Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo

Educar es siempre un reto…hablar sobre educación es mucho más fácil.

Pero lo que se necesita para educar no es tanto “conocer teorías” sino “saber aplicarlas”.

Porque además no es lo mismo saber qué es lo correcto que “sentir” lo correcto. Y es el sentimiento correcto el que nos guiará a una educación eficiente. No se trata de aprender a fingir “tranquilidad” sino saber interpretar las situaciones de manera apropiada y que esto nos permita mantener la calma y el auto-control. HABLEMOS de EDUCACIÓN

Es decir, las teorías hay que tenerlas interiorizadas y meditadas para aplicarlas eficientemente, para ser coherentes y encontrarnos seguros y saber qué hacer ante las eventualidades que sin ninguna duda van a surgir.

El niño rara vez se va a quedar sin palabras o sin recursos para seguir defendiendo su postura, esa que precisamente nosotros queremos modificar. En creatividad e ingenio nuestros niños van sobrados así como en audacia y determinación. Y tener capacidad de maniobra y confianza y seguridad en uno mismo como educador pasa también por conocer nuestros límites y nuestras dificultades y que “ni lo sabemos todo” ni la teoría que aplicamos “es la fórmula mágica que de un plumazo soluciona todos mis problemas”. Esto es poco realista y una cosa es tener fe en que lo lograremos y otra contar con que ya lo hemos logrado con haber aprendido la teoría.

Aplicar la teoría, la práctica de esos principios educativos requiere adquirir habilidades y aprender el manejo de esas nuevas herramientas se logra practicando…y cometiendo errores que nos ayudarán a aprender. Cada vez que he me doy cuenta de que he cometido un error es porque ya sé “qué hay que hacer”, aunque sin pretenderlo he vuelto a poner en marcha mecanismos automáticos que han guiado mi conducta como educador desde hace mucho tiempo. “Desaprender” estas costumbres que  en gran medida están automatizadas requiere también un proceso. Darse cuenta de que he cometido un error, ya es un avance que no puedo vivir como un fracaso, sino como un logro aunque sea parcial.

Vamos a ver un pequeño ejemplo:HABLEMOS de EDUCACIÓN

Mi hijo de 10 años sabe que hay que llevar el casco cuando montamos en bicicleta, pero no le gusta y se niega a ponérselo. Este tema se convierte en un enfrentamiento. No podemos saber qué pasa exactamente por su cabeza…pero podemos hacernos una idea y sobre ella podemos apoyarnos a la hora de decidir cuál será nuestra forma de actuar, nuestra forma de educar, nuestra forma de enseñarle. Funcionará mejor o peor y esto también habremos de observarlo y seguir sacando conclusiones y buscando caminos, soluciones y mejores vías educativas.

Algunas pistas en esta pequeña simulación del proceso del padre en su intento educativo:

Reflexiones del padre que aplica aquellos principios sobre el funcionamiento de la psicología infantil en los que cree:

-Cuando un niño me reta…

lo correcto es mantener la calma y no tomárselo como algo personal.

El niño está aprendiendo, está formándose y no sabemos por qué, pero ha llegado a la conclusión de que lo que merece la pena en la vida es imponerse, y en este momento salir victorioso de un pulso de poder que mantiene contigo, porque tú eres sencillamente un adulto con el que se relaciona, o su padre, o su profesor y contigo está ensayando sus habilidades y su fuerza.

Ese hecho no vas a poder cambiarlo en un segundo, le digas lo que le digas, hagas lo que hagas. Puedes coartar su conducta, evitarla…pero el niño seguirá en su error: en la vida lo que importa, y por lo que hay que luchar es por lograr ocupar una posición en la que nadie nos diga lo que hacer ni nos prohiba nada y a poder ser nosotros hemos de mandar e imponernos sobre el resto.

