Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Nuestros hijos perfectos

NUESTROS HIJOS PERFECTOS

El tener hijos más inquietos o tranquilos, revoltosos, desatentos, poco generosos… ¿es cuestión del tipo de padres?, es decir, si unos padres tienen conocimientos en crianza, ¿eso significa y conlleva tener hijos perfectos?

El hecho de saber manejar la conducta de un niño, tener opciones y estrategias hace que nuestros hijos ¿sean tranquilos, generosos respetuosos, empáticos…?  NO.   ¿Sabéis por qué? Porque los niños tendrán comportamientos inadecuados siempre y en algún momento, porque cuando están con otros niños tendrán comportamientos egoístas o impulsivos en algún momento, y esto es algo que debemos de esperar como algo normal, no tengamos expectativas idílicas, sepamos que los niños son niños y tienen comportamientos indebidos en muchos momentos, y esperando esto será como el adulto no se frustre innecesariamente y a continuación pueda actuar enseñando buenas habilidades y opciones asertivas. Nuestros hijos perfectos

Todas las personas con conocimientos en crianza se enfrentan a diario con conductas desapropiadas de sus hijos, es decir, no creas que tenemos hijos que se comportan bien y en todo momento, mis hijos son como los tuyos, la única diferencia es que yo tengo estrategias para entenderlo, ponerme en su lugar, buscar estrategias y crear habilidades en ellos.

Ayer en un taller a familias, al terminar la sesión, una madre me pregunta: “Y tú… ¿tienes dificultades, te enfrentas a estos problemas que te estamos exponiendo?” ¡Claro que sí! mis hijos comenten los mismos errores que los vuestros, no son perfectos, son niños y tienen los mismos comportamientos que los niños de su edad.  

Las personas con conocimiento en crianza no tenemos la varita mágica para convertir lo incorrecto en correcto, sino que trabajamos con estrategias empáticas y firmes para construir habilidades y generar aptitudes en el niño.

Así que, aunque nuestros retos sean los mismos, utilizamos estrategias asertivas para construir habilidades en el niño y que ellos aprendan, de esta manera los retos van disminuyendo. Nuestros hijos perfectos 

Nuestros hijos perfectos

Nuestros hijos perfectos

La perfección no existe y menos hablando de niños, pero en tu mano está construir fortalezas donde se presentan debilidades. Nuestros hijos perfectos

IRENE IGLESIAS RUIZ

necesitais mantener el vínculo

Necesitáis mantener el vínculo

Puerperio. Dudas. Lactancia si o no. Falta de sueño. Virus. Más dudas. Apego sin conciliación. Rabietas. Adaptación escolar. Más virus. Deberes. Amigotes. Pre-adolescencia. Muchas más dudas. Adolescencia. MIEDO. Necesitáis mantener el vínculo

En todo el proceso de acompañamiento de nuestros hijos a lo largo de su desarrollo nos encontramos con muchos obstáculos en forma de fases de crecimiento, de retos nuevos, de imprevistos. La vida misma.
Por eso decir que la maternidad/paternidad es el “trabajo más difícil del mundo” se queda corto.

Al convertirnos en padres nos hacemos responsables de otra vida, con todo lo que eso conlleva. Aún estamos intentando domar la nuestra y se nos presenta el desafío de guiar una nueva, de solucionar, de proteger, de ser intachables cuando no sabemos qué hacer…

Y a lo largo de todo ese camino encontraremos también mucho amor, muchos momentos felices que nos recordarán por qué ha valido la pena cualquier sacrificio, cualquier cuesta arriba.

Es en esos momentos de paz en los que entiendes por qué llego el segundo, incluso el tercero! Esa inexplicable sensación de plenitud al verlos felices compensa cualquier lágrima, ojera, estría, arruga o cana. Nos recargan el alma con cada carcajada, con cada mirada… Porque en momentos de lucidez comprendemos que no son ellos los culpables de esas marcas visibles del paso del tiempo, sino que son el bálsamo que nos mantiene con vida, que nos da la fuerza para continuar cuando todo está perdido. A pesar de todas las tempestades, nos dan luz.

Por eso, pase lo que pase, el mejor truco para ayudarles a crecer, a desarrollar su potencial, para acompañarles de la forma más respetuosa y responsable del mundo es : MANTENER EL VÍNCULO.

No hay nada más poderoso, nada más firme y seguro que el vínculo con la familia.

