Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
La magia de no insistir.

La magia de no insistir.

La magia de no insistir.

Si tienes hijos es muy probable que en algún momento les hayas insistido para que hicieran algo. Y también es muy probable que acabaras imponiéndote al no conseguirlo. No te preocupes, lo hemos hecho todos, incluida yo. Pero y si te digo que no sirve de nada insistir. ¿O a ti te funciona? Porque la gran mayoría  de padres y madres en los talleres, (por no decir todos por si se me escapa alguno) han reconocido que no. Que no les sirve de mucho por no decir nada. La magia de no insistir.

Entonces ¿por qué lo hacemos a pesar de sus escasas probabilidades de éxito?

Porque no conocemos otras técnicas. Insistir, ser persuasivos o intentar convencer son las variantes más edulcoradas que tenemos si no queremos educar con gritos o sacando pecho todo el tiempo, pero por lo general comenzamos utilizándolas y acabamos imponiéndonos o abandonando. En ambos casos, actitudes con escaso peso educativo en nuestros hijos.

¿Por qué no funciona?La magia de no insistir.

Si el niño percibe que intentas convencerle de algo a toda costa, su reacción es la de no dejarse convencer. ¡Igualito que nosotros, vamos! Unos se resistirán más que otros, pero la situación se alargará porque las dos partes querrán tener el poder. Y, si sabemos que lo que mueve a las personas y por lo tanto a los niños, es el poder ¿por qué no se lo damos? Podemos dar poder permitiéndole que elija, ofreciendo opciones y respetando sus tiempos  a la vez que sus decisiones.

Si no fuerzas la voluntad de un niño, suele escoger lo más adecuado para el, lo que en muchísimas ocasiones también suele ser lo que queríamos que escogiesen.

¿Y qué pasa si no  hacen lo que nosotros creemos que tienen que hacer?

Que debemos aceptar que no son nuestros súbditos, que es una realidad  (y frecuente) que se de esta situación porque no tenemos el poder de someter la voluntad de nadie por mucho que seamos padres y que si es algo importante para el niño y para nosotros, tendremos que ahondar con mano izquierda cómo abordar dicho asunto para conseguir que el niño cambie de opinión y no se niegue.  Porque insistir solo alimentará su negativa a hacer algo.

Un abrazo grande,

Doris Marrero.

Familias Positivas

 

¡Hora de levantarse e ir al cole!

¡Hora de levantarse e ir al cole!

¡Hora de levantarse e ir al cole!

—¡Levántate Juan! ¡Que no llegamos al cole! ¡Hora de levantarse e ir al cole!

—¡Mamáááááááá! ¡Déjame tranquilo! Tengo sueño… —Y Juan se da la vuelta para el otro lado mientras tú te desesperas viendo como las manecillas del reloj siguen su curso sin piedad.

Más tarde, cuando vuelves a su habitación, pensando que ya está vestido, te lo encuentras sentado en la cama mirando las musarañas. Y el desayuno… ¡pero si no le da tiempo nunca a desayunar!

¡¡Hora de levantarse!!¡Hora de levantarse e ir al cole!

¿Cómo hacemos para que las mañanas no se conviertan en una lucha?

 Muchas veces parece inevitable que las tensiones que en el verano parecían haber desaparecido (al menos en este sentido, de levantarse tempranito), vuelvan.

De pronto las prisas, el “¡venga, levántate que no llegamos!”, ” ¿pero todavía no te has vestido?” sustituyen a la tranquilidad matutina de la época estival, donde dormir hasta que el cuerpo pidiese era lo más habitual.

Y de alguna forma todo eso nos afecta a lo largo del día.

¿Qué podemos hacer para llevar esta entrada a la rutina de la mejor forma posible?

Aquí tenéis 15 ideas que pueden ayudaros:

1.- Pregúntales…

 cómo sería para ellos una buena mañana, cuánto tiempo creen que necesitan para desperezarse (y según eso poner el despertador a una u otra hora) e ir ajustándola en función de los resultados, porque no sé si a ti te pasará pero yo he tendido mucho tiempo a programar las mañanas en función de mi propio ritmo (y resulta que soy una rapidilla), calculando lo que tardaría en esto y aquello sin darme cuenta de que ellos tenían otro ritmo. Por eso, lo mejor, encontrar un equilibrio.

Observa lo que suelen tardar, si les viene mejor dormir un poquito más porque luego se levantan mejor o si por el contrario les viene mejor levantarse un rato antes para que tengan tiempo de tomárselo con más calma. Ten en cuenta su personalidad, sus preferencias y sus sugerencias. Quizás les encante tener un despertador y desperezarse con tiempo (comprobad que se levantan porque en el caso de mis hijos creo que tendría que poner la habitación llena de despertadores; ¡no lo oyen!)

 2.- No repitas…

 solo señala la rutina o preguntarles “¿Qué toca ahora?” Porque cuando repites se “anestesian” ante tus palabras, o sea, es como si dejasen de oírlas. Y eso suele ponernos de mal humor con lo que se complica la situación. ¡Usa la cartulina!

