Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo

¿Feliz? vuelta a las rutinas

Vuelta a la rutina

Vuelta a la rutina

Enero, ese mes cuyo sinónimo no es otro que vuelta a las rutinas después de ese parón y la libertad de horarios que nos ofrece la Navidad. Llega la vuelta al trabajo, a las actividades y, para los más pequeños,  vuelta al cole. ¿Feliz? vuelta a las rutinas

Del mismo modo, de la mano de la rutina, muchas veces también llegan el temido estrés, las peleas y el intentar una y otra vez que los niños colaboren al máximo con la nueva realidad a la que nos enfrentamos en el día a día.

Como adultos a veces nos cuesta adaptarnos a los nuevos horarios, las obligaciones y las tareas que conforman nuestra nueva rutina tras las vacaciones. Sin embargo, en ocasiones nos resulta difícil comprender que los niños experimentan lo mismo, pero multiplicado por 100, ya que ellos viven a un ritmo muy distinto al de los adultos. Su mundo tiene otras condiciones, otros tiempos y otras necesidades que en ocasiones perdemos de vista desde nuestra perspectiva.

Entonces, ¿Se puede volver a la rutina y no “morir” en el intento?, ¿cómo se hace?

En este breve artículo te contaré 5 herramientas de Disciplina Positiva que te ayudarán a que el día a día en casa deje de ser una lucha constante y comience a parecerse más a una colaboración mutua entre las partes. Empezamos 🙂

  1. Muestra empatía y valida sus sentimientos: está claro que todos nos sentimos mejor cuando somos escuchados y comprendidos ante una situación que no es de nuestro agrado. Madrugar, dejar de ver los dibujos para ir a lavarse los dientes o acostarse temprano, resulta igual de “horrible” para un niño como cuando los adultos estamos disfrutando de una magnífica cena con amigos y de repente recordamos que tenemos que irnos ya porque mañana toca madrugar para entrar antes a una reunión de trabajo. ¿A que ese momento en el que alguien del grupo muestra conexión y comprensión por cómo nos sentimos nos hace ver que no estamos solos ante el peligro? Esa actitud activa en nosotros de forma automática una mayor predisposición a colaborar y aceptar la realidad. Muéstrale a tu hijo comprensión por la situación y exprésale de forma directa que entiendes perfectamente lo mucho que cuesta levantarse tan temprano otra vez, en definitiva, a ti también te pasa.
  2. Menos órdenes y más preguntas: ¿sabes que cuando nos dan una orden la parte de nuestro cerebro que se activa primero es el área encargada de mostrar rechazo? Sin embargo, cuando nos hacen una pregunta, lo que ocurre es algo muy distinto. La zona que toma primero el control ante un interrogante es la que se encarga de buscar respuestas ¿Qué nos dice eso? si nos pasamos el día hablando a nuestros hijos en imperativo, en primer lugar, no le dejamos desarrollar su propia capacidad de búsqueda de soluciones, y, además, nos estaremos comunicando con ellos de una forma muy poco efectiva, si lo que queremos es conseguir su colaboración. Prueba a hacerle preguntas como: ¿Qué nos toca hacer ahora? o ¿Qué necesitamos hacer antes de ir al cole? Ayúdales a activar su zona de búsqueda de respuesta y permítele que poco a poco deje de esperar una orden para actuar y comience a ser más proactivo.
  3. Crea una tabla de rutinas: esta es una de las herramientas más eficaces de la Disciplina Positiva a la hora de facilitar las tareas del día a día en casa. ¿Cómo funciona? Lo primero que tienes que hacer es coger una cartulina y sus rotuladores o ceras favoritas, siéntate con ellos y explícales que vais a crear juntos una tabla de rutinas que nos va a ayudar a recordar qué cosas tenemos que hacer en nuestro día a día para que así no tengamos que estar repitiendo lo mismo varias veces todos los días. Hazlo de forma divertida, con dibujos o pega incluso fotos suyas haciendo cada una de las actividades para que así se acuerden mejor de qué hay que hacer en cada momento sin necesidad de que tú se lo digas. Deja que sea la tabla quien hable.
  4. Dale opciones limitadas: ¿qué tal si, en vez de acatar tu voluntad, pruebas a darle opciones limitadas? Por ejemplo, una buena forma de ahorrar tiempo y discusiones a la mañana siguiente es elegir la noche anterior la ropa que nos vamos a poner para ir al cole al día siguiente. No se trata de decirles, “Cariño, elige qué quieres llevar puesto mañana”, sino de, por ejemplo, mostrarle 2 camisetas y preguntarle ¿cuál de las dos quiere ponerse mañana?. Añade también un “¡tú eliges, cariño!” y será aún más eficaz. Esta pequeña pauta le ayudará a darse cuenta de que su voz ha sido escuchada y de que son ellos los han tomado esa decisión. Por lo tanto, la mañana siguiente no será una nueva batalla por evitar hacer lo que me digan, sino que le será más fácil colaborar porque él o ella ha formado parte del trato.
  5. Pide su colaboración y dale las gracias: muchas veces damos por hecho que los demás saben exactamente lo que nosotros esperamos de ellos. No obstante, la mayoría de las ocasiones no es así ¿no sería todo más fácil si pedimos ayuda explícitamente y amablemente cuando la necesitamos? Prueba con un “Cielo, necesito por favor tu ayuda para que me traigas la mochila de tu hermana mientras yo envuelvo los bocadillos y llegar así todos a tiempo al cole”. Por supuesto, una vez que nuestros hijos colaboren, ya sea por petición previa o por su propia voluntad, acordémonos de la importancia de darles las gracias por su ayuda y recordarles lo genial que ha sido que todos hayamos puesto de nuestra parte para que todo saliese bien.

