Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
ya sabes lo que tienes que hacer

De la película “Si te pegan, tú pega” (artículo mío de hace tiempo), llega… “Pues ya sabes lo que tienes que hacer…no dejarle más tus juguetes”. 

Cuando estamos con niños/as, ya sea en el parque, en el aula, en el recreo, con amigos o familiares… y vemos que a nuestro hijo/a no le dejan juguetes mientras que el nuestro/a ha ido prestando alguno, pues nos sentimos dolidos y empatizamos rápidamente con el dolor de nuestro pequeño/a cuando viene y nos dice “Mamá/papá Pedro no me quiere dejar su camión”, entonces muy molestos nos ponemos el disfraz de padre/madre RESCATADOR y le indicamos lo que tiene que hacer: “Pues ya sabes lo que tienes que hacer, no prestarle más tus juguetes”.

Si tu en alguna ocasión has reaccionado así, vamos a pararnos un momento en esta afirmación que damos:

¿estas enseñando alguna habilidad al niño/a?

¿Les estás indicando cómo puede manejarse en situaciones así cuando tú no estés?

¿Compartes con él/ella algún valor de los que sí quieres transmitirle?

¿Le estás empoderando?

  • NO –

Lamentablemente estas afirmaciones solo sirven para:

  • Enseñar al niño que no debe prestar si no recibe  nada a cambio
  • Que…
  • no sirven de nada los valores de altruismo y generosidad
  • siempre ha de acudir a un adulto para resolver sus propios problemas
  • no confiamos en que pueda resolverlo él solito
  • los niños/as que no prestan son en realidad malos

Yo no quiero estos aprendizajes, ¿y tú?.

Humildemente y desde el enfoque de una educación democrática que busca enfocarse en soluciones y formar a los niños/as en habilidades para la vida, te propongo:

  • Escucharle atentamente y empatizar con frases como: “ te entiendo”.
  • Fomentar que empalice con los sentimientos ajenos: “¿tú por qué crees que no te lo presta?, claro a ti te podría pasar igual en otra ocasión”.
  • Hacerle preguntas de curiosidad: ¿Qué se te ocurre que puedes hacer?
  • Explicarle cómo son las cosas: “nosotros preguntamos con educación si nos prestan las cosas con frases como “por favor” y la otra persona puede hacer dos cosas: o dejármelo o no hacerlo; y debo aceptarlo, aunque sé que es fastidioso que me lo nieguen.
  • Indagar en los sentimientos que genera prestar algo propio: “cuando un amigo tuyo quiere algo y te lo pide, como se sentirá si no se lo dejas, y como se sentirá si sí se lo dejas. Está en nuestra mano generar buenos sentimientos y hacer felices a los demás”.
  • Enseñar que no hay que dejar todo lo que nos pidan, habrá juguetes y objetos que no queramos compartir y eso es respetuoso, pero hay otros que sí podamos prestar. Hay que huir de los extremos: ni prestarlo todo por que hay que ser generoso, ni no prestar nada para que no abusen de nosotros. Hay que enseñar a los niños a intentar compartir cuando así lo deseen y ser asertivos cuando no deseen compartir algo.
  • Enseñar frases asertivas: cuando algo no lo quieran dejar, se puede enseñar a los niños a dar respuestas asertivas porque así nos hacemos explicar, y nos entienden mejor, por ejemplo: “no te lo dejo porque ahora quiero jugar yo”, “cuando no juegue con ello te lo puedo dejar”, “esta tarde me apetece a mi jugar con ello”, …

Desmárcate de lo que hagan los demás, no enseñes a tus hijos a seguir la manada, sino a pensar, y ser consecuente con lo que ellos desean pero siempre desde el respeto y la asertividad. Y esto solo se consigue si lo ven, si tú como adulto lo practicas y lo enseñas.

ya sabes lo que tienes que  hacer

ya sabes lo que tienes que hacer

Irene Iglesias Ruiz

motivos comportamiento

Desde hace un mes, mi hija llegaba a casa más o menos de buen humor y en cuanto entraba, se ponía a llorar y se tiraba al suelo.

Todo lo que le pedía era un drama: lavarse las manos, sacudirse las piedrecitas de dentro de las zapatillas de deporte, sentarse a comer…

Entre lagrimas, cada día, me refería varias cosas: que no quería, que estaba cansada, que no le gustaba la comida…Día tras día. Yo pensaba que era el inicio del curso escolar y después que estaba muy cansada pero lo cierto es que no acertaba ni a comprenderlo ni a responder de manera adecuada.

Hace unos días mi hija llegó del cole y se fue directamente a jugar. Yo mientras tanto, puse la mesa y serví la comida y de pronto cuando ella vio su plato en la mesa (eran lentejas y le encantan) se tiró al suelo y se puso a llorar desconsoladamente. Entonces, cogí aire (se estaba convirtiendo en una rutina diaria), me acerqué y la cogí en brazos todo lo amorosamente que pude y sin hablar. Solo la acariciaba. Ella se acomodó, y entre lagrimas balbuceaba que NO LE DEJABA JUGAR. Y se me encendió la bombilla.

motivos comportamiento

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Me acordé de mi necesidad de respirar y sentirme libre un rato todos los días.

