Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
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POR QUÉ NUESTRO CEREBRO NO APRENDE CUANDO NOS GRITAN O NOS CASTIGAN

En mis cuarenta años de vida, he tenido una familia de origen protectiva, y he pasado por diversas instituciones educativas.  Afronté la EGB en los 80, la secundaria en los primeros 90 y la universidad hacia el final de los 90.

En cada una de estas instituciones, escuché gritos y  aguanté castigos en mayor o menor medida.

Hoy me pregunto si aquellos adultos que me rodeaban creían fielmente que esos gritos y/o castigos eran la forma correcta de educarme ¿o quizá ni ellos mismos lo creían? Nunca lo sabré. No dejaban de ser gritos de poder y muestras de autoridad.POR QUÉ NUESTRO CEREBRO NO APRENDE CUANDO NOS GRITAN O NOS CASTIGAN

Recuerdo una vez, tendría unos 9 años y estaba en EGB, que fui expuesta delante de toda la clase por, creo recordar (ni siquiera estoy segura),  no prestar atención a la lección. Se me puso en el rincón cara a la pared, apartada y aislada del resto de la clase.

Recuerdo mi terror y vergüenza infinita, que, desde entonces, y aún hoy, arrastro y enfrento cada vez que debo salir delante de un público y exponerme.

¿Por qué el niño, al que acaban de castigar y/ o gritar, no aprenderá la lección? Esa lección de vida, enseñanza de futuro que, como padres o profesores queremos que nuestros niños aprendan.  Aquí vamos a tratar de dar una respuesta química al por qué, dejando de lado en esta ocasión las corrientes educativas.

Hoy vamos a centrarnos en nuestro sistema límbico, y más concretamente, en nuestra amígdala, colaboradora imprescindible en la regulación de las emociones, la cual puede reaccionar de una manera agresiva si percibe que está en peligro. Recibe este nombre por su forma parecida a una almendra (almendra es amýgdalo en griego).

Existen ya cientos de estudios neurológicos que avalan que, si el niño no se siente cómodo, seguro y protegido, su cerebro activará el modo de supervivencia y bloqueará la entrada de nuevas informaciones.

El cuerpo amigdalino, o amígdala cerebral es un conjunto de núcleos de neuronas localizadas en el interior de los lóbulos temporales de los vertebrados complejos, humanos incluidos.  La amígdala forma parte del sistema límbico, y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales.

Cumple varias funciones básicas relacionadas con los instintos y la supervivencia de la especie, como el hambre, la sed, el sexo, la memoria y las emociones más primarias: irá, alegría, miedo, tristeza…Durante mucho tiempo se ha dicho que en la amígdala nacían las emociones, aunque esto no es del todo correcto.

La amígdala envía proyecciones a otros sistemas para incrementar los reflejos de vigilancia, paralización y escape/huida,  para las expresiones de miedo,  para la activación de neurotransmisores de dopamina, glucocorticoides, noranedralina y adrenalina. Destacar que muchos de estos neurotransmisores están intimamente ligados a las respuestas de estrés y en particular al distrés (estrés nocivo al organismo).

La amígdala participa en una gran variedad de funciones, pero destacan el mantenimiento de nuestros recuerdos y diversos aspectos de la memoria. En muchas ocasiones los hechos se relacionan con una emoción muy intensa: un hecho de la infancia, la perdida de una persona querida, una situación de gran estrés o terror…

Si un niño no se siente seguro, la amígdala se activa e impide que  haya absorción y entrada de información al cerebro, bloqueando la entrada de nueva información.

Un estudio publicado por la revista “Microbiología del aprendizaje” en 2002 sugiere que la amígdala, de hecho, tiene un fuerte impacto en el aprendizaje.

