separarles o a tranquilizarles. Pero pararnos a pensar qué conseguimos con ello puede darnos luz sobre lo que realmente es mejor.

Si nosotros solucionamos su “problema” pueden estar entendiendo que no tienen recursos suficientes para arreglarlo solos.

Cuando intervenimos, realmente… ¿cuál es nuestro objetivo?, ¿qué queremos conseguir? Vamos a verlo con un ejemplo muy típico que se habrá vivido en todas las casas: cuando l@s dos herman@s quieren el juguete al mismo tiempo.

Si nuestra intención es simplemente que se callen y dejen de gritar, realmente cualquier solución es buena, con tal de que se callen. En este caso da igual quien tenía la razón y cómo se solucione. Da igual si los dos terminan enfadados o alguno se siente vencedor. En nuestro ejemplo, da igual quién lo tenía antes, cuánto tiempo llevase con él, etc. posiblemente se pueda terminar con un: “pues para ninguno, lo guardo yo y se termina el problema”.

Si nuestra intención es que aprendan a resolver sus propios problemas, es importante darle el protagonismo a los dos en la solución. Para ello es importante escuchar las dos partes, hacer un poco de juez y ser lo más neutral posible, sobre todo si no estábamos presentes y no sabemos bien qué ha ocurrido. La solución debe ser buena para los dos y vista como solución válida para cada uno.

Si intervenimos de este modo, comprobando qué quiere uno, qué quiere el otro y de que forma se pueden combinar los dos deseos, o si uno tiene que perder cómo se puede compensar… es enseñarles a negociar. Si nosotros iniciamos ese proceso en poco tiempo lo aprenderán y podrán incorporarlo como forma válida para solucionar una discusión o pelea con otras personas. En nuestro ejemplo puede ser algo así:

  • ¿Quién lo tenía antes? ¿Cuánto tiempo llevabas con él?

  • ¿Podemos hacer turnos? Si tú ya lo tenías desde hace un rato, ¿te parece bien si se lo dejas un ratito y luego él te lo devuelve? ¿quieres otro juguete mientras? ¿O quieres jugar conmigo a este otro? Mientras lo tienes tú y luego cambiamos. (aquí dependiendo de las respuestas vamos organizando, si no le gusta el juguete alternativo probar con otro pero con la presencia del cuidador, que suele ser más deseado que cualquiera de los juguetes)

Si nuestro objetivo es que se lleven bien, lo importante es que no haya vencedores ni vencidos, que no haya sensación de injusticia y, sobre todo, que no se imponga una solución que no sea buena para los dos. Además de negociar la solución para que se entienda como buena para todos es necesario actuar también en explicar las intenciones de cada uno y desvincularlas de “me quería hacer daño/me odia/no me quiere…”

Para esto es mejor hacerlo por separado con cada uno y en diferido, es decir, en otro momento con más calma en que pueda razonar en frío. Para ello este breve guion será muy cómodo:

  1. Preguntar qué ha pasado y tener la información desde las dos partes.

  2. ¿Cómo te has sentido con lo que ha pasado y con lo que has hecho?

  3. ¿Cómo crees que se ha sentido tu herman@? ¿qué crees que intentaba?

  4. ¿Cómo te gustaría hacer la próxima vez para que salga mejor?

Siguiendo con nuestro ejemplo, lo más importante va a ser hacerle ver que su herman@ no buscaba fastidiarle, sino que se acordó de ese juguete al verle y le apeteció jugar en ese momento.

Al principio sobre todo, es posible que no sepa muy bien cómo enfocar sus respuestas o no se dé cuenta de qué pude hacer. En ese caso podemos hacer recomendaciones y darle ideas que puede que le sirvan. Por supuesto, como son recomendaciones e ideas, no son de obligado cumplimiento. Tendrá que probar por sí mismo si realmente vale la pena o no. De modo que podemos recomendarle que la próxima vez pruebe a pedir por favor si le deja jugar un ratito con el juguete en vez de arrancárselo de las manos.

Si lo hace, comprobará si tiene mejores resultados, pero si no lo prueba, simplemente lo sugerimos de nuevo, sin presiones.

Para comprender lo que les puede ocurrir en estos casos, es como cuanto te recomiendan tal o cual remedio para algún problema pero que no te convence, de primeras no vas a probar. Pues ellos igual.

Es importante que cada uno tenga su oportunidad de hablar del tema a solas y que tenga su oportunidad de explicar su parte y que con cada uno podamos pensar en cómo puede hacerlo mejor la próxima vez. Ambas partes necesitan entrenar cómo conseguir más recursos.

El truco está en entrenar nosotros también, en practicar y ver cómo podemos ayudarles, pero a cada uno en lo que necesita, sin presiones, sin culpas y con mucha comprensión y mucho cariño. Porque tanto ellos como nosotros lo necesitamos, a todos nos sienta bien y nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Ana Couto

www.AnaCoutoCoaching.com

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

Si pensamos en qué contexto utilizamos las reuniones como herramienta para resolver conflictos, generar ideas y conseguir colaboración entre los miembros de un equipo, probablemente pensemos de inmediato en nuestro entorno profesional. Sin embargo, resulta cuanto menos curioso que, pese a su efectividad, no estemos habituados a emplear las reuniones familiares como un recurso educativo. ¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

Dentro de la Disciplina Positiva, una de las metodologías educativas con las que trabajo, las reuniones familiares son una de las herramientas más efectivas y beneficiosas a la hora de educar y conseguir el bienestar que todos deseamos en nuestra familia

¿Quieres descubrir en qué consisten?

Quizás al principio te puede resultar extraño o incluso chocante. Muchas veces pensamos que estas cosas solo funcionan en las películas americanas, pero te garantizo que, si te animas a probarla y las realizas con la constancia necesaria, comprobarás de primera mano todos los beneficios que te aportan y no habrá semana que no querrás hacerla.

¿En qué consisten las reuniones familiares?

Las reuniones familiares proporcionan una oportunidad única para enseñarle a los niños valiosas habilidades sociales, al mismo tiempo que funcionan como un espacio para que los padres y madres modelen las competencias de vida que desean enseñar a sus hijos.

No necesitas ningún conocimiento teórico específico ni demasiado tiempo para poder llevarlas a cabo, solo necesitas constancia, actitud y ganas de compartir un momento especial en familia. Las reuniones familiares suelen realizarse con una frecuencia semanal, preferiblemente siempre el mismo día de la semana que elijamos y a la hora que decidamos. La duración de la misma no necesita superar los 20 o 30 minutos aproximadamente.

Debemos reunirnos todos los miembros de la familia que vivamos en la casa y queramos participar. Es importante que no se obligue a nadie a formar parte de esta actividad, si no desea hacerlo.

