Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Desde hace unas semanas mi hija, de casi cuatro años, me regalaba un “mala” o un “fea” sin motivo aparente. En ocasiones incluso, tras darle los buenos días por la mañana. No es que fuera todo el tiempo pero sí lo hizo muchas veces (demasiadas, pensaba yo).

Haciéndome sentir cada día peor.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Si tu hijo dice que eres mala, averigua por qué y hazle reír.

Mi reacción desde el principio fue en modo madre, no como educadora. Cómo me dolía lo que hacía, se lo hacía saber. “Laia, me haces daño cuando me dices esto. ¿Por qué me lo dices?” Así una y otra vez, cambiando las palabras pero más o menos con la misma intención. Desde el principio supe que no era efectivo hacerlo así. Pero era mi reacción automática. Estaba dolida porque había elegido trabajar menos fuera de casa para pasar las tardes con ella: la llevo a las actividades, al parque, me ocupo de sus cosas, de hacer comidas nuevas y más variadas, sorprenderla con nuevos sabores en los bocadillos o comprar unas galletas con sus dibujos animados favoritos. Y aun así, seguía siendo mala. ¿Os suena?

Todas las noches pensaba que no estaba abordando bien la situación.

Y sabía que:

  • Era una situación normal en niños de esta edad.
  • Si algo de lo que hacía para atajarlo no funcionaba, debía cambiarlo.
  • Lo estaba tomando como algo personal. Y aunque sí que lo es, desde el punto de vista de que me decía mala a mi y a nadie más, en el fondo lo importante es lo que había detrás de esas palabras. Un malestar que mi hija, por inmadurez emocional no era capaz de traducir y le salía por la boca en forma de esas palabras.
  • Tenía que pensar desde fuera. Sin involucrarme emocionalmente.
  • Me convencí de que tenía que ir al fondo del asunto. Centrarme en el por qué lo hace y no en lo que hace.
  • Según la Tabla de las Metas Equivocadas de Disciplina Positiva, si nuestro hijo nos hiere con su actitud, es que se siente herido por nosotros. Revisé entonces como transcurría cada día y me di cuenta que habían aumentado considerablemente los noes y las insistencias por mi parte para que hiciera sus cosas. Fui consciente también que llevo peor que  la casa se ensucie, porque ahora he vuelto a ocuparme yo de esto y lo que antes me daba igual ahora no tanto.  Mi paciencia había disminuido considerablemente desde que había decidido trabajar menos fuera de casa y han aumentado mis labores domésticas.

Y esto fue lo que hice:

  • Primero, decidí ver cómo podía aumentar mi paciencia: tenía que elegir entre la casa limpia o mi hija más feliz así que sin dudarlo me he impuesto “dejar pasar ciertas cosas” .Como por ejemplo que para ponerse los zapatos apoye su manita en el espejo de la entrada. Deje sin tirar la cisterna. O que se le caiga comida al suelo cuando come. Me recuerdo que todo esto es temporal y que luego echaré de menos sus huellas en el espejo, la muñeca en el sillón, o las pinzas del pelo esparcidas por lo lugares más remotos de la casa. También he decidido que la casa tendrá sus días y horarios y fuera de ahí limpiaré lo urgente pero no dejaré que me obsesione.
  • La segunda medida que adopté fue rebajar mi nivel de exigencia hacia ella. Cada vez que me iba a salir un recordatorio de algo pensaba primero si era lo más importante. En definitiva, elegí mis batallas. Solo me iba a ocupar de lo más importante e iba a permitir que mi hija se sintiese más relajada y a gusto en casa. Una idea valiosísima que aprendí en una de mis formaciones como Coach de Familia.
  • Y la tercera: cada vez que me decía mala tonta me convertía en la Bruja Piruja que hace cosquillas. Busqué la forma de hacerla reír en cada ocasión.

RESULTADO: Desde que introduje estos cambios este fin de semana, se han reducido drásticamente las veces en las que mi hija se ha dirigido a mí en esos términos. Y lo mejor incluso, es que cuando lo ha hecho, rectifica sobre la marcha diciendo, “Nooo, mamá linda”.

 Así que os dejo aquí mis reflexiones:

  • “En casa de herrero, cuchillo de palo”. Por muy educadora de familias que sea y por muchos talleres que haya impartido cuando soy madre también me sale el resorte automático. Igual que a ti.
  • El tener herramientas educativas me sirve para poder evaluar la situación y probar cosas nuevas.
  • La Disciplina Positiva te hace llegar a los niños de forma inmediata de forma respetuosa. Al centrarme en el porqué de su conducta, descubro una necesidad que mi hija tiene insatisfecha, como la necesidad de tener más poder sobre sus actos y sentirse menos encorsetada con mis demandas. Mi cambio de actitud aborda esta necesidad y como consecuencia la acción recriminada deja de aparecer.

Así que una vez más, comparto mi experiencia para animaros a dejar de pensar que vosotros no podéis. Que no tenéis paciencia. O que seguro que mi hija es más fácil.  Es cierto, que cada uno tiene sus circunstancias personales, familiares, laborales etc… pero cuando te centras y tomas conciencia de que tus hijos son lo más importante que tienes entre manos, aprendes a priorizar y poner tus energías donde más lo necesites.