“La amígdala revisa constantemente toda la información que llega al cerebro a través de los distintos sentidos con el fin de detectar rápidamente cualquier cosa que pueda influir en nuestra supervivencia”, explica Justin Feinstein (Universidad de Iowa, EEUU). “Una vez que detecta el peligro, la amígdala orquesta una respuesta rápida de todo el cuerpo que nos empuja a alejarnos de la amenaza, lo cual aumenta nuestras posibilidades de supervivencia”. (Texto extraído de la autora Koncha Pinós-Pey)

Paul Gilbert (profesor de la Universidad de Oxford y Derby, Reino Unido) sugiere que si un alumno en clase siente culpa, vergüenza, aburrimiento, frustración o miedo…estos sentimientos estimularán al cerebro para que entre en modo huída, lucha, o hacerse el muerto, todo ello a través de la amígdala. (Texto extraído de la autora Koncha Pinós-Pey)

Cuando gritamos, cuando castigamos, cuando imponemos una consecuencia a un niño, estamos activando todo el cuerpo amigdalino. Cuando a un niño se le grita o castiga, el mensaje primario que está recibiendo su cerebro sería algo similar a:

“¡Mayday mayday, nos atacan! ¡Aviso a todas las unidades, cierren todas las compuertas y salidas! ¡Nada entra ni sale!”

Y, efectivamente, el niño, mucho más inteligentemente intuitivo y primario que nosotros, los adultos, activa su amígdala y bloquea las compuertas de su cerebro como motor de supervivencia. El niño pierde la capacidad de actuar, ha sido una reacción puramente química que garantiza la supervivencia.

El cerebro da la orden, la amígdala actúa y se interpone en el proceso de aprendizaje.

Involuntariamente, en lugar mostrar al niño una enseñanza o habilidad de vida necesaria para su futuro (léase responsabilidad, auto-determinación, empatía, autonomía, honestidad, etc.) , la cual era nuestra primera meta, hemos activado todos sus sensores de supervivencia, siendo ya prácticamente imposible el aprendizaje profundo.

El niño aprenderá, cierto:  aprenderá cómo evitar el castigo o el grito. ¿Era esto lo que queríamos enseñarle?

¿Qué alternativas tenemos? La Disciplina Positiva nos ofrece múltiples instrumentos que podemos usar en lugar del grito o el castigo, que, como ya hemos visto, no son efectivos. Aquí vamos a destacar tres, por considerarlos estrechamente ligados al tema que tratamos:

  • Entrenar nuestras emociones. De forma que seamos capaces de controlar nuestro cerebro más animal, el cerebro reptil, aquel que heredamos de los primeros reptiles (tronco encefálico y sistema límbico)  y que, en ocasiones, cuando la corteza prefrontal (nuestro cerebro más humano por decirlo así) no nos puede ayudar a regularlo, nos hace explotar, enfadarnos, enrabietarnos, etc. ¿Cómo conseguir esto? Trabajando sobre nuestras propias emociones, fomentando el autocuidado, tomando conciencia plena y desarrollando el autoconocimiento.
  • Preguntarnos cuál es nuestra primera reacción emocional al comportamiento de nuestro hijo. Si descubro cómo me siento yo cuando mi hijo se comporta en un determinado modo, estaré más cerca de descubrir cuál es su meta equivocada, el mensaje oculto que nos lanza inconscientemente tras su comportamiento. Descubrir si me siento  culpable, frustrado, incapaz, enfadado…etc..,  cuando mi hijo se comporta en una determinada manera, me ayudará a entender cuál es el mensaje oculto que me está lanzando. Porque tal vez el comportamiento no sea el adecuado (a nuestros ojos de adulto), pero el mensaje/necesidad existe y está ahí, solo debemos entenderlo.

Porque el comportamiento de nuestros hijos también nos habla, y mucho, de nosotros mismos. Disciplina Positiva ha reagrupado estas emociones y comportamientos en el cuadro llamado “La Tabla de las Metas Equivocadas”, y que podremos explorar más en profundidad en otro post.

  • Conexión antes de la corrección. Conectar a nivel físico y emocional con el niño antes de actuar, ayudará a que el objetivo sea más fácilmente asumible por ambos. En definitiva, ayudará a obtener un ambiente más colaborador. Somos seres sociales, seres físicos, y todos, sin importar nuestra altura, necesitamos  sentir conexión y pertenencia.

Un instrumento potente de los talleres de Disciplina Positiva es “Necesito un abrazo”. Cuando tu hijo esté en pleno estallido o rabieta, elige un segundo de calma y prueba a decirle: “Necesito un abrazo”. Si te responde negativamente, insiste: “Necesito un abrazo, cuando estés listo yo estaré aquí”. El poder de un abrazo es sorprendente, y sus efectos duraderos. Conecta, siente, abraza.

