Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
"Si te portas bien te doy un premio"

“Mira que si te portas bien te daré un PREMIO”

"Si te portas bien te doy un premio"

“Si te portas bien te doy un premio”

¿Cuántas veces al día haces cosas “bien hechas” sin esperar nada a cambio? Ese es el principal problema. El binomio premio/castigo es el mayor de los engaños educativos.

En otras ocasiones hemos hablado y volveremos a tratar el tema de los castigos pero, ¿qué pasa con los premios y halagos? Pues que todo tiene un valor intercambiable. Que todo lo que aprendemos tiene una consecuencia cuantificable y mesurable en “me compensa o no”…

¿Y si eliminamos los premios? ¿Y si educamos sin materialismo, manipulación y chantaje?

Está claro que es imposible hacerlo si el planteamiento educativo que tenemos no va más allá del “que me obedezcan”. Eliminar el condicionamiento requiere una “remodelación” completa, desde los cimientos hasta el tejado.

Partiendo de la base de que en la infancia se aprenden los patrones con los que luego vamos a entender e interactuar en el mundo, debemos replantearnos la posibilidad de dejar de prometer y ofrecer “cosas a cambio” y empezar a mostrar el valor mismo de los aciertos, de las “cosas bien hechas” y , mucho más importante : de los AVANCES DEL PROCESO.

Si pretendemos que “hagan lo que queremos” y ya mismo, claro que necesitamos un intercambio inmediato.

“Come y te pongo Peppa Pig”

Si entendemos que TODO, ABSOLUTAMENTE TODO es un proceso que requiere pasar por fases en las que se van adquiriendo competencias POCO A POCO, podremos permitirnos un “mañana saldrá mejor” cuando las cosas van mal y un “¡lo has conseguido!” cuando todo va bien.

No todo debe ser a cambio de algo. Los valores como el esfuerzo por mejorar, el autoanálisis para la crítica constructiva, la satisfacción por alcanzar retos y el aprendizaje de los errores NO SE APRENDE EN NINGÚN LIBRO, no a cambio de nada…

Es muy improbable que nuestros hijos aprendan a tener un “autocontrol” si todo los que les “controla” viene de fuera. Si siempre están esperando ese “algo” que PAGUE lo que han “hecho bien”.

Y sin darnos cuenta estamos empujando a nuestros hijos a confundir el VALOR de las cosas por EL PRECIO…que son dos cosas demasiado distintas.

Necesitamos ofrecer a nuestros hijos la maravillosa sensación de satisfacción al superar un obstáculo, al encontrar una solución a un problema, al experimentar CRECIMIENTO. Ningún gomet verde enseña todo eso. Necesitamos hacerles entender que no se es “bueno” por obedecer más rápido. ¿Qué es ser bueno? Eso es otro debate…

El premio y la alabanza les hacen dependientes de valoración externa, de juicio ajeno…adictos del aplauso y del los verbos conjugados en condicional.

No premies sus aciertos, pregúntale qué siente por haberse superado, aliéntale para seguir por ese camino y felicítale por haber sido capaz de hacer algo que antes no conseguía, que el premio sea la sensación de triunfo, porque la percepción de CAPACIDAD es la base de la autoestima, es un pilar maestro de su equilibrio emocional futuro.
Hazle consciente de que el mayor regalo por intentar hacer las cosas lo mejor posible es llegar a donde se propongan, pero sobretodo es LA INTEGRIDAD. Nada puede comprar eso.

María Soto

http://educabonito.com

Sobre peces y cañas de pescar

Sobre peces y cañas de pescar: del consejo a la orientación educativa.

¡Ya no sé que hacer! Lo he probado todo y no hay forma…este niño está imposible…con él nada funciona…¿qué puedo hacer?…

Todos hemos oído (y pronunciado, la verdad sea dicha) estas o similares palabras y sentido esa misma desesperación ante las dificultades de la crianza y de la educación de niños y adolescentes. Las cosas se ponen complicadas y hasta el más experto de los profesionales de la educación ha de reconocer que para nada es un trabajo fácil ni sencillo. Como dijo Adele Faber, experta autora de libros educativos de gran éxito…”yo era una madre perfecta…hasta que tuve hijos”. Sobre peces y cañas de pescar: del consejo a la orientación educativa.

¿Le quito el fútbol si suspende? ¿qué hago si me miente?

¿cómo consigo que estudie?…

Buscamos saber qué hacer, buscamos soluciones y que suceda aquello que con tanta urgencia deseamos: que el niño haga lo que le pedimos y que deje de hacer lo que le prohibimos. Aquello que sabemos que es lo que le conviene a pesar de que él no esté de acuerdo en absoluto.

Orientar y dar consejos no es lo mismo.

Hay una sutil pero importante diferencia: orientar es indicar por dónde puede uno encontrar las respuestas, el consejo se suele entender más directamente como la solución en sí misma, la respuesta a esas preguntas. No es lo mismo ofrecer peces que enseñar a pescar.

Si las soluciones estuvieran en los libros o en la sabiduría de los expertos, los problemas educativos hace tiempo que se habrían extinguido como les pasó a los dinosaurios. Pero no existen las fórmulas mágicas, ni pautas que aplicadas sencillamente funcionen siempre y en todos los casos.

Las pautas ayudan, orientan, pero tienen que venir acompañadas, o mejor dicho tienen que venir desde las actitudes correctas.

Es decir, de nada sirve “hablar al niño con tono amable y tranquilo” si el adulto no está realmente sereno.

