Disciplina Positiva España
Educar con Cariño y Firmeza a la vez. Relaciones basadas en el respeto mutuo
Conectados con el adolescente

Conexión EMOCIONAL con el hijo adolescente

Ante esta frase de un hijo de 14 años:

“Mamá… quiero contarte algo”

pensamos: “Uhmmmm, a ver con qué nos viene ahora” y, a la vez,  nos surge una gran oportunidad para revisar QUÉ ESTAMOS HACIENDO Y QUÉ NOS ESTÁ TRAYENDO lo que hacemos.

"Mamá... quiero contarte algo"  Uhmmmm... A ver con qué viene. Adolescente "conectado"

Mira, entre paréntesis, te voy dejando las claves…

Nos preguntó si le podríamos llevar a pasar un rato a la villa, con un amigo, un par de horas. Permiso tenía y nuestra disposición para que pudiera ir y venir  también (porque queremos atender sus necesidades de sociabilización) y planteamos buscar la forma de que el viaje de ida o el de vuelta fuesen en bus o tren, a penas tenían 2 horas. Ninguna opción encajó por horarios y buscó la alternativa de llamar a un familiar que iba para allá y preguntó si le podían llevar de paso (enfocándose en soluciones, ellos tienen recursos que debemos dejar que usen, que prueben). Todo ok hasta aquí.

Ya de vuelta en casa nos saludamos,  y a la pregunta “¿Qué tal hijo, os dio tiempo a algo?” él respondió: “Mamá… quiero contarte algo” (Ese “quiero” muestra la decisión tomada de hacerlo, mi interés es escuchar de forma activa, con los 5 sentidos, sin interrumpir, validando y empatizando). “Dime hijo...”

Me contó lo que habían hecho para divertirse pasando el rato juntos y cómo tuvo un accidente haciéndolo.

Habló de “pasé miedo“, “creí que la había liado gordísima (honestidad emocional), “sé que hice una irresponsabilidad” (reflexión, postjuicio), “flipé con mi amigo porque me miraba con cara de pánico cuando me vio caer, estaba pálido y muy preocupado (empatía), “recordé lo que me enseñaste de mover la lesión en caliente” (valida aprendizajes previos), “lo siento mamá” (arrenpentimiento, empatía), “me alegró saber algo de escalada, ser ágil y tener buenos reflejos” (autoestima, capacitación, validación de habilidades propias)…

Y entonces surgieron frases diferentes, confesiones que, gracias a la conexión y la confianza, pudieron  darle respuestas y apoyo:

No sé porqué salté allí, mi cerebro iba por libre, yo no quería hacerlo” (necesidad de entender los porqués, aquí hablamos de des-concentración, falta de consciencia, actos involuntarios… efectos secundarios del abuso de pantallas, tema clave), “iba todo bien Mamá ¡molaba un montón! bueno… los saltos, la caída no moló nada. Me sentía bien, no sé…” (hablamos de la adrenalina y el bienestar que genera y también de la búsqueda de adrenalina por necesidad de estímulos más fuertes, más fuertes que los de los videojuegos, y tocamos de nuevo el tema clave: dependencia/pantallas/falta de auto-control. Necesito adrenalina VS Necesito cuidarme) y una que ME ENCANTÓ porque me hizo sentir muy satisfecha fue: “Mi amigo decía que era tonto, que para qué me habría dicho de ir a saltar allí, que me ibais a echar una bronca tremenda por su culpa… y yo le dije que no, que SI SE LO CONTABA SINCERAMENTE A  MI MADRE ELLA NO SE ENFADARÍA “Mamá… quiero contarte algo”

¡Olé, olé y olé!

¡Por mí, sí señor, y por el esfuerzo diario, y por la educación en positivo, y por las relaciones basadas en el respeto mutuo!

Sí señor, lo que se siembra se recoge y  nuestro hijo adolescente SE SIENTE CONECTADO A LOS ADULTOS DE REFERENCIA = ÉXITO en el desarrollo emocional.

