Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo

Educar con RESPETO

Estamos cansados de escuchar que los niños no vienen con manual de instrucciones, es curioso observar, cómo desde el momento en que sabemos que vamos a ser padres nos afanamos en recopilar información referente a este gran acontecimiento en nuestras vidas, de este modo libros de pediatras, psicólogos u otros profesionales se convierten en nuestra inspiración.

No hay ninguna duda de que queremos ser los mejores padres, queremos ser respetuosos,  pero a la hora de la verdad cuando nos enfrentamos a nuestro día a día, a una situación delicada o tensa, finalmente salta el automático que está directamente conectado con nuestros instintos o necesidades y brotan desmesuradamente nuestras emociones más primitivas, terminamos desconectando de nosotros mismos y olvidando a quien tenemos enfrente y surgen los gritos, las amenazas, los chantajes, los castigos.

También estamos cansados de escuchar que antes la educación funcionaba con otros métodos y no se entiende porqué ahora no funcionan, pues es bien sencillo, los adultos ya no damos ejemplo de sumisión o disciplina y por otro lado tampoco proporcionamos a los niños ocasiones de aprender responsabilidades o motivación.

Para la gestión de los cambios, no sólo es suficiente con “el querer”, este está directamente relacionado con “el creer”, pero para poder querer y creer se requiere de una fuerza mayor y esta depende de la lucha que mantenemos con nuestro tirano interior, ese que  alimentamos de automatismos, de creencias y de memoria emocional.

Se requiere pues, no sólo de una caja de herramientas  o de pautas que nos ayuden al cambio en nuestra forma de educar, se requiere también de un desbloqueo, un insight o descubrimiento, la DISCIPLINA POSITIVA nos ayuda a esto.

La DISCIPLINA POSITIVA tiene su origen en la psicología individual de Alfred Adler, médico y psiquiatra austriaco, coetáneo de Freud, que estudió el comportamiento humano, Adler comprendió la importancia de mantener la dignidad y respeto por todas las personas y por supuesto a los niños.

Discípulo de Adler fue Rudolf Dreikurs que escribió un sin número de libros destinados a padres y educadores.

Los puntos básicos de la Teoría de ADLER son:

    • Todo comportamiento tiene una intención
    • La meta de ese comportamiento es la pertenencia (conexión) y la significancia (importancia)
    • El mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograr conexión y significancia

 

LAS CUATRO METAS EQUIVOCADAS DEL COMPORTAMIENTO SON:

Tabla metas equivocadas

Es decir la atención y el poder les ayudará a alcanzar ese sentido al que todo ser humano aspira que es el de pertenencia y significancia.

La venganza les dará satisfacción a cambio del dolor que experimentan por no sentir que pertenecen o no son importantes.

Y cuando creen que no son adecuados, se dan por vencidos y asumen la incapacidad.

Las claves para detectar esas metas que se manifiestan a través de los comportamientos inadecuados, van a ser los propios sentimientos de reacción del adulto, eso será fundamental para saber descifrar la meta que el niño persigue tras su comportamiento.

En realidad hay  muchos padres y docentes con conocimientos insuficientes sobre el comportamiento infantil y sobre el desarrollo de los niños, tratando finalmente como malas conductas a conductas cronológicamente adecuadas para la edad del niño.

CONCEPTOS BASICOS DE DISCIPLINA POSITIVA

        • Los niños son seres sociales

El comportamiento se determina dentro de un contexto social, los niños adoptan decisiones sobre si mismos, sobre los demás y sobre la manera de comportarse, basándose en cómo se ven ellos en relación a los demás y lo que creen que los demás sienten hacia él.

Observan                     Piensan                     Sienten                     Deciden

 

          • El comportamiento está orientado a metas.

El comportamiento tiene un propósito, la principal meta es la de pertenencia y significancia, el mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograrlo, Dreikurs explica que los niños son buenos observadores pero muy malos interpretando.
Cuando un bebé no tiene una necesidad cubierta ¿qué hace para hacértelo saber?, llora
Cuando un niño o adolescente siente que esa necesidad de comprensión, de afecto, de conexión falla ¿qué hace? rabietas, rebeldía , puede en algunos casos llegar a ser violento.

