Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Nuestros hijos perfectos

NUESTROS HIJOS PERFECTOS

El tener hijos más inquietos o tranquilos, revoltosos, desatentos, poco generosos… ¿es cuestión del tipo de padres?, es decir, si unos padres tienen conocimientos en crianza, ¿eso significa y conlleva tener hijos perfectos?

El hecho de saber manejar la conducta de un niño, tener opciones y estrategias hace que nuestros hijos ¿sean tranquilos, generosos respetuosos, empáticos…?  NO.   ¿Sabéis por qué? Porque los niños tendrán comportamientos inadecuados siempre y en algún momento, porque cuando están con otros niños tendrán comportamientos egoístas o impulsivos en algún momento, y esto es algo que debemos de esperar como algo normal, no tengamos expectativas idílicas, sepamos que los niños son niños y tienen comportamientos indebidos en muchos momentos, y esperando esto será como el adulto no se frustre innecesariamente y a continuación pueda actuar enseñando buenas habilidades y opciones asertivas. Nuestros hijos perfectos

Todas las personas con conocimientos en crianza se enfrentan a diario con conductas desapropiadas de sus hijos, es decir, no creas que tenemos hijos que se comportan bien y en todo momento, mis hijos son como los tuyos, la única diferencia es que yo tengo estrategias para entenderlo, ponerme en su lugar, buscar estrategias y crear habilidades en ellos.

Ayer en un taller a familias, al terminar la sesión, una madre me pregunta: “Y tú… ¿tienes dificultades, te enfrentas a estos problemas que te estamos exponiendo?” ¡Claro que sí! mis hijos comenten los mismos errores que los vuestros, no son perfectos, son niños y tienen los mismos comportamientos que los niños de su edad.  

Las personas con conocimiento en crianza no tenemos la varita mágica para convertir lo incorrecto en correcto, sino que trabajamos con estrategias empáticas y firmes para construir habilidades y generar aptitudes en el niño.

Así que, aunque nuestros retos sean los mismos, utilizamos estrategias asertivas para construir habilidades en el niño y que ellos aprendan, de esta manera los retos van disminuyendo. Nuestros hijos perfectos 

Nuestros hijos perfectos

Nuestros hijos perfectos

La perfección no existe y menos hablando de niños, pero en tu mano está construir fortalezas donde se presentan debilidades. Nuestros hijos perfectos

IRENE IGLESIAS RUIZ

Cuando nace su hermano

Cuando NACE su hermano

Cuando nace su hermano

Cuando nace su hermano

Si hay un momento complicado para el primer hijo es la llegada de un nuevo miembro a la familia. Es muy difícil asumir el nuevo rol de hermano mayor que les toca y normalmente no saben cómo encajarlo. Cuando nace su hermano

Realmente, desde su punto de vista, es muy difícil de comprender. De repente su mundo cambia completamente y nunca más a volverá a ser como antes, por mucho que lo intenten. Cambia para siempre y muchas veces hacen grandes esfuerzos para que todo vuelva ser como antes: deshacerse del hermanito, impedir que vengan las visitas… Todo es parte de un intento por recuperar un poco el control de la situación.

Pasan de tener a mamá y a papá para ellos solos, y ser los reyes de la casa a que un día llega otra persona que pone todo patas arriba y sienten que pierden sus privilegios.

Ese hermanito es un auténtico rival. Ha llegado a la familia para quitarle lo que es suyo. Dejando aparte que tenga que “cederle” parte de sus cosas, lo más importante es que le quita a mamá. Esa mamá que estaba 100% por él, ahora tiene que compartirla. Y a veces no llega con compartirla que aún le piden que no moleste mientras mamá está con el otro. ¡Pero quien se cree que es, si mamá es mía, que para eso llegué antes!

Eso es parte de lo que puede sentir un niño de 1 a 3 o 4 años. Más grandes pueden comprenderlo de otra manera. Pero tan pequeños no son capaces de entender la situación, por eso suelen estallar en ataques de ira y pueden tener momentos auténticamente agresivos.

Primero porque no pueden comprender y segundo porque se sienten heridos. Sienten que han perdido la atención (o una buena parte) de mamá, y también de papá.