Esto  no es un objetivo cumplido. Esto hay que mantenerlo de la misma forma en que se gestó:

  • Escuchando (callando mucho, aunque duela la garganta), validando lo que para ellos es importante (aunque para nosotros es una chorrada),
  • Acompañando en el error (aunque apetezca castigar y hacer pagar por ello),
  • Involucrándoles y teniéndoles en cuenta (que se sientan significantes, que pertenecen, tienen muy buenas ideas que debemos escucharlas y recibirlas mientras les enseñamos a proponer lo que sea justo para todas las partes “enfoque en soluciones”),
  • Seguir dejando que se lleve el viento las palabras que a veces dicen porque necesitan descargar o gestionar y no saben cómo hacerlo de otra forma más respetuosa (no tomarnos como algo personal ese grito, juicio o portazo ¡o los 3 a la vez!)
  • Y seguir mostrando cómo se mantiene la calma, como uno puede decidir apartarse de lo que le altera para volver a atenderlo cuando se esté más tranquilo (así damos ejemplo y ellos empiezan a practicar).

Estar conectado con un adolescente es tan fácil como SER (ser tú mismo, sin disfraces, honesto) y ESTAR (presente, 100% en los momentos que surgen y que no son tantos como tú quisieras, y disponible, para acompañar CUANDO LO PIDA).

Todos podemos SER y ESTAR. Tú también. Date una oportunidad, nunca es tarde. NO está todo perdido, no cortes los hilos (ni tampoco los forres de espino), estate ahí donde decidiste estar cuando elegiste ser padre/madre/docente y DISFRÚTALO. No es tan fiero el león como lo pintan.

¿Sabes cuál es el secreto para que EDUCAR  se convierta en algo FÁCIL y eficaz?   SOLTAR confiando

Soltar es lo contrario a CONTROLAR. Controlar agota y desconecta, ponte en su lugar, ¿te gustaría tener un control externo continuo, que no te permitiera ser y estar según tus necesidades individuales? Sin embargo SOLTAR, acompañado de un “Ya sabes dónde estoy” para que no se convierta en desamparo, aporta CALMA, seguridad, confianza… “Mamá… quiero contarte algo”

También aporta posibilidades de pensar y actuar, de equivocarse y “liarlas muy gordas” por supuesto, pero eso igual que tú, supongo que alguna vez te habrás equivocado (incluso siendo adulto):

  • matrimonios fallidos, empresas quebradas, ideas sin plasmar, latidos no escuchados, venganzas inútiles, compras ruinosas, trato autoritarista a un hijo o empleado…

MUCHOS ERRORES forman parte de nuestra vida e historia personal, nos han hecho como somos ahora y nos enseñan a verlos, atenderlos y repararlos en lo posible, o al menos aprender de ellos.

De mi boca salían frases como “Normal que tuvieras miedo, vaya susto”, “Qué majete tu amigo”, “Me alegra que me lo cuentes”, “¿Crees que necesitas ir al médico o la fisio? ¿Te lo puedo mirar?”, “Creo que te vendrá bien una ducha para relajarte. Voy preparando algo de cena”, “Te quiero cielo”.

Tras la ducha, viene a la cocina y dice: “¿Tú dónde vas a estar ahora, por aquí cocinando?, pues voy a hacer aquí contigo los ejercicios de biología” “Sabes Mamá, creo que el accidente que tuve hoy me va a hacer que a partir de hoy sea menos… no sé cómo decirlo… niñato. Que voy a estar más atento a pensar las cosas antes de hacerlas“ “Mamá… quiero contarte algo”

Esto suena fenomenal, pero seamos realistas (hijo y público en general): Volverás a cometer imprudencias, volverás a sentir miedo o  tener daños graves y dirás “Cómo puedo ser tan gilipollas”… pues sí, así somos.

Bien estará que estés más atento, por ti sobre todo.

Ahora a seguir cuidando la conexión, a esperar al siguiente caso y  a reforzar los temas “auto-control” y “pantallas”.  A ver con qué viene… ¡Ah! y a atender las preguntas que le surjan al hermano menor respecto a todo esto que vivió hoy. Recuerda que están tomando decisiones y que si estamos conectados ayudamos a que tomen las más sanas.

Virginia García

www.ContigoDesenredo.es

necesitais mantener el vínculo

Necesitáis mantener el vínculo

Puerperio. Dudas. Lactancia si o no. Falta de sueño. Virus. Más dudas. Apego sin conciliación. Rabietas. Adaptación escolar. Más virus. Deberes. Amigotes. Pre-adolescencia. Muchas más dudas. Adolescencia. MIEDO. Necesitáis mantener el vínculo

En todo el proceso de acompañamiento de nuestros hijos a lo largo de su desarrollo nos encontramos con muchos obstáculos en forma de fases de crecimiento, de retos nuevos, de imprevistos. La vida misma.
Por eso decir que la maternidad/paternidad es el “trabajo más difícil del mundo” se queda corto.

