¿NIÑOS DESMOTIVADOS O ENTORNOS DESMOTIVANTES?

  Carlos no progresa en el colegio, su actitud siempre es pasiva, sus padres ya no saben qué hacer ni qué decir. No expresa interés por nada. En casa solo oye que es un vago, que no se puede hacer nada por él. En el colegio…

  María está continuamente tocando y molestando a los compañeros, este comportamiento la ha convertido en el garbanzo negro de su clase, es impopular, todas las críticas y etiquetas negativas hacen blanco en ella…

Iván llega a tercero con un expediente muy negro, todos los profesores de cursos anteriores opinan que nunca aprenderá, él no da una sola señal de interés por cambiar la opinión que tienen de él pero insistentemente descalifica a todos los que le rodean, usa términos hirientes…

Cristina ha llegado del cole, hay que comer, ella prefiere ver la televisión. Solo cuando su madre está fuera de sí parece responder…

¿Cuál es la razón para que todos los intentos y esfuerzos para guiar el comportamiento de estos niños fracasen? ¿Son estos niños difíciles?

¿Por qué los niños hacen lo que hacen?

Cuando Carlos decide mostrarse como un inútil, cuando María está en continua conducta disruptiva, cuando Iván lastima, cuando Cristina rehúsa aceptar las normas… su conducta “se mueve” estimulada por una finalidad y necesitamos ver a cada uno de estos chicos en “su situación determinada” para entender el significado de lo que están haciendo porque las circunstancias sociales son primarias no secundarias para el comportamiento.

Los esfuerzos que va a hacer un niño son siempre para lograr conexión y seguridad, confianza en que tiene habilidades para lograrlas, estos son los objetivos básicos de cada niño. Siempre. Si no viniéramos determinados biológicamente para ello no podríamos sobrevivir a los peligros y deficiencias con las que venimos al mundo, no podríamos prosperar en la vida aprendiendo con y de los demás.

¿Qué ha sucedido para que estos chicos busquen la solución a través del mal comportamiento?

Los padres de Carlos han hecho cuanto estaba en su mano, le repiten continuamente lo que debe hacer, cada mañana con la cara tensa le recuerdan lo que se espera de él en la jornada escolar, le retiran los premios cuando no hace sus tareas, le castigan incluso, otras veces le ofrecen aquello que creen que no podrá rechazar… y no obstante, Carlos decide no hacer nada. Los padres han intentado motivar, han usado la alabanza, el premio, la recompensa, han usado la contraportada de la motivación, el sermón, el castigo, la amenaza, la etiqueta, la crítica feroz. El profesor ha llegado al convencimiento de que motivar a Carlos es agotador, ha empleado todos los procedimientos y es imposible.

  Están desmoralizados, han usado todo su poder adulto, han intentado controlar la situación para controlar a Carlos y han fracasado miserablemente.

Lo que para otro niño funcionaría para él no ¿Carlos sería el mismo Carlos en otro entorno? ¿Los niños son lo que les permitimos y alentamos que sean? ¿Los niños están desmotivados o los entornos son desmotivantes?

El niño es algo más que el receptor de un estímulo, posee el poder creativo de interpretar y atribuir significado propio a todo lo que ocurre a su alrededor. Una percepción no es una imagen fotográfica, algo de lo peculiar y de la cualidad individual de la persona que está percibiendo está inextricablemente unido a ello. Su filtro, su estilo de vida, su mundo interior.

Si queremos ayudar a Carlos, si queremos trabajar de una forma efectiva, se debe tener conocimiento de las miradas subjetivas del niño, su lógica privada, su diálogo interno ¿Qué siente Carlos, qué interpreta Carlos, qué piensa? Ese proceso es el motor de su conducta, ese es el origen de sus decisiones y actuaciones. Los hechos no son la influencia determinante, lo es nuestra particular interpretación de estos. Los niños no cambiarán su comportamiento si no somos capaces de descubrir esa interpretación.

Conocer tu historia para explicar tu vida…  

Carlos, Iván, Cristina, María, al nacer entraron a formar parte de una sociedad cuyas reglas y limitaciones debían aprender. Llegaron a una comunidad con convenios establecidos. En ella, los entrenadores, los padres, saben que cada situación es una oportunidad para que el niño desarrolle los músculos que le van a permitir vivir como individuo resolutivo, capaz, feliz.