Doris Marrero

www.FamiliasPositivas.com

¿Feliz? vuelta a las rutinas

Vuelta a la rutina

Vuelta a la rutina

Enero, ese mes cuyo sinónimo no es otro que vuelta a las rutinas después de ese parón y la libertad de horarios que nos ofrece la Navidad. Llega la vuelta al trabajo, a las actividades y, para los más pequeños,  vuelta al cole. ¿Feliz? vuelta a las rutinas

Del mismo modo, de la mano de la rutina, muchas veces también llegan el temido estrés, las peleas y el intentar una y otra vez que los niños colaboren al máximo con la nueva realidad a la que nos enfrentamos en el día a día.

Como adultos a veces nos cuesta adaptarnos a los nuevos horarios, las obligaciones y las tareas que conforman nuestra nueva rutina tras las vacaciones. Sin embargo, en ocasiones nos resulta difícil comprender que los niños experimentan lo mismo, pero multiplicado por 100, ya que ellos viven a un ritmo muy distinto al de los adultos. Su mundo tiene otras condiciones, otros tiempos y otras necesidades que en ocasiones perdemos de vista desde nuestra perspectiva.

Entonces, ¿Se puede volver a la rutina y no “morir” en el intento?, ¿cómo se hace?

En este breve artículo te contaré 5 herramientas de Disciplina Positiva que te ayudarán a que el día a día en casa deje de ser una lucha constante y comience a parecerse más a una colaboración mutua entre las partes. Empezamos 🙂

  1. Muestra empatía y valida sus sentimientos: está claro que todos nos sentimos mejor cuando somos escuchados y comprendidos ante una situación que no es de nuestro agrado. Madrugar, dejar de ver los dibujos para ir a lavarse los dientes o acostarse temprano, resulta igual de “horrible” para un niño como cuando los adultos estamos disfrutando de una magnífica cena con amigos y de repente recordamos que tenemos que irnos ya porque mañana toca madrugar para entrar antes a una reunión de trabajo. ¿A que ese momento en el que alguien del grupo muestra conexión y comprensión por cómo nos sentimos nos hace ver que no estamos solos ante el peligro? Esa actitud activa en nosotros de forma automática una mayor predisposición a colaborar y aceptar la realidad. Muéstrale a tu hijo comprensión por la situación y exprésale de forma directa que entiendes perfectamente lo mucho que cuesta levantarse tan temprano otra vez, en definitiva, a ti también te pasa.
  2. Menos órdenes y más preguntas: ¿sabes que cuando nos dan una orden la parte de nuestro cerebro que se activa primero es el área encargada de mostrar rechazo? Sin embargo, cuando nos hacen una pregunta, lo que ocurre es algo muy distinto. La zona que toma primero el control ante un interrogante es la que se encarga de buscar respuestas ¿Qué nos dice eso? si nos pasamos el día hablando a nuestros hijos en imperativo, en primer lugar, no le dejamos desarrollar su propia capacidad de búsqueda de soluciones, y, además, nos estaremos comunicando con ellos de una forma muy poco efectiva, si lo que queremos es conseguir su colaboración. Prueba a hacerle preguntas como: ¿Qué nos toca hacer ahora? o ¿Qué necesitamos hacer antes de ir al cole? Ayúdales a activar su zona de búsqueda de respuesta y permítele que poco a poco deje de esperar una orden para actuar y comience a ser más proactivo.
  3. Crea una tabla de rutinas: esta es una de las herramientas más eficaces de la Disciplina Positiva a la hora de facilitar las tareas del día a día en casa. ¿Cómo funciona? Lo primero que tienes que hacer es coger una cartulina y sus rotuladores o ceras favoritas, siéntate con ellos y explícales que vais a crear juntos una tabla de rutinas que nos va a ayudar a recordar qué cosas tenemos que hacer en nuestro día a día para que así no tengamos que estar repitiendo lo mismo varias veces todos los días. Hazlo de forma divertida, con dibujos o pega incluso fotos suyas haciendo cada una de las actividades para que así se acuerden mejor de qué hay que hacer en cada momento sin necesidad de que tú se lo digas. Deja que sea la tabla quien hable.
  4. Dale opciones limitadas: ¿qué tal si, en vez de acatar tu voluntad, pruebas a darle opciones limitadas? Por ejemplo, una buena forma de ahorrar tiempo y discusiones a la mañana siguiente es elegir la noche anterior la ropa que nos vamos a poner para ir al cole al día siguiente. No se trata de decirles, “Cariño, elige qué quieres llevar puesto mañana”, sino de, por ejemplo, mostrarle 2 camisetas y preguntarle ¿cuál de las dos quiere ponerse mañana?. Añade también un “¡tú eliges, cariño!” y será aún más eficaz. Esta pequeña pauta le ayudará a darse cuenta de que su voz ha sido escuchada y de que son ellos los han tomado esa decisión. Por lo tanto, la mañana siguiente no será una nueva batalla por evitar hacer lo que me digan, sino que le será más fácil colaborar porque él o ella ha formado parte del trato.
  5. Pide su colaboración y dale las gracias: muchas veces damos por hecho que los demás saben exactamente lo que nosotros esperamos de ellos. No obstante, la mayoría de las ocasiones no es así ¿no sería todo más fácil si pedimos ayuda explícitamente y amablemente cuando la necesitamos? Prueba con un “Cielo, necesito por favor tu ayuda para que me traigas la mochila de tu hermana mientras yo envuelvo los bocadillos y llegar así todos a tiempo al cole”. Por supuesto, una vez que nuestros hijos colaboren, ya sea por petición previa o por su propia voluntad, acordémonos de la importancia de darles las gracias por su ayuda y recordarles lo genial que ha sido que todos hayamos puesto de nuestra parte para que todo saliese bien.