Con el bebé inmediatamente intentamos averiguar cuál es la necesidad y proporcionársela, con los niños y adolescentes sólo atendemos a su conducta intentando por todos los medios sofocarla, pero no hacemos caso a la causa que provoca ese comportamiento.

El niño confunde la manera de llegar a su objetivo, por eso es tan importante analizarse como padre, madre o educador para reflexionar si nuestra conducta invita a esa creencia equivocada.

          • Adler introdujo un concepto , la responsabilidad social o sentimiento comunitario

Si no contribuimos al bienestar de los demás no alcanzamos un óptimo desarrollo emocional y mental.

          • Relaciones horizontales

Todos sin excepción tenemos derecho a dignidad y respeto.

          • Los errores son grandes oportunidades para aprender

Si un niño se somete a la humillación de la corrección de un error de manera irrespetuosa, puede no querer volver a intentarlo por temor, puede llegar a ser un adicto de la aprobación o incluso puede querer esconder la equivocación , en algunos casos con mentiras.

Animar a exponer un error y qué aprendizaje salió de eso hará que los niños se recuperen del error, se reconcilien y lo más importante se enfoque en cómo solucionarlo, trabajando conjuntamente con ellos,

          • Asegurarse de que el mensaje que quieres transmitir es entendido (primero la conexión y luego la corrección)

Teniendo en cuenta todos estos puntos se comenzaron a poner en marcha talleres de padres en EEUU y posteriormente esta metodología se extendió a varios países  incluido España, con la ayuda de estos talleres se consigue ayudar al adulto a encontrar un respetuoso equilibrio en el arte de educar, usando como herramientas la amabilidad  y la firmeza, consiguiendo así desarrollar en los niños,  habilidades sociales, emocionales y de vida.

HERRAMIENTAS QUE PROPORCIONA LA  DISCIPLINA POSITIVA

 

A) Herramientas de Actitud:

    1. 1. Los niños que se portan mal son niños desanimados. En muchos casos el mal comportamiento se debe a que el niño no se considera aceptado ni importante. Los castigos aplicados por los adultos le humillan y provocan más desaliento y, como consecuencia, mal comportamiento en el futuro.
    2. Los niños hacen las cosas mejor cuando se sienten mejor. No tiene sentido pensar que para que un niño se porte mejor primero hemos de hacer que con el castigo se sienta peor.
    3. Los errores constituyen excelentes oportunidades para aprender. Hay que ver el error o el mal comportamiento como una manera de aprender para la próxima vez.
    4. Trabaja para mejorar, no para alcanzar la perfección. En lugar de castigar por los errores es mejor centrarse en los pequeños avances y animar así al niño.
    5. Utiliza la firmeza y la amabilidad a la vez. No se trata tampoco de ser demasiado permisivos con los niños, sino que hay que ser amables y firmes a la vez (“Te quiero y la respuesta es no”).
    6. Céntrate en convencer al niño en vez de en ganarle. Cuando se plantea una lucha de poder y el adulto gana, el niño pierde, pero eso no le hace mejorar, simplemente le desanima.
    7. Céntrate en los resultados a largo plazo. Con el castigo el niño no aprende más habilidades, aprende que el que tiene más poder puede doblegar a los demás.
    8. Busca soluciones, no culpabilices. Culpando no se soluciona nada, son las soluciones las que hacen que mejoren las cosas.
    9. Comprende el significado de la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, el verdadero significado de la disciplina es el de educar.
    10. Trata a los niños con dignidad y respeto. De ese modo los niños se sentirán mejor y se comportarán mejor.
    11. Los niños te escuchan si primero tú les escuchas a ellos. Si escuchas a los niños, ellos aprenderán a escuchar.
    12. Fíjate en el mensaje escondido detrás del mal comportamiento. Con el mal comportamiento los niños pueden perseguir algunos de estos objetivos erróneos: llamar la atención, tener el poder, venganza o asunción de incompetencia. Si comprendemos lo que el niño quiere decir con su comportamiento podremos ayudarle.
    13. Da a los niños el beneficio de la duda: Es mejor que el niño sepa que estamos de su parte.
    14. Un respiro para iluminarse: El pararse a pensar, el retirarse y relajarse puede hacer ver los problemas desde otra perspectiva.