3.- Da ejemplo de buen talante…

y afrontad la mañana con la mayor tranquilidad posible (esto no significa que tengas que ser perfect@ o hacerlo siempre bien, pero pon empeño en que sea la tónica general y si no sale pues habladlo después para ver como se puede mejorar)

4.- Comprende…

 lo difícil que es volver a la rutina también para ellos. Si les decís “¡Jo! cómo cuesta levantarse, ¿verdad?” se sentirán comprendidos y eso permitirá una conexión que facilitará mucho las cosas.

 5.- Si surgen dificultades revisa la rutina hasta que encontréis la mejor fórmula para todos.

Analiza qué parte de la mañana les cuesta más: puede que sea la de levantarse en sí, o la de vestirse o el desayuno…, y piensa qué podrías hacer para mejorarla. Siempre desde el punto de vista de encontrar soluciones respetuosas y efectivas; empeñaos en buscar soluciones evitando todo tipo de reproches y etiquetas. Lo que nos importa es lograr una solución, no decirle que es un vago, o cualquier otra cosa. ¡Creatividad al poder!

6.- Evita sermones…

y largas charlas. Mejor una pregunta “¿Cómo crees que podríamos hacerlo mejor?”,“¿Qué se te ocurre que podríamos cambiar para que estemos todos más contentos por la mañana?”, “¿En qué podrías ayudarme por la mañanas?”

 7.- Nada de órdenes…

Mucho mejor pedir colaboración. “¿Me ayudas?”

 8.- Explícales…

que es importante que las mañanas sean agradables porque así todos vamos más contentos al cole y al trabajo, tenemos ganas de reírnos y todo funciona mucho mejor. Que te encantaría que pudieseis hacer de la mañana un trabajo en equipo. Trata de explicarles esto en un momento distinto de la mañana, cuando esteis todos de buen humor y con mucha brevedad. Mejor 10 palabras que una charla, porque desconectarán.

9.- Diles que siempre…

estarás dispuesta a escuchar lo que tengan que aportar si creen que algo se puede mejorar.

 10.- Agradece…

 su disposición a ayudar por las mañanas en lo que sea que hayáis decidido.

11.- Reiros… todo lo que podáis.

12.- Usa la música…

 que les guste para ayudarles a despertarse… e incluso para ayudarles con los tiempos cuando son pequeños (“cuando termine esta canción es hora de ponerse a desayunar” por ejemplo)

13.- Deja que escojan…

 la ropa para ponerse al día siguiente (dentro de un orden, dándoles dos opciones sin son pequeños o poniendo ciertas normas a lo escogido dependiendo por ejemplo del día que haga o de si les toca gimnasia… ¡no vaya a ser que escojan sandalias cuando está lloviendo! 😉

14.- Dales un reloj…

 a los mayores para que controlen el tiempo. Especifica a qué hora deberían estar listos en la puerta y asegúrate de que lo han entendido pidiendo que te lo repitan. También puedes anotar la hora en un folio y pegarlo en un sitio visible para que la recuerden. Si ves que se despistan puedes señalarles el reloj o preguntarles la hora (¡pero no cada rato!)

 15.- Crea una cartulina de rutinas matutinas…

con los niños y pegarla en la pared, bien visible, para que puedan seguirla sin que nosotros, los “pesados adultos”, estemos todo el rato repitiendo y recordando.
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 Dibujos, fotos, pegatinas… lo que queráis. Pero eso sí, con ellos. Deja que formen parte de las decisiones y escucha sus ideas; dedica un rato de la tarde para divertiros haciéndola 🙂
Porque si los niños se divierten, pasan tiempo con vosotros y forman parte de las decisiones estarán mucho más dispuestos a colaborar.
 Las mañanas pueden ser muy distintas. ¿Te animas a probarlo así?
©Ana Isabel Fraga 2016. Todos los derechos reservados.

¿Dónde ha aprendido mi hijo estás cosas? (una reflexión personal)

Los últimos días he escuchado o presenciado muchas historias y “escenas” que me han hecho reflexionar.

¿Cómo estamos educando a los niños y adolescentes? ¿Qué sociedad estamos construyendo con el ejemplo que les damos? ¿Somos realmente conscientes de los mensajes contradictorios que les estamos enviando continuamente?¿Dónde ha aprendido mi hijo estás cosas? (una reflexión personal)

¿Dónde ha aprendido mi hijo estás cosas? (una reflexión personal)

¿Dónde ha aprendido mi hijo estás cosas? (una reflexión personal)

Con todo esto moviéndose en mi cabeza he decidido escribir este post, porque siento que lo necesito en pro de mi propia tranquilidad… ¡Necesito sacarlo de dentro! y tú eres libre de seguir leyendo si te apetece.¿Dónde ha aprendido mi hijo estás cosas? (una reflexión personal)

Antes de todo quiero aclarar que mi intención no es convencer a nadie de que piense o eduque a sus hijos bajo la misma filosofía que educamos en casa y tampoco busco juzgar o culpabilizar. Soy consciente de que cada persona hace lo mejor que puede con lo que tiene (con sus conocimientos, vivencias y creencias personales que marcan el estilo de educación que da a sus hijos o alumnos) y que ningún padre o profesor actúa explícitamente con la intención de hacer daño a los niños o adolescentes que tiene a su cargo. Somos humanos y no somos perfectos.