¿Estás dispuesto a probar nuevas opciones, contar hasta 10 y no dejarte llevar por el estrés que supone para todos el volver a adaptarnos a nuestros hábitos diarios tras unos días donde no era el reloj quién mandaba?

¿Qué te parecen estas ideas? Pon en práctica esos sencillos pasos y cuéntame si quieres qué tal la experiencia. Si lo haces con constancia y paciencia, estoy segurísima de que no te arrepentirás.

 

“La trampa de la rutina se desarma, mirando excepcionalmente lo no excepcional”

Victor Hugo

 

Marián Cobelas

https://larevoluciondelasmariposas.wordpress.com

Nada, déjalo que hoy está muy tonto

“Nada, déjalo que hoy está muy tonto”

¿Sabes cuando te encuentras con otros adultos y tus hijos no responden como tú esperas?

Primer error: esperar algo, alguna reacción X que sea “adecuada” socialmente.

¿Por qué? A los niños les dan igual los modales, no lo olvides. Aún no los entienden.

(Aclaración: los modales son importantes, pero se enseñan previamente, practicando, explicándoselos, con paciencia y entendiendo que para ellos es algo artificial)

Nada, déjalo que hoy está muy tonto

Nada, déjalo que hoy está muy tonto

El segundo error suele llegar cuando los progenitores en cuestión deciden humillar a sus hijos, en nombre de su vergüenza ajena…

Porque seguimos anclados a la prehistórica idea de que si los niños no se comportan como robots es que somos malos padres…entonces hay que encontrar una salida, una justificación ( pasándose el respeto por el arco del triunfo) que explique por qué nuestros hijos no actúan como autómatas amaestrados. Es una tensión. “Nada, déjalo que hoy está muy tonto”

“Ais, déjalo, que hoy está tonto” o un “Uy cómo estamos hoy ¿eh?”

¿Te imaginas que alguien te lo hace a ti?

“Esta es mi amiga Marta…¡vamos! ¡dale dos besos! o te da vergüenza? bueno…déjala que es una cortada”
Así, destrozando tu autoestima en 3 segundos.

Como todo, cuando se lo hacemos a los niños “todo vale”, pero si nos lo hacen a nosotros trinamos en arameo.
Porque aquí y en Sebastopol es una tremenda falta de respeto.
Lo malo es que nuestros hijos, al oírlo de sus padres se creen, o podrían llegar a creer que es lo normal. Que si alguien te humilla públicamente lo que tienes que hacer es poner una sonrisa y quedarte calladito.

Y, como este ejemplo, existen mil situaciones en las que hablamos delante de nuestros hijos de sus conductas, los etiquetamos y los criticamos. Preguntamos a otros adultos cómo se han portado, les ignoramos al referirnos a ellos… y lo hacemos constantemente. “Nada, déjalo que hoy está muy tonto”

Supongo y espero que en muchas ocasiones es por puro descuido o desconocimiento, pero escuchar como tus padres (que hasta ciertas edades son tus ídolos) “rajan” de ti en tu presencia es muy doloroso. Creemos que no nos oyen, que no entienden o que les da igual… pero volviendo a un tema un poco técnico…

¿Cómo crees que tus hijos forman los esquemas mentales que les guiarán en situaciones futuras, cómo crees que perciben el mundo que les rodea y lo interpretan para entenderlo?

Perciben todo, constantemente recogen todos los estímulos y la información que les rodea… y la procesan. ¿Cómo? Pues con la inmadurez propia de su edad, es decir, con muchas posibilidades de hacer “valoraciones” o sacar conclusiones equivocadas, por falta de experiencia y de criterio ( Sí, el cerebro humano aprende básicamente, probando, equivocándose y re-configurando e integrando nueva información)

Parece una situación inofensiva pero, dentro de la lógica privada de cada persona, o lo que es lo mismo, dentro de la manera única e intransferible en que cada persona interpreta su propia realidad, un niño que oye como su madre o su padre lo humilla en público podría perder totalmente la confianza en ellos, o podría crear sentimientos de resentimiento, o lo que sería peor… creer que si papá y mama opinan de mi que soy tonto, es que debo serlo.