La seguí acariciando para que se calmara y poco a poco me fue contando que se agobiaba cuando veía su plato servido porque sabía que tenía que sentarse y ella quería jugar un rato. Esta era su lógica privada (concepto que aprendí en disciplina positiva y del que ya os hablé en este artículo). Ella tenía sus motivos para sentirse mal, pero  poca madurez (no ha cumplido los cuatro años) para entender su malestar y sobretodo verbalizarlo sin llantos, ni pataletas.

Y le dije que por fin la había entendido.

Le pregunté si ella quería jugar un rato antes de almorzar todos los días y respondió con una sonrisa y un amplio SI. También me preguntó que si su comida se enfriaba si se la volvería a calentar. “Claro preciosa”, respondí.

No sé si os pasado alguna vez, pero yo, cuando llego a casa muy cansada o saturada sería incapaz de ponerme a cenar o de irme a la cama directamente. Mi cabeza necesita desconectar. Dejar de hacer cosas por obligación. Los horribilis “tengo que” cambiarlos por “quiero hacer” y dejar que mi mente se vaya aligerando. ¿Os resulta familiar?

Ayer lo hicimos así por primera vez y fue notable el cambio de comportamiento. En el coche, cuando volvíamos, le recordé que al llegar a casa podría jugar un ratito y cuando quisiera ( supongo que esto es lo más importante porque ella sabrá mejor que nadie cuando se siente más calmada) que se sentase a comer. También le recordé que después tenía ballet y que si yo notaba que se hacía tarde, la avisaría para que le diera tiempo a comer y se mostró conforme.

Lo cierto es que no hizo falta. Estuvo jugando unos quince minutos y después salió de su habitación, miró su plato, dijo “qué rico” y almorzamos.

Sé que no nos han enseñado a tener en cuenta a los niños. Esto yo lo he aprendido por el camino. Pero tiene toda la lógica del mundo. Si los observamos y nos centramos en lo importante sabremos qué necesitan y por lo tanto responderemos con mayor eficacia y satisfacción personal de saber que estamos haciendo lo correcto.

Un abrazo.

Doris Marrero  http://www.familiaspositivas.com/

Ahora que se acerca el final de curso, es una frase que se escucha bastante para justificar las malas notas. Es que no hace nada, no estudia, no se pone, ni siquiera se sienta a estudiar si no amenazas o castigas primero… Y casi siempre termina con un… ¡es que es un vago!

Con toda nuestra buena intención y queriendo comprender qué puede pasar por esa cabecita para no hacer un mínimo esfuerzo por su futuro, le estamos dando la excusa perfecta para ni siquiera intentarlo.

Porque ¿qué hacen los vagos? Desde luego, no responsabilizarse de sus tareas y ponerse a estudiar por ellos mismos. No van a esforzarse, ni van a ser autónomos, limpios y ordenados en lo que se supone que se espera de ellos. No, eso lo hacen los niños responsables, pero no los vagos. Y el que tenemos nosotros es vago, así que no le toca.

Pero, ¿realmente es así? ¿nuestro hijo es vago y ya no hay nada más que hacer para que le vaya bien en los estudios? Pues podemos quedarnos tranquilos porque se puede salir de ahí.

Primero dejando de decir que es vago, porque no lo es. Solo está desmotivado y no le apetece estudiar. De cierta forma es normal. La forma en que están organizadas las materias, los contenidos, la metodología utilizada y la conexión que tiene con los intereses reales de los chavales hace que se desganen fácilmente.

Para que tengan ganas de estudiar necesitan algo estimulante, algo que les interese, bien por el tema, bien por la forma en que se explica el profesor, bien porque el profesor les cae bien y no quieren defraudarlo, necesitan algo que les motive a coger un libro.

Porque si somos sinceros, la diferencia entre el clima oceánico y el continental o la resolución de una integral, para un adolescente no es un tema vital.

vago

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Y el cerebro desecha la información que no resulta útil, importante o necesaria. Toda esa información que por obligación se pasan leyendo toda la tarde, al día siguiente desaparece de su cerebro como si se la llevase el agua de la ducha. Necesitan una forma de estudiar que les resulte atractiva e interesante y que no sientan que están perdiendo su tiempo.

Pero lo más importante es el contenido de la afirmación “eres un vago”. Es una etiqueta que llega a su identidad, le estamos diciendo que es así, igual que es alto, o bajo, y eso supone que poco podrá hacer para cambiarlo. Cuando no es así en absoluto.

La diferencia entre lo que eres y lo que haces determina enormemente la actitud con la que nos enfrentemos a ello. Si soy un vago no hay nada que hacer, pero si me comporto como un vago, siempre tengo la opción de comportarme de otra manera.

Además, le transmitimos la idea de que no vale la pena intentarlo porque no lo va a conseguir, ya tiene el fracaso garantizado (porque ya sabemos que no va a esforzarse lo suficiente para que salga bien) y por lo tanto, ¿para qué va a perder el tiempo en intentarlo?