Realmente es así, porque llegar a casa con un bebé requiere mucha atención, requieren de una gran cantidad de recursos, de mamá, de papá, de los abuelos, las visitas… y todo eso lo notan. De manera que desde que “ese” llegó esto ya no es lo que era, tienen que esperar, tienen que hacer cosas solos que antes no hacían y tienen que aguantarse! Eso no puede ser cosa de mamá ni de papá, tiene que ser por culpa del hermanito, porque antes eso no pasaba. Y ya no digamos si tiene que dejar de usar la cuna para “prestársela” a su hermanito, o dejar el carrito, o la teta… Si aún le sumamos el mensaje del gracioso de turno que le deja caer un “ahora mamá (o papá, o cualquier otro miembro de la familia) ya no te va a querer que ya tiene al bebé” ya la hemos liado.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos ayudarles a llevar mejor ese momento? ¿Hay algo que le facilite ese proceso? Ese momento es duro y requiere que reorganicen su vida y amplíen el concepto de familia para incluir al hermanito.

En primer lugar podemos neutralizar la amenaza. Contrarrestar los efectos negativos y redistribuir los recursos para que no sienta que le vienen a quitar nada, o al menos que sea muy poquito o que gane mucho más de lo que le quitan. Algunas cosas que nos pueden ayudar son:

Planificar durante el principio del embarazo lo que vamos a necesitar aprovechar del hermano mayor y retirarlo con antelación suficiente para que los dos hechos no estén relacionados. Por ejemplo, si necesitamos la cuna, ya en el primer trimestre o a principios del segundo, hacer el cambio a la cama de mayores. Así pasarán meses y el cambio será porque ya es mayor, no porque alguien la necesite. Para eso le puede ayudar elegir cómo va a querer la nueva cama: si quiere colcha de sus dibujos favoritos, si quiere peluches, muñecos, etc. De esta forma es protagonista de su proceso de maduración.

Desde que el bebé puede moverse en la barriguita y escuchar, hacerle partícipe de eso, de este modo ya empiezan a interactuar entre ellos antes de que se conozcan en persona. Además podemos aprovechar para contarles que se mueve cuando él habla (si nos fijamos, suele ser así, reconocen perfectamente la voz de su hermanito mayor y reaccionan ante su presencia) y podemos explicarle que le conoce, que le quiere y que está deseando conocerle.

Si creamos una rutina entorno a esto estamos favoreciendo el vínculo entre ellos y depositando en el hermano mayor que el pequeño le quiere y viene a sumar. Además esto es cierto, porque los pequeños suelen adorar a sus hermanos mayores. Si todos los días vamos dejando el mensaje de que este nuevo miembro de la familia te quiere y está de tu parte, ya desmontamos la teoría del enemigo y ya le hacemos sumar para compensar todo lo que resta. Y esto que suma es mucho más poderoso, porque suma amor.

Es cierto que cuando nazca el bebé va a necesitar mucha atención, sobre todo de mamá, de manera que necesitamos trasformar eso en una oportunidad para integrar al hermano mayor. Darle importancia y relevancia al rol de hermano mayor, ayúdame a cuidarle, ayúdame a vestirle, a cambiarle el pañal, acompáñale mientras toma el pecho para que esté más tranquilo, porque si estás tú está más tranquilo y más contento, enséñale cómo es eso de vestirse solo que él no sabe, vamos a enseñarle al bebé cómo hacen los mayores para ir al baño porque aún no sabe, puedes enseñarle tú. Incluso podemos recalcarlo con mira bebé, que mayor es tu hermano, fíjate, mira lo que es capaz de hacer! De esta forma ambos están recibiendo atención y el mayor pasa a ser protagonista también.

Debemos mantener sus momentos especiales y que tengan a mamá en algún momento a solas para sus cosas, sin nadie más por medio. Es importante decirles verbalmente y también con besos y abrazos, cuanto le queremos. Ya puede entender que igual que el quiere a mamá y a papá, también mamá quiere a los dos hermanitos porque se puede querer infinito a muchas personas y eso él ya lo siente por sus dos padres.