Fingir que estamos en armonía con el universo mientras nuestro hijo ha estado sacándonos de quicio toda la tarde de todas las formas que ha podido y en realidad estamos nerviosos y desesperados, no es nada que merezca la pena hacer porque no va a funcionar. El niño y cualquier persona capta mucho más allá de nuestras palabras, percibe nuestro estado emocional a través de pequeños detalles y micro-gestos, de matices en el tono de voz, en la mirada…en realidad no sabemos muy bien cómo, pero no sirve de mucho fingir porque a nadie logramos engañar especialmente si es nuestro hijo.

Entender la situación e interpretarla en otros términos de manera que no me tomo las cosas como algo personal ni me exijo más de lo que en ese momento puedo dar y puedo sentirme razonablemente bien conmigo misma, así puedo disponer de mi capacidad de pensar, y de tomar decisiones. Este sí es un punto interesante que probablemente me ayudará. Esta actitud adoptada por el adulto es la correcta, porque nos facilita el camino hacia las soluciones.

Esto es orientar.

Cuando “damos consejos” casi nunca recibimos como respuesta un “Ahhh, qué buena idea, nunca se me hubiera ocurrido, esto es algo realmente nuevo”…Por el contrario, la respuesta es casi siempre parecida a: “eso ya lo he hecho muchas veces, le he hablado, le he pedido, se lo he explicado….y nada, que con este niño no funciona y no sé por qué”.

Uno casi llega a pensar que al igual que se suele decir que “más vale no meterse en medio de los problemas de una pareja”…también podría aplicarse este principio a los problemas entre padres e hijos.

Los consejos pueden incluso llegar a resultar irritantes y hasta en cierto modo un tanto ofensivos porque uno puede pensar…

”¡¡¡¿pero a quién se le ocurre pensar que yo no haya hablado con mi hijo y le haya explicado que tiene que aprender a llevarse bien con su hermana? Se lo digo montones de veces todos los días!!!”.

Y es comprensible, a nadie nos gusta pensar que los otros tienen un concepto poco elevado de nuestra inteligencia y recursos personales.

Las madres y padres cuentan lo que les pasa con sus hijos y lo que su relato refleja es mayormente “asombro”. No salen de su asombro, porque realmente no entienden qué está sucediendo en su casa, con aquel querubín que tanto desearon y que tanta felicidad traía debajo del brazo al llegar a sus vidas.

Ante este desconcierto cualquier intento de minimizar el problema, de pretender dar consejos simples y sencillos encontrará serias resistencias. Los consejos sobran, la orientación es el camino.

Yo no sé qué tienes que decirle al niño para que se lave los dientes, ni que puedes hacer para lograrlo. Pero te puedo orientar para que tú encuentres tu propio camino:

El proceso de orientación psico-educativa empieza por ayudarte a que te hagas consciente de cuáles son tus métodos educativos. Sí, qué es lo que tú haces cuando estás educando a tus hijos, y ya puestos, qué actitudes despliegas en general en presencia de los niños. Ellos aprenden de ti no solo lo que tú quieres enseñarles, sino todo lo que ven, oyen y observan. A este primer paso podemos llamarlo: Auto-observación de la propia conducta educativa. Sin juzgar, sin pretender analizar más allá de ver lo que sucede, ver lo que yo hago.

Una vez que tomamos nota de nuestras formas de reaccionar ante las conductas de los niños podemos en un segundo paso, intentar ponernos en los zapatos de nuestros hijos, y ver cómo esto les hace sentir, y de este modo comprender mejor el porqué de su respuesta a nuestras acciones educativas. Comprender mejor cuales son los efectos que estamos realmente provocando en el niño. Porque una cosa es lo que quiero lograr y otra distinta es lo que realmente provoco.

Esta información son los cimientos del cambio que queremos lograr.

De ese saber qué hacer, de ese comprender qué es lo que pasa y por qué todo es tan difícil de manejar, de todo esto es de donde nace una nueva forma de sentir del educador y una nueva forma de educar. Para esta fase puede ayudar mucho tener unas nociones básicas sobre la conducta infantil y las motivaciones que se ocultan tras el “mal comportamiento”.

Si comprendemos qué pretende conseguir el niño, y si conocemos qué es lo que realmente necesita, educar seguirá siendo una tarea difícil y que requiere de constancia y de mucha paciencia, pero dejará de ser una tarea tan desconcertante e imposible de sobrellevar. Porque estas situaciones de continuo desencuentro entre padres e hijos son una importante fuente de sinsabores, de ansiedad y de estrés.

A nadie se le escapa que cuando las cosas van regular, nuestro estado emocional se ve perjudicado y también acaba minando nuestra salud.

Llegar cansados del trabajo y encontrar un panorama de tensiones y conflictos con los que más queremos es duro y difícil de llevar. La familia que no logra la cooperación y un clima habitable de apoyo y respeto mutuo sufre un importante desgaste físico y emocional que afecta a todos y a toda la vida familiar en general. Este debe ser el objetivo general de la educación visto de manera global como una forma de funcionamiento de toda la familia como grupo humano cuyos miembros tienen diversas necesidades y características pero un fin común: la convivencia y el bienestar de todos gracias a la cooperación en un clima de respeto mutuo.

Pilar Andújar Rodríguez

https://pilarandujar.com/

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Hoy abordamos un tema por el que me consultan muchas familias tanto a título personal en consulta como en mis talleres de padres y educadores sobre Montessori y sobre Disciplina Positiva. El compartir parece que preocupa y mucho.Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte o le cuesta compartir.

¿Cómo lo hacemos? ¿Qué hago para que comparta?

Primero de todo, tenemos que tener en cuenta que un niño menor de 3 años aún no tiene suficientemente desarrollada la corteza cerebral prefrontal por lo que carece de autocontrol, habilidades sociales y de capacidad para comprender dónde están los límites entre lo que es suyo y lo que es del otro. Es lo que Maria Montessori denomino mente absorbente inconsciente.