A nadie le gusta que le griten o le castiguen,  sea un padre, profesor, o nuestro jefe el que lo haga. Nos sentimos humillados. El aprendizaje profundo en la infancia está basado en un binomio fundamental: Movimiento/ Experimentación y Emoción Positiva. Sin él, sencillamente, el aprendizaje no es posible.

¿De donde hemos sacado la loca idea de que, para que los niños se porten bien, primero deban sentirse mal? Jane Nelsen.

María Fabregat

www.naturafamiglia.com

  Todos estamos de acuerdo en que las relaciones entre personas van mejor con paciencia, pero si nos referimos a niños o niñas parece que se hace un requisito fundamental. La paciencia… ¿dónde se compra?

 Es cierto que la crianza se hace mucho más fácil con un alto grado de paciencia. Da la impresión de que algunas personas desbordan paciencia, tratando con calma hasta la rabieta más difícil. Otras personas sin embargo parece que pierdan su paciencia al más mínimo inconveniente y pierden los papeles con facilidad.

La mayor parte de la gente está en un término medio, pero a todos nos gustaría tener más paciencia.

 ¿Es eso posible? ¿podemos lograr tener más paciencia? ¿es como ir al súper y comprar un paquete de pilas nuevas? Las cambiamos y ya está. No es tan fácil, pero sí es posible incrementar nuestra tolerancia ante el entorno. Para ello necesitamos tomar contacto con nuestro cuerpo y detectar:

Lo que nos hace sentir bien.

Identificar pequeñas cosas que nos crean una sensación placentera: desde una canción, un trozo de chocolate, andar descalz@, charlar con un/a amigo/a, un café… cualquier cosa que nos dé un pequeño (o gran) momento de placer. Durante esos momentos  en nuestro torrente sanguíneo aparecen las endorfinas, las hormonas responsables de la sensación de bienestar. Deja que las endorfinas hagan su trabajo… empápate de ellas, aprovecha siempre que puedas para dejarte sentir ese momento: tu momento. Si puedes repítelo varias veces al día, o al menos una vez al día. No solo se trata de disfrutar del momento, sino de ser consciente de que lo estás disfrutando. Esto es inteligencia emocional. Conecta con esa emoción y repítela siempre que puedas. De esta forma cuidarás de estar mejor.

Cuando sientas que el entorno (o alguien/algo en concreto) te ataca, busca más información, amplía tu foco y descentra la situación de lo que te está ocurriendo a ti.

Cada decisión que tomamos y cada acto que realizamos responde a una intención positiva. La de los demás también. Intenta averiguar lo que intentaban antes de sentirte atacad@ o agredid@, lo más probable es que haya sido sin querer hacerte daño.  Eliminar esta presión va a relajar mucho tu ánimo y te facilitará mantener el equilibrio y la calma.

Activa el modo “Pensamientos Positivos”, que no es lo mismo que vivir en las nubes o auto-engañarse.

La realidad puede ser dura y a veces cuesta. Aceptarla y ver qué puedo aprovechar de lo que tengo para salir adelante es una opción. Quedarme parad@ quejándome por lo que nos falta, lo que no sé conseguir o lo mal que nos va es una opción que nos limita. Lo que es seguro es que podemos salir adelante y que tenemos fuerza suficiente para ello. Ser consciente de ello es una buena parte del trabajo.

Nuestro depósito de paciencia tiene un nivel habitual que se llena con buenas sensaciones, con comprensión y con pensamientos positivos.La paciencia… ¿dónde se compra?

Por momentos nuestro depósito baja y podemos perder los nervios con más facilidad. Llenar nuestro depósito es posible y depende de nosotros.

Ana Couto

https://www.anacoutocoaching.com

venganza

El dolor. El desequilibrio emocional es una de las sensaciones más incapacitantes que existen.
Todo se percibe desde la ofensa, el ataque y la sensación de victimismo…y a nadie le gusta ser víctima.
Perder. Sentirse vulnerable. Menos que… VENGANZA

Hemos sido educados en una sociedad en la que no se concibe la posibilidad mirar más allá del individualismo más destructivo: para poder ganar, los demás han de perder. Caiga quien caiga.

Y es tremendamente humano.

