Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Cuando nace su hermano

Cuando NACE su hermano

Cuando nace su hermano

Cuando nace su hermano

Si hay un momento complicado para el primer hijo es la llegada de un nuevo miembro a la familia. Es muy difícil asumir el nuevo rol de hermano mayor que les toca y normalmente no saben cómo encajarlo. Cuando nace su hermano

Realmente, desde su punto de vista, es muy difícil de comprender. De repente su mundo cambia completamente y nunca más a volverá a ser como antes, por mucho que lo intenten. Cambia para siempre y muchas veces hacen grandes esfuerzos para que todo vuelva ser como antes: deshacerse del hermanito, impedir que vengan las visitas… Todo es parte de un intento por recuperar un poco el control de la situación.

Pasan de tener a mamá y a papá para ellos solos, y ser los reyes de la casa a que un día llega otra persona que pone todo patas arriba y sienten que pierden sus privilegios.

Ese hermanito es un auténtico rival. Ha llegado a la familia para quitarle lo que es suyo. Dejando aparte que tenga que “cederle” parte de sus cosas, lo más importante es que le quita a mamá. Esa mamá que estaba 100% por él, ahora tiene que compartirla. Y a veces no llega con compartirla que aún le piden que no moleste mientras mamá está con el otro. ¡Pero quien se cree que es, si mamá es mía, que para eso llegué antes!

Eso es parte de lo que puede sentir un niño de 1 a 3 o 4 años. Más grandes pueden comprenderlo de otra manera. Pero tan pequeños no son capaces de entender la situación, por eso suelen estallar en ataques de ira y pueden tener momentos auténticamente agresivos.

Primero porque no pueden comprender y segundo porque se sienten heridos. Sienten que han perdido la atención (o una buena parte) de mamá, y también de papá.

Realmente es así, porque llegar a casa con un bebé requiere mucha atención, requieren de una gran cantidad de recursos, de mamá, de papá, de los abuelos, las visitas… y todo eso lo notan. De manera que desde que “ese” llegó esto ya no es lo que era, tienen que esperar, tienen que hacer cosas solos que antes no hacían y tienen que aguantarse! Eso no puede ser cosa de mamá ni de papá, tiene que ser por culpa del hermanito, porque antes eso no pasaba. Y ya no digamos si tiene que dejar de usar la cuna para “prestársela” a su hermanito, o dejar el carrito, o la teta… Si aún le sumamos el mensaje del gracioso de turno que le deja caer un “ahora mamá (o papá, o cualquier otro miembro de la familia) ya no te va a querer que ya tiene al bebé” ya la hemos liado.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos ayudarles a llevar mejor ese momento? ¿Hay algo que le facilite ese proceso? Ese momento es duro y requiere que reorganicen su vida y amplíen el concepto de familia para incluir al hermanito.

En primer lugar podemos neutralizar la amenaza. Contrarrestar los efectos negativos y redistribuir los recursos para que no sienta que le vienen a quitar nada, o al menos que sea muy poquito o que gane mucho más de lo que le quitan. Algunas cosas que nos pueden ayudar son:

Planificar durante el principio del embarazo lo que vamos a necesitar aprovechar del hermano mayor y retirarlo con antelación suficiente para que los dos hechos no estén relacionados. Por ejemplo, si necesitamos la cuna, ya en el primer trimestre o a principios del segundo, hacer el cambio a la cama de mayores. Así pasarán meses y el cambio será porque ya es mayor, no porque alguien la necesite. Para eso le puede ayudar elegir cómo va a querer la nueva cama: si quiere colcha de sus dibujos favoritos, si quiere peluches, muñecos, etc. De esta forma es protagonista de su proceso de maduración.

Desde que el bebé puede moverse en la barriguita y escuchar, hacerle partícipe de eso, de este modo ya empiezan a interactuar entre ellos antes de que se conozcan en persona. Además podemos aprovechar para contarles que se mueve cuando él habla (si nos fijamos, suele ser así, reconocen perfectamente la voz de su hermanito mayor y reaccionan ante su presencia) y podemos explicarle que le conoce, que le quiere y que está deseando conocerle.

