CON MANUAL DE INSTRUCCIONES, CEREBRO INFANTIL

  Sin manual de instrucciones, así vienen los niños al mundo. Pero no te desanimes lector, estamos en la era digital, podemos seguir haciendo una cálida hoguera, nos sentamos alrededor y conversamos porque no estamos solos, somos muchos los embarcados en querer conocer cómo funcionan los niños y cómo podemos mejorar, porque a educar también se aprende.

  ¿En cuántas ocasiones nos sentimos ineficaces a la hora de superar los momentos difíciles que se nos presentan en la interacción con los niños? ¿Tienes la impresión, como dice Siegel, de que solo aspiras a “sobrevivir” al comportamiento infantil? Esa impresión es humana pero no deja de ser dolorosa, se llama frustración.

  Somos responsables de ponerlos en la buena ruta para llegar a puerto. Los desafíos diarios hacen que el propósito de la educación que infatigablemente nos martillea la mente, “debes hacerlo bien”, cada vez se vea más inalcanzable. Mientras nos debatimos intentando surfear el mar de las inseguridades, dos ojos grandes nos contemplan. Se levantan dos metros sobre el suelo y se convierten en la muralla que no podemos escalar y no nos deja ya ni siquiera vislumbrar todo eso soñado por y para ellos.

  Son nuestros niños.

¿Me ha salido respondón? Este chico me busca continuamente las cosquillas, le echamos la culpa a los genes… ¿te reconoces? Los genes no tienen más allá del 50 % de responsabilidad e incluso también este cincuenta por ciento va a depender de lo que enseñemos o no al niño a hacer (José Antonio Marina).

Se nos pasa media vida en el lamento, la otra en intentos bienintencionados, no voy a gritar, no voy a castigar, no me voy a salir de mis casillas, intentos que exigen mucho esfuerzo pero que son solo piezas de un puzzle que no acabamos de encajar. Sí, son medidas, nadie puede negarlo, pero ¿eficaces siempre o solo eficaces aplicadas de determinada manera? Los dos enormes ojos siguen ahí, atentos. Imagina que nos estuvieran diciendo con esa mirada contumaz ¿me entiendes? ¿Has pensado que tú y yo nos podríamos llevar mejor? 

Queremos niños que se comporten y respondan como seres racionales. ¿Cómo es posible que aun repitiendo machaconamente las consignas, por más que alcemos el tono de voz, por heridos y enfadados que nos mostremos… no lo consigamos? ¡Lo he intentado todo! Hasta empiezas a pensar que el niño te tiene manía y le gusta llevarte la contraria. No es esa la razón genuina del niño pero vamos que si nos empeñamos acabará siéndolo ¿Alguna vez pensaste que si tienes que repetir una misma cosa un millón de veces y cada vez en tono más alto tal vez solo estás generando el hábito de “sacar el paraguas y que resbale”? El niño, que cada vez abre más su ojos de asombro, piensa ¿no habrá nadie que le diga que esta técnica falla?

Pudiera ser la perspectiva del niño.

  Aun haciendo un máster para criar lo mejor posible, sin llantos, sin gritos, sin violencia ¿acabaré por entender por qué hacen lo que hacen y por qué no consigo que hagan lo que creo que deben?

¿Pudiera ser la perspectiva del adulto?

No, no sientas desánimo, tener conocimiento nos ofrece una maravillosa oportunidad. De inspector/control de la obra que se está llevando a cabo podemos pasar a maestro/cooperación porque el arquitecto  no te olvides que siempre es él, el niño se construye a sí mismo si el adulto facilita los entornos apropiados de aprendizaje.

Si desvelamos alguno de sus misterios veremos que tenemos parte, que contribuimos al comportamiento infantil. Cuando te das cuenta de que puedes haber contribuido a la mala conducta de tu hijo o alumno tienes información para poder ayudarle a cambiar. Desde la consciencia podemos responsabilizarnos de nuestra conducta y modificarla de forma que induzca al niño a mejorar la suya.

¿Exploramos? Todo lo que vive el niño en la infancia desarrolla su cerebro y queda huella indeleble para su vidaMerece la pena saber por qué hacemos las cosas y cómo las hacemos cuando educamos. Del cerebro infantil sabemos que es motor de inteligencias pero muchos de nosotros no sé si seguimos situando las emociones más abajo, allá por el corazón. Tal vez ese despiste hace que no tengamos en cuenta la profunda relación entre emociones y razón en la conducta y en el desarrollo infantil.

El cerebro es complejo, cada día hay investigaciones que aportan luz sobre su funcionamiento. Aún así existe mucha información, Siegel lo describe de manera asequible, lo que nos sucede a nosotros, lo que hace el niño tiene un fundamento biológico. Hay muchas partes distintas:

  • Un lado izquierdo que nos ayuda a pensar de manera lógica y a organizar los pensamientos.
  • Un lado derecho que nos ayuda a experimentar las emociones y a interpretar las señales no verbales.
  • El cerebro inferior, también llamado “reptil”,  se encarga de asegurar la supervivencia, de poner en marcha las alertas. Ante estímulos que supongan peligro activa respuestas de huida, incomunicación, retraimiento  o lucha (cerebro intuitivo).
  • El cerebro medio o mamífero alberga nada más y nada menos que a las emociones. Nos orienta hacia la conexión y las relaciones. Antes del nacimiento ya se ha formado un cableado o circuito que controla las emociones. Pero al nacer somos los padres o cuidadores los encargados de asumir lo que Stern llama “armonización” “servir de espejo a los sentimientos internos del niño”. Un grito de emoción ante la presencia de un perro encuentra una sonrisa o un abrazo, los circuitos correspondientes a estas emociones se refuerzan. Cada experiencia armónica le da consistencia al cableado. De igual manera las señales químicas y eléctricas que se producen ante emociones que solo suscitan indiferencia o una respuesta contraria (el niño está feliz con su obra de arte en la pared del pasillo pero su mamá entra en proceso de combustión personal), esos circuitos se confunden y no se fortalecen. Un solo arrebato no afecta al niño para la vida. Pero ¿qué debemos cuidar los educadores? El patrón, y este puede ser muy poderoso, “un bebé que nunca equipara sus niveles de emoción se convierte en una persona pasiva, incapaz de sentir emoción o alegría”. Las experiencias también pueden dar fortaleza a ese cableado con signo positivo, Goleman dice, ante un bebé sollozante un padre tranquiliza suavemente, una madre lo deposita en la cuna abrazando, otra puede gritar ¡es tu culpa, tonto! Las primeras respuestas guardan armonía, las otras están desincronizadas desde el punto de vista emocional.
  • Aun en su afán permanente de adaptación el cerebro evolucionó y con los primeros homínidos aparece la corteza cerebral, función grande donde las haya, conocer, y a poco que nos movamos en ella la corteza prefrontal, centro de regulación e integración, se deben a él la toma de decisiones adecuadas. Esta parte es la que nos ayuda a expresar los sentimientos con calma. Sus procesos multiplican y diferencian la cantidad de respuestas pero son costosos por ello cuando nos encontramos en situaciones críticas o peligrosas nos volvemos a nuestro cerebro emocional que es mucho más rápido.

Hay pues un cerebro inferior que reacciona y hay un cerebro superior que procesa, dirige y regula e integraUna mente piensa y otra mente siente (Goleman, 1996), y estas dos formas fundamentales de conocimiento interactuan para construir nuestra vida mental. La integración es necesaria para que el cerebro funcione debidamente pero esta parte (corteza cerebral) que consigue la integración en los niños está en construcción ¿sabéis cuánto tiempo tarda en desarrollarse? alrededor de 25 años, sí, tan largo os lo fío…

La clave para el desarrollo saludable está en facilitar entornos educativos estimulantes teniendo en cuenta que el desarrollo no es lineal, no siempre van a a aprender todo ni lo mismo, el cerebro tiene ventanas de oportunidad, y además o quizás por encima de todo, ayudar a que sus cerebros en construcción puedan trabajar de manera integrada.

Cuando estamos muy, muy enfadados la corteza cerebral no puede ayudarnos a mantener la calma porque el cerebro inferior ha asumido el control y  has empezado a “perder la cabeza” ¿Tenemos capacidad en este estado para regular nuestras emociones, para actuar de manera apropiada en relaciones interpersonales?

En los niños de corta edad el cerebro es un gran receptor de información, tiene más actividad (el doble) que el de los adultos, son aprendices de respuestas emocionales y conductuales con mínima base de juicio, pero cuidado, las conexiones que establecen sus neuronas dependen directamente de las experiencias que vivan.

Todo eso que hacemos cada día, tanto lo positivo como lo que es menos positivo se implanta en los niños sin su consentimiento y sin su conocimiento. Suena muy fuerte, en cierto modo podemos hablar de determinismo.

 

Los niños quieren por encima de todo sentirse bien, sentirse cercanos a nosotros, importantes y útiles. Pero no saben como lograrlo, en su recién estrenado cerebro no hay conceptos similares a los nuestros, no hay normas educativas, no hay tampoco, como hemos dicho, una corteza cerebral desarrollada que le ayude a integrar deseos y estrategias para conseguirlos. El niño funciona pero funciona sobre todo con su cerebro medio e inferior, el superior está muy atareado en procesar información que le será válida para desarrollar sus talentos e inteligencias.

Será necesario que emplees estrategias para acceder a su emoción, solo desde ahí le llevarás a la calma ¿Y cómo se cambia una emoción negativa? Cuando uno es adulto hay una fuerza importante que se llama voluntad, con ella puedes contrarrestar pero cuando se trata de un niño la mejor manera es reconocerla, permitir su expresión, enfrentarla a otra emoción que sea muy motivadora o bien darse/le una oportunidad de una pausa positiva. No confundáis con pausa punitiva, la pausa que propone Disciplina Positiva es la que invita a desarrollar nuestra capacidad de recogernos y permitir que nuestro cerebro pueda pensar de nuevo. Porque evitar el destape emocional es imposible, todos lo hacemos, el desafío es hacerlo menos, ser más conscientes de la necesidad de reparación antes de tomar medidas de relación que sin duda no van a ofrecer lo mejor de nosotros.

Puedes pensar que esto te aleja de tu obligación de educador, que al no reaccionar de inmediato ante el comportamiento infantil estarías alimentando la mala conducta con un refuerzo positivo, nada más alejado de la realidad solo te estás ganando al niño para poder enfocar después, una vez tranquilizado, la reflexión en busca de soluciones y si es muy pequeño, la redirección hacia una actividad alternativa y útil.

Se tiene en cuenta el cerebro para las patologías, una buena manera de evitar algunas de ellas es conocerlo, alimentar de manera positiva su “cableado” y respetar los tiempos que se tenga que tomar el niño para integrar la parte emocional y racional, desde la actitud de escucha, de empatía y no os olvidéis, de modelado porque aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos.

Marisa Moya Fernández.

Educadora para padres en Disciplina Positiva.

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