Por eso es fundamental ayudar a nuestros hijos a saber expresar su dolor o malestar de una forma respetuosa consigo mismos y los demás, sin buscar venganza, sin perseguir hacer sentir su dolor a los que les rodean.
Porque eso es lo que hacemos constantemente.

Yo estoy mal: los demás vais a saber lo que se siente, o al menos , a los que tenga la capacidad de dañar, es decir, A LOS MÁS CERCANOS E IMPLICADOS CONMIGO.

Empezar por nosotros sería una fantástica opción. ¿En cuántas situaciones nos tomamos todo “a lo personal”? ¿Cuántas veces a lo largo de la vida no somos capaces de ver el problema sin buscar antes de nada, un culpable? ¿Cuántas veces somos jueces y verdugos?

Vengarnos de un dolor propio dañando a los demás es la forma menos eficaz de conseguir ayuda y apoyo, que es exactamente lo que estamos necesitando en esos momentos. VENGANZA

Pero es el único recurso que tenemos si desde que aprendemos a vivir nos enseñan que hay que “pagar por” (castigar) los errores, en vez de solucionarlos. Es lo primero que nos domina si responsabilizamos a los demás de nuestras emociones siento dependientes (locus de control externo) de apegos limitadores.

Intentemos detectar el dolor como una señal positiva de cambio, de movimiento necesario. Agradezcamos las situaciones que nos ofrecen la posibilidad de avanzar a través de ese dolor, en lugar de querer “salpicar” a los demás con el. Como mucho compartamos nuestras emociones con los que sabemos que pueden comprendernos.

“No estoy bien” “Todo me molesta, todo me hiere” Esa sensación, tan lícita y tan común en determinados momentos de nuestras vidas y de las de nuestros hijos, es útil si nos impulsa a salir de ese momento reflexionando y aprendiendo de esa experiencia.

Si nos incita a empujar a los demás a “nuestro pozo” es que no hemos entendido que esa TRISTEZA es nuestra, necesaria y tremendamente poderosa si la utilizamos para “limpiar” y crecer. VENGANZA

Si somos capaces de escuchar un “Mamá, Papá, estoy dolid@, ayudadme” en vez de un “¡Os odio!”…La relación con nuestros hijos seria mucho más cercana y enriquecedora. Si cada vez que nos hacen “sentir mal” con sus conductas detectamos que están intentando conectarse con nosotros a través del dolor, estaremos forjando una relación indestructible.

“APRENDE A PERCIBIR UN ATAQUE COMO UNA PETICIÓN DE AMOR”

María Soto

venganza

venganza

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Los tesoros de la tristeza

Los tesoros de la tristeza

Los tesoros de la tristeza

A veces me siento triste. ¿Y tú?

¿Crees que estar triste es bueno? ¿Que es malo?

¿Qué piensas de la tristeza?

La tristeza es una emoción. Sí, no digo nada nuevo.

Pero si te digo que todas las emociones están bien, entonces… ¿sentir tristeza está bien? Pues sí, está bien; y puede que eso te rechine, porque no es lo que nos han enseñado.

Sentir tristeza está bien.

¿Te estoy sugiriendo con esto que te dejes arrastrar al pozo de la amargura? ¡Pues no!

Lo que te sugiero es que la aceptes, que no la rechaces, que no luches contra ella.

Sé que esto no es lo que solemos oír. Sé que cuando estás triste, como a casi todos, lo que te dicen es:

“¡Animo, no es para tanto!”; “Anda, no llores, que no me gusta verte llorar”; “Tampoco es para ponerse así”; “Para lo que te sirve llorar…”; “Venga, no pienses mas en ello”; “No quiero verte así de triste”.

Y frases por el estilo, todas ellas con un nexo común: negar la emoción, aplastarla y hacerte parecer inadecuado por sentirla. ¡Ojo!, todas con la mejor de las intenciones, esa intención que pretende que al no mirar la emoción ¡desaparecerá! como por arte de magia.

¡Craso error!

¿Pero entonces que te propongo?

Te propongo sacarle el jugo a tu tristeza, porque hay un gran tesoro tras ella, un tesoro de incalculable valor: el medio para recuperarte y reflexionar.

Cuando estamos tristes nuestra energía baja y se queda bajo mínimos. No nos apetece hacer nada y parece como si todo lo externo a nosotros perdiera brillo y pasase a un segundo (o tercer) plano. Estamos totalmente “encuevados” en nuestro interior.