-Cuando nos sentimos atacados, retados, cuestionados en nuestro rol de adultos que han de ser respetados y en cierto modo obedecidos incondicionalmente…

ese sentimiento es lo que nos conduce hacia actitudes de enfrentamiento contra el menor y sin darnos cuenta lucharemos por nuestra hegemonía. Nuestra actitud está reforzando lo que él piensa: es lo que merece la pena en la vida, imponerse sobre los demás por la fuerza, la autoridad o la posición social. Él, consciente de que todavía es un niño y por lo tanto se espera de él que permanezca “abajo”, luchará instintivamente por superar su situación y “prosperar” todo lo posible y subir en el escalafón. Subir todo lo que se pueda…por eso nos medirá constantemente, en un intento de alcanzar “respeto” y “posición”.

-Haciendo valer tu posición y autoridad sobre él, tal vez logres imponerte y reprimir su conducta…

pero no hemos logrado hacerle cambiar su visión sobre lo que es la vida, y sobre cómo se comporta un ser humano que merezca la pena, una persona que sepa ser uno más entre los otros, que respeta y coopera por el bien de todos y esto construye en él un sentimiento de valía y de conexión consigo mismo y con los que forman parte de su grupo (familia, amigos, compañeros de clase, etc). En resumen  imponiéndonos estamos intentando modificar una conducta pero no estamos poniendo el foco en la implementación de valores, que tal vez defendemos teóricamente…pero no siempre los hacemos evidentes para el niño en la práctica, no en nuestras formas educativas, no en lo que implícitamente defendemos con nuestra forma de reaccionar.

-No entrar en luchas de poder…

sería más efectivo a la hora de educarle y modificar su conducta a largo plazo basándonos en que el niño adquiera una forma “moral” de comportamiento, en un proceso gradual que no se improvisa de la noche a la mañana cuando cumple 18 años.

El padre podría decidir que hablará con el niño en estos términos:

_”He visto que te niegas a hacer lo que te digo…y hasta parece que te ofende que te diga lo que tienes que hacer. ¿Estoy en lo cierto?. Yo siento que soy responsable de tu seguridad…en parte al menos, porque todavía tienes 10 años y tal vez no tengas ganas de ponerte el casco…pero es importante que si te caes no te dañes la cabeza. Y aunque ni quiero molestarte, ni disgustarte…no tengo otra opción que no dejar que salgas con la bici si no es con casco”.

No entramos en discusiones, ni en reproches, ni en descalificaciones…no juzgamos siquiera. Aceptamos nuestra responsabilidad y ejercemos nuestra capacidad de decisión que esta conlleva. Nos mantenemos firmes pero sin mostrar enojo ni malas maneras, sin dejar de ser amables. Sin convertirnos (simular que nos convertimos) en el “ogro autoritario” que servirá al niño como modelo de muchos malos comportamientos. Al niño no le vale tanto lo que le decimos que debe hacer como lo que nosotros hacemos y él ve que “funciona”. Si nosotros mostramos que “nos salimos con la nuestra” a base de ponernos “fuertes” y “autoritarios“ el comprueba en carne propia la derrota en ese pulso de poder que él mismo nos sirve sin descanso. Él desea, siente el anhelo de vencer…y lo que le estamos mostrando son armas eficaces para lograrlo.

Si el niño en su enfado nos falta al respeto, lo comprenderemos sin sentirnos ofendidos…

pero aunque en ese momento no caeremos en esa trampa, en su provocación, en la lucha de poder que nos presenta, más adelante no dejaremos de entrar en el tema. El respeto es un tema prioritario y una falta de respeto no debiera quedar sin tratar. Pero es un asunto central que debe ser tratado con calma y en el momento adecuado en el que se cuenta con conexión entre el niño y el adulto.

Volviendo al ejemplo del niño que no quiere ponerse el casco…Sin decir nada más y con tranquilidad zanjaremos el asunto: “Sin casco no hay salida en bici”.

-Desde luego, en otro momento, cuando el niño y nosotros estemos calmados, podremos y deberíamos hablar de los malos modos, los gritos y los insultos que haya podido lanzarnos. Pero cuando ya la cuestión del casco sea “agua pasada”.