Educar a nuestros hijos no debe en ningún caso romper o deteriorar la relación con ellos.

necesitais mantener el vínculo

Necesitáis mantener el vínculo

Si nuestras herramientas educativas nos alejan de ellos, si por ayudarles con los deberes acabamos discutiendo, si por un tatuaje dejamos de hablarnos, replantéate tu técnica…
No hay nada más importante que la conexión que establezcas con tus hijos. NADA. Si quieres sembrar la confianza y el respeto mutuos lo primero que has de perseguir es que nada ni nadie os aleje.

Es nuestra obligación adquirir las herramientas suficientes para ser capaces de educar sin dejar de lado ese contacto indivisible.

El AMOR al fin y al cabo. Porque es obvio que el cansancio mella, la paciencia se agota y los recursos a veces no son suficientes, pero es más difícil reparar un vínculo roto que esperar a calmarse para hablar del orden o de los deberes.

El “es por tu bien” y “quien bien te quiere te hará llorar” tiene la misma base que “la letra con sangre entra” y no. No mil veces. Lo único que entra con sangre es el miedo, es el odio.
Lo único que conseguimos GANANDO a nuestros hijos, es alejarnos de ellos.

Es cometer la irresponsabilidad de dejarlos COMPLETAMENTE SOLOS. Porque cuando seas para ellos el pesado o la mandona, no van a recurrir a ti cuando tengan un problema.
No van a ver en ti ese ancla, ese faro. Tendrán miedo de que les castigues, de que les culpes. Preferirán perderse a asumir que te necesitan.

Educamos con la perspectiva del AHORA como si nuestros hijos fueran de papel, de un material que se puede doblar, pintar o arrugar de forma rápida y fácil. NO.

Nuestros hijos son de una madera noble, que crece buscando luz. Que se deforma si no tienen día a día la ración de cariño y de respeto que necesitan para convertirse en ese árbol sano y fuerte.
Las raíces de su vida son y siempre serán el vínculo indivisible con sus padres. Si las raíces enferman, los frutos no llegan, el árbol no crece.

Cuando dudes, cuando no tengas fuerza, cuando todo se ponga cuesta arriba vuelve atrás. Al día que os conocisteis. Que oliste su piel por primera vez. Al momento mágico en el que empezó todo. Mírale a los ojos sin olvidar aquel milagro, que aunque ahora de portazos, te ignore o te rete, es esa criatura que te innundó el corazón, que te enamoró, está ahí dentro.

Esa unión sagrada repara TODO. No la pierdas. No la rompas. Te hará falta conservarla para los momentos en los que nada funcione, cuando lo único que tengas para dar es un abrazo… Cuida el vínculo y todo será mucho más fácil.

María Soto

http://educabonito.com

"Si te portas bien te doy un premio"

“Mira que si te portas bien te daré un PREMIO”

"Si te portas bien te doy un premio"

“Si te portas bien te doy un premio”

¿Cuántas veces al día haces cosas “bien hechas” sin esperar nada a cambio? Ese es el principal problema. El binomio premio/castigo es el mayor de los engaños educativos.

En otras ocasiones hemos hablado y volveremos a tratar el tema de los castigos pero, ¿qué pasa con los premios y halagos? Pues que todo tiene un valor intercambiable. Que todo lo que aprendemos tiene una consecuencia cuantificable y mesurable en “me compensa o no”…

¿Y si eliminamos los premios? ¿Y si educamos sin materialismo, manipulación y chantaje?

Está claro que es imposible hacerlo si el planteamiento educativo que tenemos no va más allá del “que me obedezcan”. Eliminar el condicionamiento requiere una “remodelación” completa, desde los cimientos hasta el tejado.

Partiendo de la base de que en la infancia se aprenden los patrones con los que luego vamos a entender e interactuar en el mundo, debemos replantearnos la posibilidad de dejar de prometer y ofrecer “cosas a cambio” y empezar a mostrar el valor mismo de los aciertos, de las “cosas bien hechas” y , mucho más importante : de los AVANCES DEL PROCESO.

Si pretendemos que “hagan lo que queremos” y ya mismo, claro que necesitamos un intercambio inmediato.

“Come y te pongo Peppa Pig”

Si entendemos que TODO, ABSOLUTAMENTE TODO es un proceso que requiere pasar por fases en las que se van adquiriendo competencias POCO A POCO, podremos permitirnos un “mañana saldrá mejor” cuando las cosas van mal y un “¡lo has conseguido!” cuando todo va bien.