Entonces podemos hacer varias cosas:

  • Negarlo y tratar de seguir como si nada. La consecuencia es una pérdida de brillo general en nuestra forma de mirar la vida.
  • Dejarnos arrastrar por ella alimentándola con pensamientos negativos.
  • Aceptarla y acogerla.

Habrás adivinado ya que las dos primeras, a pesar de que suelen ser las que escogemos… no son las más adecuadas. Aceptarla y acogerla es una forma de gestionar la tristeza emocionalmente inteligente.

 

¿Cómo aceptamos y acogemos a la tristeza?

  • Llámala por su nombre, dilo en voz alta o en tu mente, no importa: “Estoy triste”

  • Acéptalo entendiendo que todos la sentimos y que no es nada malo, no eres defectuoso por sentirte así: “Estoy triste y está bien”

  • Acógela escuchando su mensaje

    . La tristeza te pide que descanses, que dediques tiempo para estar contigo, para llorar tu pena (sea la que sea), para sanar tus heridas con compasión y amabilidad, para actuar contigo como lo haría un amigo de esos que valen oro (de los que escuchan sin juzgar y te ofrecen un abrazo)

 Llorar es bueno, llorar ayuda a digerir la tristeza y a descargar la pena.

  • Reflexiona sobre los cambios que necesitas

    para mejorar aquello que haya provocado tu tristeza, pero espera un poco a ponerlos en práctica. Sabrás que ha llegado el momento de hacerlo cuando la luz vuelva a salir a través de tu corazón, cuando hayas soltado esa pena, cuando sientas que la energía vuelve poco a poco.

 ¿Y si es el niño el que está triste?

  • Consuélale sin juzgarle.

  •  Escúchale con atención plena y comprensión, 
  • No trates de solucionárselo todo tú.
  •  Abrázale sin más.
  • A veces solo hace falta esto para reconfortar al otro.
  •  Ponte en su lugar, empatiza con él.
  • Es probable que tú también te sintieses así si estuvieses en su piel y situación. Házselo saber.
  •  Explícale qué es la tristeza, cuéntale cuáles son sus tesoros; ¡ahora ya los conoces!
  • Y puedes leerle el cuento de Dopi y el baúl de la tristeza 😉
  •  Ten la paciencia necesaria para dejar que sane su corazoncito herido, no le metas prisa.
  • Estate dispuesto para consolar, abrazar y escuchar, para ayudarle a buscar soluciones haciéndole preguntas que le lleven a sus propias conclusiones o ofreciéndole varias alternativas si no se le ocurre nada.

Ana Isabel Fraga

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¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

Hace unas semanas te hablé de cómo llevar la calma a tu día a día, te mostré algunas pautas para que fueras consciente de cómo observar, parar y respirar, antes de responder a tus hijos y hoy mi propuesta es dar un paso más, mostrarte cómo aprender a gestionar las emociones de tus pequeños.

Insisto en que el primer paso está en nosotras, si tu hijo está invadido por la ira, rabia, tristeza, frustración… y tú vas como una mona el cómo termine la escena es fácil de imaginar, todos revueltos y con un final desagradable para todas las partes, ellos se sentirán mal y no aprenderán nada acerca de esa emoción  y tú al dejarte llevar sin más, puede que luego te sientas culpable por haber reaccionado de una manera poco equilibrada.

Mi primera invitación es que te quites la culpa de encima, somos humanas.

En más de una ocasión no lo harás como te hubiera gustado, pero para eso están los errores, para tomar consciencia y aprender a hacerlo de otra manera, además de la oportunidad de mostrarle a tu hijo que tú, al igual que él, también te equivocas y pides disculpas.

Decirte que,  aun tomando consciencia,  habrá días y días, pero si vas incorporando estos hábitos llegará un momento en el que los sigas de manera automática y cuando tu hijo esté ante una emoción desbordada sabrás encauzar ese momento con firmeza, amabilidad y respeto.

Voy al tema en cuestión: ¿Qué hacer en el momento cumbre de la emoción?

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

¿Qué hacer si tu hijo se desborda emocionalmente?