Un niño de esta edad, cuando observa o tiene en sus manos un objeto nuevo desea explorarlo a fondo y su deseo y su sed de asombro va mucho más allá de quién es el poseedor de aquel tesoro que desea investigar de todas, todas.

Será a partir de los 3 años cuando la corteza prefrontal ya está lo suficientemente desarrollada como para poder comenzar sus primeras relaciones sociales, de una manera muy tímida, pero sí que comenzamos a observar el interés por el otro y por comenzar a realizar juegos de roles que implican la interacción o el tener en cuenta al otro. Antes de esta edad, podemos ver a niños de dos años interactuando y riendo, pero aún no juegan juntos, con unas normas elaboradas que requiere el juego social, sino que se dice que juegan en paralelo. Para que nos entendamos: “juegan juntos pero no revueltos”.

Es muy importante entender esto para comprender que un menor de 3 años no tiene ninguna necesidad de compartir, porque no tiene desarrolladas las habilidades necesarias para ello.

Desde aproximadamente los 18 meses hasta los 3 años su estado evolutivo se enfoca a otra funciones como es explorarse a sí mismo en relación a su entorno, con ello confoma su autoconcepto y construye su propia identidad. ¡Ahí es nada!

A partir de que el niño tiene cierta complejidad de vocabulario aparecen expresiones como  el “yo” o “es mío”, en ese momento es cuando el niño entiende que es un ser individual. Pero pese a ello, no podemos caer en el error de que ya sabe compartir, su sentido de pertenencia y del tiempo es muy débil. Así, no es capaz de entender que las cosas que deja siguen siendo suyas y que volverán a sus manos y no desaparecen para siempre de su posesión.

Esta etapa de entre aproximadamente los 2 y los 3 años, también conocida como “terrible two” (los terribles 2),

 se caracteriza por las típicas rabietas “irracionales” ya que el hecho de que no disponga de capacidades sociales hace que no pueda canalizar su frustración de otras formas más efectivas, pero…todo llegará!!! Paciencia!!!!

¿Y entonces cómo lo hacemos? ¿Cuál es el papel de los padres?

Evidentemente, cuando eres padre/madre y tu cachorro arrebata un objeto a otro niño  o por el contrario le es arrebatado un objeto, la situación por nuestra parte es incómoda y como que nos entran muchas ganas de que los demás vean lo bien educados y generosos que son nuestros hijos y no queremos “quedar mal” en público. Pero, explicado lo anterior, ¿creéis que es lícito pedirle eso a un niño menor de 3 años?, ¿entra dentro de sus posibilidades?

A veces, hemos de dejar de mirarnos el ombligo y empezar a mirar el mundo con los ojos con los que lo ven los niños…

Ahora bien, no me cansaré de decir que como todo en la crianza para educar a nuestros niños en competencias para la vida el pilar fundamental es el modelado. Así, a compartir se enseña compartiendo.

Es decir, tú, papá o mamá eres el modelo en el que se ve reflejado tu hijo y cuando tu compartes cosas con otros o con él estás influyendo en que imite ese tipo de conductas, sobre todo cuando tenga la capacidad para entender el complejo concepto que encierra el compartir.

Un montón de veces me he encontrado situaciones de padres o abuelos mediando entre un conflicto de posesión del objeto entre niños. Y la solución, en muchas ocasiones, era quitar con violencia el objeto al que lo había arrebatado y devolverlo al que lo tenía o bien obligarle a dejárselo. Pero señores, ¿cuándo ofrecemos esta actitud visualmente ante los niños qué les estamos enseñando? Fijaos en el modelado, tú quitas y yo te quito = ¡¡¡todos quitamos!!!

¿Realmente con esta actitud estamos educando en la generosidad y en la cooperación, o en todo lo contrario?Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Y por otro lado, cuando sus principales referentes (mamá/papá, abuelos…) prestan algo suyo a un desconocido, ¿qué generamos en nuestros niños respecto a nosotros mismos? ¿Está situación nos conecta con ellos o nos desconecta? Sin duda alguna, el niño puede interpretar la situación y puede generar una pérdida de confianza en quien era su apoyo principal con la consecuente pérdida de sentido de pertenencia, perdida seguridad, estrés… Así que nos cargamos de un plumazo, y como el que no quiere la cosa,  el respeto mutuo.

Y ahora.. yo te pregunto a ti, adulto que me estás leyendo, ¿tú siempre quieres compartir? y… ¿lo compartes TODO, TODO?

Porque si yo voy tan tranquila por la calle y alguien me arrebata el bolso, ya puede haber alguien detrás que me diga “Mujer déjaselo un ratito, que hay que compartir!” (frase del millón con los peques). ¡¡¡Pepinillos en vinagre!!! lo mínimo que hago es salir corriendo detrás, gritar “al ladrón, al ladrón” y según la situación pues igual hasta lo denuncio… ¿Tu dejas que te arranque el bolso, el móvil, el coche, la novia/o… el primero que te encuentras? ¿Y aunque sea un conocido también estás siempre dispuesto a compartirlo TODO? Yo no.

Entonces, ¿por qué exigimos a los niños que compartan cuando nosotros no siempre lo hacemos?

Lo mejor que podemos hacer es modelar como os he dicho anteriormente e inculcar en el niño valores cómo acompañarle en el conocimiento de dónde están sus límites. Sus cosas son suyas y su cuerpo es suyo, y comparte si quiere, cuando quiere y con quién quiere.