Entonces, ¿qué necesita para cambiar sus hábitos? Necesita confianza, que creamos en él. Es cierto que como padres, se las tenemos guardadas todas las veces que intentamos confirmar en él y no lo logró. Si tiramos la toalla y le damos por caso perdido, no se va a sentir más motivado. Además de la confianza, es posible que necesite aprender una nueva forma de estudiar, que le resulte más asequible y que le permita tomar las riendas de sus estudios y ver cómo puede enfrentarse a su curso, pero desde la responsabilidad, la de él, no la de los padres.

Es posible que lo intente y no lo consiga (no tiene mucho hábito en conseguir buenos resultados) pero es más importante fomentar el esfuerzo, y reconocer el trabajo que sí hace, que quejarnos porque los resultados no hayan sido los deseados. Desde luego la queja sí que no motiva y no predispone a mejorar.

Resetear, cederle la responsabilidad de sus decisiones, confiar en él (también cuando se equivoca) y motivarle. Esos son los ingredientes principales de la receta mágica.

Ana Couto. www.anacoutocoaching.com

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

 

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

Mis tres hijos aun son pequeños y no han llegado a esta etapa de la vida, pero trabajo en un instituto y convivo con ellos a diario. Por eso observo, reflexiono, trabajo con ellos y veo los errores que los adultos cometemos en el trato diario con la adolescencia.

Y ahora pensareis  “Yaaaa,  pero ellos también cometen muchos errores ¿y entonces? Sí, claro que sí, pero ellos están en un proceso fundamental de aprendizaje, de desarrollo, de ser la persona que llegarán a ser, como podríamos decir “están aun en el horno”, por eso es normal que “saquen los pies del tiesto”, y es ahí donde

el adulto (ya sea como madre, padre, profesor…) ha de intentar mejorar la relación con ellos, modelar su propia conducta para ser un referente para ellos y obtener mejor ambiente.

No quiero enrollarme con los motivos neurológicos que hacen que el adolescente reaccione como lo hace, por que sería largo, pero nuestro hijo/a o alumno/a adolescente no es un extraterrestre sino un joven que está pasando por un proceso de desarrollo orgánico, mental, emocional… y todo tiene una explicación científica  o ambiental para sus conductas o reacciones. Sin entrar entonces en la explicación neurológica veamos ejemplos para analizar los errores nuestros como adultos y en su posible mejora de estrategia:

Están en casa y ponen los pies sobre el sofá o la mesa auxiliar cuando saben que no pueden, o están en clase y todos estamos ya corrigiendo el ejercicio y este alumno/a no ha sacado el libro. Entonces nos ponemos firmes y decimos “Haz el favor de sacar el libro que ya estamos corrigiendo y tú no has sacado nada”, “Otra vez con los pies en el sofá ¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo hagas? , que es nuevo, ¡baja los pies ya!”. Ante esto tenemos una respuesta de defensa, con voz alta, luchas de poder, mensajes donde hay un “siempre” o un “nunca” (“siempre estas igual” por ejemplo). CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

¡Adulto para y utiliza otra expresión!

    • Comienza diciendo: “Tenemos un problema y necesito poder solucionarlo”. Así le haces ver que esta situación no es un problema tuyo como adulto sino que suyo también y agradeces su aportación. Si estas en el aula habla con el joven en privado sobre ello, no dejándole en evidencia delante del grupo-clase.
    • Nos incluimos en el mismo barco. ¿La empatía, colaboración y asertividad se consiguen mediante la imposición, ejerciendo autoritarismo, cediendo, complaciendo? no, la podemos desarrollar si me implico y a la vez implico al otro, ofreciendo mi ayuda y agradeciéndole la suya, como un equipo que funciona si todos reman y aportan.
    • Antes de hablar o decir algo reconoce que estas enfadado por lo que está haciendo, el joven tiene que aprender algo (no pisar la mesa o el sofá o a sacar el material al tiempo…) y el aprendizaje de algo se hace con paciencia, respeto e implicación, nunca con sermones, gritos, faltas de respeto… Nunca con mensajes de acusación, de amenazas, de ataque, sino con mensajes de “vamos a ver este problema como lo solucionamos”. Se trata de no paralizarnos por el error sino de ir más allá, y verlo como una fuente de discusión que debe de ser enfrentada con visión de futuro, es decir, con propuestas de ver opciones.
    • Habla de cómo te hace sentir esa situación. El joven no es capaz de analizar tu punto de vista. Si no se lo haces ver no será capaz de decir cosas como: “pero bueno como no me doy cuenta del sofá, no puedo volver a poner los pies, que mi madre me lo recuerda siempre y se agota de repetírmelo” o “vaya a este profesor le estoy alterando la clase al no sacar mis libros, no es justo que le haga sentir así”. Ellos no llegan a estas conclusiones por ellos mismos porque la empatía se encuentra en la zona prefrontal del cerebro, zona aún en construcción en esta época. Así primero explícale cómo te sientes, o cómo te hacen sentir sus acciones o palabras para que se percate de ello.
    • Calmarme. Si yo como padre/madre reacciono con explosión, alterada, gritando… ¿qué está aprendiendo?. Los chavales aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan, así que da ejemplo. Puedes decir: “no me gusta nada lo que estoy viendo, voy a calmarme antes de gritar o decir algo que no sea educado”, “Fulanito, llevo un rato viéndote sin sacar el material, me encantará hablar contigo del problema que pueda haber antes de tener que llegar a que la situación sea más difícil de solucionar” (Esto siempre en privado o en bajo, de tú a tú).