No todo debe ser a cambio de algo. Los valores como el esfuerzo por mejorar, el autoanálisis para la crítica constructiva, la satisfacción por alcanzar retos y el aprendizaje de los errores NO SE APRENDE EN NINGÚN LIBRO, no a cambio de nada…

Es muy improbable que nuestros hijos aprendan a tener un “autocontrol” si todo los que les “controla” viene de fuera. Si siempre están esperando ese “algo” que PAGUE lo que han “hecho bien”.

Y sin darnos cuenta estamos empujando a nuestros hijos a confundir el VALOR de las cosas por EL PRECIO…que son dos cosas demasiado distintas.

Necesitamos ofrecer a nuestros hijos la maravillosa sensación de satisfacción al superar un obstáculo, al encontrar una solución a un problema, al experimentar CRECIMIENTO. Ningún gomet verde enseña todo eso. Necesitamos hacerles entender que no se es “bueno” por obedecer más rápido. ¿Qué es ser bueno? Eso es otro debate…

El premio y la alabanza les hacen dependientes de valoración externa, de juicio ajeno…adictos del aplauso y del los verbos conjugados en condicional.

No premies sus aciertos, pregúntale qué siente por haberse superado, aliéntale para seguir por ese camino y felicítale por haber sido capaz de hacer algo que antes no conseguía, que el premio sea la sensación de triunfo, porque la percepción de CAPACIDAD es la base de la autoestima, es un pilar maestro de su equilibrio emocional futuro.
Hazle consciente de que el mayor regalo por intentar hacer las cosas lo mejor posible es llegar a donde se propongan, pero sobretodo es LA INTEGRIDAD. Nada puede comprar eso.

María Soto

http://educabonito.com

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

peleas entre hermanos

Muchas familias me preguntan cómo actuar cuando los herman@s se pelean, no saben si tomar partido o mantenerse al margen.

Estas discusiones, desavenencias o peleas, son parte del aprendizaje. Son una forma de aprender a interactuar con los demás. En este sentido, la labor de los hermanos es la de servir de pequeño laboratorio en el que probar y experimentar reacciones, y formas de actuar. Es el espacio donde ensayar respuestas entre iguales. De ahí saldrán sus estrategias para enfrentarse a sus compañeros de colegio, de instituto, de trabajo… Peleas entre hermanos, ¿intervenir o no?

Parte del “trabajo” de herman@ consiste en poner a prueba y tantear hasta dónde se puede llegar.

Probarán a sacar toda la artillería en pelea campal directamente, pero también  probarán a negociar, a gritar, a pegar, a buscar el adulto que se lo resuelva, a engañar, a mentir, a ayudar, a apoyar, a ser amable, a compartir… lo probarán todo y verificarán de qué forma consiguen mejores resultados. Por supuesto, de forma totalmente inconsciente, de igual modo que cuando empezaban a andar colocaban el pie de esta manera o de esta otra según tanteaban cómo se apoyaban mejor.

Es difícil como padres oírles o verles discutir y no entrar a separarles o a tranquilizarles. Pero pararnos a pensar qué conseguimos con ello puede darnos luz sobre lo que realmente es mejor.

Si nosotros solucionamos su “problema” pueden estar entendiendo que no tienen recursos suficientes para arreglarlo solos.

Cuando intervenimos, realmente… ¿cuál es nuestro objetivo?, ¿qué queremos conseguir? Vamos a verlo con un ejemplo muy típico que se habrá vivido en todas las casas: cuando l@s dos herman@s quieren el juguete al mismo tiempo.

Si nuestra intención es simplemente que se callen y dejen de gritar, realmente cualquier solución es buena, con tal de que se callen. En este caso da igual quien tenía la razón y cómo se solucione. Da igual si los dos terminan enfadados o alguno se siente vencedor. En nuestro ejemplo, da igual quién lo tenía antes, cuánto tiempo llevase con él, etc. posiblemente se pueda terminar con un: “pues para ninguno, lo guardo yo y se termina el problema”.

Si nuestra intención es que aprendan a resolver sus propios problemas, es importante darle el protagonismo a los dos en la solución. Para ello es importante escuchar las dos partes, hacer un poco de juez y ser lo más neutral posible, sobre todo si no estábamos presentes y no sabemos bien qué ha ocurrido. La solución debe ser buena para los dos y vista como solución válida para cada uno.