Yo no soy muy partidaria de intervenir si dos pequeños entran en conflicto, os animo a saber esperar, son grandiosamente creativos y muchas veces ellos mismos encuentran las soluciones. Sólo intervendremos en casos que atenten a la seguridad y salud, como por ejemplo si los niños empiezan a pegarse con el objeto o se lastiman a ellos mismos o al material. En ese caso los podemos separar y alejarnos de la zona de conflicto para recanalizar la frustración y redirigir al niño hacia otros derroteros hasta que se hayan calmado. En niños menores de 3 años puede que el asunto acabe aquí y en los mayores de 3 años se necesiten otras estrategias adicionales cuando el ambiente se haya enfriado y que le permitan reflexionar sobre lo acontecido.

Otra cosa que podemos hacer es acompañar al niño validando sus sentimientos, por ejemplo al que no lo quiere compartir,

“Sé que te molesta dejar tu juguete, si quieres puedes decirle al otro niño que no te apetece dejárselo hoy”

En el caso de que el niño no quiera dar por él mismo el mensaje, una opción es sonreír al otro niño que lo quiere y decirle que lo sientes mucho pero que a tu hijo hoy no le apetece compartir el juguete, tal vez otro día…Pero como os comento, yo en general prefiero no intervenir demasiado.

¿Y en caso de los hermanos?

Poner voz al pequeño si no tiene lenguaje y validar la emoción que le provoca que le hayan arrebatado el objeto “Estás llorando porque no te gusta que tu hermano te haya quitado el juguete”, si no te gusta se lo puedes decir, y darle opciones: “¿Hay algún otro juguete con el que te apetezca jugar?”

Nos aseguramos que el mayor está oyendo eso, y acto seguido se les pregunta a los dos si creen que puede hacer algo para que los dos puedan disfrutar del mismo juguete.

Se les alienta a que busquen soluciones sobre qué hacer cuándo los dos quieren lo mismo al mismo tiempo para que las puedan aplicar ahora y en el futuro.

En caso de que sea el pequeño el que arrebata o desordena los objetos del mayor, se valida su emoción “Entiendo que ahora estás molesto porque tu hermana te ha desmontado tu construcción y que te quite tus juguetes, ¿crees que le podemos dar alguna alternativa de juguete para que juegue?”

Si el niño dice que sí y ofrece un juguete le animamos a que le explique al pequeño que no le gusta que le quite sus juguetes pero que puede jugar con ese. Si dice que no quiere dejar sus juguetes le animamos a que lo exprese así a su hermano y pedirle que este respete su decisión.

Es muy importante en estos casos que no nos posicionemos hacia ninguno de los niños ni vayamos al rescate del más perjudicado, ya que esto genera muchísima rivalidad y competencia entre ellos y crea roles que pueden enquistarse de víctima y culpable y se carga automáticamente las relaciones horizontales y nos sitúa modelando la lucha del poder y no de la cooperación.

Es preferible no hacer de juez, usar el “nosotros”, hacer de traductor de mensajes y emociones (sin descargar nuestros juicios en ellos), acompañándoles y guiándoles en la búsqueda de ideas y soluciones, en lugar de buscar culpables.

Una de las premisas de la Disciplina Positiva es el respeto mutuo, así que antes de dejarle a otro niño algo que es de nuestro hijo y que no nos pertenece, deberíamos preguntarle a nuestro hijo si quiere dejarlo, y respetar su decisión, sea su hermano o sea un desconocido.

¿Y a partir de los tres años?

Pero, a partir de los 3 años sí que podemos empezar a implementar otras estrategias, como trabajar las habilidades sociales. En Montessori lo hacemos a través de teatrillos de gracia y cortesía dónde el niño puede ensayar y mejorar su comunicación con su educadora y con otros niños. A través de estos juegos de rol,  el niño pone en marcha habilidades sociales con los demás, en situaciones cotidianas concretas en las que sabe a la perfección qué hacer y qué se espera de él. Así puede expresar, por ejemplo, su capacidad asertiva en diferentes situaciones, tanto aquellas en las que necesite comunicar que no desea dejar tal cosa, como en situaciones en las que lo que necesita es pedir algo prestado a otra persona.

En ese momento madurativo ya tiene capacidad para ponerse en la piel del otro y sentir cierta empatía para poder entrenarse socialmente. Además ya tiene más interiorizado en sentido de pertenencia y entenderá muy bien que aunque el objeto pase por diversas manos no desaparece para siempre y sigue siendo suyo.

Para concluir este artículo sobre el compartir, no olvides que siempre, siempre, siempre debemos respetar la decisión del niño. Él tiene la última palabra.

Y por supuesto, continuar  modelando ¡¡¡¡que es gerundio!!!!

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Mi hijo no comparte, ¿cómo le puedo enseñar a compartir?

Clara,

MamiLATTE

RABIETAS XXL

Rabietas XXL

Te hablo a ti, que me estás leyendo y que tienes un hijo (o más) con un carácter especial, hipersensible y muy intenso. Te hablo a ti porque sé que me entiendes.

Por ti, para ti abro mi corazón y mi mente y espero que este artículo te dé información, herramientas y sobre todo alas para creer en ti, en tus capacidades y en tu valía porque de ello depende que logres aprovechar este reto para darle a tu hijo las mejores herramientas para su vida.

Y si tu hijo tiene rabietas aunque no sean XXL, quédate también. Creo que podrás sacarle gran partido a este artículo.

 ¿Qué ocurre en el cerebro?

