Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN…

Emociones, las culpables de que en ocasiones no seamos capaces de controlar nuestra conducta. Parece que todo sería mucho más sencillo de gestionar si estas no nos secuestraran en aquellos momentos en los que, ante un estímulo que nos desborda, perdemos la cabeza.

No obstante, la verdad es que gracias a las emociones hemos sido capaces de adaptarnos al medio como especie y superar los obstáculos evolutivos. PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN…

correccion

Por lo tanto, tenemos que admitir que las emociones no son ni buenas ni malas, no están ahí para hacernos nuestro día a día un poco más difícil, sino para ayudarnos. Sí, aunque parezca mentira, así es. Somos humanos, o al menos eso parece, así que no podemos dejar de sentir, no podemos pretender no perder los nervios, no alterarnos en un momento determinado o no reaccionar ante algo que nos afecta. Sin embargo, sí podemos ser conscientes de cómo nos estamos sintiendo e intentar tener el valor de no actuar en aquellos momentos en los que nuestra corteza pre-frontal ha decidido ir a dar un paseo y nuestro sistema límbico toma el mando en nuestro cerebro.

Cada uno de nosotros tenemos que buscar estrategias que nos ayuden a volver a nuestro estado racional antes de actuar cuando tenemos un conflicto.PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN…

Una de las reflexiones más citadas de Jane Nelsen, una de las madres de la Disciplina Positiva, resume a la perfección la idea que hay detrás de la auto-regulación emocional “¿De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien, primero debemos hacerlo sentir mal?” La mayoría de las veces, desde que somos niños, se nos castiga por nuestros errores, se nos hace sentir culpables y se pretende que, desde ahí, desde ese sentimiento de culpabilidad, de malestar y, muchas veces hasta de rabia, aprendamos la lección y, sobre todo, aprendamos a auto-controlar nuestras emociones.

Parece absurdo que para que hagamos las cosas bien, primero tengamos que sentirnos mal.

A día de hoy no he conocido a nadie que estando mal consigo mismo, sea capaz de llevar una vida feliz, sana y equilibrada. Quizás esto se debe a que para poder hacer las cosas bien, tenemos que sentirnos bien, plenos, tranquilos, seguros y en equilibrio. En otras palabras, debemos ser capaces de reconocer nuestra emoción, identificar qué intención positiva tiene esta y redirigir nuestro comportamiento hacia una alternativa más adecuada y amable.

Esto solo se consigue aprendiendo a gestionar nuestras emociones y, sobre todo, ayudando a nuestros niños desde que son pequeños a encontrar recursos que les permitan saber cómo se sienten, que les ayuden a tranquilizarse en los momentos de tensión y a hallar una opción que les permita expresar sus emociones y dar respuesta a sus necesidades de un modo respetuoso hacia sí mismo y hacia los demás.

En definitiva, si primero no conectamos con nosotros mismos o con el otro, no podremos corregir nuestro comportamiento o nuestra forma de reaccionar ante un estímulo que nos hace perder la paciencia.

Esta es la clave de la gestión emocional y de la educación emocional que podemos brindar a nuestros hijos, alumnos, primos o hermanos.

Sin CONEXIÓN, no puede haber corrección… o al menos aprendizaje.

Por esta razón es tan importante educar cuando estamos tranquilos y calmados y no precisamente cuando estamos alterados o dominados por el enfado. No es fácil, desde luego que no. Necesitamos mucha valentía para saber que en ese momento en el que la emoción nos secuestra no estamos conectados con nosotros mismos y mucho menos podremos conectar con los demás. No obstante, es la única forma efectiva de conseguir transmitir un mensaje de resolución y poder enseñar valores, habilidades y competencias útiles para la vida.

Tú eres el único que sabe qué te hace sentir bien, qué te hace volver a tu centro, así que ten a mano ese recurso, herramienta o espacio que te permita poder auto-regular tus emociones

¡Recuerda, solo desde ahí podrás hacer las cosas bien!PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN

Marián Cobelas
www.mariancobelascoaching.com / https://www.facebook.com/mariancobelascoaching/

Educar es siempre un reto…hablar sobre educación es mucho más fácil.

Pero lo que se necesita para educar no es tanto “conocer teorías” sino “saber aplicarlas”.

Porque además no es lo mismo saber qué es lo correcto que “sentir” lo correcto. Y es el sentimiento correcto el que nos guiará a una educación eficiente. No se trata de aprender a fingir “tranquilidad” sino saber interpretar las situaciones de manera apropiada y que esto nos permita mantener la calma y el auto-control. HABLEMOS de EDUCACIÓN

Es decir, las teorías hay que tenerlas interiorizadas y meditadas para aplicarlas eficientemente, para ser coherentes y encontrarnos seguros y saber qué hacer ante las eventualidades que sin ninguna duda van a surgir.