Si intervenimos de este modo, comprobando qué quiere uno, qué quiere el otro y de que forma se pueden combinar los dos deseos, o si uno tiene que perder cómo se puede compensar… es enseñarles a negociar. Si nosotros iniciamos ese proceso en poco tiempo lo aprenderán y podrán incorporarlo como forma válida para solucionar una discusión o pelea con otras personas. En nuestro ejemplo puede ser algo así:

  • ¿Quién lo tenía antes? ¿Cuánto tiempo llevabas con él?

  • ¿Podemos hacer turnos? Si tú ya lo tenías desde hace un rato, ¿te parece bien si se lo dejas un ratito y luego él te lo devuelve? ¿quieres otro juguete mientras? ¿O quieres jugar conmigo a este otro? Mientras lo tienes tú y luego cambiamos. (aquí dependiendo de las respuestas vamos organizando, si no le gusta el juguete alternativo probar con otro pero con la presencia del cuidador, que suele ser más deseado que cualquiera de los juguetes)

Si nuestro objetivo es que se lleven bien, lo importante es que no haya vencedores ni vencidos, que no haya sensación de injusticia y, sobre todo, que no se imponga una solución que no sea buena para los dos. Además de negociar la solución para que se entienda como buena para todos es necesario actuar también en explicar las intenciones de cada uno y desvincularlas de “me quería hacer daño/me odia/no me quiere…”

Para esto es mejor hacerlo por separado con cada uno y en diferido, es decir, en otro momento con más calma en que pueda razonar en frío. Para ello este breve guion será muy cómodo:

  1. Preguntar qué ha pasado y tener la información desde las dos partes.

  2. ¿Cómo te has sentido con lo que ha pasado y con lo que has hecho?

  3. ¿Cómo crees que se ha sentido tu herman@? ¿qué crees que intentaba?

  4. ¿Cómo te gustaría hacer la próxima vez para que salga mejor?

Siguiendo con nuestro ejemplo, lo más importante va a ser hacerle ver que su herman@ no buscaba fastidiarle, sino que se acordó de ese juguete al verle y le apeteció jugar en ese momento.

Al principio sobre todo, es posible que no sepa muy bien cómo enfocar sus respuestas o no se dé cuenta de qué pude hacer. En ese caso podemos hacer recomendaciones y darle ideas que puede que le sirvan. Por supuesto, como son recomendaciones e ideas, no son de obligado cumplimiento. Tendrá que probar por sí mismo si realmente vale la pena o no. De modo que podemos recomendarle que la próxima vez pruebe a pedir por favor si le deja jugar un ratito con el juguete en vez de arrancárselo de las manos.

Si lo hace, comprobará si tiene mejores resultados, pero si no lo prueba, simplemente lo sugerimos de nuevo, sin presiones.

Para comprender lo que les puede ocurrir en estos casos, es como cuanto te recomiendan tal o cual remedio para algún problema pero que no te convence, de primeras no vas a probar. Pues ellos igual.

Es importante que cada uno tenga su oportunidad de hablar del tema a solas y que tenga su oportunidad de explicar su parte y que con cada uno podamos pensar en cómo puede hacerlo mejor la próxima vez. Ambas partes necesitan entrenar cómo conseguir más recursos.

El truco está en entrenar nosotros también, en practicar y ver cómo podemos ayudarles, pero a cada uno en lo que necesita, sin presiones, sin culpas y con mucha comprensión y mucho cariño. Porque tanto ellos como nosotros lo necesitamos, a todos nos sienta bien y nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Ana Couto

www.AnaCoutoCoaching.com

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Es indiscutible que los “tiempos cambian”, que las costumbres se re-adaptan a las necesidades del momento, que cada familia tiene su historia, sí. Por eso creo que, a la vez que favorecemos que nuestros hijos estén preparados para sobrevivir en este momento socio-histórico que les ha tocado estar, es nuestra responsabilidad también asegurarnos de que no pierdan la esencia de lo que les antecede. Te doy un consejo: Recupera algo de antaño para tu familia.

¡Tranquilos! no voy a decir que deberíais volver a lavar la ropa en el río, no.  Me estoy refiriendo a esos momentos que favorecen el trato humano.

Estamos de acuerdo en que oímos a adultos y ancianos decir con pena “Se han perdido los valores, la gente ya no se ayuda, no se conocen los vecinos…” y ante ello podemos reflexionar.