Hablando una vez de este tema con una persona de la generación de mis padres me decía ” Hija, es que los niños se trauman por todo?”…No, no se trata de eso, se trata de la forma en que aprenden a ver la vida. Vivir una situación negativa o humillante no les va a crear un problema mayor a largo plazo (o sí, depende…), pero está sentando las bases de posibles decisiones futuras, que si están asentadas sobre un aprendizaje empañado por malas interpretaciones (nadie piensa realmente que sus hijos sean tontos) pueden ser muy equivocadas. Es triste pensarlo, pero hay niños que a lo mejor han aprendido la palabra “tonto” por oírla de sus padres refiriéndose a él.
De bromita o sin intención, pero él no lo sabe…

Hay que cuidar mucho lo que hablamos delante de los niños, no se trata de ocultarles la realidad o sobreprotegerles, sino asegurarse de que reciban los “mensajes” que queremos que reciban, porque interpretando ironías, sarcasmos, dobles sentidos o “bromitas” para salvar situaciones adultas, pueden perderse un poco…y parece todo olvidado a los 3 minutos, pero sus cabecitas y su corazón trabajan SIN PARAR.

Tus hijos no están “tontos” si no saludan, si no recogen, si no se callan, si no dejan de discutir… igual que tú no “estás tonto” cuando no eres perfecto.

Respetarles es la única manera de enseñarles respeto. SIEMPRE.

María Soto

www.educabonito.com

Educar con RESPETO

Estamos cansados de escuchar que los niños no vienen con manual de instrucciones, es curioso observar, cómo desde el momento en que sabemos que vamos a ser padres nos afanamos en recopilar información referente a este gran acontecimiento en nuestras vidas, de este modo libros de pediatras, psicólogos u otros profesionales se convierten en nuestra inspiración.

No hay ninguna duda de que queremos ser los mejores padres, queremos ser respetuosos,  pero a la hora de la verdad cuando nos enfrentamos a nuestro día a día, a una situación delicada o tensa, finalmente salta el automático que está directamente conectado con nuestros instintos o necesidades y brotan desmesuradamente nuestras emociones más primitivas, terminamos desconectando de nosotros mismos y olvidando a quien tenemos enfrente y surgen los gritos, las amenazas, los chantajes, los castigos.

También estamos cansados de escuchar que antes la educación funcionaba con otros métodos y no se entiende porqué ahora no funcionan, pues es bien sencillo, los adultos ya no damos ejemplo de sumisión o disciplina y por otro lado tampoco proporcionamos a los niños ocasiones de aprender responsabilidades o motivación.

Para la gestión de los cambios, no sólo es suficiente con “el querer”, este está directamente relacionado con “el creer”, pero para poder querer y creer se requiere de una fuerza mayor y esta depende de la lucha que mantenemos con nuestro tirano interior, ese que  alimentamos de automatismos, de creencias y de memoria emocional.

Se requiere pues, no sólo de una caja de herramientas  o de pautas que nos ayuden al cambio en nuestra forma de educar, se requiere también de un desbloqueo, un insight o descubrimiento, la DISCIPLINA POSITIVA nos ayuda a esto.

La DISCIPLINA POSITIVA tiene su origen en la psicología individual de Alfred Adler, médico y psiquiatra austriaco, coetáneo de Freud, que estudió el comportamiento humano, Adler comprendió la importancia de mantener la dignidad y respeto por todas las personas y por supuesto a los niños.

Discípulo de Adler fue Rudolf Dreikurs que escribió un sin número de libros destinados a padres y educadores.

Los puntos básicos de la Teoría de ADLER son:

    • Todo comportamiento tiene una intención
    • La meta de ese comportamiento es la pertenencia (conexión) y la significancia (importancia)
    • El mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograr conexión y significancia

 

LAS CUATRO METAS EQUIVOCADAS DEL COMPORTAMIENTO SON:

Tabla metas equivocadas

Es decir la atención y el poder les ayudará a alcanzar ese sentido al que todo ser humano aspira que es el de pertenencia y significancia.

La venganza les dará satisfacción a cambio del dolor que experimentan por no sentir que pertenecen o no son importantes.

Y cuando creen que no son adecuados, se dan por vencidos y asumen la incapacidad.

Las claves para detectar esas metas que se manifiestan a través de los comportamientos inadecuados, van a ser los propios sentimientos de reacción del adulto, eso será fundamental para saber descifrar la meta que el niño persigue tras su comportamiento.

En realidad hay  muchos padres y docentes con conocimientos insuficientes sobre el comportamiento infantil y sobre el desarrollo de los niños, tratando finalmente como malas conductas a conductas cronológicamente adecuadas para la edad del niño.

CONCEPTOS BASICOS DE DISCIPLINA POSITIVA

        • Los niños son seres sociales

El comportamiento se determina dentro de un contexto social, los niños adoptan decisiones sobre si mismos, sobre los demás y sobre la manera de comportarse, basándose en cómo se ven ellos en relación a los demás y lo que creen que los demás sienten hacia él.

Observan                     Piensan                     Sienten                     Deciden

 

          • El comportamiento está orientado a metas.

El comportamiento tiene un propósito, la principal meta es la de pertenencia y significancia, el mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo lograrlo, Dreikurs explica que los niños son buenos observadores pero muy malos interpretando.
Cuando un bebé no tiene una necesidad cubierta ¿qué hace para hacértelo saber?, llora
Cuando un niño o adolescente siente que esa necesidad de comprensión, de afecto, de conexión falla ¿qué hace? rabietas, rebeldía , puede en algunos casos llegar a ser violento.