A groso modo, y en términos coloquiales, el cerebro viéndolo desde un punto de vista vertical se divide en cerebro superior y cerebro inferior. En el primero están funciones como la planificación, el control de las emociones, tener en cuenta sentimientos ajenos (empatía), plantearse consecuencias, pensamiento lógico, resolver problemas…, pero no está plenamente desarrollado y de hecho hasta más allá de los veinte años no terminará de desarrollarse; y en el inferior, que es nuestro cerebro primitivo también llamado cerebro reptil se encuentra la amígdala, pequeñita como una almendra pero realmente poderosa, encargada de actuar sin pensar en situaciones de peligro, pero también en situaciones de gran estrés emocional (especialmente ante la ira y el miedo). Y simplemente secuestra al cerebro superior (ya sabéis, el “racional” y el que además está en “obras”) dejándolo sin voz ni voto.

Por tanto, en este estado de “pérdida de papeles” (que también puede ocurrirnos a los adultos como seguro que has experimentado en más de una ocasión)  el niño puede dar patadas, arañar, morder, tirar cosas, darse golpes a sí mismo, gritar…, y lo único que podemos hacer  en ese momento es ayudarle a calmarse. Olvídate de tratar de razonar hasta que no haya vuelto la calma

Por supuesto, como dice Daniel Siegel en su libro “El cerebro del niño”, también pueden darse las rabietas del cerebro superior. Y esas son las que el niño hace de forma totalmente consciente para lograr un objetivo. Aprender a distinguirlas es fundamental, pues en este caso habremos de actuar con firmeza y claridad sobre lo que está permitido y lo que no. En pocas palabras, si puede pararla si quiere, es una rabieta del cerebro superior.

¿Por qué entramos en una lucha de poder?

  • Neuronas espejo

Las neuronas espejo son un reciente descubrimiento (alrededor de los años 90) y entre otras funciones son las responsables del contagio emocional.

¿Te has preguntado alguna vez por qué acabas de mal humor cuando estabas tan content@, solo porque otra persona a tu lado se sentía así? Pues esta es la razón, tus neuronas espejo (que Siegel apunta a que podrían llamarse neuronas esponja) han “copiado” su emoción.

Comprender esto es muy valioso. Porque tanto en una dirección como en otra (de ti hacia el niño, o del niño hacia ti) puedes hacer grandes cambios.

De ti hacia el niño

Incluso cuando los niños son muy pequeños, nuestros hijos pueden percibir nuestros sentimientos de pavor o angustia o ineptitud, aún cuanto no nos demos cuenta de que los experimentamos. Y cuando un padre o una madre está alterado, es muy difícil que un niño esté tranquilo y feliz.

El cerebro del niño por Daniel Siegel y Tina Payne

Por lo tanto, cuidar de ti, aprender a manejar tus pensamientos, sanar tus recuerdos, buscar tu tranquilidad y tu calma, aprender a ser auto-compasivo y amable contigo… redundará seguro segurísimo en el bienestar de tus hijos (y de todos los demás que estén a tu alrededor)

Del niño hacia ti

Igualmente en esta dirección si tu hijo está muy alterado y “copias” sus emociones, es seguro que comenzará una lucha de poder. Usa este conocimiento a tu favor y en un esfuerzo importante (que no vamos a negar que así es) potencia otras emociones que hagan que el niño las copie sin darse ni cuenta.

¿Complicado? Sí. ¿Posible? También.

Y de resultados casi mágicos.

  • Creencias equivocadas con respecto al porqué de las rabietas

“Este se me quiere subir a la chepa”

“Cree que puede más que yo”

Este tipo de creencias y otras parecidas alientan la lucha de poder; nos llevan a querer ganar. Y lo malo de querer ganar es que alguien pierde.

¿Por qué no sustituir esto por una situación diferente? ¿Por qué no ganarnos al niño? Así, nadie pierde, así nos centramos en enseñar habilidades y fortalecemos/mejoramos capacidades; así construimos.

  • No ver más allá del comportamiento

El comportamiento es tan solo la respuesta o solución inconsciente que busca el niño al problema real. Y ese problema real es el que no estamos viendo. ¡Fíjate! ¿Qué ha ocurrido antes de esa rabieta? ¿Qué pudo desencadenarla? ¿Necesita tu hijo un mejor manejo emocional? ¿Le está ocurriendo algo? ¿Hay alguna creencia equivocada que le esté llevando a buscar el sentimiento de pertenencia de esta forma? ¿Es su carácter o sus peculiaridades y necesita ayuda en ese sentido?…

En disciplina positiva vemos esto como un iceberg. Ya sabéis que del iceberg, en la superficie, apenas se ve una pequeña parte; que bajo el agua helada está la mayor parte de su masa. Pues igual pasa con el comportamiento, que es solo esa pequeña parte que se ve. El resto, el por qué, está dentro, y es realmente donde tenemos que adentrarnos para ser efectivos y darle al niño lo que realmente necesita.

¿Qué hacer ante una rabieta? Herramientas:

Algunas de las cosas que podemos hacer son estas. Ni son todas ni probablemente te sirvan todas.

  • Convierte la búsqueda de calma en el objetivo primordial en ese momento

Fundamental absolutamente. El objetivo es buscar la calma y recomponerse. ¡Céntrate en ello!

Eso sí, no se trata de ceder al comportamiento ni de ceder a las exigencias de ese momento. Se trata de atender sus emociones, permitirle sentirlas y ofrecerle apoyo y consuelo.

  • Sentido del humor

Con algunos niños funciona tratar de hacerles reír como aquello de ¡aquí viene el monstruo de las cosquillas! o cualquier cosa que te inventes divertida. Con otros no funciona o incluso les altera más.

A mí me cuesta horrores usar esta herramienta pero da buenos resultados y estoy trabajando en ello.

