Mas allá del comportamiento: Leer su mensaje oculto.

A todos los padres nos preocupan los malos comportamientos de nuestros hijos y tratamos de encontrar la manera de cambiarlos. Pero es importante entender que más allá del comportamiento hay algo más. Hay mucho más. Porque el comportamiento, aunque sea molesto, es solamente la punta del iceberg.
Hay muchas cosas que se pueden hacer para modificar un comportamiento, con las que podemos o no estar de acuerdo, y no dudo en ningún caso que funcionan. Funcionan para cambiar ese comportamiento, sí, funcionan para pulir esa pequeña parte del iceberg que está a la vista.
Pero, ¿y si ante un comportamiento inadecuado tratásemos de centrarnos en la totalidad de ese iceberg? ¿Qué ocurriría?
Pues que más allá de modificar una conducta lograríamos entender su porqué, lograríamos entonces acudir a las herramientas que no solo cambiasen un comportamiento, sino que generasen verdaderas habilidades de vida, que el niño se sintiese realmente comprendido.
Según nos dice la teoría Adleriana todo comportamiento proviene de la necesidad de sentirse importante y tenido en cuenta, de la necesidad de ser parte de…

Pero esos comportamientos pueden ser expresados en forma de metas. Metas que provienen de creencias erróneas y que vamos a definir con mayor concreción.

 

META DE ATENCIÓN EXCESIVA

El niño se pone pesado, fastidioso, reclama constantemente tu atención, se queja sin parar, exige… De tal forma que el adulto se siente molesto, irritado e incluso preocupado y/o culpable.
Y cuando el adulto se siente así suele reaccionar tratando de persuadir al niño para que cambie su actitud, rescatándole (haciendo por él las cosas, justificándole), gritándole para que pare… Con lo que el pequeño puede que pare unos instantes para luego reanudar lo que estaba haciendo o eligiendo otro comportamiento aún peor. Puede que se sienta un tanto inepto o que se muestre aún más exigente.

¿Cuál es la creencia que sustenta este comportamiento?

Solo soy importante cuando tengo atención constante, cuando los otros me notan.

¿Qué respuestas positivas y efectivas podríamos llevar a cabo?

El niño necesita ser escuchado, tiempo especial solo para él que se puede pactar, ignorar la conducta pero nunca al niño ni a sus emociones (esto puede hacerse tocando al niño mientras seguimos haciendo lo que estábamos haciendo en ese momento), establecer rutinas, no rescatarle (sí ayudarle, consolarle y apoyarle, pero no hacer las cosas por él que podría hacer por sí mismo, ni sobre protegerle evitándole siempre frustraciones o emociones desagradables), asignarle tareas útiles en las que pueda cooperar.

 

META DE PODER EQUIVOCADO

El comportamiento del niño es desafiante, tanto negándose a hacer lo que le dicen como simplemente haciéndolo cuando le parece bien expresando así un poder pasivo. Y ante esto, el adulto se siente constantemente retado y provocado, actuando quizás cediendo, hasta que se siente superado y reacciona tratando de obligar al niño a que ceda él, con castigos y luchas de poder, con lo que la actitud desafiante se agrava más y más.

¿Cuál es la creencia que sustenta este comportamiento?
Solo me siento importante cuando soy el jefe, cuando te demuestro que no puedes obligarme ni detenerme.

¿Qué respuestas positivas y efectivas podríamos llevar a cabo?

No pelear ni entrar en luchas de poder, tampoco ceder. Emplear a cambio la firmeza y amabilidad a un mismo tiempo. Pide su ayuda (dile que no puedes obligarle pero que te encantaría contar con él y su ayuda), retírate a tranquilizarte si sientes que te estás poniendo a la defensiva. Mejor no hables, y actúa. Establece rutinas junto al niño.

 

META DE VENGANZA

El niño se comporta de una forma destructiva (o autodestructiva), agresiva, hiriente, grosera, vengativa…, comportamientos que hacen sentir al adulto herido, incrédulo y también vengativo, contraatacando y entrando en luchas de poder, sintiéndose como una víctima (¿por qué me estás haciendo esto?) o castigando. ¿Qué ocurre entonces? Que el niño empeora e intensifica su conducta.

¿Cuál es la creencia que sustenta este comportamiento?

No creo ser importante para nadie, me han hecho daño así que yo haré lo mismo. Nadie puede quererme.

¿Qué respuestas positivas y efectivas podríamos llevar a cabo?

Primeramente hemos de reconocer y validar sus sentimientos. El niño se siente herido y hemos de reconocerlo. No actúes nunca ni hagas nada cuando te sientas herido, mejor retírate, cálmate y habla con el niño después tratando de llegar a acuerdos que sean muy claros y apropiados. No le castigues ni emplees represalias.

 

META DE INSUFICIENCIA APRENDIDA

En este caso el niño se muestra como ausente, indiferente, pesimista y desesperanzado. Repite la frase “no puedo” o similar, con mucha frecuencia. O simplemente no hace nada, ha asumido que no puede. Ante esto el adulto puede sentirse desesperado e inútil, pues nada parece mover al chico. Esta desesperanza puede llevar a sus padres o profesores a reaccionar comparándole con otros (con la intención de que reaccione) y criticándole, o por el contrario haciéndole el trabajo (rescatándole) o rindiéndose (no hay nada que hacer ya)
¿Cuál es la creencia que sustenta este comportamiento?

Es imposible que importe a alguien, no soy suficiente, soy inferior a los demás. ¿Para qué intentarlo?

¿Qué respuestas positivas y efectivas podríamos llevar a cabo?

Nunca te rindas, has de demostrarle que crees en él/ella, que tienes fe y confianza en que podrá. Recuérdale todo lo que ha logrado, ayúdale a practicar en lo que necesite, ten paciencia (mucha, mucha paciencia), hazle ver sus fortalezas y haz hincapié en cada paso que de por pequeño que sea.

 

Ana Isabel Fraga Sánchez

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