Estas son algunas ideas, que si bien no van a eliminar todos los momentos de pelusilla, si que van a ayudar a mejorar mucho ese momento de transición y ayudarnos a conectar con nuestro primogénito para ayudarle.

Ana Couto

http://www.anacoutocoaching.com

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

Muchas familias me preguntan cómo actuar cuando los herman@s se pelean, no saben si tomar partido o mantenerse al margen.

Estas discusiones, desavenencias o peleas, son parte del aprendizaje. Son una forma de aprender a interactuar con los demás. En este sentido, la labor de los hermanos es la de servir de pequeño laboratorio en el que probar y experimentar reacciones, y formas de actuar. Es el espacio donde ensayar respuestas entre iguales. De ahí saldrán sus estrategias para enfrentarse a sus compañeros de colegio, de instituto, de trabajo… Peleas entre hermanos, ¿intervenir o no?

Parte del “trabajo” de herman@ consiste en poner a prueba y tantear hasta dónde se puede llegar.

Probarán a sacar toda la artillería en pelea campal directamente, pero también  probarán a negociar, a gritar, a pegar, a buscar el adulto que se lo resuelva, a engañar, a mentir, a ayudar, a apoyar, a ser amable, a compartir… lo probarán todo y verificarán de qué forma consiguen mejores resultados. Por supuesto, de forma totalmente inconsciente, de igual modo que cuando empezaban a andar colocaban el pie de esta manera o de esta otra según tanteaban cómo se apoyaban mejor.

Es difícil como padres oírles o verles discutir y no entrar a separarles o a tranquilizarles. Pero pararnos a pensar qué conseguimos con ello puede darnos luz sobre lo que realmente es mejor.

Si nosotros solucionamos su “problema” pueden estar entendiendo que no tienen recursos suficientes para arreglarlo solos.

Cuando intervenimos, realmente… ¿cuál es nuestro objetivo?, ¿qué queremos conseguir? Vamos a verlo con un ejemplo muy típico que se habrá vivido en todas las casas: cuando l@s dos herman@s quieren el juguete al mismo tiempo.

Si nuestra intención es simplemente que se callen y dejen de gritar, realmente cualquier solución es buena, con tal de que se callen. En este caso da igual quien tenía la razón y cómo se solucione. Da igual si los dos terminan enfadados o alguno se siente vencedor. En nuestro ejemplo, da igual quién lo tenía antes, cuánto tiempo llevase con él, etc. posiblemente se pueda terminar con un: “pues para ninguno, lo guardo yo y se termina el problema”.

Si nuestra intención es que aprendan a resolver sus propios problemas, es importante darle el protagonismo a los dos en la solución. Para ello es importante escuchar las dos partes, hacer un poco de juez y ser lo más neutral posible, sobre todo si no estábamos presentes y no sabemos bien qué ha ocurrido. La solución debe ser buena para los dos y vista como solución válida para cada uno.

Si intervenimos de este modo, comprobando qué quiere uno, qué quiere el otro y de que forma se pueden combinar los dos deseos, o si uno tiene que perder cómo se puede compensar… es enseñarles a negociar. Si nosotros iniciamos ese proceso en poco tiempo lo aprenderán y podrán incorporarlo como forma válida para solucionar una discusión o pelea con otras personas. En nuestro ejemplo puede ser algo así:

  • ¿Quién lo tenía antes? ¿Cuánto tiempo llevabas con él?

  • ¿Podemos hacer turnos? Si tú ya lo tenías desde hace un rato, ¿te parece bien si se lo dejas un ratito y luego él te lo devuelve? ¿quieres otro juguete mientras? ¿O quieres jugar conmigo a este otro? Mientras lo tienes tú y luego cambiamos. (aquí dependiendo de las respuestas vamos organizando, si no le gusta el juguete alternativo probar con otro pero con la presencia del cuidador, que suele ser más deseado que cualquiera de los juguetes)

Si nuestro objetivo es que se lleven bien, lo importante es que no haya vencedores ni vencidos, que no haya sensación de injusticia y, sobre todo, que no se imponga una solución que no sea buena para los dos. Además de negociar la solución para que se entienda como buena para todos es necesario actuar también en explicar las intenciones de cada uno y desvincularlas de “me quería hacer daño/me odia/no me quiere…”

Para esto es mejor hacerlo por separado con cada uno y en diferido, es decir, en otro momento con más calma en que pueda razonar en frío. Para ello este breve guion será muy cómodo:

  1. Preguntar qué ha pasado y tener la información desde las dos partes.

  2. ¿Cómo te has sentido con lo que ha pasado y con lo que has hecho?