El niño rara vez se va a quedar sin palabras o sin recursos para seguir defendiendo su postura, esa que precisamente nosotros queremos modificar. En creatividad e ingenio nuestros niños van sobrados así como en audacia y determinación. Y tener capacidad de maniobra y confianza y seguridad en uno mismo como educador pasa también por conocer nuestros límites y nuestras dificultades y que “ni lo sabemos todo” ni la teoría que aplicamos “es la fórmula mágica que de un plumazo soluciona todos mis problemas”. Esto es poco realista y una cosa es tener fe en que lo lograremos y otra contar con que ya lo hemos logrado con haber aprendido la teoría.

Aplicar la teoría, la práctica de esos principios educativos requiere adquirir habilidades y aprender el manejo de esas nuevas herramientas se logra practicando…y cometiendo errores que nos ayudarán a aprender. Cada vez que he me doy cuenta de que he cometido un error es porque ya sé “qué hay que hacer”, aunque sin pretenderlo he vuelto a poner en marcha mecanismos automáticos que han guiado mi conducta como educador desde hace mucho tiempo. “Desaprender” estas costumbres que  en gran medida están automatizadas requiere también un proceso. Darse cuenta de que he cometido un error, ya es un avance que no puedo vivir como un fracaso, sino como un logro aunque sea parcial.

Vamos a ver un pequeño ejemplo:HABLEMOS de EDUCACIÓN

Mi hijo de 10 años sabe que hay que llevar el casco cuando montamos en bicicleta, pero no le gusta y se niega a ponérselo. Este tema se convierte en un enfrentamiento. No podemos saber qué pasa exactamente por su cabeza…pero podemos hacernos una idea y sobre ella podemos apoyarnos a la hora de decidir cuál será nuestra forma de actuar, nuestra forma de educar, nuestra forma de enseñarle. Funcionará mejor o peor y esto también habremos de observarlo y seguir sacando conclusiones y buscando caminos, soluciones y mejores vías educativas.

Algunas pistas en esta pequeña simulación del proceso del padre en su intento educativo:

Reflexiones del padre que aplica aquellos principios sobre el funcionamiento de la psicología infantil en los que cree:

-Cuando un niño me reta…

lo correcto es mantener la calma y no tomárselo como algo personal.

El niño está aprendiendo, está formándose y no sabemos por qué, pero ha llegado a la conclusión de que lo que merece la pena en la vida es imponerse, y en este momento salir victorioso de un pulso de poder que mantiene contigo, porque tú eres sencillamente un adulto con el que se relaciona, o su padre, o su profesor y contigo está ensayando sus habilidades y su fuerza.

Ese hecho no vas a poder cambiarlo en un segundo, le digas lo que le digas, hagas lo que hagas. Puedes coartar su conducta, evitarla…pero el niño seguirá en su error: en la vida lo que importa, y por lo que hay que luchar es por lograr ocupar una posición en la que nadie nos diga lo que hacer ni nos prohiba nada y a poder ser nosotros hemos de mandar e imponernos sobre el resto.

-Cuando nos sentimos atacados, retados, cuestionados en nuestro rol de adultos que han de ser respetados y en cierto modo obedecidos incondicionalmente…

ese sentimiento es lo que nos conduce hacia actitudes de enfrentamiento contra el menor y sin darnos cuenta lucharemos por nuestra hegemonía. Nuestra actitud está reforzando lo que él piensa: es lo que merece la pena en la vida, imponerse sobre los demás por la fuerza, la autoridad o la posición social. Él, consciente de que todavía es un niño y por lo tanto se espera de él que permanezca “abajo”, luchará instintivamente por superar su situación y “prosperar” todo lo posible y subir en el escalafón. Subir todo lo que se pueda…por eso nos medirá constantemente, en un intento de alcanzar “respeto” y “posición”.

-Haciendo valer tu posición y autoridad sobre él, tal vez logres imponerte y reprimir su conducta…

pero no hemos logrado hacerle cambiar su visión sobre lo que es la vida, y sobre cómo se comporta un ser humano que merezca la pena, una persona que sepa ser uno más entre los otros, que respeta y coopera por el bien de todos y esto construye en él un sentimiento de valía y de conexión consigo mismo y con los que forman parte de su grupo (familia, amigos, compañeros de clase, etc). En resumen  imponiéndonos estamos intentando modificar una conducta pero no estamos poniendo el foco en la implementación de valores, que tal vez defendemos teóricamente…pero no siempre los hacemos evidentes para el niño en la práctica, no en nuestras formas educativas, no en lo que implícitamente defendemos con nuestra forma de reaccionar.

-No entrar en luchas de poder…

sería más efectivo a la hora de educarle y modificar su conducta a largo plazo basándonos en que el niño adquiera una forma “moral” de comportamiento, en un proceso gradual que no se improvisa de la noche a la mañana cuando cumple 18 años.