En caso de que algún miembro de la familia se muestre reacio ante esta nueva dinámica familiar, es mejor ponerle a la actividad otro nombre distinto a “reuniones familiares”,  puesto que así nos aseguramos de respetar las necesidades de todos los miembros y su voluntad de no querer participar, aunque seguramente sea algo que cambie en cuanto comience a comprobar su gran efectividad 😉 Las reuniones familiares tienen la siguiente estructura:

  1. Primer paso -AGRADECIMIENTOS-:

    ¿Cuánto hace que no le dices a tu pareja o a tus hijos lo mucho que aprecias algo concreto que han hecho por ti esta semana? y ¿que no lo escuchas de su parte? A veces damos por hecho que los miembros de nuestra familia saben lo mucho que les queremos y le estamos agradecidos, sin embargo, en ocasiones no está demás ser explícitos y manifestar nuestras apreciaciones en voz alta ante toda la familia. Es por ello que el primer paso de las reuniones familiares consiste en realizar una ronda de agradecimientos en la que cada miembro de la familia, turno a turno, vaya dando las gracias al resto de los participantes por algo que otro haya realizado y le haya hecho sentir bien. Crearás una atmósfera positiva en tu familia si todos aprenden a buscar lo bueno en los demás y a verbalizar los comentarios positivos.

  2. Segundo paso -búsqueda de soluciones, ideas y aportaciones sobre un tema agendado-:

    Tras haber acabado la ronda de agradecimientos, llega el turno de debatir en familia un tema que hayamos pensado y puesto en agenda para esa semana, puede ser desde: acordar qué vamos a hacer el fin de semana, qué le compramos al abuelo por su cumpleaños, planificación de las comidas, vacaciones o qué podemos hacer para que las rutinas por las mañanas sean más llevaderas y no lleguemos todos los días tarde al cole. Este momento de la reunión tiene como finalidad que todos desarrollemos la habilidad de enfocarnos en soluciones tan necesario para nuestro día a día en familia. Este es el espacio ideal para que tranquilamente hagamos una lluvia de ideas entre todos y tratemos algún tema que nos preocupe.

  3. Tercer paso -se marcan los acuerdos-:

    Tras recoger todas las ideas (tanto las expuestas por los padres como las aportadas por los niños), se vota aquella que creamos más útil y se acuerda ponerla en práctica durante un tiempo determinado, por ejemplo, durante una semana y así podremos revisar si lo que decidimos nos está funcionando o no en la próxima reunión familiar.

  4. Cuarto paso -Actividad de ocio en familia-:

    Es importante cerrar las reuniones familiares con una actividad divertida para generar interés y crear un clima cooperativo en el que todos tengan ganas de repetir cada semana, al mismo tiempo que pasamos un tiempo especial juntos. Las actividades pueden ser desde un juego de mesa, ver una película, una guerra de cosquillas o cualquier cosa que nos haga conectar con nuestros hijos de forma positiva.

Como hemos visto, las reuniones familiares son una herramienta sencilla que nos permiten enseñarle a los niños habilidades como: la escucha, generar ideas, resolver problemas, el respeto mutuo, la importancia de estar calmados para resolver problemas, centrarse en soluciones, llegar a acuerdos, cooperación, perder el miedo a equivocarse y aprender de los errores, etc.

Al mismo tiempo, ayuda a los padres a evitar las luchas de poder, ya que el control se comparte de manera respetuosa y los niños participan en la toma de decisiones. También es una excelente opción para compartir responsabilidades, crear buenos recuerdos familiares, vínculo con nuestros hijos y modelar las habilidades de vida que queremos que aprendan

 ¿A qué esperas para probarla? ponte en marcha y, si lo deseas, comparte conmigo tu experiencia…

 

Marián Cobelas

“La revolución de las mariposas”

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

Hace unas semanas te hablé de cómo llevar la calma a tu día a día, te mostré algunas pautas para que fueras consciente de cómo observar, parar y respirar, antes de responder a tus hijos y hoy mi propuesta es dar un paso más, mostrarte cómo aprender a gestionar las emociones de tus pequeños.

Insisto en que el primer paso está en nosotras, si tu hijo está invadido por la ira, rabia, tristeza, frustración… y tú vas como una mona el cómo termine la escena es fácil de imaginar, todos revueltos y con un final desagradable para todas las partes, ellos se sentirán mal y no aprenderán nada acerca de esa emoción  y tú al dejarte llevar sin más, puede que luego te sientas culpable por haber reaccionado de una manera poco equilibrada.

Mi primera invitación es que te quites la culpa de encima, somos humanas.

En más de una ocasión no lo harás como te hubiera gustado, pero para eso están los errores, para tomar consciencia y aprender a hacerlo de otra manera, además de la oportunidad de mostrarle a tu hijo que tú, al igual que él, también te equivocas y pides disculpas.

Decirte que,  aun tomando consciencia,  habrá días y días, pero si vas incorporando estos hábitos llegará un momento en el que los sigas de manera automática y cuando tu hijo esté ante una emoción desbordada sabrás encauzar ese momento con firmeza, amabilidad y respeto.

Voy al tema en cuestión: ¿Qué hacer en el momento cumbre de la emoción?

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

Después de haber parado tú, observarte a ti, a la situación, respirar profundo y repetirte  una y otra vez mentalmente: “Es solo un niño y esta situación pasará”, mis sugerencias son:

  • Conecta con tu hijo, ponte de rodillas por debajo de sus ojos, mantén una posición calmada, receptiva y, si se deja, tócale, acaríciale, dale un fuerte abrazo.

Es posible que no te deje abrazarle, en ese caso, deja que suelte toda la tensión y pasado un rato vuelve a intentarlo.

  • Valida su emoción diciéndole: “Comprendo cómo te sientes”.

Aunque no te guste el comportamiento de ese momento, acepta sus sentimientos. Hay un motivo, aunque tú no lo entiendas, por lo que se ha desbordado emocionalmente.

  • Reconoce e identifica su emoción: “ Te veo muy enfadado ( triste o lo que sea )“.
Deja las etiquetas de lado y no te dejes contagiar por su emoción.
  • Habla menos y Escucha más, no le sermonees, déjale que te cuente lo sucedido,  si es que te dice algo al respecto y busca las emociones que te está comunicando e intenta entenderle.

Mi entrenadora me decía ante la duda cállate, un buen consejo que hoy también os brindo ;).

  • Aborda la conducta diciéndole: “Pegar, morder, duele”, “Gritar aquí así molesta”, “Tienes mucha fuerza y así haces daño”.

Se trata de describir la consecuencia de su comportamiento, sin entrar a juzgarlo.

  • Propón alternativas: “Si necesitas morder puedes hacerlo en este mordedor” (en la etapa oral necesitan soltar su tensión en la boca y es muy frecuente que utilicen la boca para expresar sus emociones). Puedes decirle: “Esto no me gusta, trátame bien”, “los brazos y las manos también sirven para dar abrazos y caricias, mira prueba”.