  3. ¿Cómo crees que se ha sentido tu herman@? ¿qué crees que intentaba?

  4. ¿Cómo te gustaría hacer la próxima vez para que salga mejor?

Siguiendo con nuestro ejemplo, lo más importante va a ser hacerle ver que su herman@ no buscaba fastidiarle, sino que se acordó de ese juguete al verle y le apeteció jugar en ese momento.

Al principio sobre todo, es posible que no sepa muy bien cómo enfocar sus respuestas o no se dé cuenta de qué pude hacer. En ese caso podemos hacer recomendaciones y darle ideas que puede que le sirvan. Por supuesto, como son recomendaciones e ideas, no son de obligado cumplimiento. Tendrá que probar por sí mismo si realmente vale la pena o no. De modo que podemos recomendarle que la próxima vez pruebe a pedir por favor si le deja jugar un ratito con el juguete en vez de arrancárselo de las manos.

Si lo hace, comprobará si tiene mejores resultados, pero si no lo prueba, simplemente lo sugerimos de nuevo, sin presiones.

Para comprender lo que les puede ocurrir en estos casos, es como cuanto te recomiendan tal o cual remedio para algún problema pero que no te convence, de primeras no vas a probar. Pues ellos igual.

Es importante que cada uno tenga su oportunidad de hablar del tema a solas y que tenga su oportunidad de explicar su parte y que con cada uno podamos pensar en cómo puede hacerlo mejor la próxima vez. Ambas partes necesitan entrenar cómo conseguir más recursos.

El truco está en entrenar nosotros también, en practicar y ver cómo podemos ayudarles, pero a cada uno en lo que necesita, sin presiones, sin culpas y con mucha comprensión y mucho cariño. Porque tanto ellos como nosotros lo necesitamos, a todos nos sienta bien y nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Ana Couto

www.AnaCoutoCoaching.com

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Es indiscutible que los “tiempos cambian”, que las costumbres se re-adaptan a las necesidades del momento, que cada familia tiene su historia, sí. Por eso creo que, a la vez que favorecemos que nuestros hijos estén preparados para sobrevivir en este momento socio-histórico que les ha tocado estar, es nuestra responsabilidad también asegurarnos de que no pierdan la esencia de lo que les antecede. Te doy un consejo: Recupera algo de antaño para tu familia.

¡Tranquilos! no voy a decir que deberíais volver a lavar la ropa en el río, no.  Me estoy refiriendo a esos momentos que favorecen el trato humano.

Estamos de acuerdo en que oímos a adultos y ancianos decir con pena “Se han perdido los valores, la gente ya no se ayuda, no se conocen los vecinos…” y ante ello podemos reflexionar.

¿A qué se refieren? ¿Sólo al respeto hacia los mayores?

Nada más lejos de la realidad. Se refieren a todas y cada una de las costumbres que hacían de un pueblo una comunidad, de un barrio casi una familia.  Esos actos, momentos y actitudes, esas palabras y saludos que cada día se oían y que resonaban en el pecho de cada quién que los escuchaba.

Hoy los adelantos se nos han adelantado y han dejado atrás la parte más humana y sensible de las personas. Por eso surgen con fuerza, desde la necesidad, los programas de educación y gestión emocional.

Deseamos que nuestros niños y jóvenes lleguen a ser capaces, recursivos,… felices al fin y al cabo.

Para ello nos ayudaría (y mucho) echar un poco la vista atrás, y me arriesgo a decir que no a la generación anterior si no al menos un par de generaciones atrás. Una de aquellas en la que de verdad se sienta la diferencia, porque de extremo a extremo vemos mejor la potencia de los cambios.