No des las cosas por sentado, no digas que ya lo saben, que es predicar en el desierto o que te toman el pelo. Adulto (padre/madre/profesor) mira con otro prisma la realidad, somos ejemplos y debemos modelar así que primero llega a la calma y luego utiliza estrategias que generen habilidades no estrategias que generen miedo, revancha, enfado, ira y alejamiento emocional.

IRENE IGLESIAS RUIZ     CONVIVIR CON UN ADOLESCENTE

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Desde hace unas semanas mi hija, de casi cuatro años, me regalaba un “mala” o un “fea” sin motivo aparente. En ocasiones incluso, tras darle los buenos días por la mañana. No es que fuera todo el tiempo pero sí lo hizo muchas veces (demasiadas, pensaba yo).

Haciéndome sentir cada día peor.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Mi reacción desde el principio fue en modo madre, no como educadora. Cómo me dolía lo que hacía, se lo hacía saber. “Laia, me haces daño cuando me dices esto. ¿Por qué me lo dices?” Así una y otra vez, cambiando las palabras pero más o menos con la misma intención. Desde el principio supe que no era efectivo hacerlo así. Pero era mi reacción automática. Estaba dolida porque había elegido trabajar menos fuera de casa para pasar las tardes con ella: la llevo a las actividades, al parque, me ocupo de sus cosas, de hacer comidas nuevas y más variadas, sorprenderla con nuevos sabores en los bocadillos o comprar unas galletas con sus dibujos animados favoritos. Y aun así, seguía siendo mala. ¿Os suena?

Todas las noches pensaba que no estaba abordando bien la situación.

Y sabía que:

  • Era una situación normal en niños de esta edad.
  • Si algo de lo que hacía para atajarlo no funcionaba, debía cambiarlo.
  • Lo estaba tomando como algo personal. Y aunque sí que lo es, desde el punto de vista de que me decía mala a mi y a nadie más, en el fondo lo importante es lo que había detrás de esas palabras. Un malestar que mi hija, por inmadurez emocional no era capaz de traducir y le salía por la boca en forma de esas palabras.
  • Tenía que pensar desde fuera. Sin involucrarme emocionalmente.
  • Me convencí de que tenía que ir al fondo del asunto. Centrarme en el por qué lo hace y no en lo que hace.
  • Según la Tabla de las Metas Equivocadas de Disciplina Positiva, si nuestro hijo nos hiere con su actitud, es que se siente herido por nosotros. Revisé entonces como transcurría cada día y me di cuenta que habían aumentado considerablemente los noes y las insistencias por mi parte para que hiciera sus cosas. Fui consciente también que llevo peor que  la casa se ensucie, porque ahora he vuelto a ocuparme yo de esto y lo que antes me daba igual ahora no tanto.  Mi paciencia había disminuido considerablemente desde que había decidido trabajar menos fuera de casa y han aumentado mis labores domésticas.

Y esto fue lo que hice:

  • Primero, decidí ver cómo podía aumentar mi paciencia: tenía que elegir entre la casa limpia o mi hija más feliz así que sin dudarlo me he impuesto “dejar pasar ciertas cosas” .Como por ejemplo que para ponerse los zapatos apoye su manita en el espejo de la entrada. Deje sin tirar la cisterna. O que se le caiga comida al suelo cuando come. Me recuerdo que todo esto es temporal y que luego echaré de menos sus huellas en el espejo, la muñeca en el sillón, o las pinzas del pelo esparcidas por lo lugares más remotos de la casa. También he decidido que la casa tendrá sus días y horarios y fuera de ahí limpiaré lo urgente pero no dejaré que me obsesione.
  • La segunda medida que adopté fue rebajar mi nivel de exigencia hacia ella. Cada vez que me iba a salir un recordatorio de algo pensaba primero si era lo más importante. En definitiva, elegí mis batallas. Solo me iba a ocupar de lo más importante e iba a permitir que mi hija se sintiese más relajada y a gusto en casa. Una idea valiosísima que aprendí en una de mis formaciones como Coach de Familia.
  • Y la tercera: cada vez que me decía mala tonta me convertía en la Bruja Piruja que hace cosquillas. Busqué la forma de hacerla reír en cada ocasión.

RESULTADO: Desde que introduje estos cambios este fin de semana, se han reducido drásticamente las veces en las que mi hija se ha dirigido a mí en esos términos. Y lo mejor incluso, es que cuando lo ha hecho, rectifica sobre la marcha diciendo, “Nooo, mamá linda”.

 Así que os dejo aquí mis reflexiones:

  • “En casa de herrero, cuchillo de palo”. Por muy educadora de familias que sea y por muchos talleres que haya impartido cuando soy madre también me sale el resorte automático. Igual que a ti.
  • El tener herramientas educativas me sirve para poder evaluar la situación y probar cosas nuevas.
  • La Disciplina Positiva te hace llegar a los niños de forma inmediata de forma respetuosa. Al centrarme en el porqué de su conducta, descubro una necesidad que mi hija tiene insatisfecha, como la necesidad de tener más poder sobre sus actos y sentirse menos encorsetada con mis demandas. Mi cambio de actitud aborda esta necesidad y como consecuencia la acción recriminada deja de aparecer.