¿Estás dispuesto a probar nuevas opciones, contar hasta 10 y no dejarte llevar por el estrés que supone para todos el volver a adaptarnos a nuestros hábitos diarios tras unos días donde no era el reloj quién mandaba?

¿Qué te parecen estas ideas? Pon en práctica esos sencillos pasos y cuéntame si quieres qué tal la experiencia. Si lo haces con constancia y paciencia, estoy segurísima de que no te arrepentirás.

 

“La trampa de la rutina se desarma, mirando excepcionalmente lo no excepcional”

Victor Hugo

 

Marián Cobelas

https://larevoluciondelasmariposas.wordpress.com

¡Hora de levantarse e ir al cole!

¡Hora de levantarse e ir al cole!

¡Hora de levantarse e ir al cole!

—¡Levántate Juan! ¡Que no llegamos al cole! ¡Hora de levantarse e ir al cole!

—¡Mamáááááááá! ¡Déjame tranquilo! Tengo sueño… —Y Juan se da la vuelta para el otro lado mientras tú te desesperas viendo como las manecillas del reloj siguen su curso sin piedad.

Más tarde, cuando vuelves a su habitación, pensando que ya está vestido, te lo encuentras sentado en la cama mirando las musarañas. Y el desayuno… ¡pero si no le da tiempo nunca a desayunar!

¡¡Hora de levantarse!!¡Hora de levantarse e ir al cole!

¿Cómo hacemos para que las mañanas no se conviertan en una lucha?

 Muchas veces parece inevitable que las tensiones que en el verano parecían haber desaparecido (al menos en este sentido, de levantarse tempranito), vuelvan.

De pronto las prisas, el “¡venga, levántate que no llegamos!”, ” ¿pero todavía no te has vestido?” sustituyen a la tranquilidad matutina de la época estival, donde dormir hasta que el cuerpo pidiese era lo más habitual.

Y de alguna forma todo eso nos afecta a lo largo del día.

¿Qué podemos hacer para llevar esta entrada a la rutina de la mejor forma posible?

Aquí tenéis 15 ideas que pueden ayudaros:

1.- Pregúntales…

 cómo sería para ellos una buena mañana, cuánto tiempo creen que necesitan para desperezarse (y según eso poner el despertador a una u otra hora) e ir ajustándola en función de los resultados, porque no sé si a ti te pasará pero yo he tendido mucho tiempo a programar las mañanas en función de mi propio ritmo (y resulta que soy una rapidilla), calculando lo que tardaría en esto y aquello sin darme cuenta de que ellos tenían otro ritmo. Por eso, lo mejor, encontrar un equilibrio.

Observa lo que suelen tardar, si les viene mejor dormir un poquito más porque luego se levantan mejor o si por el contrario les viene mejor levantarse un rato antes para que tengan tiempo de tomárselo con más calma. Ten en cuenta su personalidad, sus preferencias y sus sugerencias. Quizás les encante tener un despertador y desperezarse con tiempo (comprobad que se levantan porque en el caso de mis hijos creo que tendría que poner la habitación llena de despertadores; ¡no lo oyen!)