Y echando la vista atrás, por ejemplo 80 años, podemos mostrar a nuestros hijos y alumnos momentos familiares increíbles. Cierto es que muchos momentos de penuria no los queremos para los nuestros pero también es cierto que, incluso en la penuria, había humanidad, aceptación y agradecimiento que ayudaban a sentir compasión por el prójimo y a colaborar en tribu (en aspectos de crianza y educación entre otros).

Recupera algo de antaño para tu familia y la enriquecerás. Puedes probar  y sentir qué os aporta:

  • Conversaciones a la hora de cenar
  • Andar sin prisa y sin ruta por alguna zona de campo
  • Aprovechar recursos de la naturaleza
  • Atender animales
  • Consumir comida casera
  • Disfrutar ratos de relax observando “algo”
  • Dar agradecimientos
  • Visitar familia y amigos aunque te dé pereza
  • Estar en casa sin tv

  • Juntarse para cantar
  • Bailar en cada ocasión que se presente (no se sabe cuándo será la última romería)
  • Estar descalzos
  • Invitar a los vecinos a  echar la partida
  • Juntarse a ver fotos
  • Escuchar y contar historias de la familia
  • Recorrer  los sitios donde solían estar  esos antepasados
  • Acercarse a ver qué hace el vecino
  • Ayudarle a terminar lo que está haciendo
  • Plantar una huerta
  • Ayudar al vecino con la suya
  • Aprender a remendar la ropa, soldar los metales, podar árboles…
  • Echar la ropa a secar al sol (en Asturias se dice “echar la ropa al verde”, en el prao)
  • Levantar la voz para SALUDAR a la vecina que camina más adelante por la otra acera
  • Brindar en cada nueva ronda
  • Comprar en las tiendas de barrio y pararse a charlar 🙂
  • Estar sin reloj y fiarse del Sol…

Y añade las que se te ocurran o apetezcan, las que eches de menos, porque seguro que si escarbas un poco encuentras alguna que te gustaría recuperar o volver a sentir… Yo no me olvido de las nochebuenas en casa de mis abuelos, volvería hoy mismo.

¿A qué momento de tu historia familiar te gustaría volver, aunque solo fuese un día, o un rato?

Dale a tus hijos el placer de VOLVER CONTIGO para que también puedan “respirarlo” y se embriaguen de convivencia.

Virginia García

www.ContigoDesenredo.es

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

Si pensamos en qué contexto utilizamos las reuniones como herramienta para resolver conflictos, generar ideas y conseguir colaboración entre los miembros de un equipo, probablemente pensemos de inmediato en nuestro entorno profesional. Sin embargo, resulta cuanto menos curioso que, pese a su efectividad, no estemos habituados a emplear las reuniones familiares como un recurso educativo. ¿QUÉ SON Y QUÉ APORTAN LAS REUNIONES FAMILIARES?

Dentro de la Disciplina Positiva, una de las metodologías educativas con las que trabajo, las reuniones familiares son una de las herramientas más efectivas y beneficiosas a la hora de educar y conseguir el bienestar que todos deseamos en nuestra familia

¿Quieres descubrir en qué consisten?

Quizás al principio te puede resultar extraño o incluso chocante. Muchas veces pensamos que estas cosas solo funcionan en las películas americanas, pero te garantizo que, si te animas a probarla y las realizas con la constancia necesaria, comprobarás de primera mano todos los beneficios que te aportan y no habrá semana que no querrás hacerla.

¿En qué consisten las reuniones familiares?

Las reuniones familiares proporcionan una oportunidad única para enseñarle a los niños valiosas habilidades sociales, al mismo tiempo que funcionan como un espacio para que los padres y madres modelen las competencias de vida que desean enseñar a sus hijos.

No necesitas ningún conocimiento teórico específico ni demasiado tiempo para poder llevarlas a cabo, solo necesitas constancia, actitud y ganas de compartir un momento especial en familia. Las reuniones familiares suelen realizarse con una frecuencia semanal, preferiblemente siempre el mismo día de la semana que elijamos y a la hora que decidamos. La duración de la misma no necesita superar los 20 o 30 minutos aproximadamente.

Debemos reunirnos todos los miembros de la familia que vivamos en la casa y queramos participar. Es importante que no se obligue a nadie a formar parte de esta actividad, si no desea hacerlo.