Con el bebé inmediatamente intentamos averiguar cuál es la necesidad y proporcionársela, con los niños y adolescentes sólo atendemos a su conducta intentando por todos los medios sofocarla, pero no hacemos caso a la causa que provoca ese comportamiento.

El niño confunde la manera de llegar a su objetivo, por eso es tan importante analizarse como padre, madre o educador para reflexionar si nuestra conducta invita a esa creencia equivocada.

          • Adler introdujo un concepto , la responsabilidad social o sentimiento comunitario

Si no contribuimos al bienestar de los demás no alcanzamos un óptimo desarrollo emocional y mental.

          • Relaciones horizontales

Todos sin excepción tenemos derecho a dignidad y respeto.

          • Los errores son grandes oportunidades para aprender

Si un niño se somete a la humillación de la corrección de un error de manera irrespetuosa, puede no querer volver a intentarlo por temor, puede llegar a ser un adicto de la aprobación o incluso puede querer esconder la equivocación , en algunos casos con mentiras.

Animar a exponer un error y qué aprendizaje salió de eso hará que los niños se recuperen del error, se reconcilien y lo más importante se enfoque en cómo solucionarlo, trabajando conjuntamente con ellos,

          • Asegurarse de que el mensaje que quieres transmitir es entendido (primero la conexión y luego la corrección)

Teniendo en cuenta todos estos puntos se comenzaron a poner en marcha talleres de padres en EEUU y posteriormente esta metodología se extendió a varios países  incluido España, con la ayuda de estos talleres se consigue ayudar al adulto a encontrar un respetuoso equilibrio en el arte de educar, usando como herramientas la amabilidad  y la firmeza, consiguiendo así desarrollar en los niños,  habilidades sociales, emocionales y de vida.

HERRAMIENTAS QUE PROPORCIONA LA  DISCIPLINA POSITIVA

 

A) Herramientas de Actitud:

    1. 1. Los niños que se portan mal son niños desanimados. En muchos casos el mal comportamiento se debe a que el niño no se considera aceptado ni importante. Los castigos aplicados por los adultos le humillan y provocan más desaliento y, como consecuencia, mal comportamiento en el futuro.
    2. Los niños hacen las cosas mejor cuando se sienten mejor. No tiene sentido pensar que para que un niño se porte mejor primero hemos de hacer que con el castigo se sienta peor.
    3. Los errores constituyen excelentes oportunidades para aprender. Hay que ver el error o el mal comportamiento como una manera de aprender para la próxima vez.
    4. Trabaja para mejorar, no para alcanzar la perfección. En lugar de castigar por los errores es mejor centrarse en los pequeños avances y animar así al niño.
    5. Utiliza la firmeza y la amabilidad a la vez. No se trata tampoco de ser demasiado permisivos con los niños, sino que hay que ser amables y firmes a la vez (“Te quiero y la respuesta es no”).
    6. Céntrate en convencer al niño en vez de en ganarle. Cuando se plantea una lucha de poder y el adulto gana, el niño pierde, pero eso no le hace mejorar, simplemente le desanima.
    7. Céntrate en los resultados a largo plazo. Con el castigo el niño no aprende más habilidades, aprende que el que tiene más poder puede doblegar a los demás.
    8. Busca soluciones, no culpabilices. Culpando no se soluciona nada, son las soluciones las que hacen que mejoren las cosas.
    9. Comprende el significado de la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, el verdadero significado de la disciplina es el de educar.
    10. Trata a los niños con dignidad y respeto. De ese modo los niños se sentirán mejor y se comportarán mejor.
    11. Los niños te escuchan si primero tú les escuchas a ellos. Si escuchas a los niños, ellos aprenderán a escuchar.
    12. Fíjate en el mensaje escondido detrás del mal comportamiento. Con el mal comportamiento los niños pueden perseguir algunos de estos objetivos erróneos: llamar la atención, tener el poder, venganza o asunción de incompetencia. Si comprendemos lo que el niño quiere decir con su comportamiento podremos ayudarle.
    13. Da a los niños el beneficio de la duda: Es mejor que el niño sepa que estamos de su parte.
    14. Un respiro para iluminarse: El pararse a pensar, el retirarse y relajarse puede hacer ver los problemas desde otra perspectiva.

B) Herramientas de Acción:

  • Asegúrate que el niño recibe el mensaje de amor y respeto. El niño con mal comportamiento es el que más necesita oír que se le quiere.
  • Permite al niño desarrollar percepciones de que es significante y aceptado. A través de las reuniones familiares y de clase se puede ayudar a los niños a que descubran sus capacidades y se valoren.
  • No hagas cosas por los niños que puedan hacer solos. Así les ayudarás a ser más capaces.
  • Formula preguntas del tipo “qué” y “cómo”. Por ejemplo. ¿Qué ha ocurrido?, ¿Cómo te sientes con lo que ha pasado?, ¿Qué has aprendido con esto?, ¿Cómo puedes utilizarlo para la próxima vez?
  • Formula preguntas de curiosidad. Hacer preguntas para que el niño observe sus propios sentimientos.
  • Implica a los niños en las soluciones. Así el niño aprenderá a solucionar problemas y se animará a participar en las soluciones diseñadas.
  • Celebra reuniones familiares o de clase con regularidad. En ellas los niños aprenden a solucionar conflictos y problemas y a ayudarse los unos a los otros.
  • Resuelve los problemas en parejas. Deja a dos niños que hayan tenido un problema o una pelea resolver ellos solos el conflicto, con estas normas: no echarse la culpa y centrarse en las soluciones.
  • Marca líneas de resolución de problemas:

Los pasos a seguir ante un conflicto serían:

  • No responder a la provocación, dialogar con respeto sobre lo sucedido, elegir una solución consensuada, pedir ayuda si no se encuentra solución.
  • Establece rutinas con los niños. Si conjuntamente con el niño se establecen los pasos de cualquier actividad (por ejemplo, la hora de acostarse) el niño tendrá más voluntad de llevarlo a la práctica sin problemas ya que ha participado en su diseño.
  • Ofrece opciones limitadas. Cuando proponemos opciones (por ejemplo: ¿Quieres bañarte antes o después de hacer los deberes?) damos al niño la libertad de elegir, lo que le motivará a actuar.

 

 

  • Reorienta el poder. Dejar que los niños participen y ayuden les permite también ejercer poder, no solo obedecer.
  • Di: “Me doy cuenta”. Si ves que el niño no ha hecho algo, p. ej.: recoger los juguetes, es mejor decir: “Me doy cuenta de que no has recogido tus juguetes”, en vez de “¿Has recogido tus juguetes?”
  •  Céntrate en las soluciones. Proponer a los niños que planteen soluciones a los problemas o dificultades cotidianas: “¿Cómo podríamos solucionar las discusiones sobre la hora de salir de la bañera?

 

 

  • Crear una rueda de opciones. A la hora de encontrar soluciones a los problemas se le pueden ofrecer diferentes opciones y que el elija.
  • Utiliza las emociones honestamente.

 

 

  • Hablar sobre las propias emociones y sentimientos es un buen ejemplo para los niños. Una fórmula adecuada sería: “Me siento___________ cuando___________, porque__________, y me gustaría___________”.

 

 

  • Enseña las diferencias entre lo que los niños sienten y lo que hacen. Hay que dejar que los niños expresen sus sentimientos (esos son reales y no debemos negarlos), aunque desaprobemos su conducta ( esta sí se puede evitar o corregir). Por ejemplo, ante un ataque de celos entendemos los sentimientos, pero evitamos que el niño pegue a su hermanita.

 

 

  • Asume las responsabilidades que tienes en el conflicto. Si aceptamos nuestra parte de culpa en el conflicto, facilitamos igualmente que el niño asuma su parte de culpa.

 

 

  • Dale un cronómetro. Un cronómetro puede ayudar al niño a decidir cuándo empezar con los deberes o cuándo apagar la televisión.

 

 

  • Adéntrate en el mundo de los niños. Preguntarse qué hay detrás de la conducta de los niños.

 

 

  • Escúchale reflexivamente. A la hora de escuchar es bueno parafrasear las palabras del niño.

 

 

  • Escucharles activamente. En la escucha activa, escuchamos los sentimientos escondidos entre las palabras haciéndole ver que entendemos sus sentimientos.

 

 

  • Supervisa, supervisa, supervisa. Es una herramienta necesaria sobre todo para niños más pequeños.

 

 

  • Distrae y/o reorienta: En vez de prohibirles hacer algo es preferible decirles u orientarles sobre lo que pueden hacer.

 

 

  • Utiliza las 4 R para recuperarse de los errores:
    Reconocer que se ha cometido un error, Responsabilizarse de lo que se ha hecho mal, Reconciliarse (pidiendo perdón) y Resolver (buscar una solución conjuntamente.

 

 

  • Mantente al margen de las peleas. Es una herramienta inicial para abordar las peleas ya que uno de los principales motivos de éstas es involucrar a los padres.

 

 

  • Pon a todos los niños en el mismo barco. No dar la razón a ninguno de los contendientes de una pelea (aunque se esté seguro de quién es el culpable). La solución al problema la han de encontrar entre los dos.

 

 

  • Tómate un tiempo para enseñar. Una herramienta muy útil es la de enseñar a los niños a hacer juegos de rol.

 

 

  • Decide lo que vas a hacer. Es bueno decidir cómo se va a comportar uno ante un conflicto y hacérselo saber al niño. Por ejemplo, aparcar y dejar de conducir si los niños se pelean en el coche.

 

 

  • Sigue hasta el final. Hay que ser amables pero firmes y llegar hasta el final en el uso de las estrategias positivas.

 

 

  • Menos es más. Cuanto menos se hable más eficaz se es. Hay que dejar que las acciones hablen más alto que las palabras.

 

 

  • Utiliza señales no verbales. El uso de señales no verbales (p. ej.: un vaso bocabajo en la mesa indicaría que hay que lavarse las manos antes de comer), sobre todo si participan los niños en su elección, puede aumentar la motivación para realizar las tareas cotidianas.

 

 

  • Di: ” Cuando……, entonces”. Es más eficaz decir: “Tan pronto como acabes los deberes verás la TV”, que “Si acabas los deberes, verás la TV”.

