Prueba a no intervenir. Mantente al margen

¡Zas! El vaso se volcó y tooooooda el agua quedó regada por el suelo.

          —Rebeca, vete corriendo a por un paño y recoge todo esto. Coge el trapo verde del cajón del medio, y ten cuidado de no tropezarte con el escalón.

……………………

Los dos hermanos están discutiendo a gritos porque ambos quieren el vaso azul.

           —A ver, ¿qué está pasando aquí? Tú Rafa, coge el vaso azul, que ayer lo tuvo tu hermano; y ya está. Se acabó la discusión, está resuelto, así que no quiero oír más gritos.

……………………

Sofía está en el baño haciendo pis. Su madre asoma la cabeza:

           —Acuérdate de tirar de la cisterna cuando termines, y límpiate bien… ¡Ah!, ya has terminando… Anda, trae que ya te limpio yo.

……………………

Amalia se sienta a la mesa a cenar.

          —Amalia, arrímate a la mesa, coge bien el tenerdor y ojito al echarte la leche. Mira a ver si coges el tetrabrik con las dos manos que con una se te cae. ¿Quieres que lo haga yo mejor? No vaya a ser que se te caiga otra vez.

 

¿Te suena alguna de estas situaciones?

En todas ellas el adulto interviene más de la cuenta, se adelanta a situaciones y/o da instrucciones sumamente precisas sin esperar a ver qué hará el niño. Esta reacción sugiere falta de confianza en que el niño sabrá cómo actuar si no es con la guía precisa y constante del adulto.

 

En muchos casos esperar, observar y no intervenir puede traernos gratas sorpresas.

 

Quizás en el primer caso la niña mirase sorprendida toda esa agua por el suelo y pensase que sería bueno limpiarlo, pues es lo que siempre suele hacerse cuando se ensucia algo en casa. O puede que siguiese comiendo sin más, en cuyo caso podríamos preguntarle: ¿Qué tenemos que hacer cuando se ensucia algo? ¿Sabes dónde están las cosas para limpiarlo? Puedes preguntarme si no lo recuerdas.

Si en el caso de la pelea entre hermanos por el mismo vaso nos mantenemos al margen lograremos que los niños discutan y quizás puedan después de un rato de frustración llegar a algún tipo de acuerdo. Si llegasen a pegarse simplemente los podemos separar y animarles a hablar sobre ello más tarde. Y si no llegasen a un acuerdo podríamos ofrecerles ayuda; una ayuda que consiste en darles herramientas para resolver el conflicto, nunca para hacer de juez y parte ni para inclinarse por ninguno de los dos o dar sentencias. Algo que funciona muy bien es enseñarles a que se digan el uno al otro como se sienten y lo que les gustaría que hiciese el otro.

Los aprendizajes en este ámbito pasan por las habilidades para resolver conflictos, entender que pueden resolver por sí mismos y fortalecer el vínculo entre los hermanos (cuando los padres se meten en el conflicto y se inclinan por uno de ellos se favorece la distancia entre ellos porque uno de los dos se sentirá injustamente tratado).

En el tercer caso esperemos a que la niña termine de hacer pis. Démosle tiempo a que siga todos los pasos, sin asomarnos todo el rato, ni preguntarle qué está haciendo… Confiemos. Si después de salir ha olvidado tirar de la cisterna usemos de nuevo las preguntas: ¿Qué hacemos después de hacer pis? ¿Lo recuerdas?

Y si la niña suele olvidarse de ello podríamos poner un gran dibujo en el baño que se lo recuerde. Y si lo ha dibujado – pintado o colaborado en él de algún modo mucho mejor. Dejemos ahora que ese dibujo guíe a la niña. 

En el cuarto caso la niña casi no se ha sentado a la mesa y ya ha recibido órdenes, se le ha advertido del posible fallo y finalmente el adulto le ofrece hacerlo por ella. ¿Qué tal si esperamos a que se siente y dejamos que coja el tetrabrik y se eche la leche? Se le caiga o no forma parte de su proceso de aprendizaje. Si se le cae podemos indicarle sin mediar palabra como cogerlo, o podemos preguntarle si quiere que la ayudemos para aprender a cogerlo (Ojo! ayudar para que aprenda a cogerlo, no hacérselo)

 

Con la no intervención constante e inadecuada de los adultos que les rodean, los niños aprenden:

  • Que pueden intentarlo las veces necesarias.
  • Que son capaces.
  • Que los adultos confían en su capacidad.
  • A resolver.
  • Que todo acto tiene consecuencias y han de asumirlas sin ser rescatados por los adultos (si algo cae, se limpia; si quiero lo mismo que mi hermano tengo que negociar…) Por supuesto hablamos de consecuencias viables, no lo sería si la consecuencia fuese peligrosa o inadecuada de cualquier forma.
  • Libertad para equivocarse. Es algo que reivindico, esa maravillosa libertad para aprender de nuestros errores, para discurrir soluciones, que te hacen crecer y al mismo tiempo sentir gran confianza en ti mismo por la experiencia que vas acumulando en esa búsqueda. (De nuevo hablamos de todo aquello que no resulte peligroso ni inadecuado)

 

Sé que resulta difícil mantenerse en simple observación dejando que sean ellos los que resuelvan y dándoles espacio y tiempo para ello, porque lo que nos sale es hacerlo por ellos, y decirles continuamente lo que tienen que hacer, pero este “control” no enseña en realidad lo que buscamos. Por tanto, probemos a entrenarles en habilidades, hacerles las preguntas oportunas y ayudarles a recordar con gestos, dibujos o notas por ejemplo, porque cuando repetimos y repetimos los niños parece que se vuelven sordos a esas palabras, y nosotros nos desesperamos cada vez más. Y como decíamos antes… no logramos lo que buscamos.

 

¿Te animas a practicar esta semana el arte de mantenerte al margen?

 

****¡Ojo! Al margen no significa “pasar de todo” o no hacerles ni caso. Al margen significa permanecer en observación y atentos, permitiendo ese espacio y ese tiempo necesarios.

 

Ana Isabel Fraga.

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