Cuando son más mayores, a partir de los tres años, puedes preguntarle: “¿Puedes decírmelo de otra forma?”.  A veces  no saben transmitir lo que sienten y lo hacen pegando, gritando, mordiendo, si no te contestan prueba a ponerle tú palabras para así mostrarle que hay otras maneras. “Puedes decírmelo con un tono más bajito”, “prueba a decírmelo tratándome bien”, “¿puede que quieras ese juguete que te han quitado?”…

  • Establece normas y límites claros: “Nosotros no permitirnos hacernos daño” “Nosotros nos respetamos y nos tratamos bien. Estas normas también son para los adultos, ojo!.

Si sigue gritando, mordiendo, pegando, te puedes alejar  y quedándote en la misma habitación decirle: “cuando estés preparado para tratarme bien avísame” y cuando te avise te acercas, le abrazas y cambias de tercio.

  • Cambia de actividad, utilizar el humor o empezar con un juego le ayudará a salir de la emoción y volver a sentirse conectado contigo.
  • Crea una zona de Tiempo Fuera Positivo junto con tu hijo (herramienta de Disciplina Positiva) :

Decorad un espacio de la casa con cosas que puedan ayudar a calmaros, tu pequeño puede participar eligiendo qué juguetes quiere que estén en ese espacio, dile que tienen que ser aquellos que le transmitan calma. Pueden ser peluches suaves, cojines, cuentos, pelotas blanditas, papeles para romper o tirar a una papelera.

Cuando ya tengáis decorada esa zona cuéntale a tu hijo que, a partir de ese momento, cuando necesite sentirse mejor, tendrá la posibilidad de ir libremente a ese lugar de la casa. Es una opción, no una obligación(nada que ver con el rincón de pensar o el: “vete a tu cuarto castigado”) siempre se le pregunta si quiere ir y puede ir sólo o contigo, acompañarle al principio es una buena opción para que se sienta respaldado por ti.

Es importante que esa zona de  tiempo fuera positivo pueda ser para los adultos también, es fundamental ser ejemplo para nuestros niños y mostrarles que cuando nosotros estamos desbordados emocionalmente también usamos ese u otro espacio, para calmarnos.

Una vez pasado el temporal y ambos estéis tranquilos y receptivos puedes trabajar con él qué cosas podéis hacer para buscar soluciones.

Como todo aprendizaje requiere entrenamiento así que paciencia y constancia.

Te animo a que lo interiorices, lo pruebes y vayas convirtiendo estas pautas en tus nuevos hábitos y me cuentes qué cambios se dan en tu hogar.

Patricia Coach

Asesoramiento en la Maternidad

Educar es siempre un reto…hablar sobre educación es mucho más fácil.

Pero lo que se necesita para educar no es tanto “conocer teorías” sino “saber aplicarlas”.

Porque además no es lo mismo saber qué es lo correcto que “sentir” lo correcto. Y es el sentimiento correcto el que nos guiará a una educación eficiente. No se trata de aprender a fingir “tranquilidad” sino saber interpretar las situaciones de manera apropiada y que esto nos permita mantener la calma y el auto-control. HABLEMOS de EDUCACIÓN

Es decir, las teorías hay que tenerlas interiorizadas y meditadas para aplicarlas eficientemente, para ser coherentes y encontrarnos seguros y saber qué hacer ante las eventualidades que sin ninguna duda van a surgir.

El niño rara vez se va a quedar sin palabras o sin recursos para seguir defendiendo su postura, esa que precisamente nosotros queremos modificar. En creatividad e ingenio nuestros niños van sobrados así como en audacia y determinación. Y tener capacidad de maniobra y confianza y seguridad en uno mismo como educador pasa también por conocer nuestros límites y nuestras dificultades y que “ni lo sabemos todo” ni la teoría que aplicamos “es la fórmula mágica que de un plumazo soluciona todos mis problemas”. Esto es poco realista y una cosa es tener fe en que lo lograremos y otra contar con que ya lo hemos logrado con haber aprendido la teoría.

Aplicar la teoría, la práctica de esos principios educativos requiere adquirir habilidades y aprender el manejo de esas nuevas herramientas se logra practicando…y cometiendo errores que nos ayudarán a aprender. Cada vez que he me doy cuenta de que he cometido un error es porque ya sé “qué hay que hacer”, aunque sin pretenderlo he vuelto a poner en marcha mecanismos automáticos que han guiado mi conducta como educador desde hace mucho tiempo. “Desaprender” estas costumbres que  en gran medida están automatizadas requiere también un proceso. Darse cuenta de que he cometido un error, ya es un avance que no puedo vivir como un fracaso, sino como un logro aunque sea parcial.

Vamos a ver un pequeño ejemplo:HABLEMOS de EDUCACIÓN

Mi hijo de 10 años sabe que hay que llevar el casco cuando montamos en bicicleta, pero no le gusta y se niega a ponérselo. Este tema se convierte en un enfrentamiento. No podemos saber qué pasa exactamente por su cabeza…pero podemos hacernos una idea y sobre ella podemos apoyarnos a la hora de decidir cuál será nuestra forma de actuar, nuestra forma de educar, nuestra forma de enseñarle. Funcionará mejor o peor y esto también habremos de observarlo y seguir sacando conclusiones y buscando caminos, soluciones y mejores vías educativas.

Algunas pistas en esta pequeña simulación del proceso del padre en su intento educativo:

Reflexiones del padre que aplica aquellos principios sobre el funcionamiento de la psicología infantil en los que cree:

-Cuando un niño me reta…

lo correcto es mantener la calma y no tomárselo como algo personal.

El niño está aprendiendo, está formándose y no sabemos por qué, pero ha llegado a la conclusión de que lo que merece la pena en la vida es imponerse, y en este momento salir victorioso de un pulso de poder que mantiene contigo, porque tú eres sencillamente un adulto con el que se relaciona, o su padre, o su profesor y contigo está ensayando sus habilidades y su fuerza.

Ese hecho no vas a poder cambiarlo en un segundo, le digas lo que le digas, hagas lo que hagas. Puedes coartar su conducta, evitarla…pero el niño seguirá en su error: en la vida lo que importa, y por lo que hay que luchar es por lograr ocupar una posición en la que nadie nos diga lo que hacer ni nos prohiba nada y a poder ser nosotros hemos de mandar e imponernos sobre el resto.

-Cuando nos sentimos atacados, retados, cuestionados en nuestro rol de adultos que han de ser respetados y en cierto modo obedecidos incondicionalmente…

ese sentimiento es lo que nos conduce hacia actitudes de enfrentamiento contra el menor y sin darnos cuenta lucharemos por nuestra hegemonía. Nuestra actitud está reforzando lo que él piensa: es lo que merece la pena en la vida, imponerse sobre los demás por la fuerza, la autoridad o la posición social. Él, consciente de que todavía es un niño y por lo tanto se espera de él que permanezca “abajo”, luchará instintivamente por superar su situación y “prosperar” todo lo posible y subir en el escalafón. Subir todo lo que se pueda…por eso nos medirá constantemente, en un intento de alcanzar “respeto” y “posición”.