El padre podría decidir que hablará con el niño en estos términos:

_”He visto que te niegas a hacer lo que te digo…y hasta parece que te ofende que te diga lo que tienes que hacer. ¿Estoy en lo cierto?. Yo siento que soy responsable de tu seguridad…en parte al menos, porque todavía tienes 10 años y tal vez no tengas ganas de ponerte el casco…pero es importante que si te caes no te dañes la cabeza. Y aunque ni quiero molestarte, ni disgustarte…no tengo otra opción que no dejar que salgas con la bici si no es con casco”.

No entramos en discusiones, ni en reproches, ni en descalificaciones…no juzgamos siquiera. Aceptamos nuestra responsabilidad y ejercemos nuestra capacidad de decisión que esta conlleva. Nos mantenemos firmes pero sin mostrar enojo ni malas maneras, sin dejar de ser amables. Sin convertirnos (simular que nos convertimos) en el “ogro autoritario” que servirá al niño como modelo de muchos malos comportamientos. Al niño no le vale tanto lo que le decimos que debe hacer como lo que nosotros hacemos y él ve que “funciona”. Si nosotros mostramos que “nos salimos con la nuestra” a base de ponernos “fuertes” y “autoritarios“ el comprueba en carne propia la derrota en ese pulso de poder que él mismo nos sirve sin descanso. Él desea, siente el anhelo de vencer…y lo que le estamos mostrando son armas eficaces para lograrlo.

Si el niño en su enfado nos falta al respeto, lo comprenderemos sin sentirnos ofendidos…

pero aunque en ese momento no caeremos en esa trampa, en su provocación, en la lucha de poder que nos presenta, más adelante no dejaremos de entrar en el tema. El respeto es un tema prioritario y una falta de respeto no debiera quedar sin tratar. Pero es un asunto central que debe ser tratado con calma y en el momento adecuado en el que se cuenta con conexión entre el niño y el adulto.

Volviendo al ejemplo del niño que no quiere ponerse el casco…Sin decir nada más y con tranquilidad zanjaremos el asunto: “Sin casco no hay salida en bici”.

-Desde luego, en otro momento, cuando el niño y nosotros estemos calmados, podremos y deberíamos hablar de los malos modos, los gritos y los insultos que haya podido lanzarnos. Pero cuando ya la cuestión del casco sea “agua pasada”.

Entonces podremos hablar con el niño:

”Ayer me gritaste y me llamaste estúpido…y unas cuantas cosas más. Y la verdad es que me sentí muy mal. Estaba mamá delante y la tía y me sentí humillado. Si tienes alguna queja sobre mí, dímelo pero igual que yo no te insulto, me gustaría que tú a mí tampoco. Las personas no estamos siempre de acuerdo…pero lo hablamos sin faltarnos al respeto.….Si ahora no quieres hablarlo, no pasa nada…pero piénsalo y cuando estés preparado lo hablamos. Eres mi hijo y no quiero que estas cosas nos alejen. Creo que llevarnos bien en la familia es lo más importante para vivir contentos”.

Para hablarle a los niños y a los adolescentes y lograr hacer valer nuestras razones, no nos queda otra que entrar en profundidad en los asuntos, entrar en lo esencial y buscar las razones primeras de las cosas. Esas que muchas veces ya hemos olvidado porque las llevamos dentro desde hace tanto que damos por sentado que son evidentes y no acostumbramos a expresar en palabras.

Ahora nuestro papel de educadores nos obliga a revisar todos nuestros aprendizajes, quitarles el polvo, actualizarlos, contrastarlos con lo que hemos vivido, re-evaluarlos y ponderarlos…y así transmitirlos con claridad a nuestros niños y jóvenes como legado inmaterial para su vida.

-Los niños nos desobedecen…y muchas veces nos dejan sin argumentos, sin recursos, sin herramientas para lograr influencia sobre ellos. Convencerles implica rebuscar las razones que mantienen esas convicciones, normas y reglas que aplicamos y muchas veces re-elaborarlas porque gran parte de ellas nos han sido implícitamente transmitidas o lo que es peor nos han sido impuestas.

-Un niño de hoy en día nos lo va a cuestionar todo. No va a aceptar nada impuesto ni nuestra palabra porque sí. Hemos defendido su dignidad y sus derechos y ese ser digno, amado, y protegido dará lo mejor de sí sin duda y también plantará batalla, aportará su impronta, sus ideas y nos pondrá a prueba…lograremos salir de esta y lo educaremos y se hará una buena persona. Debemos tener confianza en nosotros mismos como educadores responsables y en el amor que hemos dado a nuestros niños y en que este, tarde o temprano, dará sus frutos. Pero siendo realistas hemos de saber no va a ser fácil, tan altas expectativas que albergamos hacia nuestros niños van a exigir de nosotros nuestros mayores esfuerzos y la mejor versión de nosotros mismos.

Educar es el arma de evolución para el adulto no en menor medida que es el motor de desarrollo para el niño.Perseguir lo mejor para los hijos nos lleva a seguir avanzando y mejorando como personas. Ser mejor padre pasa por ser mejor persona.