¿A qué se refieren? ¿Sólo al respeto hacia los mayores?

Nada más lejos de la realidad. Se refieren a todas y cada una de las costumbres que hacían de un pueblo una comunidad, de un barrio casi una familia.  Esos actos, momentos y actitudes, esas palabras y saludos que cada día se oían y que resonaban en el pecho de cada quién que los escuchaba.

Hoy los adelantos se nos han adelantado y han dejado atrás la parte más humana y sensible de las personas. Por eso surgen con fuerza, desde la necesidad, los programas de educación y gestión emocional.

Deseamos que nuestros niños y jóvenes lleguen a ser capaces, recursivos,… felices al fin y al cabo.

Para ello nos ayudaría (y mucho) echar un poco la vista atrás, y me arriesgo a decir que no a la generación anterior si no al menos un par de generaciones atrás. Una de aquellas en la que de verdad se sienta la diferencia, porque de extremo a extremo vemos mejor la potencia de los cambios.

Y echando la vista atrás, por ejemplo 80 años, podemos mostrar a nuestros hijos y alumnos momentos familiares increíbles. Cierto es que muchos momentos de penuria no los queremos para los nuestros pero también es cierto que, incluso en la penuria, había humanidad, aceptación y agradecimiento que ayudaban a sentir compasión por el prójimo y a colaborar en tribu (en aspectos de crianza y educación entre otros).

Recupera algo de antaño para tu familia y la enriquecerás. Puedes probar  y sentir qué os aporta:

  • Conversaciones a la hora de cenar
  • Andar sin prisa y sin ruta por alguna zona de campo
  • Aprovechar recursos de la naturaleza
  • Atender animales
  • Consumir comida casera
  • Disfrutar ratos de relax observando “algo”
  • Dar agradecimientos
  • Visitar familia y amigos aunque te dé pereza
  • Estar en casa sin tv

  • Juntarse para cantar
  • Bailar en cada ocasión que se presente (no se sabe cuándo será la última romería)
  • Estar descalzos
  • Invitar a los vecinos a  echar la partida
  • Juntarse a ver fotos
  • Escuchar y contar historias de la familia
  • Recorrer  los sitios donde solían estar  esos antepasados
  • Acercarse a ver qué hace el vecino
  • Ayudarle a terminar lo que está haciendo
  • Plantar una huerta
  • Ayudar al vecino con la suya
  • Aprender a remendar la ropa, soldar los metales, podar árboles…
  • Echar la ropa a secar al sol (en Asturias se dice “echar la ropa al verde”, en el prao)
  • Levantar la voz para SALUDAR a la vecina que camina más adelante por la otra acera
  • Brindar en cada nueva ronda
  • Comprar en las tiendas de barrio y pararse a charlar 🙂
  • Estar sin reloj y fiarse del Sol…

Y añade las que se te ocurran o apetezcan, las que eches de menos, porque seguro que si escarbas un poco encuentras alguna que te gustaría recuperar o volver a sentir… Yo no me olvido de las nochebuenas en casa de mis abuelos, volvería hoy mismo.

¿A qué momento de tu historia familiar te gustaría volver, aunque solo fuese un día, o un rato?

Dale a tus hijos el placer de VOLVER CONTIGO para que también puedan “respirarlo” y se embriaguen de convivencia.

Virginia García

www.ContigoDesenredo.es

Sentimiento de pertenencia y mala conducta ¿qué relación guardan?

Alfred Adler (1870-1937), en su teoría de la psicología individual, habló de la necesidad del sentimiento de pertenencia. Sostenía que todo comportamiento del ser humano está encaminado a la búsqueda del sentimiento de pertenencia. Esto es así por una cuestión de superviviencia. Somos seres sociales y vivimos en comunidad; solos no sobreviviríamos así que de una manera instintiva buscamos integrarnos perfectamente en nuestro grupo de referencia para así asegurarnos el seguir vivos (ahora puede parecer un poco absurdo, puesto que vivimos en sociedad, pero hace miles de años, cuando se vivía en cuevas, un ser humano que no viviera en manada tenía los días contados… Esto forma parte de nuestro instinto animal). Sentimiento de pertenencia y mala conducta ¿qué relación guardan?