B) Herramientas de Acción:

  • Asegúrate que el niño recibe el mensaje de amor y respeto. El niño con mal comportamiento es el que más necesita oír que se le quiere.
  • Permite al niño desarrollar percepciones de que es significante y aceptado. A través de las reuniones familiares y de clase se puede ayudar a los niños a que descubran sus capacidades y se valoren.
  • No hagas cosas por los niños que puedan hacer solos. Así les ayudarás a ser más capaces.
  • Formula preguntas del tipo “qué” y “cómo”. Por ejemplo. ¿Qué ha ocurrido?, ¿Cómo te sientes con lo que ha pasado?, ¿Qué has aprendido con esto?, ¿Cómo puedes utilizarlo para la próxima vez?
  • Formula preguntas de curiosidad. Hacer preguntas para que el niño observe sus propios sentimientos.
  • Implica a los niños en las soluciones. Así el niño aprenderá a solucionar problemas y se animará a participar en las soluciones diseñadas.
  • Celebra reuniones familiares o de clase con regularidad. En ellas los niños aprenden a solucionar conflictos y problemas y a ayudarse los unos a los otros.
  • Resuelve los problemas en parejas. Deja a dos niños que hayan tenido un problema o una pelea resolver ellos solos el conflicto, con estas normas: no echarse la culpa y centrarse en las soluciones.
  • Marca líneas de resolución de problemas:

Los pasos a seguir ante un conflicto serían:

  • No responder a la provocación, dialogar con respeto sobre lo sucedido, elegir una solución consensuada, pedir ayuda si no se encuentra solución.
  • Establece rutinas con los niños. Si conjuntamente con el niño se establecen los pasos de cualquier actividad (por ejemplo, la hora de acostarse) el niño tendrá más voluntad de llevarlo a la práctica sin problemas ya que ha participado en su diseño.
  • Ofrece opciones limitadas. Cuando proponemos opciones (por ejemplo: ¿Quieres bañarte antes o después de hacer los deberes?) damos al niño la libertad de elegir, lo que le motivará a actuar.

 

 

  • Reorienta el poder. Dejar que los niños participen y ayuden les permite también ejercer poder, no solo obedecer.
  • Di: “Me doy cuenta”. Si ves que el niño no ha hecho algo, p. ej.: recoger los juguetes, es mejor decir: “Me doy cuenta de que no has recogido tus juguetes”, en vez de “¿Has recogido tus juguetes?”
  •  Céntrate en las soluciones. Proponer a los niños que planteen soluciones a los problemas o dificultades cotidianas: “¿Cómo podríamos solucionar las discusiones sobre la hora de salir de la bañera?

 

 

  • Crear una rueda de opciones. A la hora de encontrar soluciones a los problemas se le pueden ofrecer diferentes opciones y que el elija.
  • Utiliza las emociones honestamente.

 

 

  • Hablar sobre las propias emociones y sentimientos es un buen ejemplo para los niños. Una fórmula adecuada sería: “Me siento___________ cuando___________, porque__________, y me gustaría___________”.

 

 

  • Enseña las diferencias entre lo que los niños sienten y lo que hacen. Hay que dejar que los niños expresen sus sentimientos (esos son reales y no debemos negarlos), aunque desaprobemos su conducta ( esta sí se puede evitar o corregir). Por ejemplo, ante un ataque de celos entendemos los sentimientos, pero evitamos que el niño pegue a su hermanita.

 

 

  • Asume las responsabilidades que tienes en el conflicto. Si aceptamos nuestra parte de culpa en el conflicto, facilitamos igualmente que el niño asuma su parte de culpa.

 

 

  • Dale un cronómetro. Un cronómetro puede ayudar al niño a decidir cuándo empezar con los deberes o cuándo apagar la televisión.

 

 

  • Adéntrate en el mundo de los niños. Preguntarse qué hay detrás de la conducta de los niños.

 

 

  • Escúchale reflexivamente. A la hora de escuchar es bueno parafrasear las palabras del niño.