  • Distraer

Señala algo, sácale del enfoque que tiene en ese momento. Puede servir en algunos casos y sobre todo en niños pequeñitos, sin embargo para otros puede ser mala idea porque no se distraen con facilidad.

  • Pedir/ofrecer un abrazo

El abrazo es un gran calmante. Un “ansiolítico” natural, jijiji.  A veces ofrecerlo ayuda al niño a relajarse si es capaz de aceptarlo entre tanta intensidad emocional. Y a veces decir: ¡necesito un abrazo en este mismo momento! puede ser también una gran herramienta. ¡Pruébalo!

  • Darnos un respiro

Si la situación te está sacando de tus casillas (la amígdala se pone en primera línea) y es posible, aléjate de la situación para respirar y volver a tu centro. Pide ayuda a otro adulto para que se encargue mientras te calmas o ve a un sitio donde no pierdas el ojo al niño/a si hablamos de un niño/a pequeño. Esto además de mejorar la situación en sí, le dará a tu hijo un ejemplo a seguir.

  • Darles un respiro

Los niños también necesitan ese tiempo. Nada de sillas de pensar, donde no se piensa nada y se sienten fatal. Mejor tiempo para relajarse haciendo algo que nos calme. Si el niño es menor de 4 años siempre acompañado de un adulto (si es mayor lo que él o ella prefieran). Incluso podéis tener un sitio especial en la casa para ir cuando tenemos un mal momento (¡ojo!, sin obligar ni enviar para castigar. Es un sitio para recuperarnos, agradable y positivo)

  • Movimiento

Parece que los estudios revelan que el movimiento de músculos grandes hace que la amígdala vuelva a su estado de tranquilidad más rápidamente, así que bailar, correr o moverse ayudan mucho. ¿Qué tal… el baile del volcán? Jijiji. ¡A soltar toda esa lava! 😉

  • Busca soluciones con el niño

Pero cuando estéis calmados, haciéndole preguntas con la intención de centrarse en qué podéis hacér, no en reprocharle.

  • Cuida de ti con mimo

Para poder cuidar de él /ella con mimo; para tener más paciencia y asumir este reto con toda la calma posible y tu cerebro racional funcionando a pleno rendimiento.

¿Qué NO hacer ante una rabieta?

  • Entrar en lucha

  • Tratar de razonar en ese momento

  • Reprochar

  • Negar la importancia de sus emociones: para él/ella es importante

  • Ridiculizarle

  • Avergonzarle

¿Cómo prevenirlas?

  • Evitando el exceso de cansancio y/o el exceso de estímulo.

  • Conociendo qué hace que el niño entre en emociones tan intensas y trabajándolo.

  • No llamando a la puerta del cerebro reptil con respuestas o lenguaje verbal inadecuado.

  • Cuidando de ti con mimo para estar transmitir tranquilidad.

RABIETAS XXL

RABIETAS XXL

Rabietas XXL

En ocasiones el carácter del niño y/o algunas peculiaridades (como las desincronías en las Altas Capacidades) hacen que las rabietas no sean hechos aislados sino frecuentes, y que las proporciones sean, como diría mi hijo mayor, épicas 😉

Cada niño nace con un estilo único para procesar la información sensorial y reaccionar al mundo que le rodea, como así demostraron la Dra. Stella Chess y el Dr. Alexander Thomas en  un estudio longitudinal de los nueve principales temperamentos en los años 60-70.

*Extraído del libro Disciplina Positiva para Preescolares de Jane Nelsen, Cheryl Erwin y Roslyn Ann Duffy

Estos nueve factores se encuentran en todos los niños en distintas proporciones, y será esto lo que forjará su personalidad y el enfoque que le dé a la vida y lo que le ocurre.

Debemos fijarnos por tanto en sus niveles de actividad, la previsibilidad o no de sus funciones biológicas(hambre, sueño…), su modo de reacción inicial ante algo nuevo, la facilidad o no para adaptarse a dichos cambios, su sensibilidad a los estímulos (ruidos, prendas, costuras, luces…), el sentido del humor, la intensidad de sus reacciones, la facilidad que posee para distraerse y finalmente la persistencia para enfrentarse a obstáculo o dificultades.

Cuando tu hijo de pronto tiene mucha hambre o un cansancio tremendo, no reacciona demasiado bien a los cambios ni se adapta rápidamente… cuando su intensidad de reacción es alta o muy alta, y el roce de la costura de los calcetines, un ruido algo desagradable o algo no le sale como esperaba, o cuando le molestan las bromas con facilidad y tiende a interpretarlas como una ofensa… es posible que las rabietas sean una constante y su tamaño e intensidad sean altas o muy altas.

 

Y he aquí mi experiencia, la que especialmente el carácter de mi hijo pequeño me ha dado. 

Lo que he aprendido (a corazón abierto)

Me he equivocado muchas veces, y me sigo equivocando, aunque bastante más de la mitad de las veces lo hago bien y eso, como dice Jane Nelsen es un buen trabajo. Al fin y al cabo tengo un gran entrenamiento y practico mucho 😉

He enfrentado sentimientos de culpa, dolor, miedo, angustia, frustración…

Ya me he enfrentado a mí misma, a mis creencias, a mis luchas… y no podéis imaginar lo que he aprendido y lo que sigo aprendiendo.

  • No te castigues

Más bien esfuérzate en aprender. Me castigué durante mucho tiempo; aún me ocurre algunas veces. No sirve de nada, o sí, sirve para que las soluciones tarden más en llegar.