Alfred Adler sostenía que el  sentido de pertenencia está detrás de toda conducta inapropiada de los niños, ya que en busca de cubrir esta necesidad, los niños toman malas decisiones y se comportan de modos inapropiados. 

Sentir que somos parte importante y útil de un grupo es una necesidad que todos tenemos, no solo los niños:

 

¿Te has sentido alguna vez excluido de un grupo de amigos?

¿Has experimentado la sensación de no “conectar” con el equipo de trabajo en alguna empresa?

¿O has pensado alguna vez que en cierto grupo no te tenían en cuenta?

¿Cómo te sentías?

Muchos niños experimentan esa sensación en sus casas y en la escuela, e intentan a toda costa satisfacer esa necesidad porque sus instintos primitivos le dicen que lo necesita para sobrevivir. ¿Imaginas todo lo que es capaz de hacer para sentir que su vida no está en peligro? (el cerebro no distingue que actualmente la vida no corre peligro, tan sólo responde a las emociones que se han generado).

 

Nuestro primer grupo de referencia es la familia en la que nacemos.

Después van ampliándose los grupos al aparecer la escuela, el grupo de amigos de referencia, el trabajo, etc. En cada grupo nuestro comportamiento estará encaminado a formar parte y a que no nos dejen de lado. Y además de ser parte de ese grupo, necesitamos sentir que pertenecemos de verdad, que somos un miembro apreciado y útil del grupo, porque si no estamos aportando nada a nuestro grupo… ¿quién sabe si cualquier día deciden abandonarnos? Al no sentir que pertenecemos y que somos importantes para el equipo, se activa un miedo a ser abandonados, a quedarnos solos, en última instancia…a la muerte. Y la función del cerebro es sobrevivir, así que toca buscar soluciones a este problema.

 

Esta necesidad responde a un instinto muy primario, es algo muy inconsciente, pero existe y realmente nos mueve y remueve.

Sentimiento de pertenencia y mala conducta ¿qué relación guardan?

Sentimiento de pertenencia y mala conducta ¿qué relación guardan?

En la película “Los pingüinos de Madagascar” puedes ver un ejemplo de la búsqueda de sentimiento de pertenencia muy clara.

El pingüino más pequeño, Private, se pasa la película repitiendo que él tan sólo quiere ser un miembro apreciado y valioso del equipo. Los demás creen que no tiene mucho que aportar y lo usan en muchas ocasiones de “cebo” puesto que no pueden darle ninguna función importante. Private se siente triste en muchas ocasiones y desesperado por no poder contribuir de forma valiosa para el equipo. Finalmente en la película, el pingüino encuentra en qué es valioso para su equipo y por qué sí es una pieza fundamental para el equipo tal y como es (y los demás también se dan cuenta de eso). Te recomiendo que veas la película, que además ¡es muy divertida!

Ahora volvamos a los niños y vamos a centrarnos en las conductas que surgen como respuesta a la necesidad del sentimiento de pertenencia. Supongamos que ante una conducta de un niño que nos preocupa hemos descartado que la causa sea una necesidad física, falta de maduración, el malestar emocional o simplemente que sea una conducta completamente normal para su edad….Entonces es muy probable que el niño necesite sentir que pertenece y que es un miembro importante y apreciado de su “equipo” (familia, clase, amigos….).

 

La pertenencia es otra necesidad emocional que tiene el niño fruto de la vida en sociedad.

Los niños buscan sentirse incluidos, parte del grupo en el que se encuentran, útiles para los demás, que los tengan en cuenta, sentirse válidos. Necesitan saber que necesitamos su ayuda, quieren participar en todas las tareas, ser autónomos, hacer cosas ellos solos o ayudarnos a hacerlas. Es fácil ver como desde bien pequeñitos se despierta en ellos las ganas de contribuir…

Hacia el año o año y medio en los niños se despierta el deseo de hacer las cosas ellos solos y poco después nace el deseo de ayudar. Cada niño tiene su ritmo y algunos empiezan antes y otros después. ¿Qué ocurre cuando un niño o una niña de 12 meses quiere tomar sopa solit@ con la cuchara? Que normalmente no le dejamos porque lo pone todo perdido. Quizá le intentamos enseñar y a veces no tenemos suficiente paciencia para esperar a que aprenda. Quizás nos apresuramos a ayudarle y a rescatarle de su “lío”…. Este es el motivo por el que los niños suelen abandonar el deseo de hacer las cosas por si solos y quieren que les den de comer o que los vistan a edades que ya podrían hacerlo muy bien solitos.