 

 

  • Escucharles activamente. En la escucha activa, escuchamos los sentimientos escondidos entre las palabras haciéndole ver que entendemos sus sentimientos.

 

 

  • Supervisa, supervisa, supervisa. Es una herramienta necesaria sobre todo para niños más pequeños.

 

 

  • Distrae y/o reorienta: En vez de prohibirles hacer algo es preferible decirles u orientarles sobre lo que pueden hacer.

 

 

  • Utiliza las 4 R para recuperarse de los errores:
    Reconocer que se ha cometido un error, Responsabilizarse de lo que se ha hecho mal, Reconciliarse (pidiendo perdón) y Resolver (buscar una solución conjuntamente.

 

 

  • Mantente al margen de las peleas. Es una herramienta inicial para abordar las peleas ya que uno de los principales motivos de éstas es involucrar a los padres.

 

 

  • Pon a todos los niños en el mismo barco. No dar la razón a ninguno de los contendientes de una pelea (aunque se esté seguro de quién es el culpable). La solución al problema la han de encontrar entre los dos.

 

 

  • Tómate un tiempo para enseñar. Una herramienta muy útil es la de enseñar a los niños a hacer juegos de rol.

 

 

  • Decide lo que vas a hacer. Es bueno decidir cómo se va a comportar uno ante un conflicto y hacérselo saber al niño. Por ejemplo, aparcar y dejar de conducir si los niños se pelean en el coche.

 

 

  • Sigue hasta el final. Hay que ser amables pero firmes y llegar hasta el final en el uso de las estrategias positivas.

 

 

  • Menos es más. Cuanto menos se hable más eficaz se es. Hay que dejar que las acciones hablen más alto que las palabras.

 

 

  • Utiliza señales no verbales. El uso de señales no verbales (p. ej.: un vaso bocabajo en la mesa indicaría que hay que lavarse las manos antes de comer), sobre todo si participan los niños en su elección, puede aumentar la motivación para realizar las tareas cotidianas.

 

 

  • Di: ” Cuando……, entonces”. Es más eficaz decir: “Tan pronto como acabes los deberes verás la TV”, que “Si acabas los deberes, verás la TV”.

 

 

  • Enseña consecuencias naturales. Es bueno que el niño experimente las consecuencias naturales de sus actos. Una consecuencia natural es algo que sucede debido a lo que el niño ha elegido, sin que el adulto haya hecho nada.

 

 

  • Enseña consecuencias lógicas. Para que una consecuencia lógica no sea un castigo deben cumplirse las 3 R: Las consecuencias lógicas deben ser Relativas (deben estar relacionadas con el comportamiento), Respetuosas (deben aplicarse sin cólera, fuerza ni humillación) y Razonables (deben parecer razonables al adulto y al niño).

 

 

  • Anima en lugar de dar recompensas o elogios. Animar a los niños les lleva a la autoconfianza mientras que elogiar les hace dependientes de los demás. Las pagas se deben dar sin relacionarlas con las tareas.

 

 

  • Haz que los niños se impliquen en las tareas domésticas. Los niños deben participar en las tareas de la casa y una buena manera de planificarlas es en las reuniones familiares.

 

 

  • Abrázale. Esto puede por sí solo cambiar la actitud tanto del padre como del hijo.

 

 

  • Dedícale tiempo. Dedicar todos los días unos minutos extra hace que los niños se sientan aceptados e importantes y les permite compartir experiencias y sentimientos.

Deseo que estas líneas hayan conectado contigo y te haya podido trasmitir la grandeza de esta metodología educativa que acerca al adulto a una educación respetuosa con el niño pero también con el mismo.

 Fuentes : Jane Nelsen “Disciplina Positiva” (Editorial Oniro, Barcelona 2002)  y ” Disciplina Positiva para Padres” (Ediciones Ruz)

Carmen Fernández Rivas

http://www.padresayudandoapadres.es

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Es indiscutible que los “tiempos cambian”, que las costumbres se re-adaptan a las necesidades del momento, que cada familia tiene su historia, sí. Por eso creo que, a la vez que favorecemos que nuestros hijos estén preparados para sobrevivir en este momento socio-histórico que les ha tocado estar, es nuestra responsabilidad también asegurarnos de que no pierdan la esencia de lo que les antecede. Te doy un consejo: Recupera algo de antaño para tu familia.

