COMUNICAR CON LOS NIÑOS

¡Te he dicho que te estés quieto! ¿Cuántas veces tengo que repetirte que ordenes tus juguetes? ¡Que no pegues a tu hermano! ¿Te resultan familiares estas frases? Seguro que el listado podría llegar a ser abrumador. Parece que hablamos claro, el mensaje no es confuso y sin embargo no es eficaz con los niños.

¿Qué comunicamos cuando hablamos con los niños?

Instalar el lenguaje y el habla en el cerebro de un niño, un programa que le sirva para la vida, es un proceso que dura años. Los padres y educadores nos ceñimos a cantidad de términos, dicción y al uso apropiado en función de las situaciones, pero ¿es solo esto aprender a comunicar? ¿Le vendemos al niño una guía completa de buenas prácticas comunicativas o podría demandar como usuario una oferta de contenidos y habilidades más sensibles a su necesidad real?

Nos importa expresar normas, órdenes y directrices, creemos que nuestra labor de padres está cumplida. No es suficiente, si el mensaje no tiene en cuenta quién es el interlocutor, su capacidad de comprensión, su derecho a trato de respeto, sus sentimientos, sus pensamientos… la práctica no es adecuada y no habrá entendimiento y el niño sentirá, pensará y aprenderá a tomar decisiones sobre una percepción equivocada. También nosotros sentiremos frustración e insatisfacción porque hemos hecho el esfuerzo pero no tenemos éxito ¿pudiera ser que no hayamos reparado en que la perspectiva debe ser mucho más amplia y no pasar por alto el montón de habilidades que están en juego en el proceso?

Tenemos potencialidad, un ser que quiere y necesita aprender, pero son demasiadas las ocasiones en las que nos reconforta el pensamiento de que repetir machaconamente alcanzará algún día el éxito o justo todo lo contrario, obviar la información que iría orientando al niño sobre las expectativas adultas, total para qué, es perder el tiempo, es pequeño y no entiende nada, hablar a gritos cuando estamos desbordados e incluso decir lo que no queremos aunque al segundo nos estemos arrepintiendo. En cualquier caso confiamos en que el paso de los años sea el elixir que todo lo remedie, poner donde no hubo, borrar lo que no debió ser, limar excesos o sencillamente, puestos a pedir que haga la labor por nosotros. Así se pasan años de la infancia, un poco como se puede, otro poco como no se debe y casi siempre parece que todo vale. Y no, todo no vale, el tiempo dotará al niño de posibilidades de expresión y comprensión pero nada más que eso, posibilidades, el resto lo tenemos que facilitar nosotros y si estamos dispuestos a dejar a nuestros hijos un legado importante, una comunicación sensible, respetuosa y válida para relacionarse con su mundo, esta es una buena noticia ¡Tú decides!

Confeccionemos reflexiones para que ese manual sea eficaz y aliente a los niños no solo a aprender palabras, términos, sino mucho más, a escuchar, a pensar, a tomar decisiones, a ser creativos, a comprender y hacer suyos principios y valores, a interpretar lo que sienten, lo que piensan, lo que deciden..

¿Quién es el niño al que nos dirigimos?

¿Has pensado que hasta los cinco o seis años no tiene la base del lenguaje del adulto en cuanto a vocabulario, inteligibilidad, formación de frases complejas, relato de historias, recibir instrucciones, conceptos de tiempo, espacio y causalidad, normas básicas de conversación y símbolos escritos?

La petición de que un niño de dos años permanezca quieto es consciente cuando se tiene en cuenta que estamos yendo contra el determinismo biológico del momento evolutivo del niño que le incita a moverse y explorar sin fin ¿puedes imaginar lo confuso que es para un niño ser castigado por algo que está programado para hacer? Se enfrentan con un dilema real (a nivel subconsciente): ¿obedezco a mi padre o a mi instinto biológico de desarrollar mi autonomía e iniciativa explorando y experimentando en mi mundo?

Los niños están constantemente experimentando con las preguntas, ¿quién soy yo? ¿Qué clase de poder tengo, y cómo puedo usarlo? Lo que funciona y lo que no funciona. Esta experimentación para lograr individualización es continua (aunque molesta para los padres) en los niños pequeños.

Si no entiendes que es una necesidad evolutiva, es posible que te lo tomes como algo personal y entres en crear las luchas de poder. Podría ayudar si se recuerda que, en la mayoría de los casos, los niños no están siendo “desafiantes” o “irresponsables”. Están probando y experimentando.