  • Libérate de la culpa

busca información, aprende sobre el cerebro de tu hijo, sobre sus particularidades; conoce su carácter y dedícate a construir; no a destruirte. Aprende para ello a manejar tus pensamientos y entiende que lo que piensas es sumamente importante para mejorar tu relación contigo mism@ y para lograr la mejor de las educaciones conscientes. Yo he mejorado grandemente en este sentido pero sigo trabajando en ello día a día.

  • Deshazte de las creencias que te llevan a creer que error es igual a fracaso,

O que no estás dando la talla como madre, que una equivocación te llevará al desastre. Nos han enseñado a buscar la perfección, y aunque estoy de acuerdo en perseguir y lograr la excelencia, no lo estoy con lograr la perfección. En la excelencia tratas de hacer las cosas lo mejor posible y te afanas por aprender de tus equivocaciones considerándolas escalones en los que apoyarte para aprender y subir al siguiente nivel; el perfeccionismo sin embargo te lleva a castigarte y dañarte cuando cometes un error, te lleva a creer que no tienes derecho a equivocarte, que hay algo que está mal en ti, que no cumples con las expectativas.

  • Practica las nuevas herramientas basadas en el respeto mutuo

Y céntrate en el objetivo de aprovechar este reto para ofrecerle valores y habilidades.

 

Educar es sumamente complicado y agotador en muchas ocasiones. Con estas características hay momentos realmente duros. No te hagas daño, no estás afrontando una situación fácil, es de hecho muy difícil a veces. Céntrate en aprender, crear, construir y fortalecer la compasión y la amabilidad contigo misma y con tu entorno.

No estarías ahí si no fueses capaz de hacerlo, si no tuvieses la gran fortaleza (que quizás aún no conozcas, pero que estoy segura de que ahí está) para aprovechar todo esto como empuje hacia una educación que aporte a tus hijos habilidades increíbles.

No estarías aquí, leyendo hasta el final, si no fueses un buscador o buscadora en pro de lograr cada vez más y mejor.

Ana I. Fraga

Imagen del artículo propiedad de ©Lucas Domínguez Fraga

Las etiquetas ¡sólo para la ropa!

Las etiquetas ¡sólo para la ropa!

Las etiquetas ¡sólo para la ropa!

Entendemos por etiquetar a alguien el hecho de colgarle adjetivos en forma de sentencia como por ejemplo:

“Eres un niño malo”

“¡Qué desastre eres!”

“Juan es un egoísta”

“María es una pegona”

Está claro que es una forma en la que tratamos de identificar algunos comportamientos y hasta es posible que la voluntad al ponerlos sea la de buscar que el niño o niña cambien esa actitud, pero no es una forma adecuada de hacerlo.

¿Por qué etiquetar no es positivo?

  • Porque “encierras” al niño en ese comportamiento: se convierte en una sentencia. Si soy el pegón pues mi función es pegar, y de algún modo se produce una profecía autocumplida.

 

  • Porque el resto de los niños, de la familia, del entorno… ya lo verán así y actuarán por tanto esperando constantemente eso, lo que no facilitará ofrecerle la confianza necesaria para un cambio y es posible que ante la mínima duda le adjudiquen el problema a él. No es la primera vez que me cuentan que se acusó a un niño de pegar a otro incluso estando dicho niño ausente; se daba por sentado que si había habido una situación de conflicto, dicho niño estaría involucrado y habría sido el provocador.

 

Esencialmente las etiquetas son como cárceles que destruyen la confianza del niño en sí mismo para producir un cambio.

No animan ni motivan. El niño no se cree capaz. Siente que hay algo que está mal en él.

 

¿Qué podemos hacer para evitar las etiquetas y animar a cambios positivos?

1.- Habla de su conducta, no del niño/a. Mejor decir: “No está bien pegar”, que decir: “Eres un pegón”

2.- Confía en él/ella. Está aprendiendo.No desconfíes como primera opción, dale la oportunidad de probar.

3.- Sé consciente de que su cerebro está en desarrollo.Todas esas partes de control de emociones, planificación, empatía, toma de decisiones… ¡están aún en construcción! Dale tiempo a construir

4.- Anímale. Dile que sabes que lo logrará.

5.- Dale herramientas para lograrlo.Considérate un entrenador o entrenadora de tu hij@ en habilidades para la vida: enséñale a gestionar emociones, practica la toma de decisiones, ayúdale a ponerse en el lugar del otro sin reproches, sé ejemplo, aprende sobre cómo manejar pensamientos y enséñaselo…

6.- Olvídate del reproche y la culpa.Normalmente producen barreras de comunicación y  nuestro mensaje no llega, no cala.

7.- Aprende a comunicarte con tu hij@ de forma sincera y respetuosa.Habla de lo que sientes, escucha lo que siente.

8.- Buscad soluciones conjuntamente.Si los niños forman parte de la solución es mucho más fácil que quieran ponerse a ello.

9.- Haz una zona de logros. Una cartulina, un corcho, un trocito de la pared de su habitación…  y ve poniendo todo lo que logren ahí, todo lo que consigan y avancen (fotos, dibujos, objetos, premios conseguidos…), para que crean en sí mismos, para que no haya límites a su poder personal.

10.- Deja de etiquetarte a ti mism@.Permítete la libertad de explorar lo que eres capaz de hacer, mucho más allá de lo que otros te hayan dicho que eres o de lo que tú mismo te hayas impuesto.

 

Y aquí tienes la infografía para quedarte con las ideas de un vistazo 🙂

Las etiquetas ¡sólo para la ropa!

ideas-para-no-etiquetar

Cada vez me doy más cuenta de que nuestro ritmo de vida, querer avanzar rápido y que todo lo que está a nuestro alrededor nos siga, solo nos hace más infelices a nosotros y al resto. Detente, yo paro.

Y cada vez recomiendo a más a las familias que se permitan tomarse su tiempo.