Así que una vez más, comparto mi experiencia para animaros a dejar de pensar que vosotros no podéis. Que no tenéis paciencia. O que seguro que mi hija es más fácil.  Es cierto, que cada uno tiene sus circunstancias personales, familiares, laborales etc… pero cuando te centras y tomas conciencia de que tus hijos son lo más importante que tienes entre manos, aprendes a priorizar y poner tus energías donde más lo necesites.

Doris Marrero

www.FamiliasPositivas.com

¿SE PUEDE EDUCAR SIN AUTORITARISMO NI PERMISIVIDAD?

¿SE PUEDE EDUCAR SIN AUTORITARISMO NI PERMISIVIDAD?

Estamos cansados de escuchar que los niños no vienen con manual de instrucciones, es curioso observar, cómo desde el momento en que sabemos que vamos a ser padres nos afanamos en recopilar información referente a este gran acontecimiento en nuestras vidas, de este modo libros de pediatras, psicólogos u otros profesionales se convierten en nuestra inspiración.

No hay ninguna duda de que queremos ser los mejores padres,

queremos ser respetuosos,  pero a la hora de la verdad cuando nos enfrentamos a nuestro día a día, a una situación delicada o tensa, finalmente salta el automático que está directamente conectado con nuestros instintos o necesidades y brotan desmesuradamente nuestras emociones más primitivas, terminamos desconectando de nosotros mismos y olvidando a quien tenemos enfrente y surgen los gritos, las amenazas, los chantajes, los castigos.

También estamos cansados de escuchar que antes la educación funcionaba con otros métodos y no se entiende porqué ahora no funcionan, pues es bien sencillo, los adultos ya no damos ejemplo de sumisión o disciplina y por otro lado tampoco proporcionamos a los niños ocasiones de aprender responsabilidades o motivación.

Para la gestión de los cambios, no sólo es suficiente con “el querer”, este está directamente relacionado con “el creer”, pero para poder querer y creer se requiere de una fuerza mayor y esta depende de la lucha que mantenemos con nuestro tirano interior, ese que  alimentamos de automatismos, de creencias y de memoria emocional.

Se requiere pues, no sólo de una caja de herramientas  o de pautas que nos ayuden al cambio en nuestra forma de educar, se requiere también de un desbloqueo, un insight o descubrimiento, la DISCIPLINA POSITIVA nos ayuda a esto.

La DISCIPLINA POSITIVA tiene su origen en la psicología individual de Alfred Adler, médico y psiquiatra austriaco, coetáneo de Freud, que estudió el comportamiento humano, Adler comprendió la importancia de mantener la dignidad y respeto por todas las personas y por supuesto a los niños.

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Discípulo de Adler fue Rudolf Dreikurs que escribió un sin número de libros destinados a padres y educadores.

Los puntos básicos de la Teoría de ADLER son:

    • Todo comportamiento tiene una intención
    • La meta de ese comportamiento es la pertenencia (conexión) y la significancia (importancia)
    • El mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograr conexión y significancia

LAS CUATRO METAS EQUIVOCADAS DEL COMPORTAMIENTO SON:

Tabla metas equivocadas

Es decir la atención y el poder les ayudará a alcanzar ese sentido al que todo ser humano aspira que es el de pertenencia y significancia.

La venganza les dará satisfacción a cambio del dolor que experimentan por no sentir que pertenecen o no son importantes.

Y cuando creen que no son adecuados, se dan por vencidos y asumen la incapacidad.

 

Las claves para detectar esas metas que se manifiestan a través de los comportamientos inadecuados, van a ser los propios sentimientos de reacción del adulto, eso será fundamental para saber descifrar la meta que el niño persigue tras su comportamiento.

 

En realidad hay  muchos padres y docentes con conocimientos insuficientes sobre el comportamiento infantil y sobre el desarrollo de los niños, tratando finalmente como malas conductas a conductas cronológicamente adecuadas para la edad del niño.

CONCEPTOS BÁSICOS DE DISCIPLINA POSITIVA

        • Los niños son seres sociales

El comportamiento se determina dentro de un contexto social, los niños adoptan decisiones sobre si mismos, sobre los demás y sobre la manera de comportarse, basándose en cómo se ven ellos en relación a los demás y lo que creen que los demás sienten hacia él.

Observan                     Piensan                     Sienten                     Deciden

          • El comportamiento está orientado a metas.

El comportamiento tiene un propósito, la principal meta es la de pertenencia y significancia, el mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograrlo, Dreikurs explica que los niños son buenos observadores pero muy malos interpretando.
Cuando un bebé no tiene una necesidad cubierta ¿qué hace para hacértelo saber?, llora
Cuando un niño o adolescente siente que esa necesidad de comprensión, de afecto, de conexión falla ¿qué hace? rabietas, rebeldía , puede en algunos casos llegar a ser violento.