Qué puede entender y cómo puede responder, son dos aspectos ineludibles a la hora de tener expectativas sobre el comportamiento infantil, no exijas lo que no puede dar. En ocasiones no te das cuenta de que te estás comunicando de forma poco efectiva, comprueba qué entiende o conoce.

Tu actitud importa

Asegúrate que el niño recibe el mensaje desde el amor y el respeto. Tu actitud será la que determine si la relación con el chico será un campo de batalla o una relación cálida y firme en la que pueda explorar y desarrollarse dentro de unos límites apropiados. El lenguaje es uno de los instrumentos más fuertes de conexión, si logramos una vinculación saludable estaremos construyendo cercanía, confianza y seguridad, el caldo de cultivo idóneo para el aprendizaje.

El niño tiene que sentir que se le quiere oír y hablar con él, que se le hace caso, que se responde a sus preguntas e inquietudes… así, el niño va percibiendo, asimilando y aprendiendo que comunicar es útil, que pone nombre a las cosas, que puede establecer relación social, que satisface necesidades básicas y que expresa individualidad.

* No grites, ni sermonees, invitas a la aparición de las dudas, las inseguridades, la vergüenza, la culpa.

* En lugar de decirle continuamente lo que tiene que hacer, encuentra maneras de involucrar en la decisión, de modo que él o ella adquiera un sentido del propio poder y autonomía.

* Sé respetuoso cuando hagas peticiones: no esperes que un niño haga algo “ahora mismo” cuando estás interrumpiendo algo que él está haciendo ¡Pregunta!

* Da una opción que requiera su colaboración.

* Los niños pre verbales pueden necesitar tan solo supervisar, distracción y reconducción, en otras palabras: menos hablar y más acción.

* Utiliza tu sentido del humor: “aquí viene el monstruo de las cosquillas para atacar a los niños que no escuchan”.

* Muéstrate empático cuando llora o tiene una rabieta a causa de una frustración por su falta de habilidad. Empatía no significa ser complaciente, significa comprensión. Ser complaciente también es irrespetuoso.

* Los niños son capaces de percibir cuando los padres y educadores estamos decididos a actuar y cuando no. No digas nada que no estés absolutamente seguro de llevar a cabo y seas capaz de decirlo de forma respetuosa.

* Entiende que puede ser necesario enseñarle a un niño la misma cosa una y otra vez antes de que haya madurado lo suficiente como para comprender. Sé paciente. Minimiza tus palabras y maximiza tus acciones.

¿Oyes o escuchas?

¿Has pensado que no siempre entendemos lo que quieren decirnos aunque escuchemos? Todo el tiempo estás comunicando algo. La forma en que escuchamos puede alentar o desanimar comunicaciones e interacciones posteriores ¡Practica la escucha genuina! Hay relación directa entre sentirse bien y comportarse bien, cuando los niños se sienten escuchados se sienten mejor, se sienten reconocidos. Cuando los adultos dicen: “Este niño no me escucha”, lo que realmente quieren decir es que no obedece. Los padres y educadores damos muchas órdenes y obligamos a los niños a resistir el aluvión de órdenes.

Los obstáculos a la escucha:

* Dirigir, mandar, amenazar.

* Dar sermones, moralizar, predicar. Apoya la expresión de sentimientos con un simple “oh”, “um”, “ya veo”, son invitaciones para que el niño explore sus pensamientos y posiblemente encuentre sus propias soluciones.

* Atacar, interrogar, echar la culpa, criticar, avergonzar.

* Evadir, minimizar, alabanzas inespecíficas, palabras tranquilizadoras falsas, humor sarcástico.

* Negar los sentimientos o percepciones del niño. Pon nombre a lo que siente.

* Ponerse a la defensiva.

La mayoría de los niños no escuchan a los padres y educadores porque hablamos demasiado y no se da a los niños un buen modelo de escucha. Los niños aprenden lo que viven. ¿Cómo pueden aprender a escuchar si los padres y profesores no modelan la escucha? Los niños van a escuchar después de que se sienten escuchados. Validar los sentimientos de un niño con amor y comprensión abre la puerta para la conexión real y la resolución de problemas y trabaja para construir una relación de amor y confianza.

*  Comprende la diferencia entre escuchar y oír.

* Comprende que cuando nos enfocamos intencionalmente en una sola cosa, perdemos la oportunidad de ver el todo que también podría ser importante.

* Tus palabras dicen que no estás enfadado pero tus acciones sí, mensaje doble, mensaje confuso para un niño.