Después de haber parado tú, observarte a ti, a la situación, respirar profundo y repetirte  una y otra vez mentalmente: “Es solo un niño y esta situación pasará”, mis sugerencias son:

  • Conecta con tu hijo, ponte de rodillas por debajo de sus ojos, mantén una posición calmada, receptiva y, si se deja, tócale, acaríciale, dale un fuerte abrazo.

Es posible que no te deje abrazarle, en ese caso, deja que suelte toda la tensión y pasado un rato vuelve a intentarlo.

  • Valida su emoción diciéndole: “Comprendo cómo te sientes”.

Aunque no te guste el comportamiento de ese momento, acepta sus sentimientos. Hay un motivo, aunque tú no lo entiendas, por lo que se ha desbordado emocionalmente.

  • Reconoce e identifica su emoción: “ Te veo muy enfadado ( triste o lo que sea )“.
Deja las etiquetas de lado y no te dejes contagiar por su emoción.
  • Habla menos y Escucha más, no le sermonees, déjale que te cuente lo sucedido,  si es que te dice algo al respecto y busca las emociones que te está comunicando e intenta entenderle.

Mi entrenadora me decía ante la duda cállate, un buen consejo que hoy también os brindo ;).

  • Aborda la conducta diciéndole: “Pegar, morder, duele”, “Gritar aquí así molesta”, “Tienes mucha fuerza y así haces daño”.

Se trata de describir la consecuencia de su comportamiento, sin entrar a juzgarlo.

  • Propón alternativas: “Si necesitas morder puedes hacerlo en este mordedor” (en la etapa oral necesitan soltar su tensión en la boca y es muy frecuente que utilicen la boca para expresar sus emociones). Puedes decirle: “Esto no me gusta, trátame bien”, “los brazos y las manos también sirven para dar abrazos y caricias, mira prueba”.

Cuando son más mayores, a partir de los tres años, puedes preguntarle: “¿Puedes decírmelo de otra forma?”.  A veces  no saben transmitir lo que sienten y lo hacen pegando, gritando, mordiendo, si no te contestan prueba a ponerle tú palabras para así mostrarle que hay otras maneras. “Puedes decírmelo con un tono más bajito”, “prueba a decírmelo tratándome bien”, “¿puede que quieras ese juguete que te han quitado?”…

  • Establece normas y límites claros: “Nosotros no permitirnos hacernos daño” “Nosotros nos respetamos y nos tratamos bien. Estas normas también son para los adultos, ojo!.

Si sigue gritando, mordiendo, pegando, te puedes alejar  y quedándote en la misma habitación decirle: “cuando estés preparado para tratarme bien avísame” y cuando te avise te acercas, le abrazas y cambias de tercio.

  • Cambia de actividad, utilizar el humor o empezar con un juego le ayudará a salir de la emoción y volver a sentirse conectado contigo.
  • Crea una zona de Tiempo Fuera Positivo junto con tu hijo (herramienta de Disciplina Positiva) :

Decorad un espacio de la casa con cosas que puedan ayudar a calmaros, tu pequeño puede participar eligiendo qué juguetes quiere que estén en ese espacio, dile que tienen que ser aquellos que le transmitan calma. Pueden ser peluches suaves, cojines, cuentos, pelotas blanditas, papeles para romper o tirar a una papelera.

Cuando ya tengáis decorada esa zona cuéntale a tu hijo que, a partir de ese momento, cuando necesite sentirse mejor, tendrá la posibilidad de ir libremente a ese lugar de la casa. Es una opción, no una obligación(nada que ver con el rincón de pensar o el: “vete a tu cuarto castigado”) siempre se le pregunta si quiere ir y puede ir sólo o contigo, acompañarle al principio es una buena opción para que se sienta respaldado por ti.

Es importante que esa zona de  tiempo fuera positivo pueda ser para los adultos también, es fundamental ser ejemplo para nuestros niños y mostrarles que cuando nosotros estamos desbordados emocionalmente también usamos ese u otro espacio, para calmarnos.

Una vez pasado el temporal y ambos estéis tranquilos y receptivos puedes trabajar con él qué cosas podéis hacer para buscar soluciones.

Como todo aprendizaje requiere entrenamiento así que paciencia y constancia.

Te animo a que lo interiorices, lo pruebes y vayas convirtiendo estas pautas en tus nuevos hábitos y me cuentes qué cambios se dan en tu hogar.

Patricia Coach

Asesoramiento en la Maternidad