-Haciendo valer tu posición y autoridad sobre él, tal vez logres imponerte y reprimir su conducta…

pero no hemos logrado hacerle cambiar su visión sobre lo que es la vida, y sobre cómo se comporta un ser humano que merezca la pena, una persona que sepa ser uno más entre los otros, que respeta y coopera por el bien de todos y esto construye en él un sentimiento de valía y de conexión consigo mismo y con los que forman parte de su grupo (familia, amigos, compañeros de clase, etc). En resumen  imponiéndonos estamos intentando modificar una conducta pero no estamos poniendo el foco en la implementación de valores, que tal vez defendemos teóricamente…pero no siempre los hacemos evidentes para el niño en la práctica, no en nuestras formas educativas, no en lo que implícitamente defendemos con nuestra forma de reaccionar.

-No entrar en luchas de poder…

sería más efectivo a la hora de educarle y modificar su conducta a largo plazo basándonos en que el niño adquiera una forma “moral” de comportamiento, en un proceso gradual que no se improvisa de la noche a la mañana cuando cumple 18 años.

El padre podría decidir que hablará con el niño en estos términos:

_”He visto que te niegas a hacer lo que te digo…y hasta parece que te ofende que te diga lo que tienes que hacer. ¿Estoy en lo cierto?. Yo siento que soy responsable de tu seguridad…en parte al menos, porque todavía tienes 10 años y tal vez no tengas ganas de ponerte el casco…pero es importante que si te caes no te dañes la cabeza. Y aunque ni quiero molestarte, ni disgustarte…no tengo otra opción que no dejar que salgas con la bici si no es con casco”.

No entramos en discusiones, ni en reproches, ni en descalificaciones…no juzgamos siquiera. Aceptamos nuestra responsabilidad y ejercemos nuestra capacidad de decisión que esta conlleva. Nos mantenemos firmes pero sin mostrar enojo ni malas maneras, sin dejar de ser amables. Sin convertirnos (simular que nos convertimos) en el “ogro autoritario” que servirá al niño como modelo de muchos malos comportamientos. Al niño no le vale tanto lo que le decimos que debe hacer como lo que nosotros hacemos y él ve que “funciona”. Si nosotros mostramos que “nos salimos con la nuestra” a base de ponernos “fuertes” y “autoritarios“ el comprueba en carne propia la derrota en ese pulso de poder que él mismo nos sirve sin descanso. Él desea, siente el anhelo de vencer…y lo que le estamos mostrando son armas eficaces para lograrlo.

Si el niño en su enfado nos falta al respeto, lo comprenderemos sin sentirnos ofendidos…

pero aunque en ese momento no caeremos en esa trampa, en su provocación, en la lucha de poder que nos presenta, más adelante no dejaremos de entrar en el tema. El respeto es un tema prioritario y una falta de respeto no debiera quedar sin tratar. Pero es un asunto central que debe ser tratado con calma y en el momento adecuado en el que se cuenta con conexión entre el niño y el adulto.

Volviendo al ejemplo del niño que no quiere ponerse el casco…Sin decir nada más y con tranquilidad zanjaremos el asunto: “Sin casco no hay salida en bici”.

-Desde luego, en otro momento, cuando el niño y nosotros estemos calmados, podremos y deberíamos hablar de los malos modos, los gritos y los insultos que haya podido lanzarnos. Pero cuando ya la cuestión del casco sea “agua pasada”.

Entonces podremos hablar con el niño:

”Ayer me gritaste y me llamaste estúpido…y unas cuantas cosas más. Y la verdad es que me sentí muy mal. Estaba mamá delante y la tía y me sentí humillado. Si tienes alguna queja sobre mí, dímelo pero igual que yo no te insulto, me gustaría que tú a mí tampoco. Las personas no estamos siempre de acuerdo…pero lo hablamos sin faltarnos al respeto.….Si ahora no quieres hablarlo, no pasa nada…pero piénsalo y cuando estés preparado lo hablamos. Eres mi hijo y no quiero que estas cosas nos alejen. Creo que llevarnos bien en la familia es lo más importante para vivir contentos”.

Para hablarle a los niños y a los adolescentes y lograr hacer valer nuestras razones, no nos queda otra que entrar en profundidad en los asuntos, entrar en lo esencial y buscar las razones primeras de las cosas. Esas que muchas veces ya hemos olvidado porque las llevamos dentro desde hace tanto que damos por sentado que son evidentes y no acostumbramos a expresar en palabras.

Ahora nuestro papel de educadores nos obliga a revisar todos nuestros aprendizajes, quitarles el polvo, actualizarlos, contrastarlos con lo que hemos vivido, re-evaluarlos y ponderarlos…y así transmitirlos con claridad a nuestros niños y jóvenes como legado inmaterial para su vida.

-Los niños nos desobedecen…y muchas veces nos dejan sin argumentos, sin recursos, sin herramientas para lograr influencia sobre ellos. Convencerles implica rebuscar las razones que mantienen esas convicciones, normas y reglas que aplicamos y muchas veces re-elaborarlas porque gran parte de ellas nos han sido implícitamente transmitidas o lo que es peor nos han sido impuestas.

-Un niño de hoy en día nos lo va a cuestionar todo. No va a aceptar nada impuesto ni nuestra palabra porque sí. Hemos defendido su dignidad y sus derechos y ese ser digno, amado, y protegido dará lo mejor de sí sin duda y también plantará batalla, aportará su impronta, sus ideas y nos pondrá a prueba…lograremos salir de esta y lo educaremos y se hará una buena persona. Debemos tener confianza en nosotros mismos como educadores responsables y en el amor que hemos dado a nuestros niños y en que este, tarde o temprano, dará sus frutos. Pero siendo realistas hemos de saber no va a ser fácil, tan altas expectativas que albergamos hacia nuestros niños van a exigir de nosotros nuestros mayores esfuerzos y la mejor versión de nosotros mismos.

Educar es el arma de evolución para el adulto no en menor medida que es el motor de desarrollo para el niño.Perseguir lo mejor para los hijos nos lleva a seguir avanzando y mejorando como personas. Ser mejor padre pasa por ser mejor persona.

¿Te ha ocurrido alguna vez que tienes que hacer algo con tu hijo, que no hay más alternativa que hacerlo e intuyes que se va a negar a hacerlo?

Por ejemplo podría ser salir a hacer la compra, también podría ser ir a visitar a los abuelos o también comenzar la rutina de la noche para ir a la cama. Todo es relativo, no digo que estos ejemplo sean normas irrompibles, para todo puede existir una alternativa, pero lo que quiero es que te sitúes en aquellas ocasiones en las que tu necesitas hacer unas cosas, necesitas tener ciertas rutinas o cumplir algunos horarios a pesar de cuánto empatizas con tu hijo y comprendes sus necesidades.Tú tienes la claridad de la situación, tú eres el guía.