¡Tranquilos! no voy a decir que deberíais volver a lavar la ropa en el río, no.  Me estoy refiriendo a esos momentos que favorecen el trato humano.

Estamos de acuerdo en que oímos a adultos y ancianos decir con pena “Se han perdido los valores, la gente ya no se ayuda, no se conocen los vecinos…” y ante ello podemos reflexionar.

¿A qué se refieren? ¿Sólo al respeto hacia los mayores?

Nada más lejos de la realidad. Se refieren a todas y cada una de las costumbres que hacían de un pueblo una comunidad, de un barrio casi una familia.  Esos actos, momentos y actitudes, esas palabras y saludos que cada día se oían y que resonaban en el pecho de cada quién que los escuchaba.

Hoy los adelantos se nos han adelantado y han dejado atrás la parte más humana y sensible de las personas. Por eso surgen con fuerza, desde la necesidad, los programas de educación y gestión emocional.

Deseamos que nuestros niños y jóvenes lleguen a ser capaces, recursivos,… felices al fin y al cabo.

Para ello nos ayudaría (y mucho) echar un poco la vista atrás, y me arriesgo a decir que no a la generación anterior si no al menos un par de generaciones atrás. Una de aquellas en la que de verdad se sienta la diferencia, porque de extremo a extremo vemos mejor la potencia de los cambios.

Y echando la vista atrás, por ejemplo 80 años, podemos mostrar a nuestros hijos y alumnos momentos familiares increíbles. Cierto es que muchos momentos de penuria no los queremos para los nuestros pero también es cierto que, incluso en la penuria, había humanidad, aceptación y agradecimiento que ayudaban a sentir compasión por el prójimo y a colaborar en tribu (en aspectos de crianza y educación entre otros).

Recupera algo de antaño para tu familia y la enriquecerás. Puedes probar  y sentir qué os aporta:

  • Conversaciones a la hora de cenar
  • Andar sin prisa y sin ruta por alguna zona de campo
  • Aprovechar recursos de la naturaleza
  • Atender animales
  • Consumir comida casera
  • Disfrutar ratos de relax observando “algo”
  • Dar agradecimientos
  • Visitar familia y amigos aunque te dé pereza
  • Estar en casa sin tv

  • Juntarse para cantar
  • Bailar en cada ocasión que se presente (no se sabe cuándo será la última romería)
  • Estar descalzos
  • Invitar a los vecinos a  echar la partida
  • Juntarse a ver fotos
  • Escuchar y contar historias de la familia
  • Recorrer  los sitios donde solían estar  esos antepasados
  • Acercarse a ver qué hace el vecino
  • Ayudarle a terminar lo que está haciendo
  • Plantar una huerta
  • Ayudar al vecino con la suya
  • Aprender a remendar la ropa, soldar los metales, podar árboles…
  • Echar la ropa a secar al sol (en Asturias se dice “echar la ropa al verde”, en el prao)
  • Levantar la voz para SALUDAR a la vecina que camina más adelante por la otra acera
  • Brindar en cada nueva ronda
  • Comprar en las tiendas de barrio y pararse a charlar 🙂
  • Estar sin reloj y fiarse del Sol…

Y añade las que se te ocurran o apetezcan, las que eches de menos, porque seguro que si escarbas un poco encuentras alguna que te gustaría recuperar o volver a sentir… Yo no me olvido de las nochebuenas en casa de mis abuelos, volvería hoy mismo.

¿A qué momento de tu historia familiar te gustaría volver, aunque solo fuese un día, o un rato?

Dale a tus hijos el placer de VOLVER CONTIGO para que también puedan “respirarlo” y se embriaguen de convivencia.

Virginia García

www.ContigoDesenredo.es

Criamos acosadores sin saberlo.

Criamos acosadores sin saberlo.

Tengo miedo de que mi hija sea acosada en el colegio, pero creo que tengo más pánico a que se convierta en una acosadora.

Que sea una niña que insulte, pegue o amenace simplemente porque no le gusta , le cae mal o quiera reírse de otro niño. Criamos acosadores sin saberlo.