Si creamos una rutina entorno a esto estamos favoreciendo el vínculo entre ellos y depositando en el hermano mayor que el pequeño le quiere y viene a sumar. Además esto es cierto, porque los pequeños suelen adorar a sus hermanos mayores. Si todos los días vamos dejando el mensaje de que este nuevo miembro de la familia te quiere y está de tu parte, ya desmontamos la teoría del enemigo y ya le hacemos sumar para compensar todo lo que resta. Y esto que suma es mucho más poderoso, porque suma amor.

Es cierto que cuando nazca el bebé va a necesitar mucha atención, sobre todo de mamá, de manera que necesitamos trasformar eso en una oportunidad para integrar al hermano mayor. Darle importancia y relevancia al rol de hermano mayor, ayúdame a cuidarle, ayúdame a vestirle, a cambiarle el pañal, acompáñale mientras toma el pecho para que esté más tranquilo, porque si estás tú está más tranquilo y más contento, enséñale cómo es eso de vestirse solo que él no sabe, vamos a enseñarle al bebé cómo hacen los mayores para ir al baño porque aún no sabe, puedes enseñarle tú. Incluso podemos recalcarlo con mira bebé, que mayor es tu hermano, fíjate, mira lo que es capaz de hacer! De esta forma ambos están recibiendo atención y el mayor pasa a ser protagonista también.

Debemos mantener sus momentos especiales y que tengan a mamá en algún momento a solas para sus cosas, sin nadie más por medio. Es importante decirles verbalmente y también con besos y abrazos, cuanto le queremos. Ya puede entender que igual que el quiere a mamá y a papá, también mamá quiere a los dos hermanitos porque se puede querer infinito a muchas personas y eso él ya lo siente por sus dos padres.

Estas son algunas ideas, que si bien no van a eliminar todos los momentos de pelusilla, si que van a ayudar a mejorar mucho ese momento de transición y ayudarnos a conectar con nuestro primogénito para ayudarle.

Ana Couto

http://www.anacoutocoaching.com

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

Muchas familias me preguntan cómo actuar cuando los herman@s se pelean, no saben si tomar partido o mantenerse al margen.

Estas discusiones, desavenencias o peleas, son parte del aprendizaje. Son una forma de aprender a interactuar con los demás. En este sentido, la labor de los hermanos es la de servir de pequeño laboratorio en el que probar y experimentar reacciones, y formas de actuar. Es el espacio donde ensayar respuestas entre iguales. De ahí saldrán sus estrategias para enfrentarse a sus compañeros de colegio, de instituto, de trabajo… Peleas entre hermanos, ¿intervenir o no?

Parte del “trabajo” de herman@ consiste en poner a prueba y tantear hasta dónde se puede llegar.

Probarán a sacar toda la artillería en pelea campal directamente, pero también  probarán a negociar, a gritar, a pegar, a buscar el adulto que se lo resuelva, a engañar, a mentir, a ayudar, a apoyar, a ser amable, a compartir… lo probarán todo y verificarán de qué forma consiguen mejores resultados. Por supuesto, de forma totalmente inconsciente, de igual modo que cuando empezaban a andar colocaban el pie de esta manera o de esta otra según tanteaban cómo se apoyaban mejor.

Es difícil como padres oírles o verles discutir y no entrar a separarles o a tranquilizarles. Pero pararnos a pensar qué conseguimos con ello puede darnos luz sobre lo que realmente es mejor.

Si nosotros solucionamos su “problema” pueden estar entendiendo que no tienen recursos suficientes para arreglarlo solos.

Cuando intervenimos, realmente… ¿cuál es nuestro objetivo?, ¿qué queremos conseguir? Vamos a verlo con un ejemplo muy típico que se habrá vivido en todas las casas: cuando l@s dos herman@s quieren el juguete al mismo tiempo.

Si nuestra intención es simplemente que se callen y dejen de gritar, realmente cualquier solución es buena, con tal de que se callen. En este caso da igual quien tenía la razón y cómo se solucione. Da igual si los dos terminan enfadados o alguno se siente vencedor. En nuestro ejemplo, da igual quién lo tenía antes, cuánto tiempo llevase con él, etc. posiblemente se pueda terminar con un: “pues para ninguno, lo guardo yo y se termina el problema”.