Entonces podremos hablar con el niño:

”Ayer me gritaste y me llamaste estúpido…y unas cuantas cosas más. Y la verdad es que me sentí muy mal. Estaba mamá delante y la tía y me sentí humillado. Si tienes alguna queja sobre mí, dímelo pero igual que yo no te insulto, me gustaría que tú a mí tampoco. Las personas no estamos siempre de acuerdo…pero lo hablamos sin faltarnos al respeto.….Si ahora no quieres hablarlo, no pasa nada…pero piénsalo y cuando estés preparado lo hablamos. Eres mi hijo y no quiero que estas cosas nos alejen. Creo que llevarnos bien en la familia es lo más importante para vivir contentos”.

Para hablarle a los niños y a los adolescentes y lograr hacer valer nuestras razones, no nos queda otra que entrar en profundidad en los asuntos, entrar en lo esencial y buscar las razones primeras de las cosas. Esas que muchas veces ya hemos olvidado porque las llevamos dentro desde hace tanto que damos por sentado que son evidentes y no acostumbramos a expresar en palabras.

Ahora nuestro papel de educadores nos obliga a revisar todos nuestros aprendizajes, quitarles el polvo, actualizarlos, contrastarlos con lo que hemos vivido, re-evaluarlos y ponderarlos…y así transmitirlos con claridad a nuestros niños y jóvenes como legado inmaterial para su vida.

-Los niños nos desobedecen…y muchas veces nos dejan sin argumentos, sin recursos, sin herramientas para lograr influencia sobre ellos. Convencerles implica rebuscar las razones que mantienen esas convicciones, normas y reglas que aplicamos y muchas veces re-elaborarlas porque gran parte de ellas nos han sido implícitamente transmitidas o lo que es peor nos han sido impuestas.

-Un niño de hoy en día nos lo va a cuestionar todo. No va a aceptar nada impuesto ni nuestra palabra porque sí. Hemos defendido su dignidad y sus derechos y ese ser digno, amado, y protegido dará lo mejor de sí sin duda y también plantará batalla, aportará su impronta, sus ideas y nos pondrá a prueba…lograremos salir de esta y lo educaremos y se hará una buena persona. Debemos tener confianza en nosotros mismos como educadores responsables y en el amor que hemos dado a nuestros niños y en que este, tarde o temprano, dará sus frutos. Pero siendo realistas hemos de saber no va a ser fácil, tan altas expectativas que albergamos hacia nuestros niños van a exigir de nosotros nuestros mayores esfuerzos y la mejor versión de nosotros mismos.

Educar es el arma de evolución para el adulto no en menor medida que es el motor de desarrollo para el niño.Perseguir lo mejor para los hijos nos lleva a seguir avanzando y mejorando como personas. Ser mejor padre pasa por ser mejor persona.

¡Deja de frustrarte porque tus hij@s no te obedezcan!

¡Deja de frustrarte porque tus hij@s no te obedezcan!

¡Deja de frustrarte porque tus hij@s no te obedezcan!

¿Te sientes frustrad@ una y otra vez cada vez que tu hij@ no te hace caso? ¿Repites las cosas mil veces pero ell@s no lo hacen hasta la 1001 momento en que pegas el grito? ¿Tienes la sensación de estar luchando continuamente con ellos? Para ir a la ducha, para sentarse a cenar, para que se vistan, para que se quiten la ropa, para que se pongan el pijama, para que recojan los jueguetes….¡STOP! Existe un remedio infalible para que dejes de sentirte así y termines con todo este estrés….¡Deja de frustrarte porque tus hij@s no te obedezcan!

REVISA TUS EXPECTATIVAS Y ASUME QUE LAS PREFERENCIAS DE LOS NIÑOS SON DISTINTAS A LAS DE LOS ADULTOS.

Cambia tu actitud y verás como entonces todo lo demás también cambia. Y déjame que te explique con más detalle para que puedas llevarte de este artículo herramientas realmente útiles.