Al convertirnos en padres nos hacemos responsables de otra vida, con todo lo que eso conlleva. Aún estamos intentando domar la nuestra y se nos presenta el desafío de guiar una nueva, de solucionar, de proteger, de ser intachables cuando no sabemos qué hacer…

Y a lo largo de todo ese camino encontraremos también mucho amor, muchos momentos felices que nos recordarán por qué ha valido la pena cualquier sacrificio, cualquier cuesta arriba.

Es en esos momentos de paz en los que entiendes por qué llego el segundo, incluso el tercero! Esa inexplicable sensación de plenitud al verlos felices compensa cualquier lágrima, ojera, estría, arruga o cana. Nos recargan el alma con cada carcajada, con cada mirada… Porque en momentos de lucidez comprendemos que no son ellos los culpables de esas marcas visibles del paso del tiempo, sino que son el bálsamo que nos mantiene con vida, que nos da la fuerza para continuar cuando todo está perdido. A pesar de todas las tempestades, nos dan luz.

Por eso, pase lo que pase, el mejor truco para ayudarles a crecer, a desarrollar su potencial, para acompañarles de la forma más respetuosa y responsable del mundo es : MANTENER EL VÍNCULO.

No hay nada más poderoso, nada más firme y seguro que el vínculo con la familia.

Educar a nuestros hijos no debe en ningún caso romper o deteriorar la relación con ellos.

necesitais mantener el vínculo

Necesitáis mantener el vínculo

Si nuestras herramientas educativas nos alejan de ellos, si por ayudarles con los deberes acabamos discutiendo, si por un tatuaje dejamos de hablarnos, replantéate tu técnica…
No hay nada más importante que la conexión que establezcas con tus hijos. NADA. Si quieres sembrar la confianza y el respeto mutuos lo primero que has de perseguir es que nada ni nadie os aleje.

Es nuestra obligación adquirir las herramientas suficientes para ser capaces de educar sin dejar de lado ese contacto indivisible.

El AMOR al fin y al cabo. Porque es obvio que el cansancio mella, la paciencia se agota y los recursos a veces no son suficientes, pero es más difícil reparar un vínculo roto que esperar a calmarse para hablar del orden o de los deberes.

El “es por tu bien” y “quien bien te quiere te hará llorar” tiene la misma base que “la letra con sangre entra” y no. No mil veces. Lo único que entra con sangre es el miedo, es el odio.
Lo único que conseguimos GANANDO a nuestros hijos, es alejarnos de ellos.

Es cometer la irresponsabilidad de dejarlos COMPLETAMENTE SOLOS. Porque cuando seas para ellos el pesado o la mandona, no van a recurrir a ti cuando tengan un problema.
No van a ver en ti ese ancla, ese faro. Tendrán miedo de que les castigues, de que les culpes. Preferirán perderse a asumir que te necesitan.

Educamos con la perspectiva del AHORA como si nuestros hijos fueran de papel, de un material que se puede doblar, pintar o arrugar de forma rápida y fácil. NO.

Nuestros hijos son de una madera noble, que crece buscando luz. Que se deforma si no tienen día a día la ración de cariño y de respeto que necesitan para convertirse en ese árbol sano y fuerte.
Las raíces de su vida son y siempre serán el vínculo indivisible con sus padres. Si las raíces enferman, los frutos no llegan, el árbol no crece.

Cuando dudes, cuando no tengas fuerza, cuando todo se ponga cuesta arriba vuelve atrás. Al día que os conocisteis. Que oliste su piel por primera vez. Al momento mágico en el que empezó todo. Mírale a los ojos sin olvidar aquel milagro, que aunque ahora de portazos, te ignore o te rete, es esa criatura que te innundó el corazón, que te enamoró, está ahí dentro.

Esa unión sagrada repara TODO. No la pierdas. No la rompas. Te hará falta conservarla para los momentos en los que nada funcione, cuando lo único que tengas para dar es un abrazo… Cuida el vínculo y todo será mucho más fácil.

María Soto

http://educabonito.com