Ellos, los niños, pronto perciben las reacciones a cualquier cosa que hacen: cuando lloran, cuando ríen, o permanecen indiferentes, evocan diferentes clases de actitudes. Aprenden rápidamente cuáles son las reacciones que más le gustan y por qué medios pueden provocarlas, en qué condiciones pueden ser conseguidas y con qué individuos tienen éxitos sus métodos.

No da igual hacer unas cosas u otras en educación, todo no vale.

Cuando le tiro el bolígrafo a mi compañero el profesor monta en cólera, abandona su discurso, tengo a toda la clase en vilo, antes era invisible. Cuando me mandan hacer una tarea pongo cara de que no va conmigo, la profesora ya sabe que no hago nada, desiste, ¡lo sabía, no hay nada en mí que merezca la pena, soy un desastre! Mamá está nerviosa, es la hora de comer, tiene mucha prisa, acabo de llegar del cole, no tiene tiempo para mí, decido ver la tele, aunque me regañe ¡es toda mía!

Las interacciones del niño con lo que le rodea, particularmente dentro de su propia familia, le proporcionan experiencias que él evalúa e interpreta; al enfrentarse a ellas, desarrolla una serie de reacciones características llamadas su estilo de vida, principios guías, medios y caminos especiales que parece servirán a su plan para llegar a sus metas y que gobiernan sus movimientos. Lo que funciona y lo que no funciona para lograr conexión, visto con ojos de niño. Aunque esté basado en falsos supuestos.

Si queremos que el niño cambie el comportamiento antes hay que comprender las razones de su motivación para actuar como lo hace porque cada individuo tiene el poder creativo de efectuar interpretaciones tendenciosas que parten de su “apercepción” del mundo y las personas que le rodean ¿Apercepción? Percibimos únicamente lo que “queremos”.La personalidad del individuo es el resultado de lo que percibe y de cómo escoge percibirlo, escoge en función de los resultados de experiencias anteriores, lo que le vale, lo que no le sirve. El cerebro percibe, a través del SARA (Sistema Activador Reticular Ascendente), lo que considera importante para su supervivencia, bien porque le afecta a través de la vía de placer, o a través de la vía de dolor, y para esta interpretación, hace uso del banco de memoria que cada uno poseemos, de aquí que este proceso interpretativo es único en cada persona. 

Carlos no va a ver en la profesora a alguien solícito, que desea que haga la tarea, percibe a un adulto que con esta propuesta le recuerda y evidencia la falta de habilidades,  que es un fracasado. Las suposiciones sobre las que basa la percepción están basadas en experiencias previas, algunas son falsas pero el chico las cree y actúa como si fueran verdaderas. El ser humano necesita pensar que existe coherencia entre sus pensamientos y acciones, y en este sentido, Gazzaniga desarrolla la teoría del intérprete, donde expone esa capacidad que tenemos de justificar nuestras conductas para dotarlas de coherencia, aunque no la haya. Este mecanismo cerebral hace muy complicada la autoevaluación objetiva de nuestras acciones, y para un niño, sin duda, es doblemente difícil. Su cerebro ya guardó en su banco de memoria emocional otras experiencias similares, y si evalúa la situación como hostil, toda su atención está puesta en defenderse, en esta ocasión la herramienta elegida es la pasividad por la insuficiencia asumida.

Y Cristina supondrá que no consigue tener espacio personal si no desobedece, si no se resiste a cumplir las normas y las órdenes, no conoce otra forma de lograr conexión mediante habilidades útiles. El niño pequeño trata de conseguir cierta importancia y pertenecer al grupo logrando que le dispensen amor o atención. Al principio puede obtener la atención necesaria por medios aceptados socialmente, cuando estos ya no son efectivos probará cualquier otro, si en este tiempo no ha desarrollado habilidades para obtener reconocimiento a través de la utilidad, por el que consiga ser notado, preferirá ser castigado o ignorado.

María supone también, en la lucha de poder busca poner de manifiesto que controla a los otros; de nuevo un cerebro que está hipervigilante, la herramienta de defensa es el ataque, “te demostraré que no siempre vas a ganar tú”.

Iván supondrá que no es tratado con respeto, que no se tienen en cuenta sus sentimientos y devolverá dolor, y…[/note]

Suposiciones que se van consolidando si no se remedia y que llegan a formar parte del autoconcepto que tiene el niño de sí mismo. Logra su lugar haciéndose odiar porque ya no pude conseguir despertar atención o poder.