En caso de que algún miembro de la familia se muestre reacio ante esta nueva dinámica familiar, es mejor ponerle a la actividad otro nombre distinto a “reuniones familiares”,  puesto que así nos aseguramos de respetar las necesidades de todos los miembros y su voluntad de no querer participar, aunque seguramente sea algo que cambie en cuanto comience a comprobar su gran efectividad 😉 Las reuniones familiares tienen la siguiente estructura:

  1. Primer paso -AGRADECIMIENTOS-:

    ¿Cuánto hace que no le dices a tu pareja o a tus hijos lo mucho que aprecias algo concreto que han hecho por ti esta semana? y ¿que no lo escuchas de su parte? A veces damos por hecho que los miembros de nuestra familia saben lo mucho que les queremos y le estamos agradecidos, sin embargo, en ocasiones no está demás ser explícitos y manifestar nuestras apreciaciones en voz alta ante toda la familia. Es por ello que el primer paso de las reuniones familiares consiste en realizar una ronda de agradecimientos en la que cada miembro de la familia, turno a turno, vaya dando las gracias al resto de los participantes por algo que otro haya realizado y le haya hecho sentir bien. Crearás una atmósfera positiva en tu familia si todos aprenden a buscar lo bueno en los demás y a verbalizar los comentarios positivos.

  2. Segundo paso -búsqueda de soluciones, ideas y aportaciones sobre un tema agendado-:

    Tras haber acabado la ronda de agradecimientos, llega el turno de debatir en familia un tema que hayamos pensado y puesto en agenda para esa semana, puede ser desde: acordar qué vamos a hacer el fin de semana, qué le compramos al abuelo por su cumpleaños, planificación de las comidas, vacaciones o qué podemos hacer para que las rutinas por las mañanas sean más llevaderas y no lleguemos todos los días tarde al cole. Este momento de la reunión tiene como finalidad que todos desarrollemos la habilidad de enfocarnos en soluciones tan necesario para nuestro día a día en familia. Este es el espacio ideal para que tranquilamente hagamos una lluvia de ideas entre todos y tratemos algún tema que nos preocupe.

  3. Tercer paso -se marcan los acuerdos-:

    Tras recoger todas las ideas (tanto las expuestas por los padres como las aportadas por los niños), se vota aquella que creamos más útil y se acuerda ponerla en práctica durante un tiempo determinado, por ejemplo, durante una semana y así podremos revisar si lo que decidimos nos está funcionando o no en la próxima reunión familiar.

  4. Cuarto paso -Actividad de ocio en familia-:

    Es importante cerrar las reuniones familiares con una actividad divertida para generar interés y crear un clima cooperativo en el que todos tengan ganas de repetir cada semana, al mismo tiempo que pasamos un tiempo especial juntos. Las actividades pueden ser desde un juego de mesa, ver una película, una guerra de cosquillas o cualquier cosa que nos haga conectar con nuestros hijos de forma positiva.

Como hemos visto, las reuniones familiares son una herramienta sencilla que nos permiten enseñarle a los niños habilidades como: la escucha, generar ideas, resolver problemas, el respeto mutuo, la importancia de estar calmados para resolver problemas, centrarse en soluciones, llegar a acuerdos, cooperación, perder el miedo a equivocarse y aprender de los errores, etc.

Al mismo tiempo, ayuda a los padres a evitar las luchas de poder, ya que el control se comparte de manera respetuosa y los niños participan en la toma de decisiones. También es una excelente opción para compartir responsabilidades, crear buenos recuerdos familiares, vínculo con nuestros hijos y modelar las habilidades de vida que queremos que aprendan

 ¿A qué esperas para probarla? ponte en marcha y, si lo deseas, comparte conmigo tu experiencia…

 

Marián Cobelas

“La revolución de las mariposas”

PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN…

Emociones, las culpables de que en ocasiones no seamos capaces de controlar nuestra conducta. Parece que todo sería mucho más sencillo de gestionar si estas no nos secuestraran en aquellos momentos en los que, ante un estímulo que nos desborda, perdemos la cabeza.