Con el bebé inmediatamente intentamos averiguar cuál es la necesidad y proporcionársela, con los niños y adolescentes sólo atendemos a su conducta intentando por todos los medios sofocarla, pero no hacemos caso a la causa que provoca ese comportamiento.

El niño confunde la manera de llegar a su objetivo, por eso es tan importante analizarse como padre, madre o educador para reflexionar si nuestra conducta invita a esa creencia equivocada.

          • Adler introdujo un concepto , la responsabilidad social o sentimiento comunitario

Si no contribuimos al bienestar de los demás no alcanzamos un óptimo desarrollo emocional y mental.

          • Relaciones horizontales

Todos sin excepción tenemos derecho a dignidad y respeto.

          • Los errores son grandes oportunidades para aprender

Si un niño se somete a la humillación de la corrección de un error de manera irrespetuosa, puede no querer volver a intentarlo por temor, puede llegar a ser un adicto de la aprobación o incluso puede querer esconder la equivocación , en algunos casos con mentiras.

Animar a exponer un error y qué aprendizaje salió de eso hará que los niños se recuperen del error, se reconcilien y lo más importante se enfoque en cómo solucionarlo, trabajando conjuntamente con ellos,

          • Asegurarse de que el mensaje que quieres transmitir es entendido (primero la conexión y luego la corrección)

Teniendo en cuenta todos estos puntos se comenzaron a poner en marcha talleres de padres en EEUU y posteriormente esta metodología se extendió a varios países  incluido España, con la ayuda de estos talleres se consigue ayudar al adulto a encontrar un respetuoso equilibrio en el arte de educar, usando como herramientas la amabilidad  y la firmeza, consiguiendo así desarrollar en los niños,  habilidades sociales, emocionales y de vida.

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HERRAMIENTAS QUE PROPORCIONA

LA  DISCIPLINA POSITIVA

    A) Herramientas de Actitud:

        1. Los niños que se portan mal son niños desanimados. En muchos casos el mal comportamiento se debe a que el niño no se considera aceptado ni importante. Los castigos aplicados por los adultos le humillan y provocan más desaliento y, como consecuencia, mal comportamiento en el futuro.

       

        1. Los niños hacen las cosas mejor cuando se sienten mejor. No tiene sentido pensar que para que un niño se porte mejor primero hemos de hacer que con el castigo se sienta peor.

       

        1. Los errores constituyen excelentes oportunidades para aprender. Hay que ver el error o el mal comportamiento como una manera de aprender para la próxima vez.

       

        1. Trabaja para mejorar, no para alcanzar la perfección. En lugar de castigar por los errores es mejor centrarse en los pequeños avances y animar así al niño.

       

        1. Utiliza la firmeza y la amabilidad a la vez. No se trata tampoco de ser demasiado permisivos con los niños, sino que hay que ser amables y firmes a la vez (“Te quiero y la respuesta es no”).

       

        1. Céntrate en convencer al niño en vez de en ganarle. Cuando se plantea una lucha de poder y el adulto gana, el niño pierde, pero eso no le hace mejorar, simplemente le desanima.

       

        1. Céntrate en los resultados a largo plazo. Con el castigo el niño no aprende más habilidades, aprende que el que tiene más poder puede doblegar a los demás.

       

        1. Busca soluciones, no culpabilices. Culpando no se soluciona nada, son las soluciones las que hacen que mejoren las cosas.

       

        1. Comprende el significado de la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, el verdadero significado de la disciplina es el de educar.

       

        1. Trata a los niños con dignidad y respeto. De ese modo los niños se sentirán mejor y se comportarán mejor.

       

        1. Los niños te escuchan si primero tú les escuchas a ellos. Si escuchas a los niños, ellos aprenderán a escuchar.

       

        1. Fíjate en el mensaje escondido detrás del mal comportamiento. Con el mal comportamiento los niños pueden perseguir algunos de estos objetivos erróneos: llamar la atención, tener el poder, venganza o asunción de incompetencia. Si comprendemos lo que el niño quiere decir con su comportamiento podremos ayudarle.

       

        1. Da a los niños el beneficio de la duda: Es mejor que el niño sepa que estamos de su parte.

       

        1. Un respiro para iluminarse: El pararse a pensar, el retirarse y relajarse puede hacer ver los problemas desde otra perspectiva.

       

        B) Herramientas de Acción:

              1. Asegúrate que el niño recibe el mensaje de amor y respeto. El niño con mal comportamiento es el que más necesita oír que se le quiere.

           

              1. Permite al niño desarrollar percepciones de que es significante y aceptado. A través de las reuniones familiares y de clase se puede ayudar a los niños a que descubran sus capacidades y se valoren.

           

              1. No hagas cosas por los niños que puedan hacer solos. Así les ayudarás a ser más capaces.

           

              1. Formula preguntas del tipo “qué” y “cómo”. Por ejemplo. ¿Qué ha ocurrido?, ¿Cómo te sientes con lo que ha pasado?, ¿Qué has aprendido con esto?, ¿Cómo puedes utilizarlo para la próxima vez?