Atención, poder, venganza y mostrar imperfección, las convicciones subjetivas del comportamiento infantil cuando no sabe o no puede lograr conexión. Pensad en los niños que os rodean ¿cómo logran la vinculación? ¿Todos manejan destrezas racionales, apropiadas, adecuadas? ¿Cuál es la motivación que dinamiza su conducta?

¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad en las decisiones infantiles?

¿Por qué una técnica que ha sido aceptada universalmente como beneficiosa y necesaria, la motivación, falla estrepitosamente? ¿No se aplica de manera efectiva?

No, no lo hacemos, la familia y la escuela somos la bancarrota de la educación. Con frecuencia no sabemos guiar el comportamiento infantil, no sabemos cómo hacerlo.

En lugar de que esta afirmación suponga un sentimiento de culpabilidad por la omisión o falta de preparación, debemos reconocer las dificultades que experimentamos al tratar de descargar la responsabilidad educativa sobre nuestros propios niños. La valentía de aceptar que no somos perfectos es un requisito previo para progresar, si nos negamos a aceptar nuestros fracasos, el pesimismo y la desesperación llegan a ser inevitables.

El punto crucial de esta afirmación tan rotunda, al mejorar nuestras técnicas cambiamos a la sociedad que nos rodea.Nuestro propio desarrollo es la contribución más grande que podemos ofrecer a nuestro tiempo y a la sociedad entera en que nos desenvolvemos.

Obstáculos a superar para alentar a los niños:

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  • Tradición autocrática

Nuestros métodos para tratar a los niños están basados en la tradición autocrática. Todas las deficiencias, todos los fracasos son considerados tradicionalmente, una violación a los mandatos y obligaciones, que no puede ser tolerada por las autoridades que los establecen. El estímulo se ofrece únicamente a aquellos niños que muestran su interés y esfuerzo… Los que se sienten descorazonados y abandonan sintiéndose fracasados, son mirados como rebeldes y necesitados de una acción punitiva, en lugar de un estímulo.

Como consecuencia de esa tradición, todos conocemos perfectamente cómo descubrir faltas, degradar, tomar represalias, humillar y sermonear; pero, cuando se trata de estimular, somos incapaces e ineptos.

Hay muchos que todavía creen que deben emplear la fuerza para influir sobre el niño, cuando su comportamiento no es el debido; que tenemos que demostrarle nuestra autoridad, hacer que escarmiente, explicar y aconsejar repetidamente, pero, en ningún momento, dejarles escapar sin su merecido castigo.

  • Clima social

Esta tendencia a degradar y humillar, ha llegado a ser más intensa con los intentos de relaciones democráticas que se basan en la competitividad y empujan a hombre contra hombre… y cuánto más íntimas son las relaciones, más mortal es la competición. Cada uno se siente amenazado por el otro, tan pronto nuestro prestigio o posición se ven amenazados reaccionamos casi instantáneamente con tendencia a humillar, una actitud de fuerza que nos mantiene constantemente a la defensiva. Si no estamos seguros de ser bastante buenos, tratamos de apuntalar nuestro propio ego capitalizando las faltas y deficiencias de los demás. En estas condiciones no debieran asombrarnos las herramientas que utilizan nuestros hijos o alumnos para derrotarnos ¿Cómo podemos estimular si, en el fondo, lo que tratamos de hacer es derribarnos? ¿Cómo podemos ayudar cuando actualmente estamos interesados en mantener la inferioridad de nuestro oponente tanto en el hogar como en la escuela?

  • Pesimismo. El coraje como un requisito previo  

El pesimismo es un disuasivo absoluto para cualquier acto efectivo de estímulo.

El pesimismo es sentirse derrotado como educador (no es posible, con todo lo que he hecho por él), las experiencias serán desalentadoras (una y otra vez el mal comportamiento) y tenderá únicamente a esfuerzos correctivos (amenazas, gritos, castigos…) que incrementa más las faltas en lugar de corregirlas.

El estímulo significa incrementar el sentido de fuerza y valor de un niño. Un educador convencido de la inutilidad de sus esfuerzos,  no espera buenos resultados e influirá con sus expectativas más que las propias intenciones del niño, es decir, su expectativa será corroborada completamente; en lugar de ayudar a niño, le provocará para que sea aún más recalcitrante e insuficiente. Como dicen Dreikurs y Dinkmeyer, cuando surge un sentimiento de inferioridad social, el individuo tiende a separarse del grupo, realizando para ello las conductas que sean necesarias.