 2.- No repitas…

 solo señala la rutina o preguntarles “¿Qué toca ahora?” Porque cuando repites se “anestesian” ante tus palabras, o sea, es como si dejasen de oírlas. Y eso suele ponernos de mal humor con lo que se complica la situación. ¡Usa la cartulina!

3.- Da ejemplo de buen talante…

y afrontad la mañana con la mayor tranquilidad posible (esto no significa que tengas que ser perfect@ o hacerlo siempre bien, pero pon empeño en que sea la tónica general y si no sale pues habladlo después para ver como se puede mejorar)

4.- Comprende…

 lo difícil que es volver a la rutina también para ellos. Si les decís “¡Jo! cómo cuesta levantarse, ¿verdad?” se sentirán comprendidos y eso permitirá una conexión que facilitará mucho las cosas.

 5.- Si surgen dificultades revisa la rutina hasta que encontréis la mejor fórmula para todos.

Analiza qué parte de la mañana les cuesta más: puede que sea la de levantarse en sí, o la de vestirse o el desayuno…, y piensa qué podrías hacer para mejorarla. Siempre desde el punto de vista de encontrar soluciones respetuosas y efectivas; empeñaos en buscar soluciones evitando todo tipo de reproches y etiquetas. Lo que nos importa es lograr una solución, no decirle que es un vago, o cualquier otra cosa. ¡Creatividad al poder!

6.- Evita sermones…

y largas charlas. Mejor una pregunta “¿Cómo crees que podríamos hacerlo mejor?”,“¿Qué se te ocurre que podríamos cambiar para que estemos todos más contentos por la mañana?”, “¿En qué podrías ayudarme por la mañanas?”

 7.- Nada de órdenes…

Mucho mejor pedir colaboración. “¿Me ayudas?”

 8.- Explícales…

que es importante que las mañanas sean agradables porque así todos vamos más contentos al cole y al trabajo, tenemos ganas de reírnos y todo funciona mucho mejor. Que te encantaría que pudieseis hacer de la mañana un trabajo en equipo. Trata de explicarles esto en un momento distinto de la mañana, cuando esteis todos de buen humor y con mucha brevedad. Mejor 10 palabras que una charla, porque desconectarán.

9.- Diles que siempre…

estarás dispuesta a escuchar lo que tengan que aportar si creen que algo se puede mejorar.

 10.- Agradece…

 su disposición a ayudar por las mañanas en lo que sea que hayáis decidido.

11.- Reiros… todo lo que podáis.

12.- Usa la música…

 que les guste para ayudarles a despertarse… e incluso para ayudarles con los tiempos cuando son pequeños (“cuando termine esta canción es hora de ponerse a desayunar” por ejemplo)

13.- Deja que escojan…

 la ropa para ponerse al día siguiente (dentro de un orden, dándoles dos opciones sin son pequeños o poniendo ciertas normas a lo escogido dependiendo por ejemplo del día que haga o de si les toca gimnasia… ¡no vaya a ser que escojan sandalias cuando está lloviendo! 😉

14.- Dales un reloj…

 a los mayores para que controlen el tiempo. Especifica a qué hora deberían estar listos en la puerta y asegúrate de que lo han entendido pidiendo que te lo repitan. También puedes anotar la hora en un folio y pegarlo en un sitio visible para que la recuerden. Si ves que se despistan puedes señalarles el reloj o preguntarles la hora (¡pero no cada rato!)

 15.- Crea una cartulina de rutinas matutinas…

con los niños y pegarla en la pared, bien visible, para que puedan seguirla sin que nosotros, los “pesados adultos”, estemos todo el rato repitiendo y recordando.
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 Dibujos, fotos, pegatinas… lo que queráis. Pero eso sí, con ellos. Deja que formen parte de las decisiones y escucha sus ideas; dedica un rato de la tarde para divertiros haciéndola 🙂
Porque si los niños se divierten, pasan tiempo con vosotros y forman parte de las decisiones estarán mucho más dispuestos a colaborar.
 Las mañanas pueden ser muy distintas. ¿Te animas a probarlo así?
©Ana Isabel Fraga 2016. Todos los derechos reservados.