 

 

  • Enseña consecuencias naturales. Es bueno que el niño experimente las consecuencias naturales de sus actos. Una consecuencia natural es algo que sucede debido a lo que el niño ha elegido, sin que el adulto haya hecho nada.

 

 

  • Enseña consecuencias lógicas. Para que una consecuencia lógica no sea un castigo deben cumplirse las 3 R: Las consecuencias lógicas deben ser Relativas (deben estar relacionadas con el comportamiento), Respetuosas (deben aplicarse sin cólera, fuerza ni humillación) y Razonables (deben parecer razonables al adulto y al niño).

 

 

  • Anima en lugar de dar recompensas o elogios. Animar a los niños les lleva a la autoconfianza mientras que elogiar les hace dependientes de los demás. Las pagas se deben dar sin relacionarlas con las tareas.

 

 

  • Haz que los niños se impliquen en las tareas domésticas. Los niños deben participar en las tareas de la casa y una buena manera de planificarlas es en las reuniones familiares.

 

 

  • Abrázale. Esto puede por sí solo cambiar la actitud tanto del padre como del hijo.

 

 

  • Dedícale tiempo. Dedicar todos los días unos minutos extra hace que los niños se sientan aceptados e importantes y les permite compartir experiencias y sentimientos.

Deseo que estas líneas hayan conectado contigo y te haya podido trasmitir la grandeza de esta metodología educativa que acerca al adulto a una educación respetuosa con el niño pero también con el mismo.

 Fuentes : Jane Nelsen “Disciplina Positiva” (Editorial Oniro, Barcelona 2002)  y ” Disciplina Positiva para Padres” (Ediciones Ruz)

Carmen Fernández Rivas

http://www.padresayudandoapadres.es

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Recupera algo de antaño para tu familia

Es indiscutible que los “tiempos cambian”, que las costumbres se re-adaptan a las necesidades del momento, que cada familia tiene su historia, sí. Por eso creo que, a la vez que favorecemos que nuestros hijos estén preparados para sobrevivir en este momento socio-histórico que les ha tocado estar, es nuestra responsabilidad también asegurarnos de que no pierdan la esencia de lo que les antecede. Te doy un consejo: Recupera algo de antaño para tu familia.

¡Tranquilos! no voy a decir que deberíais volver a lavar la ropa en el río, no.  Me estoy refiriendo a esos momentos que favorecen el trato humano.

Estamos de acuerdo en que oímos a adultos y ancianos decir con pena “Se han perdido los valores, la gente ya no se ayuda, no se conocen los vecinos…” y ante ello podemos reflexionar.

¿A qué se refieren? ¿Sólo al respeto hacia los mayores?

Nada más lejos de la realidad. Se refieren a todas y cada una de las costumbres que hacían de un pueblo una comunidad, de un barrio casi una familia.  Esos actos, momentos y actitudes, esas palabras y saludos que cada día se oían y que resonaban en el pecho de cada quién que los escuchaba.

Hoy los adelantos se nos han adelantado y han dejado atrás la parte más humana y sensible de las personas. Por eso surgen con fuerza, desde la necesidad, los programas de educación y gestión emocional.

Deseamos que nuestros niños y jóvenes lleguen a ser capaces, recursivos,… felices al fin y al cabo.

Para ello nos ayudaría (y mucho) echar un poco la vista atrás, y me arriesgo a decir que no a la generación anterior si no al menos un par de generaciones atrás. Una de aquellas en la que de verdad se sienta la diferencia, porque de extremo a extremo vemos mejor la potencia de los cambios.

Y echando la vista atrás, por ejemplo 80 años, podemos mostrar a nuestros hijos y alumnos momentos familiares increíbles. Cierto es que muchos momentos de penuria no los queremos para los nuestros pero también es cierto que, incluso en la penuria, había humanidad, aceptación y agradecimiento que ayudaban a sentir compasión por el prójimo y a colaborar en tribu (en aspectos de crianza y educación entre otros).

Recupera algo de antaño para tu familia y la enriquecerás. Puedes probar  y sentir qué os aporta:

  • Conversaciones a la hora de cenar
  • Andar sin prisa y sin ruta por alguna zona de campo
  • Aprovechar recursos de la naturaleza
  • Atender animales
  • Consumir comida casera
  • Disfrutar ratos de relax observando “algo”
  • Dar agradecimientos
  • Visitar familia y amigos aunque te dé pereza
  • Estar en casa sin tv

  • Juntarse para cantar
  • Bailar en cada ocasión que se presente (no se sabe cuándo será la última romería)
  • Estar descalzos
  • Invitar a los vecinos a  echar la partida
  • Juntarse a ver fotos
  • Escuchar y contar historias de la familia
  • Recorrer  los sitios donde solían estar  esos antepasados
  • Acercarse a ver qué hace el vecino
  • Ayudarle a terminar lo que está haciendo
  • Plantar una huerta
  • Ayudar al vecino con la suya
  • Aprender a remendar la ropa, soldar los metales, podar árboles…
  • Echar la ropa a secar al sol (en Asturias se dice “echar la ropa al verde”, en el prao)
  • Levantar la voz para SALUDAR a la vecina que camina más adelante por la otra acera
  • Brindar en cada nueva ronda
  • Comprar en las tiendas de barrio y pararse a charlar 🙂
  • Estar sin reloj y fiarse del Sol…

Y añade las que se te ocurran o apetezcan, las que eches de menos, porque seguro que si escarbas un poco encuentras alguna que te gustaría recuperar o volver a sentir… Yo no me olvido de las nochebuenas en casa de mis abuelos, volvería hoy mismo.