  • Confusión en cuanto al elogio   

Desgraciadamente hasta el educador bien intencionado puede fracasar frecuentemente al tratar de estimular si intenta expresar su aprobación por medio del elogio, no cabe duda de que este puede tener un poder estimulante, el elogio puede tener a la larga un efecto desanimador, si el niño llega a depender enteramente de él ¿Has pensado que la alabanza puede invitar a la sumisión, que resta iniciativa al niño, que es manipulación?

Los resultados de los premios y las recompensas son contraproducentes, producen efectos perjudiciales más tarde. Y ser un obstáculo para el verdadero estímulo, el que incrementa la confianza del niño en sí mismo.

  • La insinceridad  

El niño llega a tener confianza ilimitada en sí mismo cuando creemos en él, o por lo menos lo pretendemos, porque sinceramente estamos a su lado en sus dificultades, en su desespero, ayudando a vencer sus dificultades.

Se habla hoy mucho del tono apropiado en los sentimientos expresados por los adultos. Hablamos de amor, de afecto y de cariño, y no siempre estos sentimientos garantizan una influencia capaz de estimular. Para los niños es más importante el anhelo por ayudarles que la expresión de una emoción, y aceptarán contentos una intervención áspera si perciben el deseo sincero de ayudar.

El obstáculo más grande para el estímulo sincero y duradero es la falta de preparación de maestros y padres para sentarse con los niños como iguales y discutir abiertamente y con toda libertad los problemas mutuos, sus dificultades comunes, sus antagonismos y desilusiones.

Cuando se actúa así, el niño puede llegar a percibir y calibrar su propia capacidad e influencia sobre los demás y acepta su propia responsabilidad. Conseguido lo cual, hemos conseguido la más profunda forma del estímulo, no solo para el alumno, sino también para el adulto.

  • Atmósfera 

El juego mortal para desanimarse mutuamente los unos a los otros encuentra un terreno fértil dentro de las ilimitadas oportunidades que ofrece la vida familiar.

Lo que produce más daño es nuestra falta de entrenamiento y preparación para tratar a los otros como iguales.

El resultado se enraíza en lo que podríamos llamar la bancarrota de las instituciones educativas, el hogar y la escuela que sirven a los niños si estos lo hacen bien, comportarse, colaborar, aplicarse… si fallan, en general incrementan el conflicto. No tenemos tradición de vivir con otros iguales y, por lo tanto, es muy difícil entender y resolver los conflictos cuando surgen. Nuestros métodos de educar constituyen una sucesión de experimentos desalentadores. No somos capaces de ver al niño como nuestro igual; de aquí que, o le protejamos en demasía o le humillemos. Nuestras familias ofrecen pocas oportunidades para que los niños prueben sus propias fuerzas por medio de contribuciones útiles.

Por lo general su pequeñez e incompetencia son puestas de manifiesto. Padecemos hoy un prejuicio no reconocido contra los niños, les damos gran cantidad de libertad sin exigirles ninguna responsabilidad a cambio, les permitimos que hagan el salvaje y más tarde tratamos de someterlos a controles autocráticos. Nuestros chicos han aprendido a mantenerse firmes en presencia de una influencia paterna inefectiva y frecuentemente están en mejores condiciones de influir sobre las acciones de los padres, mientras estos vacilan y tropiezan en sus intentos de hacer cambiar el modo de comportarse del niño. En lugar del control tradicional de los padres sobre los hijos, nuestros hijos generalmente controlan y manipulan a sus padres.

A conocer, a saber:

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  • Pertenecer es la necesidad básica

Sin desmerecer otras necesidades la que merece más énfasis es la de pertenecer, formar parte del grupo y encontrar nuestro propio significado. Cuanto más importante es uno para los otros mejor ajustado se está como individuo.

En las emociones el niño encuentra las herramientas para responder al mundo y perseguir sus propósitos. Las emociones disyuntivas nos separan de las personas, las conjuntivas nos acercan. La rabia permite al niño oponerse a ser dominado, herido o disgustado. Ocultarlas, negarlas, obviarlas nos impide llegar a las conjuntivas. Para que un niño se sienta motivado es necesario que las emociones conjuntivas sean las que dirijan su conducta.

Cuando perdemos el sentimiento de pertenencia con nuestro grupo social, curiosamente se activa la Cingular Anterior, área cerebral relacionada no sólo con la atención, sino también con el dolor físico, hecho que manifiesta la importancia de esta necesidad se sentirnos tenidos en cuenta.