* ¿Tu comunicación no verbal dice lo mismo que la verbal? ¿Qué dice tu cuerpo mientras hablas? ¿Sabe el niño lo que sientes o tiene que adivinarlo?

* El mensaje indirecto es desorientador “¿de verdad quieres vestirte así hoy?” ¡Intenta la comunicación directa!

Los educadores nos quejamos de que los chicos no quieren hablar con nosotros y que no hay comunicación. Un gran problema con los niños es que les gusta tener la última palabra, decimos ¿será porque a los educadores también? Escuchar sin querer imponerse es reconocimiento de pertenencia y significación del niño, disminuye las luchas de poder y preserva la percepción del niño de que puede expresar sus sentimientos y tener iniciativa. Es una herramienta de respeto mutuo, tienes fe en las capacidades propias e interés por el punto de vista del niño. Los educadores siempre tenemos prisa por “componer todo”. Callar también es importante porque supone escucha y te aleja de la imposición. Analiza en cuántos asuntos cotidianos como ponerse la ropa, comer, bañarse, usar el teléfono, gastar dinero… en las que queremos que lo hagan de determinada manera, si cuando la discusión esté en su punto álgido dejas de hablar y permites al niño hablar o incluso tener la última palabra ¿te saldría humo por las orejas? A pesar de que no te salgas con la tuya ¿eres consciente de que con tu actitud invitas al niño a querer comunicarse contigo de nuevo?

* Hacer preguntas y escuchar puede ayudar a sentir pertenencia e importancia. Las preguntas de curiosidad son un instrumento precioso. Escucha e invita a que el niño use su poder para pensar y buscar respuestas y soluciones desde su sabiduría interior.

* Actuar en vez de hablar puede ser muy eficaz con niños pequeños bloqueados por la emocionalidad.

* ¿Has empleado métodos coercitivos o controladores? ¿Con el castigo, crees que generamos ganas de cooperar o de hacer mejor las cosas, o tal vez los niños se sientan humillados? Somos humanos, podemos utilizar estas ocasiones para aprender de nuestros errores entendiendo que cuando nos abruman las responsabilidades se necesita tiempo para pensar en métodos efectivos.

* Validar los sentimientos del niño es el inicio siempre para la conexión. Cuando un niño se porta mal es porque no encuentra la manera de lograr ser tenido en cuenta por el adulto, es cuando necesita aliento, cuando necesita ayuda. En vez de empatizar y comprender ¿nos obcecamos con la corrección?

* Educar es “sacar fuera” si nos empeñamos en el “sermón” funciona el paraguas “por un oído me entra por me sale”.

* Las emociones negativas son las que requieren toda nuestra habilidad, ahí es donde debemos superar la tentación de pasar por alto, negar, moralizar… los niños no necesitan que estemos de acuerdo con sus sentimientos, lo que necesitan es que los reconozcamos.

* Cuando le damos un consejo a los niños les ofrecemos una solución instantánea, les privamos de la experiencia que se obtiene cuando luchan por sus propios problemas.

Obtener cooperación.

¡Que tu mensaje involucre al niño en las experiencias que dan oportunidad para resolver problemas! Evita, culpar, usar calificativos, amenazas, órdenes, discursos, advertencias, comentarios de mártir, comparaciones, sarcasmo, profecías…

Sin embargo:

* Describe lo que ves, el problema, “hay una toalla mojada en la cama”.

* Da información, “la leche se estropea cuando no está refrigerada”.

* Dilo con una palabra (en vez de un largo sermón es más efectivo una sola palabra ¡Niños, los pijamas! ¡Menos es más! Habla de tus sentimientos, “no me gusta que me tires de la manga”.

* Escribe una nota, “antes de encender la televisión PIENSA ¿ya hice los deberes?”

Facilita la construcción de autoestima, huye de las etiquetas

Las críticas siempre deben ir dirigidas a las conductas, nunca a la persona ¿admitimos que el error es una estupenda oportunidad de aprendizaje? ¿somos conscientes del impacto de las etiquetas? En vez de descalificar expresa una enérgica desaprobación (sin atacar al niño) y después enfoca el esfuerzo en la búsqueda de soluciones.

Las etiquetas, tanto positivas como negativas, bloquean las habilidades del educador y del niño para experimentar, expresar y/o reconocer a la persona en su totalidad. La pertenencia e importancia se elevan al creer que alguien sabe QUIÉN eres y no lo QUÉ ERES.