El problema es que han desarrollado el sentimiento o mejor dicho, la creencia, de que no son válidos y que no pueden hacerlo.

 

Cuando los niños no tienen este sentimiento de pertenencia, cuando creen que no son útiles para el grupo, lo buscan llevando a cabo conductas que creen que les van a resultar útiles para lograrlo. Y lo buscan porque aún no se han rendido y quieren sobrevivir, su instinto animal les dice que tienen que formar parte de ese grupo o si no podrían morir (del mismo modo que de bebé su instinto les hace llorar cuando les ruge la barriga porque si no podrían morir por falta de alimento).

En esta búsqueda de pertenencia, los niños caen en lo que Rudolf Dreikurs  (1897-1972) llamó “Metas equivocadas de la conducta”. Dreikurs decía que el niño desarrollaba una creencia equivocada sobre sí mismo y entonces actuaba conforme a esa creencia para conseguir una meta: ser tenidos en cuenta.

La Disciplina Positiva nos explica muy bien cómo se desarrollan estas creencias, cómo podemos descubrirlas y cómo podemos actuar para que no se perpetúen y el niño encuentre el modo adecuado de satisfacer su sentimiento de pertenencia.

Nuria Ortega

“Educar para el futuro”

venganza

El dolor. El desequilibrio emocional es una de las sensaciones más incapacitantes que existen.
Todo se percibe desde la ofensa, el ataque y la sensación de victimismo…y a nadie le gusta ser víctima.
Perder. Sentirse vulnerable. Menos que… VENGANZA

Hemos sido educados en una sociedad en la que no se concibe la posibilidad mirar más allá del individualismo más destructivo: para poder ganar, los demás han de perder. Caiga quien caiga.

Y es tremendamente humano.

Por eso es fundamental ayudar a nuestros hijos a saber expresar su dolor o malestar de una forma respetuosa consigo mismos y los demás, sin buscar venganza, sin perseguir hacer sentir su dolor a los que les rodean.
Porque eso es lo que hacemos constantemente.

Yo estoy mal: los demás vais a saber lo que se siente, o al menos , a los que tenga la capacidad de dañar, es decir, A LOS MÁS CERCANOS E IMPLICADOS CONMIGO.

Empezar por nosotros sería una fantástica opción. ¿En cuántas situaciones nos tomamos todo “a lo personal”? ¿Cuántas veces a lo largo de la vida no somos capaces de ver el problema sin buscar antes de nada, un culpable? ¿Cuántas veces somos jueces y verdugos?

Vengarnos de un dolor propio dañando a los demás es la forma menos eficaz de conseguir ayuda y apoyo, que es exactamente lo que estamos necesitando en esos momentos. VENGANZA

Pero es el único recurso que tenemos si desde que aprendemos a vivir nos enseñan que hay que “pagar por” (castigar) los errores, en vez de solucionarlos. Es lo primero que nos domina si responsabilizamos a los demás de nuestras emociones siento dependientes (locus de control externo) de apegos limitadores.

Intentemos detectar el dolor como una señal positiva de cambio, de movimiento necesario. Agradezcamos las situaciones que nos ofrecen la posibilidad de avanzar a través de ese dolor, en lugar de querer “salpicar” a los demás con el. Como mucho compartamos nuestras emociones con los que sabemos que pueden comprendernos.

“No estoy bien” “Todo me molesta, todo me hiere” Esa sensación, tan lícita y tan común en determinados momentos de nuestras vidas y de las de nuestros hijos, es útil si nos impulsa a salir de ese momento reflexionando y aprendiendo de esa experiencia.

Si nos incita a empujar a los demás a “nuestro pozo” es que no hemos entendido que esa TRISTEZA es nuestra, necesaria y tremendamente poderosa si la utilizamos para “limpiar” y crecer. VENGANZA

Si somos capaces de escuchar un “Mamá, Papá, estoy dolid@, ayudadme” en vez de un “¡Os odio!”…La relación con nuestros hijos seria mucho más cercana y enriquecedora. Si cada vez que nos hacen “sentir mal” con sus conductas detectamos que están intentando conectarse con nosotros a través del dolor, estaremos forjando una relación indestructible.

“APRENDE A PERCIBIR UN ATAQUE COMO UNA PETICIÓN DE AMOR”

María Soto

venganza

venganza

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