  • El interés social

Es el anhelo que se experimenta por pertenecer a los demás y nuestra preocupación por el bienestar común.

Es vital para el desarrollo social, permite la participación genuina en la sociedad y la atención de los demás. La cooperación es probablemente uno de los conocimientos más importantes para enseñar al niño. Frecuentemente se puede detectar la cantidad de estragos a que ha sido expuesto el carácter infantil al notar su desinterés en las necesidades de los demás. Una de las acciones que generan Dopamina, hormona relacionada con la felicidad, es el trabajo altruista, sin duda, responde a la naturaleza de seres sociales que somos. 

Determina con frecuencia el éxito y felicidad posterior del individuo.

  • Los métodos de la educación ¿Qué estilo de educación estás desarrollando? ¿A qué invitas a los niños con tu actitud, pautas y herramientas?

Una relación democrática requiere que el educador sea firme y amable, respeto por parte de ambos, evitando la protección excesiva mostrarse continuamente solícito e indulgente. Esto priva al niño de experimentar sus propias fuerzas y habilidades.

  • Desaliento

La persona que experimenta desaliento no puede percibir las posibilidades de ganar una batalla, de resolver sus problemas, encontrar soluciones, ni de moverse en la dirección de esas posibles soluciones. No tiene confianza en sus posibilidades, llega a la conclusión de que no existen para él. Es el resultado final de un proceso, de comprobar e intentar, de buscar y de esperar, intentando confiar en el éxito, abandonándose finalmente a la desesperación. Su lógica privada es tan convincente para él como cualquier proceso lógico. La indefensión asumida es de los procesos más difíciles por los que puede pasar un niño, ya que interpreta que nada de lo que haga, puede cambiar su entorno, por lo tanto, no hace intentos para que las cosas sucedan de otra manera.

[note]Cuando empleamos la superioridad el niño experimenta su pequeñez en contraste con el tamaño, poder y habilidad de sus padres, otros adultos y hermanos mayores. Los métodos equivocados en la educación pueden intensificar los sentimientos de inferioridad del niño.[/note]
  • Superambición 

Pocas veces se reconoce cómo la excelencia puede preparar para el fracaso. Muchos buenos estudiantes, con elevada moral y consideración social, son excesivamente vulnerables. No son buenos por la bondad en sí misma, no estudian simplemente por aprender. Muchos lo hacen únicamente porque tienen que ser mejores que los demás.

Padres y maestros refuerzan esta tendencia del impulso de ser mejores, a los que no son particularmente proficientes o efectivos se les hace creer que nos son bastante buenos.

Mientras continúe la tendencia actual a estimular esfuerzos y realizaciones para conseguir la gloria, ordinariamente por medio de amenazas y humillaciones, el desaliento entre nuestros niños será excesivo, tanto en lo bueno como en lo malo, y quizás mucho más en lo bueno.

  • Los efectos de desaliento

Es irrebatible que el desaliento es un factor básico en todas las desviaciones, deficiencias y fracasos. Nadie fracasa y se expone a todo el sufrimiento y privaciones, que trae como consecuencia este fracaso, a menos que haya perdido la confianza en su habilidad para tener éxito con los medios aceptados socialmente. A menos que esté convencido de que no le queda otra alternativa. Sin embargo existe una gran atracción en el desajuste y la desviación. Es fácil atraer la atención, conseguir una gloria especial y poder, haciendo daño, no portándose bien. La consecuencia más frecuente del desaliento es unirse al comportamiento socialmente inaceptable.

En el momento mismo que el desaliento se apodera del chiquillo su personalidad queda falseada, afecta a la propia valoración de la persona, disminuye su propia estimación y la hace vulnerable, tímida y miedosa. Cualquier área de desaliento mina el coraje de un niño y su fuerza. Mina el respeto a sí mismo y la propia integridad. Conduce a desviaciones, a la ansiedad y al miedo. Y lo que es peor, es contagioso. La persona desalentada desalienta los esfuerzos de aquellos que intentan animarlo. De corregir las equivocaciones de su propia imagen. El proceso del desaliento recíproco nos hace a todos demasiado vulnerables.

Principios del estímulo. Filosofía del estímulo.

Para que el niño pueda corregir su comportamiento deben ponerse de manifiesto los motivos y propósitos de aquel.