Si nuestra intención es que aprendan a resolver sus propios problemas, es importante darle el protagonismo a los dos en la solución. Para ello es importante escuchar las dos partes, hacer un poco de juez y ser lo más neutral posible, sobre todo si no estábamos presentes y no sabemos bien qué ha ocurrido. La solución debe ser buena para los dos y vista como solución válida para cada uno.

Si intervenimos de este modo, comprobando qué quiere uno, qué quiere el otro y de que forma se pueden combinar los dos deseos, o si uno tiene que perder cómo se puede compensar… es enseñarles a negociar. Si nosotros iniciamos ese proceso en poco tiempo lo aprenderán y podrán incorporarlo como forma válida para solucionar una discusión o pelea con otras personas. En nuestro ejemplo puede ser algo así:

  • ¿Quién lo tenía antes? ¿Cuánto tiempo llevabas con él?

  • ¿Podemos hacer turnos? Si tú ya lo tenías desde hace un rato, ¿te parece bien si se lo dejas un ratito y luego él te lo devuelve? ¿quieres otro juguete mientras? ¿O quieres jugar conmigo a este otro? Mientras lo tienes tú y luego cambiamos. (aquí dependiendo de las respuestas vamos organizando, si no le gusta el juguete alternativo probar con otro pero con la presencia del cuidador, que suele ser más deseado que cualquiera de los juguetes)

Si nuestro objetivo es que se lleven bien, lo importante es que no haya vencedores ni vencidos, que no haya sensación de injusticia y, sobre todo, que no se imponga una solución que no sea buena para los dos. Además de negociar la solución para que se entienda como buena para todos es necesario actuar también en explicar las intenciones de cada uno y desvincularlas de “me quería hacer daño/me odia/no me quiere…”

Para esto es mejor hacerlo por separado con cada uno y en diferido, es decir, en otro momento con más calma en que pueda razonar en frío. Para ello este breve guion será muy cómodo:

  1. Preguntar qué ha pasado y tener la información desde las dos partes.

  2. ¿Cómo te has sentido con lo que ha pasado y con lo que has hecho?

  3. ¿Cómo crees que se ha sentido tu herman@? ¿qué crees que intentaba?

  4. ¿Cómo te gustaría hacer la próxima vez para que salga mejor?

Siguiendo con nuestro ejemplo, lo más importante va a ser hacerle ver que su herman@ no buscaba fastidiarle, sino que se acordó de ese juguete al verle y le apeteció jugar en ese momento.

Al principio sobre todo, es posible que no sepa muy bien cómo enfocar sus respuestas o no se dé cuenta de qué pude hacer. En ese caso podemos hacer recomendaciones y darle ideas que puede que le sirvan. Por supuesto, como son recomendaciones e ideas, no son de obligado cumplimiento. Tendrá que probar por sí mismo si realmente vale la pena o no. De modo que podemos recomendarle que la próxima vez pruebe a pedir por favor si le deja jugar un ratito con el juguete en vez de arrancárselo de las manos.

Si lo hace, comprobará si tiene mejores resultados, pero si no lo prueba, simplemente lo sugerimos de nuevo, sin presiones.

Para comprender lo que les puede ocurrir en estos casos, es como cuanto te recomiendan tal o cual remedio para algún problema pero que no te convence, de primeras no vas a probar. Pues ellos igual.

Es importante que cada uno tenga su oportunidad de hablar del tema a solas y que tenga su oportunidad de explicar su parte y que con cada uno podamos pensar en cómo puede hacerlo mejor la próxima vez. Ambas partes necesitan entrenar cómo conseguir más recursos.

El truco está en entrenar nosotros también, en practicar y ver cómo podemos ayudarles, pero a cada uno en lo que necesita, sin presiones, sin culpas y con mucha comprensión y mucho cariño. Porque tanto ellos como nosotros lo necesitamos, a todos nos sienta bien y nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Ana Couto

www.AnaCoutoCoaching.com