El NO de los niños

Los niños menores de 3 años no entienden la palabra “no” del modo en que la mayor parte de los educadores piensan que lo hacen (y un entendimiento completo de lo que la palabra “no” significa no sucede mágicamente al cumplir 3 años, sino que conlleva un proceso). “NO” es un concepto abstracto que está en directa oposición a las necesidades de los niños pequeños en cuanto a exploración de su entorno y desarrollo de su sentido de la autonomía e iniciativa.

Estrategias para decir no:

* La distracción y redirección: Puedes venir temprano o más tarde, pero si quieres que tengamos tiempo para charlar…

* Di sí: Sí, tú puedes tener… tan pronto como hagas esto.

* Las expectativas claras: En cuanto… entonces…

* Responder a una pregunta: ¿Te gustaría hacerlo tú mismo, o necesitas mi ayuda? Tú decides.

* Estado de un hecho (regla o condición): Es hora de que…

* Invitar a la cooperación: Necesito tu ayuda. ¿Podrías imaginar la mejor manera de ayudarme en este momento?

* Ofrece opciones limitadas: ¿Prefieres esto o…? Tú decides.

* Di lo que quieres: Quiero que termines de completar esto antes de salir de aquí hoy.

* Negocia un acuerdo: Si te dejo… ahora, ¿cuándo lo harás…?

* Seguir adelante: La hora de… ¿Cuál era nuestro acuerdo?

El peligro de la alabanza

Muchos educadores no consideran los resultados negativos que a largo plazo supone alabar. Parece funcionar “por el momento” motivando el buen comportamiento de forma temporal, pero ¿cuáles son los resultados a largo plazo? ¿Qué invitamos a los niños a pensar de sí mismos? Su valía depende de “caer en gracia”. Los niños sienten que tienen valor sólo cuando otros les dan su aprobación, “soy aceptado únicamente si vivo de acuerdo con sus expectativas”, esto lastima y ellos se pueden desquitar fallando o al contrario, no emprender tareas complejas por tener miedo a equivocarse.

Por otro lado, ¿qué resultado tiene animar a los niños, qué les invita a decidir acerca de sí mismos? El enfoque del aliento es el niño, el esfuerzo, en lugar de en los resultados. Sienten que valen sin depender de la aprobación de los demás. Tienen confianza en sí mismos. Se estiman a si mismos.

En positivo

¿Qué sienten los niños cuando se les dice “haz algo” vs “no hagas algo”? Sé positivo, ¡enseña al niño qué hacer en lugar de qué no hacer! Y no te olvides ¿Como aprenden los chicos, haciendo lo que nos ven hacer o lo que les decimos que hagan? Puedes modelar autocontrol, empatía, amabilidad y firmeza o perder el control y reaccionar de manera agresiva, puedes ahogarte en el desafío o considerarlo una oportunidad de aprendizaje…

* En vez de amenazar, indica una forma de ser útil.

* Ofrece una elección.

* Indica lo que esperas de él.

* En vez de ¡tú te lo has buscado! emprende alguna acción, demuestra cómo cumplir en forma satisfactoria.

* Permite que el niño experimente las consecuencias de su mal comportamiento.

El lenguaje del amor

Los niños necesitan todos los días saber que son amados incondicionalmente y recibir el mensaje de ese amor con una relación basada en el respeto mutuo. No te olvides de proporcionarle aliento, de transmitirle tu reconocimiento y hacerle sentir que su contribución diaria es útil, importante y significativa.

¡Te quiero!

 

 

¡Tú decides!

Ningún “hablar” es inocente. Las palabras tienen carga semántica y también afectiva, tienen intencionalidad, pueden ser una caricia o una expresión odio que hiera hasta una célula; El lenguaje tiene consecuencias. ((Jorge Hermosilla Ríos).

Si lo que se pretende es comunicar con el niño tendremos que partir de la base de que no habla nuestro idioma, para conectar debemos aprender cuál es su lenguaje, el emocional y a partir de ahí tenemos mucho, mucho tiempo para construir y llegar a la reflexión y a la lógica.

Fuente:

* “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen”, Adele Faber y Elaine Mazlish

* “Cómo educar con firmeza y cariño”, Jane Nelsen

Escrito por  Marisa Moya

COMUNICAR CON LOS NIÑOS

1 Comentario
  1. Amparo 5 meses

    Me gustaría aprender frases que en vez de alabar a mis alumnos los aliente. Quiero empezar ya, pero me sale lo mismo que hacía antes. Necesito una chuleta para empezar.

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