Los deberes son de mis hijos

Esta semana he dado una charla sobre los deberes escolares. Bueno, en realidad no he hablado tanto sobre ellos, sino cual debe ser nuestra actitud como padres y madres ante ellos y cómo podemos ayudar de la mejor manera a nuestros hijos. La teoría os la doy ahora para que os sirva de referente pero me cuesta callarme en este tema. Mi opinión sobre los deberes y su cantidad me la reservo pero en lo que si quiero pronunciarme, sin ánimo de ofender a los profes (y si lo hago, no es mi intención) es que no me parece lícito que presionen a las familias. Al menos es así como se sienten ellas. Todas las que fueron a la charla llegaron a la conclusión de que presionaban, chantajeaban, amenazaban y comparaban a sus hijos “para que estudiaran” pero sobretodo “para que no se queden atrás, porque los profesores culpan de esa situación a los padres y madres que no están encima”. “Si tu hijo se queda atrás, es culpa tuya”.

 

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La  presión, amigos, no es buena consejera en el  proceso del aprendizaje, y los docentes deberían saberlo. Además de encontrar incongruente, que por un lado hayan manifestado que los padres actuales sobreprotegen mucho a los niños y luego les pidan cuentas a ellos sobre los deberes de sus hijos.

Pero insisto, no es un ataque al cuerpo docente sino una reflexión.

 

Y ahora sí que voy con las recomendaciones de la disciplina positiva en este tema:

“Cuanto más quiera ocuparse usted de los deberes, menos querrán ocuparse de ellos sus hijos”. Frase contundente.

  • los niños que piensan que los deberes son más importantes para sus padres que para ellos no asumen la responsabilidad que les corresponde.
  • Si fuese efectivo obligar a los niños a hacer los deberes, no existiría fracaso ni abandono escolar.

 

¿Qué debemos hacer?

  • Establece una rutina en casa. Un horario  fijo y que el resto de los miembros de la casa también hagan  cosas tranquilas.
  • Antes de buscar soluciones a “que mi hijo no se sienta”, obsérvale durante una semana, SIN DECIR NADA, para ser conscientes de qué cosas  no está haciendo bien nuestro hijo. Por ejemplo, se sienta muy tarde y ya está muy cansado, no prepara el material antes de sentarse y se levanta muchas veces buscando un lápiz, una goma, se agobia, se frustra porque son muchos deberes y se bloquea… Cuando lo tengas claro, dile lo que has observado, lo que te gustaría y cómo puedes ayudarle: por ejemplo, me he dado cuenta que cuando te pones a hacer los deberes, te levantas mucho porque no tienes todo el material. Me gustaría que no te levantaras tanto para que no pierdas la concentración. Si quieres te ayudo a elaborar una lista  del material que necesitas (incluida el agua e ir al baño) y lo chequeas antes de sentarte.
  • Dile a tus hijos que ya no les vas a reñir ni les insistirás para que hagan los deberes y cúmplelo. Déjales experimentar las consecuencias de no llevar los deberes hechos al colegio. Esto no quita que conozcan tu opinión sobre la importancia de los estudios o incluso tus deseos y que les muestres  ayuda  pero permite que asuman su responsabilidad. Cuando esta no es compartida, se teme más cometer una equivocación.
  • Explícale que le ayudarás pero bajo tus condiciones: sin intención de que hagas tú los deberes, que no se pueden enfadar (si lo intentan y no lo consiguen) y que el horario de ayuda es limitado y puesto por tí. No estás disponible las veinticuatro horas, porque también debes hacer otras cosas. No rescates.
  • Planifica con antelación la compra de material, visitas a la biblioteca, etc…
  • No compares a tus hijos. No motiva, aunque sea esa la intención.
  • Encárgate de que el mensaje que le debe quedar claro a tus hijos es que no son unos fracasados o personas exitosas según su rendimiento académico. Asume que hay niños a los que les gusta más y menos el colegio, otros que no destacan en los estudios pero sí en otros campos, que a veces es solo cuestión de tiempo…sea lo que sea no hagas que tu hijo se sienta inferior.Tu hijo principalmente debe ser un niño con confianza en sí mismo, la principal herramienta que va a necesitar para comerse el mundo cuando sea adulto.
  • Respeta los distintos estilos educativos: hay niños que solo con leer una hoja se la aprenden, otros que necesitan echar codos, otros poner música de fondo… Conoce a tu hijo y respétalo.

 

Aparte de comentar estos puntos, traté también el enfoque mente, corazón (emociones) y cuerpo de Antoine de la Garanderie (Filósofo y Pedagogo) en la que explica que estos tres factores intervienen en el proceso de aprendizaje por lo que es necesario ayudar a los niños en estas tres áreas. Esto viene estupendamente resumido en un libro maravilloso que recomiendo sí o sí , si te interesa este tema “Pedagogía positiva. Consigue que tus hijos disfruten aprendiendo” de Audrey Akoun e Isabelle Pailleau, de la editorial Zenith..

 

Tu hijo principalmente debe ser un niño con confianza en sí mismo, la principal herramienta que va a necesitar para comerse el mundo cuando sea adulto.

Es un libro práctico, donde te recomiendan un montón de ejercicios pero sobretodo me gusta el mensaje que nutre el libro de principio a fin. Cada niño tiene un talento innato por desarrollar. Si se dan las condiciones adecuadas este fructifica, pero la escuela se ha convertido en una carrera de obstáculos, de presiones, de comparaciones y en ese ambiente no todos los árboles germinan. Al menos desde casa si podemos controlar la presión que ejercemos.

 

Para terminar, te recomiendo que conozcas el Efecto Pigmalión, Este experimento demuestra que el rendimiento de un alumno está directamente vinculado con las expectativas del adulto respecto a dicho alumno y a la mirada que proyectará sobre él.

 

Imagínate entonces lo que puedes proyectar en tu hijo desde casa. La próxima vez que toques el asunto de los estudios pregúntate primero  ¿esto anima a mi hijo? o ¿por el contrario lo desalienta?

Como conclusión, céntrate en llenar la maleta de tu hijo de confianza en sí mismo y autoestima, para que tenga un éxito de vida más que una vida de éxito (esta frase no es mía pero me gustaría).

Un abrazo,

Doris Marrero.

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