Manifiesto de una mamá Disciplina Positiva

Soy una madre muy cariñosa, disfruto usando el sentido del humor en el día a día con mis hijos y nos reímos mucho. Los abrazos, los besos, las caricias, los gestos cariñosos, los guiños cómplices, los “te quiero”, las sonrisas al vernos… siempre están ahí y llenan nuestros días.

 

Soy una madre muy firme, en casa tenemos unas normas, existen límites que no traspasar, hacemos lo que decimos… Y si se traspasan los límites, si surgen problemas o no se cumplen las normas buscamos soluciones entre todos, de forma consensuada, ofreciendo opciones que mejoren la situación y nos esforzamos por cumplirlos.
No creo que el castigo enseñe nada lo suficientemente interesante, al menos no lo que yo busco, y uso otras herramientas para encarar situaciones problemáticas o malos comportamientos que se adapten al CARIÑO y la FIRMEZA a un mismo tiempo.

Busco cada día la autonomía de mis hijos dejando que exploren, que se equivoquen, entrenándoles en aquello que necesitan aprender, apoyándoles y acompañándoles allá donde lo necesiten, soltándoles cada vez un poco más…

Soy un ser humano así que me equivoco, meto la pata en situaciones nuevas que no sé cómo afrontar, en situaciones viejas que ya he vivido muchas veces pero que me pillan en un momento malo o de las que aún no he conseguido aprender lo que necesitaba. Meto la pata a veces por no recordar qué hacer en esos momentos, o porque me salta ese piloto automático que todos tenemos y que tiene que ver con nuestra propia infancia o con dejarse llevar por un desbordamiento emocional.
Y cuando meto la pata lo primero que hago es recogerme, respirar y tranquilizarme, acercarme a mi hijo y pedirle disculpas y buscar soluciones entre los dos para que cada vez podamos ambos hacerlo mejor.
Sé que más de la mitad de las veces lo hago muy bien, y el resto trato cada día de mejorarlo, de APRENDER DE LOS ERRORES, porque entiendo los errores como oportunidades para aprender. Me perdono porque sé que es así.

Sé que lo que hago, cómo me comporto, cómo suelo reaccionar, cómo resuelvo mis problemas, cómo me enfrento a mis miedos, cómo me comunico, cómo cuido de mí misma… es un aprendizaje que calará hondo en mis hijos, mucho más que cualquier discurso o consejo que pueda darles. Por eso trabajo mi interior, reflexiono y me permito tiempo para sentirme bien.

Sé que la educación es un camino, una aventura hermosa que está llena de retos y desafíos, y que cada uno de esos desafíos es una hermosa oportunidad para enseñar a mi hijo habilidades de vida, en vez de limitarme a “controlar” su comportamiento y reprimir sus emociones, le ayudaré a superar todos los comportamientos con herramientas que le aporten inteligencia emocional, sentido de la responsabilidad, práctica en la toma de decisiones, control de las emociones (que no represión), empatía, conocimientos de sí mismo…

Sé también que me desviaré del camino en ocasiones, y sé que siempre tendré la oportunidad de volver a él con una lección nueva aprendida.

Ana Isabel Fraga

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