EL PODER DE LA COMUNICACIÓN. LOS CASTIGOS

Qué nos pasa a los adultos cuando nos encontramos ante una conducta inadecuada por parte del niño?

Son muchas las ocasiones en las que las conductas de nuestros hijos nos exasperan, nos enfadan, nos hacen perder el control y la paciencia. Cuando esto ocurre, tendemos a tener una réplica que responde, más que a un deseo de entendimiento, conciliación y orientación, a un deseo de corrección y castigo. Esta actitud por parte del adulto, sin embargo, no es la consecuencia de la conducta inadecuada del niño, sino que el nexo causal debemos buscarlo en el estado emocional que se ha creado con la situación conflictiva. Esta intensidad de emociones tiene además una base física, ya que es nuestro cerebro primitivo el que nos impulsa a pensar de esta manera, y no podremos actuar de una forma más conveniente hasta que nos relajemos y la corteza prefrontal tome las riendas.

 

Si a los adultos, con el cerebro ya desarrollado y supuestamente con recursos personales para gestionar estas situaciones, nos cuesta mantener el control, y nos dejamos llevar por un deseo de puro castigo, algo que se escapa del objetivo de la educación, nos hemos planteado cómo puede sentirse un niño ante las mismas circunstancias, niño que además no tiene el cerebro totalmente desarrollado y que carece de las herramientas y las experiencias que dan los años para poder gestionar emociones y situaciones conflictivas.

Como decía Haim G. Ginott,“ “hay que ocuparse de los sentimientos antes que intentar mejorar la conducta

Tras esta introducción, que espero nos haga recapacitar antes de actuar la próxima vez que tengamos que interferir con nuestros hijos, paso a exponer la importancia que la comunicación tiene en el desarrollo emocional de un niño. Hablo de comunicación porque creo que la definición de castigo, en el contexto en el que hablamos, sería una actitud en respuesta a una carencia de gestión de la comunicación.

La cuarta acepción de la RAE para definir COMUNICAR es: transmitir señales mediante un código común al emisor y al receptor. ¡Fantástico!, ¡código común!, ¿nos hemos planteado si el código que usamos con nuestros hijos es el que utilizan nuestros hijos con nosotros? Recordemos que los niños tienen un pensamiento totalmente lógico pero fundado muchas veces en creencias erróneas (poder, atención, venganza, incapacidad).
Si los adultos obviamos esta creencia errónea, si obviamos su etapa evolutiva y si obviamos además su incapacidad para gestionar las emociones por una falta de madurez, entonces, no es que estemos usando un código distinto, es que además confundimos los objetivos, perdemos de vista el objetivo del niño con su conducta inadcuada; castigamos la conducta , pero no satisfacemos ni reorientamos el objetivo del niño, porque por desgracia, la mayoría de veces, ni llegamos a saber cuál es.

Cuando hay un intento frustrado de la comunicación, pasamos al castigo. Entre las acepciones que la RAE contempla para CASTIGAR, están las de mortificar y afligir…ufff!! Yo a mi hijo jamás le haría esto, estaréis pensando muchos, sin embargo, los castigamos, y no sólo los castigamos, sino que además, tal y como dice Jane Nelsen, muchos padres piensan que“los niños continúan portándose mal porque el castigo no ha sido lo suficientemente severo como para darles una lección”

¿Cuántas veces, como adultos, hemos realizado algo que no es correcto y le ha afectado a alguien ( pareja, vecino, familiar, amigo)? ¿cuántas veces ese alguien nos ha gritado, ha dejado de hablarnos, nos ha criticado, amenazado o incluso insultado? ¿cómo nos hemos sentido? Si nos paramos a pensar por unos minutos, seguro que saltan un cúmulo de emociones y ninguna positiva. Desde la Disciplina Positiva os enumeramos cuatro: resentimiento, revancha, rebelión y retraimiento, manifestado este último en una intención de disimulo o en una baja autoestima. Estoy segura de que todas las emociones que os han sobrevenido pueden abarcarse en una de estas cuatro.

Dentro de la comunicación no podemos dejar de hablar de la actitud que adoptamos en la misma, ni del tono de voz que usamos cuando nos dirigimos al pequeño. No es lo mismo decir “Miguel, nos iremos al parque en cuanto recojas tus juguetes”, o “Miguel, recuerda que la habitación debe quedar recogida antes de ir al parque” con tono afable y cercano, que decir “¡Miguel, nos iremos al parque en cuanto recojas tus juguetes!” gritando y de malas maneras, o decir, con el índice levantado y alzando la voz en tono amenazante “recuerda que la habitación tiene que estar recogida antes de ir al parque”

En los dos primeros casos, el niño recogerá su habitación de forma voluntaria, recordando que existe una norma en la que antes de ir al parque hay que dejar los juguetes recogidos. Si no recoge la habitación, sabe que la consecuencia de ese incumplimiento es el no ir al parque. El niño está aprendiendo a ser responsable, y está asociando el concepto de responsabilidad ( recoger) al de privilegio (ir al parque), y a la inversa, la falta de responsabilidad conlleva la pérdida de privilegio (Jane Nelsen) Si además esta situación se produce en un hogar donde se aplica la Disciplina Positiva, esta norma se ha adoptado de forma consensuada en una reunión familiar, por lo que el niño la acatará con mejor talante porque es consciente de que se aplica por el bien de él y de la familia (sentido de comunidad)

Ahora analicemos las otras dos frases, en ambas el tono es autoritario e intimidatorio. El niño, si decide ordenar el cuarto, lo hará inspirado en un sentimiento de enfado (revancha, rebelión), temor (resentimiento) o de sumisión (retraimiento).

Si decide no ordenar la habitación, no verá el hecho de no ir al parque como una consecuencia devenida de sus actos ( responsabilidad), sino como un castigo a una mala conducta, algo que además de no aportarle nada positivo, ni a nivel emocional ni como herramienta de vida, potencia las creencias erróneas con las que actúa el niño.

Espero que estas palabras nos hagan reflexionar sobre la importancia de una buena comunicación y las consecuencias que de ella derivan.

Macarena Soto Rueda
Educadora para Padres en Disciplina Positiva

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