Bueno, el caso es que comienzas a pensar en cómo decírselo, cómo entrarle para que no se niegue en redondo, para que no se enfade y quiera colaborar…

Casi hasta tienes miedo porque sabes que se va a armar un “tira y afloja”. Seguramente comenzarás explicándole qué vais a hacer, pidiéndole que se vista, preguntándole que quiere hacer…pero todo bañado en un tono de “cierta inseguridad”.

Pues bien, hay veces en que tenemos que mostrar una actitud segura (bueno esto siempre y tanto cómo no sea posible) y simplemente plantear “lo que vamos a hacer” a nuestros pequeños con dignidad y respeto. Esto queda muy lejos del autoritarismo y también queda muy lejos de ese miedo a conseguir que “nos hagan caso” y andar rogándoles y suplicándoles que hagan las cosas.

 

Tú tienes la claridad de la situación, tú eres el guía.

Tú tienes la claridad de la situación, tú eres el guía.

 

Existen muchas ocasiones en las que podemos negociar y ofrecer alternativas, existen ocasiones en las que los niños pueden decidir sobre si hacer algo o no hacerlo, pero existen otras ocasiones en las que simplemente han de confiar en nosotros y aprender a colaborar. Además, a medida que vayan haciéndose mayores irán asumiendo aún más el control sobre su vida y sobre qué quieren hacer en cada momento, pero mientras tanto habrán algunas cosas que serán inegociables: Como que se quede sólo en casa si tu tienes que ir a trabajar y él no quiere ir al colegio, por ejemplo.Tú tienes la claridad de la situación, tú eres el guía.

Y dentro de todas estas situaciones innegociables  podemos utilizar nuestra imaginación para no caer en luchas de poder ni en persecuciones para que se vistan por toda la casa, pero la primera de todas es explicarle al niño o la niña qué vais a hacer, qué va a pasar, sin titubear. Después ya vendrán los trucos y las estrategias.

 

Un niño necesita sentirse seguro y la actitud que muestren los padres sobre lo que “hay que hacer” es infinitamente necesaria para que ellos logren esa sensación de seguridad.

Imagina que subes a un avión con un piloto que comienza a hablar a los pasajeros con dudas sobre pilotar un avión, sobre si la gasolina llegará para todo el vuelo, titubea para responder algunas preguntas….¿tendrías confianza en ese piloto? ¡Yo creo que me bajaría del avión! O que vas a hacer escalada en la montaña y el percibes que el monitor tiene dudas sobre qué pared escalar, cuál es la más segura, qué ruta seguir…. No sé si seguiríamos sus pasos o mejor nos daríamos media vuelta y pediríamos a otro monitor….jajajajajaja.

 

Pues mira, a los niños les ocurre lo mismo.Tú tienes la claridad de la situación, tú eres el guía.

Llegan a este mundo y no tienen ni idea de nada así que lo primero que necesitan es a un buen guía seguro de sí mismo que les hable mostrando que sabe lo que hace, que domina la situación y que “nadie va a morir por el camino”. Después, ese guían tendrá que demostrar imaginación, capacidad de negociación, interés por conocer las necesidades e intereses del niño….¡y mucho más!…pero repito, lo primero que va a necesitar es esa seguridad.

 

Por cómo sujetamos al bebé recién nacido, con la suficiente firmeza para que no se caiga y la necesaria suavidad para no hacerle daño, ese bebé percibirá seguridad. Por cómo le bañamos, por cómo lo alimentamos…y a medida que se van haciendo mayores por cómo les planteamos nuevos retos, nuevas situaciones, nuevas experiencias.

Ésta seguridad es la que a veces falta y la que, sin darnos cuenta, nos genera unos cuantos conflictos.

Yo misma lo he podido comprobar con mis hijos cuando en las ocasiones en que yo creo que no cabe ninguna negociación posible, me dirijo a ellos, les pido que me atiendan y miren a los ojos y les explico lo que vamos a hacer, no lo que podemos hacer. En concreto utilizo mucho la frase “Esto es lo que vamos a hacer”, que la leí en un ejemplo de un libro de Disciplina Positiva. Pues puedo contarte que se han reducido muchos de los problemas que teníamos cuando teníamos que ir a algún lado y por lo tanto necesitábamos vestirnos y ordenar la habitación si era el caso.

Una vez planteado lo que íbamos a hacer, continuábamos aplicando las herramientas  respetuosas que ya conocíamos como las opciones limitadas, ordenar con ellos y repartirnos las tareas, ir con ellos a lavar los dientes, hacerles preguntas, etc.

En resumen y como nos transmite la Disciplina Positiva, la amabilidad y la firmeza siempre son necesarias al mismo tiempo y en todos los momentos, y esa firmeza a la que se refiere y que quizás pueda sonar a algo estricto no es más que mostrarte seguro de ti mismo con respecto a lo que hay que hacer y expresarte con dignidad y respeto hacia ti mismo.

¡Como siempre estaré encantada de leer tu comentarios! ¿Tu sientes que transmites esa seguridad a tus hijos? Yo he de reconocer que durante mucho tiempo no me he sentido segura.

¡CONFÍA EN TI!

Nuria Ortega

www.educarparaelfuturo.com

LOS 4 MOTIVOS QUE SE OCULTAN TRAS EL “MAL COMPORTAMIENTO INFANTIL”

Rabietas, gritos, reclamo de atención, faltas de respeto, indiferencia, falta de colaboración…

y un largo etc, podrían ser los retos al que nos enfrentamos a diario los que de una forma u otra convivimos con niños.LOS 4 MOTIVOS QUE SE OCULTAN TRAS EL “MAL COMPORTAMIENTO INFANTIL”.
¿Pero qué pasaría si te dijera que no todo es lo que parece? ¿Que detrás del mal comportamiento del niño hay un mensaje oculto, una creencia errónea que ese niño querría trasladarte?.

Alfred Adler y posteriomente Rudolf Dreikurs psicoterapeutas de cuyas ideas bebieron Jane Nelsen y Lynn Lott para desarrollar lo que se conoce como DISCIPLINA POSITIVA, decían que todos los seres humanos nos movemos por un propósito y este es el de la conexión, sentir que pertenecemos y que somos significativos o contributivos a un grupo, a una comunidad, a una familia.

Por otro lado hablaba de la importancia de entender la lógica privada de los niños. Los niños tienen una necesidad imperiosa y es la de sentir conexión con el adulto y movidos por esa necesidad persiguen la conexión de la manera que su desarrollo evolutivo y sus experiencias de vida le han permitido, no es una decisión voluntaria, es algo que viene predeterminado por su cerebro primitivo, recordad que somos seres gregarios, necesitamos de los demás para sobrevivir.