No obstante, la verdad es que gracias a las emociones hemos sido capaces de adaptarnos al medio como especie y superar los obstáculos evolutivos. PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN…

correccion

Por lo tanto, tenemos que admitir que las emociones no son ni buenas ni malas, no están ahí para hacernos nuestro día a día un poco más difícil, sino para ayudarnos. Sí, aunque parezca mentira, así es. Somos humanos, o al menos eso parece, así que no podemos dejar de sentir, no podemos pretender no perder los nervios, no alterarnos en un momento determinado o no reaccionar ante algo que nos afecta. Sin embargo, sí podemos ser conscientes de cómo nos estamos sintiendo e intentar tener el valor de no actuar en aquellos momentos en los que nuestra corteza pre-frontal ha decidido ir a dar un paseo y nuestro sistema límbico toma el mando en nuestro cerebro.

Cada uno de nosotros tenemos que buscar estrategias que nos ayuden a volver a nuestro estado racional antes de actuar cuando tenemos un conflicto.PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN…

Una de las reflexiones más citadas de Jane Nelsen, una de las madres de la Disciplina Positiva, resume a la perfección la idea que hay detrás de la auto-regulación emocional “¿De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien, primero debemos hacerlo sentir mal?” La mayoría de las veces, desde que somos niños, se nos castiga por nuestros errores, se nos hace sentir culpables y se pretende que, desde ahí, desde ese sentimiento de culpabilidad, de malestar y, muchas veces hasta de rabia, aprendamos la lección y, sobre todo, aprendamos a auto-controlar nuestras emociones.

Parece absurdo que para que hagamos las cosas bien, primero tengamos que sentirnos mal.

A día de hoy no he conocido a nadie que estando mal consigo mismo, sea capaz de llevar una vida feliz, sana y equilibrada. Quizás esto se debe a que para poder hacer las cosas bien, tenemos que sentirnos bien, plenos, tranquilos, seguros y en equilibrio. En otras palabras, debemos ser capaces de reconocer nuestra emoción, identificar qué intención positiva tiene esta y redirigir nuestro comportamiento hacia una alternativa más adecuada y amable.

Esto solo se consigue aprendiendo a gestionar nuestras emociones y, sobre todo, ayudando a nuestros niños desde que son pequeños a encontrar recursos que les permitan saber cómo se sienten, que les ayuden a tranquilizarse en los momentos de tensión y a hallar una opción que les permita expresar sus emociones y dar respuesta a sus necesidades de un modo respetuoso hacia sí mismo y hacia los demás.

En definitiva, si primero no conectamos con nosotros mismos o con el otro, no podremos corregir nuestro comportamiento o nuestra forma de reaccionar ante un estímulo que nos hace perder la paciencia.

Esta es la clave de la gestión emocional y de la educación emocional que podemos brindar a nuestros hijos, alumnos, primos o hermanos.

Sin CONEXIÓN, no puede haber corrección… o al menos aprendizaje.

Por esta razón es tan importante educar cuando estamos tranquilos y calmados y no precisamente cuando estamos alterados o dominados por el enfado. No es fácil, desde luego que no. Necesitamos mucha valentía para saber que en ese momento en el que la emoción nos secuestra no estamos conectados con nosotros mismos y mucho menos podremos conectar con los demás. No obstante, es la única forma efectiva de conseguir transmitir un mensaje de resolución y poder enseñar valores, habilidades y competencias útiles para la vida.

Tú eres el único que sabe qué te hace sentir bien, qué te hace volver a tu centro, así que ten a mano ese recurso, herramienta o espacio que te permita poder auto-regular tus emociones

¡Recuerda, solo desde ahí podrás hacer las cosas bien!PRIMERO CONEXIÓN Y LUEGO CORRECCIÓN

Marián Cobelas
www.mariancobelascoaching.com / https://www.facebook.com/mariancobelascoaching/

Los tesoros de la tristeza

Los tesoros de la tristeza

Los tesoros de la tristeza

A veces me siento triste. ¿Y tú?

¿Crees que estar triste es bueno? ¿Que es malo?

¿Qué piensas de la tristeza?

La tristeza es una emoción. Sí, no digo nada nuevo.