No es necesario responder en cuanto te hacen una pregunta, dar en cuanto te piden, hacer en cuanto te solicitan… es más, si no lo haces y dices “espera que me lo pienso”, “voy a pensar en ello”, “luego te doy una respuesta”… puedes encontrar mejores opciones.

Quiero poneros ejemplos diarios donde esperar, parar y tomarte tu tiempo es la mejor de las opciones:

  • “¿Mamá por qué papá no me lleva al colegio por las mañanas?”, “¿Papá por qué no veo la luna?”, … Familia es el momento de NO RESPONDER. Difícil porque somos los padres y madres los que ante una pregunta nuestras neuronas comienzan a funcionar a toda velocidad para encontrar una respuesta que se adecue al entendimiento del pequeño. Pues no, no respondas, le dices “¿Tú por qué crees cielo?”. Dale la oportunidad de encontrar una respuesta, una idea que se acerque a la verdad, una oportunidad de aumentar su autoestima y capacidad de reflexión.
  • “Mamá ¿Me puedes poner los calcetines?”, “Papá ¿me atas los zapatos?”, “Mamá ¿Me das la cremallera?”… DETENTE. Los padres y madres somos los que vamos rápidamente a solventar estas dificultades a nuestros hijos, pero les evitamos un aprendizaje. Ofréceles un voto de confianza: “Confío en que si lo intentas puedas llegar ha hacerlo tu solo, veamos”.
  • En el parque mientras los pequeños trepan, suben, … siempre recomiendo estar cerca, con las manos en el aire pero cerca de ellos, diciendo “confío que puedas hacerlo” y si no es así te puedo sostener pero no te elevo, te agarro, te subo,…
  • En las tareas normales, en clase o en casa, metiendo objetos, colocando figuras, … NO AVANCES soluciones, no des pistas, no susurres opciones. Confía en que ellos puedan aprender, buscar alternativas, tantear opciones y aprender por sí mismos, aunque tarden más, por que su desarrollo neuronal está siendo más intenso y fructífero que dar respuestas o pistas.

¿Por qué no nos paramos y observamos?, es mucho mejor que hablar e interceder.

Observarás los modos que tienen de investigar y averiguar opciones, cómo sus errores llevan a posibles alternativas, cómo los traspiés son aceptados y esto lleva a la persistencia, atención, curiosidad y perseverancia.

Familias y educadores: Cuando intervenimos, y no permitimos que ellos hagan, estamos privándoles de muchos valores, aprendizajes y habilidades.

Sé un capacitador no un rescatador.

Y sobretodo para y date tiempo no te apresures, no es necesario, ellos te lo agradecerán.

Irene Iglesias Ruiz

Detente, yo paro

Detente, yo paro

¡Espacio para el aburrimiento y las trastadas por favor!

¡Espacio para el aburrimiento y las trastadas por favor!

Cuando yo era pequeña jugaba en la calle. Mi madre siempre tuvo tienda, concretamente una tienda de ropa, y para mí esa fue mi casa durante muchos años. Allí llegaba después del cole, allí merendaba, allí hacía los deberes y en ese barrio tenía a mis amigos. Amigos de esos de pandilla, con los que vas creciendo, a los que vas a “picar” al timbre todos los días cuando terminas la tarea.

Seguro que muchos de vosotros también vivisteis algo parecido.

Y cuando salías a la calle (con muchos menos coches que ahora, eso sí), tu madre se asomaba alguna que otra vez y ya estaba, eso era todo. Y nosotros trepábamos por los árboles, jugábamos a la maza o a los superhéroes, montábamos en bici o sacábamos los patines. Y otras veces, muchas… nos sentábamos a decidir a qué jugábamos porque estábamos super aburridos y cansados de hacer siempre lo mismo. Y mientras decidíamos, o nos aburríamos como marmotas gestábamos cosas de las que entonces no tenía ni idea: aprendizaje en la toma de decisiones, negociación (porque a veces para que fuese tu idea la que se hiciese tenías que convencer con todos tus argumentos a los demás), resolución de conflictos (que no siempre estábamos de acuerdo y se podía liar alguna), amistad y tantas otras cosas…

 

¡Espacio para el aburrimiento y las trastadas por favor!

¡Espacio para el aburrimiento y las trastadas por favor!

 

Y de esos momentos de profundo aburrimiento casi siempre salían grandes ideas, y si no salía nada (que también pasaba a veces) salían conversaciones, ratos muertos sin hacer… Ratos que nos enseñaron que no hacer nada también forma parte de la vida, que no siempre tenemos que estar entretenidos o estimulados, y que aburrirse, también es importante, porque aburrirse también enseña muchas cosas.

 

¿Y que me decís de las trastadas? Uffffff, yo no es que fuese de hacer muchas… pero vivir aventuras siempre trae alguna que otra travesura 😉 y yo sí que era de las que vivían aventuras. Me chiflaban los Cinco, ¿os acordáis de los Cinco? Así que veía misterios en todas partes, y por supuesto había que investigarlos.

 

¿Tienen nuestros hijos espacio para las trastadas, para las travesuras, para poner en marcha su imaginación? ¿Hay demasiada vigilancia/control por nuestra parte? ¿Permitimos que también se aburran y aprendan qué hacer con eso?

 

¿Cómo de importante es para vosotros esto? Y si lo es… ¿Qué podríais hacer para lograrlo?

 

¡¡Disfrutad de las vacaciones!! o lo que es lo mismo: vivid aventuras, otead misterios, salid a la calle, compartid, no hagáis nada algunos ratos, ensuciaos y divertíos  🙂

Ana Isabel Fraga.