Dreikurs decía: “No hay niños mal portados sino niños desalentados”.

Niños que movidos por su naturaleza infantil y por su necesidad de conectar llegan a la conclusión de que la única forma que tienen de hacerlo es a través de comportamientos que nosotros calificamos de inadecuados y disruptivos.
También decía que:
“Una vez que las cosas han pasado por el filtro de nuestra mirada, ya la realidad va a dejar de serlo, ya nunca más va a ser realidad, será nuestra realidad”.

Todos los niños están constantemente haciéndose preguntas y a través de las relaciones que viven se van contestando.
¿Quién soy? Soy bueno, soy malo, soy adecuado, soy inadecuado, soy capaz, incapaz.
¿Cómo son las personas que me rodean? Son motivadoras, no son motivadoras.
¿Cómo es el mundo? Es alentador o sólo puedo reaccionar para sobrevivir.

El niño en la búsqueda de esa meta de conexión siempre sigue un proceso respecto a las experiencias y relaciones que vive con el entorno.

1- PERCEPCIÓN
2- INTERPRETACIÓN
3- ELABORACIÓN DE UNA CREENCIA
4- TOMA DE UNA DECISIÓN .

A través de esa observación, interpretación y creencia el niño toma la decisión sobre lo que necesita para pertenecer y ser importante, las creencias que elaboran son su interpretación de la realidad, en realidad el mal comportamiento es un mensaje oculto de:

“Sólo soy un niño y quiero pertenecer y no sé cómo hacerlo”.

Para que os hagáis una idea imaginaos un iceberg, en el que el 20% está por encima de la superficie del agua y el 80% restante bajo ella. Pues bien, lo que nosotros siempre tenemos en cuenta del niño es el 20% que corresponde a la toma de decisión o comportamiento ignorando el 80% que corresponde a la percepción, interpretación y elaboración de una creencia.

Imaginaos que los niños pudieran llevar un cartel que dijera cuál es la creencia que ha elaborado de su percepción e interpretación que repito no se ajusta a la realidad, se ajusta a la realidad del niño.

“Muchas veces el problema o mal comportamiento que nosotros vemos no es más que la solución que el niño ha encontrado al problema que nosotros no vemos”.

Dreikurs decía que en la búsqueda de soluciones para poder conectar con el adulto, el niño se mete en cuatro creencias erróneas, sus alumnos le decían pero ¿Cómo es posible que usted meta a todos los niños en cuatro creencias? y él respondía ¡no se equivoquen yo no los meto ahí, siempre me los encuentro ahí!.

Imaginaos a Sara que parece estar esperando a que hables por teléfono para reclamar en ese preciso instante tu atención de una forma reiterativa, o bien el niño que parece esperar a que te encuentres a alguien al que quieres saludar para necesitar de tu exclusiva atención ¿Cuál es tu tendencia natural? ¿Le prestas atención, corrigiéndole e incluso dándole una pequeño sermón como… “¿Sara cuántas veces he de decirte que esperes a que acabe de hablar?”. ” Te he dicho una y mil veces que cuando hablo por teléfono esperes a que acabe”.

Por otro lado tenemos a Miguel empujando a los niños en la fila para estar en primer lugar. Suele quitar la pelota cuando está en el patio jugando con otros. Te reta constantemente en la clase con actitud desafiante y obstinada, comienza a hacer sus tareas a regañadientes. ¿Tú tendencia no sería demostrar a Miguel que él no manda?

Tenemos también a Jaime, la mamá de Jaime ha estado toda la semana de viaje de trabajo y cuando vuelve a casa, encuentra a Jaime que está pintando un dibujo, esta mamá se vuelca en dar besos y arrumacos a Jaime y le dice con una sonrisa de oreja a oreja cómo le gusta el dibujo que está haciendo, entonces Jaime enfurruñado rasga el dibujo en mil trozos y mira a su mamá con fuego en los ojos diciendole “no te quiero”.Tenderíamos de forma natural a contener a duras penas nuestro sentimiento de incredulidad y de dolor, intentando recomponernos del sentimiento de culpa.

Por otro lado está Ana que se da por vencida incluso antes de iniciar cualquier cosa. No importa cuanto la quieras persuadir no lo intenta. Hace todo lo posible para parecer invisible hasta que dejas de pedirle algo.
Es probable que termine etiquetada con un problema de aprendizaje.

Aquí tenemos unos ejemplos de “mal comportamiento o comportamientos inadecuados” y de las reacciones que por regla general solemos tener los adultos ya que sólo estamos prestando atención al comportamiento.

Hoy quiero compatir contigo EL CÓDIGO DEL MAL COMPORTAMIENTO, te voy a hablar de CUATRO METAS ERRADAS en las que un niño puede instalarse porque llega a la conclusión de que es la única forma que tiene de conectar contigo.

1- ATENCIÓN EXCESIVA

COMPORTAMIENTO DEL NIÑO
El niño se pone pesado, fastidioso, reclama constantemente tu atención, se queja sin parar, exige.
No es el niño que está haciendo su trabajo y te llama en alguna ocasión para enseñarte algo, es el niño que reclama tu atención de manera excesiva o el tipico graciosillo de la clase o ese niño que tiene gustos diferentes o extraños y le gusta mostrar que es diferente, y tú te preguntarás ¿Cómo ante comportamientos tan distintos puedo saber que le motiva a portarse así?. La respuesta está en nosotros mismos, ya que tenemos que identificar que sentimiento nos provoca esa conducta, una vez la tengamos identificada podremos seguir descifrando este código.

SENTIMIENTO DEL ADULTO
En este caso nos sentimos molestos, irritados, preocupados o culpables.
Molestos porque pensamos ¡ayy este niño que pesado es!, irritados cuando a base de insistir decimos ¡anda déjame un ratito tranquila!, preocupados porque pensamos que no sabemos porque se porta así y culpables cuando nos decimos a nosotros mismos que le hemos permitido demasiado, que no sabemos en qué nos hemos equivocado o qué habrás estado haciendo mal.

atencion

REACCIÓN DEL ADULTO
Persuadimos al niño para que cambie su actitud.
Rescatándole (haciendo por él cosas que puede hacer sólo).
Gritándole para que pare.
Advirtiéndole ¡cómo no pares…!.
Dejándole ¡déjame 5 minutos…!.

RESPUESTA DEL NIÑO
El niño para unos instantes para luego reanudar lo que estaba haciendo o elige otro comportamiento aún peor.

CREENCIA DETRÁS DEL COMPORTAMIENTO
Sólo soy importante cuando tengo atención constante, cuando los otros me notan.
Cuando no me atienden, no me quieren.
Te necesito para estar seguro y saber que cuento para ti.
Me asusta que no me quieran y te necesito para no sentirme sólo.

MENSAJE QUE QUERRÍA TRASLADARTE
Nótame, involúcrame de manera útil.