¿Cómo nace un acosador?

No lo sé. No soy experta en acoso escolar. Pero sí creo que puedo saber algo de humanidad. A mi me cuesta hasta decir que alguien es feo. Me parece mal hacer ese juicio de valor. Nunca me he burlado de nadie, ni he amenazado, ni pegado a nadie. Bueno, tuve una pelea en el colegio de pequeña y ni recuerdo el motivo pero sí estoy segura que no fue por diversión. Fue con una amiga mía íntima. Al igual que también me pegué mucho en casa con mi hermana, pero fuera era distinto. Siempre me dijeron que no hablara de nadie, no me riera de nadie, me hacían ver la diferencia del fuerte y el débil y de qué lado había que estar…quizá por eso ahora soy trabajadora social.

Todo esto te lo cuento porque creo, honestamente, que todos los gestos importan.

Mi hija no ha cumplido aún los tres años pero ya va al colegio. El otro día le escuché que su señorita decía que Julián (nombre ficticio) era un bebé porque todavía lloraba en clase. Mi hija lo soltó de repente, riéndose, como si tal cosa y a mi se me pusieron los pelos de punta. Solo tres años y había presenciado cómo se ridiculiza a un niño. De la manera más banal pero que a mi me resultó de una violencia extrema. ¿Y tú qué le dices a Julián? ,¿No lo animas?

¿Cómo se le ocurre a la señorita decir semejante comentario? ¿Con ánimo de motivar a ese niño a que deje de llorar? ¿No ayudaría más, decirle a los niños que Julián aún lo está pasando mal en clase y preguntarles que qué podrían hacer entre todos para que Julián se sienta mejor? Y lo que más grave me parece…

¿está validando reírnos de un compañero aparentemente más frágil?

Cada día le repito a mi hija que si Julián está triste que le diga algo bonito, lo anime a jugar, o simplemente se siente a su lado, pero que no le llame bebé porque así se sentirá más triste y llorará más.

Para que una persona no acose a otra debe tener interiorizado  una serie de valores, creencias y actitudes. Y esto se debe enseñar desde siempre. Con nuestra actitud y trabajando la empatía y la reflexión. No se puede pretender enseñar a no acosar en una charla en primaria , por muy buenas que sean las intenciones que hayan detrás.

Nosotros, los adultos, nos picamos continuamente con el resto de padres que dicen que sus hijos son mejores, con los profes porque nos regañan tanto o más que a nuestros hijos, insultamos en el coche si alguno se salta un stop, nos colamos si podemos en el supermercado, hablamos (mal) de nuestros vecinos, amigos o compañeros en casa, en las comidas, en el coche y delante de nuestros niños.

Así que no me creo que el acoso sea de repente un asunto de estado.

Es un asunto de falta de humanidad. Criamos acosadores sin saberlo.

Estamos tan ocupados que no vemos que nuestro hijo con cuatro años es cruel con nuestro perro, o que nuestra hija de seis llama gorda a otra niña con intención de hacerle daño y no pasa nada. O a lo mejor, sí lo vemos pero no creemos que sea tan importante. Pues sí lo es porque toda suma. Si tu hijo peca de crueldad, no le castigues ni lo machaques, pero utiliza todas las vías que tengas para que practique la empatía: ¿te imaginas como puede sentirse esa persona que duerme en la calle? ¿qué pensará? ¿cómo se buscará la vida? ¿ cómo crees que llegó a esa situación? y así con todo. No muestres complicidad ante gestos poco benévolos.

Con cualquier cosa en el día a día podemos estar trabajando humanidad: cuando prestamos atención a la tortuga que tenemos en la terraza, cuando cedemos el ascensor a nuestro vecino mayor, cuando decimos abiertamente a nuestros hijos que no están bien ciertas actitudes de otros, cuando no criticamos, no insultamos, no promovemos la picardía y el ser más listos que el otro. Hay sitio para todos.

Así que si no queremos más niños acosados deberíamos plantearnos cómo acabamos con los acosadores. Y solo se me ocurre una cosa. Con más humanidad.

Un abrazo, Doris.

Criamos acosadores sin saberlo.

Criamos acosadores sin saberlo.