           

              1. Formula preguntas de curiosidad. Hacer preguntas para que el niño observe sus propios sentimientos.

           

              1. Implica a los niños en las soluciones. Así el niño aprenderá a solucionar problemas y se animará a participar en las soluciones diseñadas.

           

              1. Celebra reuniones familiares o de clase con regularidad. En ellas los niños aprenden a solucionar conflictos y problemas y a ayudarse los unos a los otros.

           

              1. Resuelve los problemas en parejas. Deja a dos niños que hayan tenido un problema o una pelea resolver ellos solos el conflicto, con estas normas: no echarse la culpa y centrarse en las soluciones.

           

              1. Marca líneas de resolución de problemas:

          Los pasos a seguir ante un conflicto serían: No responder a la provocación, dialogar con respeto sobre lo sucedido, elegir una solución consensuada, pedir ayuda si no se encuentra solución.

              1. Establece rutinas con los niños. Si conjuntamente con el niño se establecen los pasos de cualquier actividad (por ejemplo, la hora de acostarse) el niño tendrá más voluntad de llevarlo a la práctica sin problemas ya que ha participado en su diseño.

           

              1. Ofrece opciones limitadas. Cuando proponemos opciones (por ejemplo: ¿Quieres bañarte antes o después de hacer los deberes?) damos al niño la libertad de elegir, lo que le motivará a actuar.

           

              1. Reorienta el poder. Dejar que los niños participen y ayuden les permite también ejercer poder, no solo obedecer.

          Di: “Me doy cuenta”. Si ves que el niño no ha hecho algo, p. ej.: recoger los juguetes, es mejor decir: “Me doy cuenta de que no has recogido tus juguetes”, en vez de “¿Has recogido tus juguetes?”

              1. Céntrate en las soluciones. Proponer a los niños que planteen soluciones a los problemas o dificultades cotidianas: “¿Cómo podríamos solucionar las discusiones sobre la hora de salir de la bañera?

           

              1. Crear una rueda de opciones. A la hora de encontrar soluciones a los problemas se le pueden ofrecer diferentes opciones y que el elija.

           

              1. Utiliza las emociones honestamente.

           

              1. Hablar sobre las propias emociones y sentimientos es un buen ejemplo para los niños. Una fórmula adecuada sería: “Me siento___________ cuando___________, porque__________, y me gustaría___________”.

           

              1. Enseña las diferencias entre lo que los niños sienten y lo que hacen. Hay que dejar que los niños expresen sus sentimientos (esos son reales y no debemos negarlos), aunque desaprobemos su conducta ( esta sí se puede evitar o corregir). Por ejemplo, ante un ataque de celos entendemos los sentimientos, pero evitamos que el niño pegue a su hermanita.

           

              1. Asume las responsabilidades que tienes en el conflicto. Si aceptamos nuestra parte de culpa en el conflicto, facilitamos igualmente que el niño asuma su parte de culpa.

           

              1. Dale un cronómetro. Un cronómetro puede ayudar al niño a decidir cuándo empezar con los deberes o cuándo apagar la televisión.

           

              1. Adéntrate en el mundo de los niños. Preguntarse qué hay detrás de la conducta de los niños.

           

              1. Escúchale reflexivamente. A la hora de escuchar es bueno parafrasear las palabras del niño.

           

              1. Escucharles activamente. En la escucha activa, escuchamos los sentimientos escondidos entre las palabras haciéndole ver que entendemos sus sentimientos.

           

              1. Supervisa, supervisa, supervisa. Es una herramienta necesaria sobre todo para niños más pequeños.

           

              1. Distrae y/o reorienta: En vez de prohibirles hacer algo es preferible decirles u orientarles sobre lo que pueden hacer.

           

              1. Utiliza las 4 R para recuperarse de los errores:
                Reconocer que se ha cometido un error, Responsabilizarse de lo que se ha hecho mal, Reconciliarse (pidiendo perdón) y Resolver (buscar una solución conjuntamente.

           

              1. Mantente al margen de las peleas. Es una herramienta inicial para abordar las peleas ya que uno de los principales motivos de éstas es involucrar a los padres.

           

              1. Pon a todos los niños en el mismo barco. No dar la razón a ninguno de los contendientes de una pelea (aunque se esté seguro de quién es el culpable). La solución al problema la han de encontrar entre los dos.

           

              1. Tómate un tiempo para enseñar. Una herramienta muy útil es la de enseñar a los niños a hacer juegos de rol.

           

              1. Decide lo que vas a hacer. Es bueno decidir cómo se va a comportar uno ante un conflicto y hacérselo saber al niño. Por ejemplo, aparcar y dejar de conducir si los niños se pelean en el coche.

           

              1. Sigue hasta el final. Hay que ser amables pero firmes y llegar hasta el final en el uso de las estrategias positivas.

           

              1. Menos es más. Cuanto menos se hable más eficaz se es. Hay que dejar que las acciones hablen más alto que las palabras.

           

              1. Utiliza señales no verbales. El uso de señales no verbales (p. ej.: un vaso bocabajo en la mesa indicaría que hay que lavarse las manos antes de comer), sobre todo si participan los niños en su elección, puede aumentar la motivación para realizar las tareas cotidianas.