1. Lo primero de todo que necesitas hacer es cuestionar esta premisa.

“Los niños tienen que obedecer”. ¿Es esto cierto? ¿Deseas enseñar a tu hijo a que obedezca? ¿Si un niño aprende a obedecer qué va a hacer cuándo no reciba órdenes? ¿Cuándo sea adulto le va a resultar útil obedecer? …. Yo creo que en realidad nadie quiere enseñar a sus hijos a obedecer puesto que eso los hace manipulables y les corta toda su capacidad de pensamiento crítico. Lo mejor que podemos enseñar a un niño es a pensar por sí mismo, a decidir por sí mismo y a hacer las cosas que estén alineadas con su valores.

2. Ahora que vemos que obedecer no es tan importante cambiemos nuestras expectativas.

Esperar que un niño obedezca a la primera es tener una expectativa muy alta…

“Ellos tienen unas prioridades muy distintas a las nuestras y para ellos es mucho más importante jugar que ducharse”.  

¡Deja de frustrarte porque tus hij@s no te obedezcan!

Esto es muy lógico puesto que jugar les ayuda a desarrollar su cerebro, a madurar, a descubrir su mundo, a hacerse mayores…jugar es lo más importante en la vida de un niño. Después viene comer y dormir y para muchos puede resultar una auténtica pérdida de tiempo. ¡Y es normal! Necesitamos entender esto para no frustrarnos cuando es la hora de cenar y ellos todavía están jugando tan panchos a pesar de las 10 veces que les has repetido… “¡a la mesa!“.

Si comprendes que esto es normal y que tus hijos no tienen ningún problema porque no te obedezcan te ahorrarás muchos disgustos. Por otra parte ¿crees que puedes esperar que cuando tenga 16 años obedezca sin más? Creo que no vale la pena malgastar tiempo y energía en conseguir algo que dentro de unos años no nos va a resultar útil. Mejor comenzar a utilizar desde pequeños las habilidades sociales que nos van a ayudar a obtener colaboración de nuestros hij@s y que nos van a resultar útiles toda la vida.

¡Tómalo como un entrenamiento!

3. Confía en tus hijos y en su capacidad de decidir lo mejor para ellos y para los demás.

Supongo que ahora no te obedece cuando es la hora de ir a la ducha, cuando hay que recoger juguetes, es el momento de sentarse a comer, cuando se levanta de la mesa y le pides que se vuelva a sentar, cuando es hora de apagar la tele, etc. ¿Imagina a tu hij@ dentro de 15-20 años? Piensa en si crees que esto seguirá siendo así con cada una de las situaciones en que ahora tu hijo no te obedece. Por ejemplo, con la ducha….¿crees que no se duchará nunca cuando sea adulto? ¿Tendrás que decirle cuándo se tiene que duchar? No. Lo más probable es que le guste ir limpi@. Y lo más probable es que no acepte que le digas cómo y cuándo tiene que ducharse.

Con esto no me refiero a que ahora tengas que dejar que haga lo que quiera, nooo, tú eres su guía y tú le ayudas a adoptar hábitos saludables que en un futuro realizará con gusto y por sí mis@. Con esto lo que me refiero es que no vale la pena convertir estos momentos en una pelea porque cuando pasen los años lo más probable es que tus hijos realicen todos estos hábitos por sí mismos, a no ser que tengan muy mal recuerdo de esos momentos. Los hábitos se aprenden desde el amor y la alegría, se integran más fácilmente a través del juego y cuando resultan agradables.

Todo será más sencillo para ambos si tu afrontas con una actitud de confianza todos estos momentos en los que tu hijo no obedece. Cuando sea mayor sabrá qué es lo mejor para él y para todos si ve en la familia el respeto y el amor.

 

4. Por último piensa en para que estás educando a tus hijos.

¿Los educas para la obediencia o los educas para que sepan enfrentar las dificultades, para la responsabilidad y para la capacidad de decisión propia?

La respuesta está clara, los educas para la segunda opción, tú quieres que tus hijos sean responsables, tengan criterio propio y sepan tomar decisiones adecuadas y respetuosas con todo el mundo. Pero a veces actuamos con ellos de manera que nos acercamos más a la primera opción.