RESPUESTAS POSITIVAS Y EFICACES
Necesita ser escuchado. Escucha lo que te cuenta con atención.
Tiempo especial sólo para él que se pueda pactar.
Ignorar la conducta pero nunca al niño ni a sus emociones ( tocar al niño mientras terminas de hacer lo que estabas haciendo).
Abrázale porque si.
Mírale mientras te habla, sorpréndete.
Disfruta de su compañía.
Enséñale a hacer las cosas por si mismo
Respeta tu tiempo y tu espacio también, hay momentos para todo.
Piensa en qué puede ayudarte y propónselo.
Redireccionar involucrando al niño en una tarea útil (te quiero y pasaré un rato especial contigo cuando acabe lo que estoy haciendo)

2- PODER NO CONSTRUCTIVO

COMPORTAMIENTO DEL NIÑO
Desafiante, negándose a hacer lo que se le dice o haciéndolo cuando le parece expresando así un poder pasivo.

SENTIMIENTO DEL ADULTO
Se siente constantemente retado, provocado, amenazado, desafiado.

REACCIÓN DEL ADULTO
Algunas veces cede hasta que se siente superado y reacciona tratando de obligar al niño a que ceda él, mediante castigos o luchas de poder con lo que la actitud desafiante se agrava más.
Peleando, pensando (no te vas a salir con la tuya, te obligaré, él no tiene razón , no le voy a dejar que se suba a mi chepa).

poder

RESPUESTA DEL NIÑO
Intensifica su comportamiento, obedece pero desafiando y sintiendo que ha ganado cuando el adulto está molesto aún cuando ha obedecido. Dice que si, pero no lo cumple. Se cree vencedor si el adulto se altera.

CREENCIA DETRÁS DEL COMPORTAMIENTO
Sólo me siento importante cuando mando yo o impido que tú mandes, cuando te demuestro que no puedes obligarme ni detenerme.

MENSAJE QUE QUERRÍA TRASLADARTE
Déjame ayudar, dame opciones.

RESPUESTAS POSITIVAS Y EFICACES
No pelear, ni entrar en luchas de poder, ni ceder.
Emplear amabilidad y firmeza al mismo tiempo.
Pide ayuda (dile que no puedes obligarle pero que te encantaría contar con él y con su colaboración)
Retírate a tranquilizarte.
No hables y actúa.
Establece rutinas junto al niño. Deja que las rutinas sean quienes manden.
Interésate por lo que le gusta.
Háblale de lo que te gusta a ti
Proponle hacer cosas juntos, compartiendo buenos momentos, divirtiéndote a su lado.
Siéntate a charlar de lo que te preocupa y pregúntale que se le ocurre para arreglarlo.
En momentos de pelea cuenta hasta 10.
Negocia para encontrar una buena solución que os haga felices a todos.
Ofrece opciones limitadas
Son niños que reclaman el poder porque quizás de pequeño se le ha facilitado todo y nunca o casi nunca se le ha permitido equivocarse, mancharse, explorar, experimentar, aprender, no se siente empoderado. Imaginaos esto que bomba de relojería puede resultar para un adolescente.
Frases como
Confío en ti
Sé que me puedes ayudar
Sé que podrás llegar a hacerlo tú sólo.
Sé que no te puedo obligar pero confío en que sabes lo que tienes que hacer.

3- VENGANZA

COMPORTAMIENTO DEL NIÑO
Comportamiento destructivo o autodestructivo, agresivo, hiriente, grosero, vengativo.

SENTIMIENTO DEL ADULTO
Herido, incrédulo, lastimado, decepcionado.

REACCIÓN DEL ADULTO
Vengativo, contraatacando, sintiéndose como una víctima (¿cómo pudiste hacerme esto?), castigando.

RESPUESTA DEL NIÑO
Intensifica y empeora su conducta o escoge otra arma.

venganza

CREENCIA DETRÁS DEL COMPORTAMIENTO
No creo ser importante para nadie, me han hecho daño, así que yo haré lo mismo. Nadie puede quererme ni puedo agradar a nadie.

MENSAJE QUE QUERRÍA TRASLADARTE
Estoy dolido, me siento incomprendido, reconoce y valida mis sentimientos.

RESPUESTAS POSITIVAS Y EFICACES
Reconoce y valida sus sentimientos.
No actúes cuando estás herido, mejor retírate, cálmate y habla con el niño después tratando de llegar a acuerdos que sean muy claros y apropiados.
No le castigues ni emplees represalias
Pide perdón si has metido la pata.
Sé cariñoso. Abrázale, bésale.
Pregúntale cómo se siente y escúchale con atención
Dile lo mucho que le quieres y que le querrás siempre pase lo que pase.
Comparte tus sentimientos.
Alienta sus fortalezas.

4- INSUFICIENCIA APRENDIDA

COMPORTAMIENTO DEL NIÑO
El niño se muestra como ausente, indiferente, pesimista y desesperanzado e inútil, no hace nada, ha asumido que no puede.

SENTIMIENTO DEL ADULTO
Desesperado, inútil nada parece dar resultado, frustrado.

REACCIÓN DEL ADULTO
Compararle con otros (con la intención de que reaccione), criticarle o hacer el trabajo por él rescatándolo, o rindiéndose (no hay nada que hacer con él).

RESPUESTA DEL NIÑO
Se retrae aún más, se vuelve pasivo, no muestra mejoría ni responde, confirma que no vale, se hunde.

insuficiencia
Ilustraciones Naranjas y Zapatos

CREENCIA DETRÁS DEL COMPORTAMIENTO
Es imposible qué importe a alguien, no soy suficiente, soy inferior a los demás ¿para qué intentarlo? no lo haré bien.
No me quieres porque no soy perfecto por eso espero convencer a todos de que no esperen nada de mí y así no decepcionaré.

MENSAJE QUE QUERRÍA TRASLADARTE
No te rindas, enséñame paso a paso.

RESPUESTAS POSITIVAS Y EFICACES
No te rindas, demuéstrale que crees en él, que tienes fe y confianza en que podrá.
Recuérdale todo lo que ha logrado y ayúdale a practicar en lo que necesite, pero no lo hagas por él.
Ten mucha paciencia.
Hazle ver sus fortalezas y haz hincapié en cada logro por muy pequeño que este sea.
Desglosa la tarea en pasos pequeños.
No le compadezcas usa un lenguaje positivo y alentador.
Disfruta de su compañía sin más pretensiones.

Espero que a partir de la lectura de esta publicación, sepas ver más allá del mal comportamiento y te imagines ese cartel con un mensaje oculto que el niño querría trasladarte si pudiera.

Te invito a conocer más sobre Disciplina Positiva gracias a la lectura de libros como:

Disciplina Positiva de la A a la Z.
Disciplina Positiva para preescolares.
Cómo educar con firmeza y cariño.

Otros recursos de Disciplina Positiva son:

Los cuentos con los que poder explicar las metas erradas a los niños por Ana Isabel Fraga Cuentos Iceberg.