Pero si te digo que todas las emociones están bien, entonces… ¿sentir tristeza está bien? Pues sí, está bien; y puede que eso te rechine, porque no es lo que nos han enseñado.

Sentir tristeza está bien.

¿Te estoy sugiriendo con esto que te dejes arrastrar al pozo de la amargura? ¡Pues no!

Lo que te sugiero es que la aceptes, que no la rechaces, que no luches contra ella.

Sé que esto no es lo que solemos oír. Sé que cuando estás triste, como a casi todos, lo que te dicen es:

“¡Animo, no es para tanto!”; “Anda, no llores, que no me gusta verte llorar”; “Tampoco es para ponerse así”; “Para lo que te sirve llorar…”; “Venga, no pienses mas en ello”; “No quiero verte así de triste”.

Y frases por el estilo, todas ellas con un nexo común: negar la emoción, aplastarla y hacerte parecer inadecuado por sentirla. ¡Ojo!, todas con la mejor de las intenciones, esa intención que pretende que al no mirar la emoción ¡desaparecerá! como por arte de magia.

¡Craso error!

¿Pero entonces que te propongo?

Te propongo sacarle el jugo a tu tristeza, porque hay un gran tesoro tras ella, un tesoro de incalculable valor: el medio para recuperarte y reflexionar.

Cuando estamos tristes nuestra energía baja y se queda bajo mínimos. No nos apetece hacer nada y parece como si todo lo externo a nosotros perdiera brillo y pasase a un segundo (o tercer) plano. Estamos totalmente “encuevados” en nuestro interior.

Entonces podemos hacer varias cosas:

  • Negarlo y tratar de seguir como si nada. La consecuencia es una pérdida de brillo general en nuestra forma de mirar la vida.
  • Dejarnos arrastrar por ella alimentándola con pensamientos negativos.
  • Aceptarla y acogerla.

Habrás adivinado ya que las dos primeras, a pesar de que suelen ser las que escogemos… no son las más adecuadas. Aceptarla y acogerla es una forma de gestionar la tristeza emocionalmente inteligente.

 

¿Cómo aceptamos y acogemos a la tristeza?

  • Llámala por su nombre, dilo en voz alta o en tu mente, no importa: “Estoy triste”

  • Acéptalo entendiendo que todos la sentimos y que no es nada malo, no eres defectuoso por sentirte así: “Estoy triste y está bien”

  • Acógela escuchando su mensaje

    . La tristeza te pide que descanses, que dediques tiempo para estar contigo, para llorar tu pena (sea la que sea), para sanar tus heridas con compasión y amabilidad, para actuar contigo como lo haría un amigo de esos que valen oro (de los que escuchan sin juzgar y te ofrecen un abrazo)

 Llorar es bueno, llorar ayuda a digerir la tristeza y a descargar la pena.

  • Reflexiona sobre los cambios que necesitas

    para mejorar aquello que haya provocado tu tristeza, pero espera un poco a ponerlos en práctica. Sabrás que ha llegado el momento de hacerlo cuando la luz vuelva a salir a través de tu corazón, cuando hayas soltado esa pena, cuando sientas que la energía vuelve poco a poco.

 ¿Y si es el niño el que está triste?

  • Consuélale sin juzgarle.

  •  Escúchale con atención plena y comprensión, 
  • No trates de solucionárselo todo tú.
  •  Abrázale sin más.
  • A veces solo hace falta esto para reconfortar al otro.
  •  Ponte en su lugar, empatiza con él.
  • Es probable que tú también te sintieses así si estuvieses en su piel y situación. Házselo saber.
  •  Explícale qué es la tristeza, cuéntale cuáles son sus tesoros; ¡ahora ya los conoces!
  • Y puedes leerle el cuento de Dopi y el baúl de la tristeza 😉
  •  Ten la paciencia necesaria para dejar que sane su corazoncito herido, no le metas prisa.
  • Estate dispuesto para consolar, abrazar y escuchar, para ayudarle a buscar soluciones haciéndole preguntas que le lleven a sus propias conclusiones o ofreciéndole varias alternativas si no se le ocurre nada.

Ana Isabel Fraga

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