Dicho esto, comienzo a explicar lo que quiero compartir hoy. Veo continuamente padres que exigen respeto a sus hijos por medio de amenazas y gritos; profesores que afrontan problemas de agresiones físicas y verbales entre alumnos con amenazas, marginación y humillación; madres que dan un cachete a uno de sus hijos como castigo por haber pegado a su hermano o que no se respetan a ellas mismas (porque traspasan sus propios límites en pro de dar gusto a su hijo o con tal de evitar que llore) pero luego se quejan de que su hijo no las respeta.

¿Notas lo que hay de común en todas estas historias?
Tanto por un extremo como por otro…¿No te suena contradictorio?

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Lo mas irónico de todo es que creo que, la mayoría de adultos sin importar qué “filosofía” o estilo educativo tengamos, estamos de acuerdo en que los niños aprenden por imitación y que el ejemplo es un arma muy poderosa para enseñar habilidades de vida.¿Dónde ha aprendido mi hijo estás cosas? (una reflexión personal)

Usamos el ejemplo para enseñar “modales en la mesa” o para mostrarles cómo se debe “saludar” o “dar las gracias” a los demás. Sin embargo, cuando se trata de situaciones límite donde nos vemos desbordados o donde sentimos que hay una “falta grave”, nos olvidamos de todo e intervenimos de cualquier manera con tal de asegurarnos que la “mala conducta” pare de inmediato.

Yo me pregunto: Si para hacer que mi hijo se controle cuando está enfadado y deje de pegar a su hermano yo “actúo en caliente” y le pego o le grito… ¿Qué está aprendiendo ese niño sobre resolución de conflictos, comunicación y gestión de emociones?. Si para detener una situación de acoso escolar o bullying (donde un niño humilla, pega e intimida a otro) yo como adulto, uso la humillación y la amenaza…¿Qué está aprendiendo este chico sobre el respeto por el otro, autoridad, aceptación y empatía?

Si queremos que nuestros niños y adolescentes comiencen a respetar, comunicar, cooperar y ser autónomos tenemos primero que respetarles, escucharles, reconocer sus necesidades y permitirles explorar las consecuencias de sus errores.

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Los castigos, las amenazas, los gritos y el miedo quizás detengan las conducta por un tiempo pero no enseñan a reflexionar o buscar soluciones, no enseñan auto-disciplina.

Para castigar el adulto tiene que pillar al niño haciendo algo “malo” ¿Y cuando el adulto no está? ¿Qué pasará con ese niño? ¿Estará preparado este niño para “portarse bien” incluso sin la presencia de la “autoridad”? Y si se equivoca…¿Podrá este adolescente aceptar sus errores y reparar el daño?¿Dónde ha aprendido mi hijo estás cosas? (una reflexión personal)

No te confundas, nuestra casa no es “el mundo de Heidi”, en nuestra familia cometemos errores, perdemos los nervios, mis hijos se enfadan, lloran y se frustran, hacen ruido y se “rebelan” pero también nos pedimos perdón, nos aceptamos, nos enfocamos en soluciones, nos decimos te quiero, nos mimamos y sobre todo nos damos segundas oportunidades.

Un saludo

Angie Joya

@Impliquo.

Todos los derechos reservados.

 

“Siempre soy yo el malo”... “Hijo, yo te he gritado”

¿Qué quieres decir con esto de “Siempre soy yo el malo”… “Hijo, yo te he gritado”?

¿Quieres decir que soy responsable también de que se porte mal y luego se haga el víctima?

 

¿Y de que tenga baja estima de si mismo? ¿Y de que no tenga interés por estudiar? ¿Y de que trate mal a su hermana? ¿Y de que no quiera ser amable con sus tíos y abuelos? ¿Y de que no le haya dado tiempo a recoger la ropa de su habitación? ¿Y de qué más?

 

A ver, a ver… un momento.

Padres y Madres de todo el mundo se quejan de lo difícil que es educar  a uno o más hijos. Todos coinciden en que quisieran hacerlo de la mejor  y más acertada manera posible pero que tienen dudas y miedo a equivocarse. También coinciden en reclamar ese famoso “libro de instrucciones” desglosado por edades y adaptado a diferentes caracteres para seguirlo a pies juntillas y acertar en todo (nos encanta a veces seguir instrucciones de métodos y hacer responsables al método y a su creador de los posibles inconvenientes que puedan surgir). (más…)