La baraja de cartas de Virginia García Rodriguez de Contigo Desenredo Recursos eficaces de educación respetuosa

Los cuentos de Pilar Andujar Cuentos para Contar las Cosas Importantes

Carmen Fernández,

Padres ayudando a padres

¡Hora de levantarse e ir al cole!

¡Hora de levantarse e ir al cole!

¡Hora de levantarse e ir al cole!

—¡Levántate Juan! ¡Que no llegamos al cole! ¡Hora de levantarse e ir al cole!

—¡Mamáááááááá! ¡Déjame tranquilo! Tengo sueño… —Y Juan se da la vuelta para el otro lado mientras tú te desesperas viendo como las manecillas del reloj siguen su curso sin piedad.

Más tarde, cuando vuelves a su habitación, pensando que ya está vestido, te lo encuentras sentado en la cama mirando las musarañas. Y el desayuno… ¡pero si no le da tiempo nunca a desayunar!

¡¡Hora de levantarse!!¡Hora de levantarse e ir al cole!

¿Cómo hacemos para que las mañanas no se conviertan en una lucha?

 Muchas veces parece inevitable que las tensiones que en el verano parecían haber desaparecido (al menos en este sentido, de levantarse tempranito), vuelvan.

De pronto las prisas, el “¡venga, levántate que no llegamos!”, ” ¿pero todavía no te has vestido?” sustituyen a la tranquilidad matutina de la época estival, donde dormir hasta que el cuerpo pidiese era lo más habitual.

Y de alguna forma todo eso nos afecta a lo largo del día.

¿Qué podemos hacer para llevar esta entrada a la rutina de la mejor forma posible?

Aquí tenéis 15 ideas que pueden ayudaros:

1.- Pregúntales…

 cómo sería para ellos una buena mañana, cuánto tiempo creen que necesitan para desperezarse (y según eso poner el despertador a una u otra hora) e ir ajustándola en función de los resultados, porque no sé si a ti te pasará pero yo he tendido mucho tiempo a programar las mañanas en función de mi propio ritmo (y resulta que soy una rapidilla), calculando lo que tardaría en esto y aquello sin darme cuenta de que ellos tenían otro ritmo. Por eso, lo mejor, encontrar un equilibrio.

Observa lo que suelen tardar, si les viene mejor dormir un poquito más porque luego se levantan mejor o si por el contrario les viene mejor levantarse un rato antes para que tengan tiempo de tomárselo con más calma. Ten en cuenta su personalidad, sus preferencias y sus sugerencias. Quizás les encante tener un despertador y desperezarse con tiempo (comprobad que se levantan porque en el caso de mis hijos creo que tendría que poner la habitación llena de despertadores; ¡no lo oyen!)

 2.- No repitas…

 solo señala la rutina o preguntarles “¿Qué toca ahora?” Porque cuando repites se “anestesian” ante tus palabras, o sea, es como si dejasen de oírlas. Y eso suele ponernos de mal humor con lo que se complica la situación. ¡Usa la cartulina!

3.- Da ejemplo de buen talante…

y afrontad la mañana con la mayor tranquilidad posible (esto no significa que tengas que ser perfect@ o hacerlo siempre bien, pero pon empeño en que sea la tónica general y si no sale pues habladlo después para ver como se puede mejorar)

4.- Comprende…

 lo difícil que es volver a la rutina también para ellos. Si les decís “¡Jo! cómo cuesta levantarse, ¿verdad?” se sentirán comprendidos y eso permitirá una conexión que facilitará mucho las cosas.

 5.- Si surgen dificultades revisa…

la rutina hasta que encontréis la mejor fórmula para todos.
Analiza qué parte de la mañana les cuesta más: puede que sea la de levantarse en sí, o la de vestirse o el desayuno…, y piensa qué podrías hacer para mejorarla. Siempre desde el punto de vista de encontrar soluciones respetuosas y efectivas; empeñaos en buscar soluciones evitando todo tipo de reproches y etiquetas. Lo que nos importa es lograr una solución, no decirle que es un vago, o cualquier otra cosa. ¡Creatividad al poder!

6.- Evita sermones…

y largas charlas. Mejor una pregunta “¿Cómo crees que podríamos hacerlo mejor?”,“¿Qué se te ocurre que podríamos cambiar para que estemos todos más contentos por la mañana?”, “¿En qué podrías ayudarme por la mañanas?”

 7.- Nada de órdenes…

Mucho mejor pedir colaboración. “¿Me ayudas?”

 8.- Explícales…

que es importante que las mañanas sean agradables porque así todos vamos más contentos al cole y al trabajo, tenemos ganas de reírnos y todo funciona mucho mejor. Que te encantaría que pudieseis hacer de la mañana un trabajo en equipo. Trata de explicarles esto en un momento distinto de la mañana, cuando esteis todos de buen humor y con mucha brevedad. Mejor 10 palabras que una charla, porque desconectarán.

9.- Diles que siempre…

estarás dispuesta a escuchar lo que tengan que aportar si creen que algo se puede mejorar.

 10.- Agradece…

 su disposición a ayudar por las mañanas en lo que sea que hayáis decidido.

11.- Reiros… todo lo que podáis.

12.- Usa la música…

 que les guste para ayudarles a despertarse… e incluso para ayudarles con los tiempos cuando son pequeños (“cuando termine esta canción es hora de ponerse a desayunar” por ejemplo)

13.- Deja que escojan…

 la ropa para ponerse al día siguiente (dentro de un orden, dándoles dos opciones sin son pequeños o poniendo ciertas normas a lo escogido dependiendo por ejemplo del día que haga o de si les toca gimnasia… ¡no vaya a ser que escojan sandalias cuando está lloviendo! 😉

14.- Dales un reloj…

 a los mayores para que controlen el tiempo. Especifica a qué hora deberían estar listos en la puerta y asegúrate de que lo han entendido pidiendo que te lo repitan. También puedes anotar la hora en un folio y pegarlo en un sitio visible para que la recuerden. Si ves que se despistan puedes señalarles el reloj o preguntarles la hora (¡pero no cada rato!)

 15.- Crea una cartulina de rutinas matutinas…

con los niños y pegarla en la pared, bien visible, para que puedan seguirla sin que nosotros, los “pesados adultos”, estemos todo el rato repitiendo y recordando.
2014-03-06-17-32-38
 Dibujos, fotos, pegatinas… lo que queráis. Pero eso sí, con ellos. Deja que formen parte de las decisiones y escucha sus ideas; dedica un rato de la tarde para divertiros haciéndola 🙂
 Porque si los niños se divierten, pasan tiempo con vosotros y forman parte de las decisiones estarán mucho más dispuestos a colaborar.
 Las mañanas pueden ser muy distintas. ¿Te animas a probarlo así?
©Ana Isabel Fraga 2016. Todos los derechos reservados.