No pasa nada, es lo que nos han transmitido generación tras generación desde hace años, en aquella época en que se querían ciudadanos idénticos cortados todos por un mismo patrón y que no cuestionaran nada.

Si frente a estos momentos en los que los niños no hacen lo que queremos nos damos cuenta de que no se trata de que obedezcan si no de que aprendan a pensar y a decidir por sí mismos estaremos dispuest@s a utilizar herramientas de negociación, preguntas, a trabajar con ellos las rutinas y los hábitos, a dedicar tiempo a enseñarles, a ir decidiendo poco a poco el control de sus vidas hasta que lleguen a la edad adecuada en la que podrán decidir qué hacer en cada momento (por supuesto sin olvidarnos por el camino de las normas y los valores necesarios para garantizar el respeto hacia las personas).

Y para terminar éste artículo tan sólo quiero ponerte un ejemplo personal sobre algo que me ocurrió con mis hijos, más en concreto con el peque.

El momento de ir a la ducha, de ir a comer, de apagar la tele, de todo era un conflicto. Su respuesta era no o directamente ni me escuchaba. Para él todo era jugar y jugar y más jugar. Así que decidí que no iba a luchar por eso, que no quería que mi hijo obedeciera porque yo lo decía si no porque para él era algo agradable ducharse, y entendí que cuando fuera mayor todo esto quedaría en una anécdota. Así que me relaje, con lo cual tuve ganado mucho bienestar y tranquilidad.

Entonces animé a mi hijo a que tomara partido de la decisión de ir a la ducha. Hicimos un plannig que, aunque ciertamente no entendía puesto que tenía 3 años, nos sirvió para sentarnos 3 minutos juntos y demostrarle que quería escuchar cuándo prefería ducharse.¡Deja de frustrarte porque tus hij@s no te obedezcan!

Le dí 2 opciones: Antes de jugar o después de jugar.

¿Sencillo no? A mi me daba igual y te imaginas cuál escogió él…

Entonces, cuando llegaba la hora de ir a la ducha recordábamos el planning y el acuerdo que habíamos llegado (eso sí, siempre hablándole donde me pudiera ver) y en ese momento volvía a ofrecerle dos opciones limitadas acerca de la manera en que quería ir hasta la ducha. A caballito o haciendo el cangrejo….¡Echándole imaginación! Escogía su opción e íbamos veloces a la ducha.

Una vez allí tocaba repetir la operación: ¿Te quitas primero el pantalón o la camiseta? ¿Qué te quito yo y qué te quitas tú?

Y una vez dentro de la ducha a jugar con sus cacharritos de la ducha. Era un pelín pesado al principio tener que plantearle a cada momento opciones limitadas pero enseguida me salieron solas y al cabo de unos meses ya no hicieron falta porque era él mismo quién comenzaba a quitarse la ropa.

Y a día de hoy, salvo excepciones o rachas, ya no hace falta que le pida si quiere ir a caballito a la ducha o de otra manera; hoy, que han pasado 2 años o más desde que comencé a enfocar la rutina de la ducha de esta manera, tan sólo necesito avisarle que se acerca la hora de la ducha y cuando ya si llega la hora, ir a su habitación, mirarle y asegurarme que me escucha, y decirle que ya es hora. A veces viene enseguida, otras veces me dice “vale ya voy” y tarda 1 o 2 minutos (y yo le espero pacientemente ), otras veces está tan enfrascado en el juego que me dice que no quiere ducharse y entonces volvemos negociar “es que te está gustando mucho este juego ¿verdad? ¿Quieres dejar las cosas tal y como están para después de la ducha seguir jugando o prefieres recoger ahora y yo te ayudo?” Y de nuevo acabamos solventando la situación sin estrés y en menos de 5 minutos.

Espero que este artículo te haya resultado revelador y que te ayude a cambiar tus expectativas y algunas creencias. Si has leído hasta esta línea muchísimas gracias. Estaré encantada de leer tus comentarios y te agradezco que compartas tus experiencias.

 

Un abrazo fuerte,

Nuria Ortega.