           

              1. Di: ” Cuando……, entonces”. Es más eficaz decir: “Tan pronto como acabes los deberes verás la TV”, que “Si acabas los deberes, verás la TV”.

           

              1. Enseña consecuencias naturales. Es bueno que el niño experimente las consecuencias naturales de sus actos. Una consecuencia natural es algo que sucede debido a lo que el niño ha elegido, sin que el adulto haya hecho nada.

           

              1. Enseña consecuencias lógicas. Para que una consecuencia lógica no sea un castigo deben cumplirse las 3 R: Las consecuencias lógicas deben ser Relativas (deben estar relacionadas con el comportamiento), Respetuosas (deben aplicarse sin cólera, fuerza ni humillación) y Razonables (deben parecer razonables al adulto y al niño).

           

              1. Anima en lugar de dar recompensas o elogios. Animar a los niños les lleva a la autoconfianza mientras que elogiar les hace dependientes de los demás. Las pagas se deben dar sin relacionarlas con las tareas.

           

              1. Haz que los niños se impliquen en las tareas domésticas. Los niños deben participar en las tareas de la casa y una buena manera de planificarlas es en las reuniones familiares.

           

              1. Abrázale. Esto puede por sí solo cambiar la actitud tanto del padre como del hijo.

           

              1. Dedícale tiempo. Dedicar todos los días unos minutos extra hace que los niños se sientan aceptados e importantes y les permite compartir experiencias y sentimientos.

          Deseo que estas líneas hayan conectado contigo y te haya podido trasmitir la grandeza de esta metodología educativa que acerca al adulto a una educación respetuosa con el niño pero también con el mismo.

           

          Carmen Fernández Rivas

          www.PadresAyudandoaPadres.es

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ERES BUENO: TE DOY UN PREMIO

          ¿Cuántas veces al día haces cosas “bien hechas” sin esperar nada a cambio?

          Ese es el principal problema. El binomio premio/castigo es el mayor de los engaños educativos.

          En otras ocasiones hemos hablado y volveremos a tratar el tema de los castigos pero, ¿qué pasa con los premios y halagos?  Pues que todo tiene un valor intercambiable. Que todo lo que aprendemos tiene una consecuencia cuantificable y mesurable en “me compensa o no”…

          ¿Y si eliminamos los premios? ¿Y si educamos sin materialismo, manipulación y chantaje?

          Está claro que es imposible hacerlo si el planteamiento educativo que tenemos no va más allá del “que me obedezcan”.  Eliminar el condicionamiento requiere una “remodelación” completa  desde los cimientos hasta el tejado.

          Partiendo de la base de que en la infancia se aprenden los patrones con los que luego vamos a entender e interactuar en el mundo, debemos replantearnos la posibilidad de dejar de prometer y ofrecer “cosas a cambio” y empezar a mostrar el valor mismo de los aciertos, de las “cosas bien hechas” y , mucho más importante : de los AVANCES DEL PROCESO.

          Si pretendemos que “hagan lo que queremos”,  y “ya mismo”, claro que necesitamos un intercambio inmediato.

          “Come y te pongo Peppa Pig”

          Si entendemos que TODO, ABSOLUTAMENTE TODO es un proceso que requiere pasar por fases en las que se van adquiriendo competencias POCO A POCO, podremos permitirnos un “mañana saldrá mejor” cuando las cosas van mal y un “¡lo has conseguido!” cuando todo va bien.

          No todo debe ser a cambio de algo. Los valores como el esfuerzo por mejorar, el autoanálisis para la crítica constructiva, la satisfacción por alcanzar retos y el aprendizaje de los errores NO SE APRENDE EN NINGÚN LIBRO, no a cambio de nada…

          Es muy improbable que nuestros hijos aprendan a tener un “autocontrol” si todo los que les “controla” viene de fuera. Si siempre están esperando ese “algo” que PAGUE lo que han “hecho bien”.

          Y sin darnos cuenta estamos empujando a nuestros hijos a confundir el VALOR de las cosas por EL PRECIO…que son dos cosas demasiado distintas.

          Necesitamos ofrecer a nuestros hijos la maravillosa sensación de satisfacción al superar un obstáculo, al encontrar una solución a un problema, al experimentar CRECIMIENTO. Ningún gomet verde enseña todo eso. Necesitamos hacerles entender que no se es “bueno” por obedecer más rápido. ¿Qué es ser bueno? Eso es otro debate…

          El premio y la alabanza les hacen dependientes de valoración externa, de juicio ajeno…adictos del aplauso y del los verbos conjugados en condicional.

          No premies sus aciertos, pregúntale qué siente por haberse superado, aliéntale para seguir por ese camino y felicítale por haber sido capaz de hacer algo que antes no conseguía, que el premio sea la sensación de triunfo, porque la percepción de CAPACIDAD es la base de la autoestima, es un pilar maestro de su equilibrio emocional futuro.
          Hazle consciente de que el mayor regalo por intentar hacer las cosas lo mejor posible es llegar a donde se propongan, pero sobretodo es LA INTEGRIDAD. Nada puede comprar eso.

          María Soto

          http://educabonito.com