¿A qué momento de tu historia familiar te gustaría volver, aunque solo fuese un día, o un rato?

Dale a tus hijos el placer de VOLVER CONTIGO para que también puedan “respirarlo” y se embriaguen de convivencia.

Virginia García

www.ContigoDesenredo.es

Criamos acosadores sin saberlo.

Criamos acosadores sin saberlo.

Tengo miedo de que mi hija sea acosada en el colegio, pero creo que tengo más pánico a que se convierta en una acosadora.

Que sea una niña que insulte, pegue o amenace simplemente porque no le gusta , le cae mal o quiera reírse de otro niño. Criamos acosadores sin saberlo.

¿Cómo nace un acosador?

No lo sé. No soy experta en acoso escolar. Pero sí creo que puedo saber algo de humanidad. A mi me cuesta hasta decir que alguien es feo. Me parece mal hacer ese juicio de valor. Nunca me he burlado de nadie, ni he amenazado, ni pegado a nadie. Bueno, tuve una pelea en el colegio de pequeña y ni recuerdo el motivo pero sí estoy segura que no fue por diversión. Fue con una amiga mía íntima. Al igual que también me pegué mucho en casa con mi hermana, pero fuera era distinto. Siempre me dijeron que no hablara de nadie, no me riera de nadie, me hacían ver la diferencia del fuerte y el débil y de qué lado había que estar…quizá por eso ahora soy trabajadora social.

Todo esto te lo cuento porque creo, honestamente, que todos los gestos importan.

Mi hija no ha cumplido aún los tres años pero ya va al colegio. El otro día le escuché que su señorita decía que Julián (nombre ficticio) era un bebé porque todavía lloraba en clase. Mi hija lo soltó de repente, riéndose, como si tal cosa y a mi se me pusieron los pelos de punta. Solo tres años y había presenciado cómo se ridiculiza a un niño. De la manera más banal pero que a mi me resultó de una violencia extrema. ¿Y tú qué le dices a Julián? ,¿No lo animas?

¿Cómo se le ocurre a la señorita decir semejante comentario? ¿Con ánimo de motivar a ese niño a que deje de llorar? ¿No ayudaría más, decirle a los niños que Julián aún lo está pasando mal en clase y preguntarles que qué podrían hacer entre todos para que Julián se sienta mejor? Y lo que más grave me parece…

¿está validando reírnos de un compañero aparentemente más frágil?

Cada día le repito a mi hija que si Julián está triste que le diga algo bonito, lo anime a jugar, o simplemente se siente a su lado, pero que no le llame bebé porque así se sentirá más triste y llorará más.

Para que una persona no acose a otra debe tener interiorizado  una serie de valores, creencias y actitudes. Y esto se debe enseñar desde siempre. Con nuestra actitud y trabajando la empatía y la reflexión. No se puede pretender enseñar a no acosar en una charla en primaria , por muy buenas que sean las intenciones que hayan detrás.

Nosotros, los adultos, nos picamos continuamente con el resto de padres que dicen que sus hijos son mejores, con los profes porque nos regañan tanto o más que a nuestros hijos, insultamos en el coche si alguno se salta un stop, nos colamos si podemos en el supermercado, hablamos (mal) de nuestros vecinos, amigos o compañeros en casa, en las comidas, en el coche y delante de nuestros niños.

Así que no me creo que el acoso sea de repente un asunto de estado.

Es un asunto de falta de humanidad. Criamos acosadores sin saberlo.

Estamos tan ocupados que no vemos que nuestro hijo con cuatro años es cruel con nuestro perro, o que nuestra hija de seis llama gorda a otra niña con intención de hacerle daño y no pasa nada. O a lo mejor, sí lo vemos pero no creemos que sea tan importante. Pues sí lo es porque toda suma. Si tu hijo peca de crueldad, no le castigues ni lo machaques, pero utiliza todas las vías que tengas para que practique la empatía: ¿te imaginas como puede sentirse esa persona que duerme en la calle? ¿qué pensará? ¿cómo se buscará la vida? ¿ cómo crees que llegó a esa situación? y así con todo. No muestres complicidad ante gestos poco benévolos.

Con cualquier cosa en el día a día podemos estar trabajando humanidad: cuando prestamos atención a la tortuga que tenemos en la terraza, cuando cedemos el ascensor a nuestro vecino mayor, cuando decimos abiertamente a nuestros hijos que no están bien ciertas actitudes de otros, cuando no criticamos, no insultamos, no promovemos la picardía y el ser más listos que el otro. Hay sitio para todos.

Así que si no queremos más niños acosados deberíamos plantearnos cómo acabamos con los acosadores. Y solo se me ocurre una cosa. Con más humanidad.

Un abrazo, Doris.

Criamos acosadores sin saberlo.

Criamos acosadores sin saberlo.