Maneras de entender los motivos: 

  • Ver la situación a través de los ojos del niño.
  • En vez de observar lo que hace y cómo lo hace, hay que penetrar en los propósitos y en el fin que persigue.
  • Todos los movimientos del niño tienen un significado.
  • Reconocer que el comportamiento no es tan solo una respuesta a los estímulos externos, sino un acto creativo del niño que trata de encontrar un lugar para sí mismo.
  • Darse cuenta del estado de desarrollo del niño.

El comportamiento tiene un significado y no es simplemente un acto sin transcendencia alguna. El comportamiento es siempre el resultado lógico de su percepción de la situación. Frecuentemente, el comportamiento del adulto puede ser responsable de las acciones del niño.

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No podemos esperar progresos a menos que estemos dispuestos a reconocer que el niño necesita ayuda y estímulo.

¡Valgo la pena!

  Todos los niños experimentan la necesidad de estar convencidos de que “valen la pena” (seguridad en sí mismo) Neiser relaciona 6 actitudes a través de las cuales podemos dar seguridad a los niños:

  • Tú eres de los que pueden hacerlo.
  • Es acertado que lo pruebes, no conseguirlo no es ningún crimen.
  • Proporcionarle toda clase de oportunidades para que consiga el éxito, no señalar metas tan altas que los niños jamás las puedan alcanzar más que a medias.
  • Mostrarse satisfecho con un buen intento y mostrar confianza en su propia capacidad para llegar a ser competente.
  • Aceptar a los niños tal como son, de forma que ellos puedan llegar a tener un buen concepto de sí mismos.
  • Garantizarles ciertos derechos y privilegios.

Permiten que el niño sepa que se tiene fe en él, tal como es en la actualidad, no como podría ser. Esto obliga al niño a creer en su fuerza y habilidad, no en su potencialidad. A menos que se tenga fe en él tal como es, no podrás estimularle.

La meta del estímulo es que el niño desarrolle el coraje, la responsabilidad y la habilidad… a través de su interés social, la voluntad y la habilidad para llevar a cabo su contribución al grupo.

  Específicamente, la persona que estimula:

  • Valora al niño tal como es.
  • Muestra fe en el niño, lo que permite que a su vez el niño tenga fe en sí mismo.
  • Tiene fe en la habilidad del niño y gana la confianza del chiquillo mientras fomenta el respeto de este en sí mismo.
  • Reconoce una tarea bien hecha. Felicita por el esfuerzo llevado a cabo.
  • Utiliza todo el grupo para facilitar y acrecentar el desarrollo intelectual del niño.
  • Organiza los puestos en la clase de tal forma, que el niño se sienta seguro de que pertenece a esta.
  • Ayuda a fomentar las habilidades y conocimientos ya adquiridos, de forma que psicológicamente contribuyan a conseguir éxito.
  • Reconoce y se concentra sobre los valores positivos.
  • Utiliza el interés del niño sobre determinados aspectos para estimular su deseo de aprender.

¡Vale la pena!

  Alguien debe creer que el niño merece las molestias que se toman, hasta que tenga fe en sí mismo.

Significa tener la íntima convicción de que el niño posee algo bueno, que existen en él posibilidades, que puede realizar, y vale la pena, el esfuerzo y el interés envuelto en la ayuda que se le presta.

No mostrar actitudes preconcebidas con respecto a la conducta anterior del niño y su reputación, sino analizar los valoras positivos del niño y enfocar el estímulo en esa dirección.

Necesitamos no solo mostrar fe, sino estar suficientemente convencidos para desarrollarla en el propio niño. El maestro debe conseguir, de forma decisiva, trasladar al niño la actitud de “Yo sé que puedes hacerlo”.

Reconocimiento de un trabajo bien hecho y dando gracias por el esfuerzo.

Algunas veces los niños convencen a los maestros de que no pueden realizar las tareas y éstos quedan sorprendidos al comprobar la capacidad real de estos niños cuando se les da la oportunidad de ponerla de manifiesto. Los chiquillos pueden ser influenciados cuando los maestros reaccionan en el momento preciso.

Utilizando al resto de la clase.Integrando al grupo. 

Todo comportamiento tiene un significado social, uno de los principales propósitos es pertenecer. Si el maestro utiliza el grupo para conseguir desarrollo experimentarán los beneficios de complementarse y ayudarse a progresar, fomentando las relaciones sociales y las mejoras que pueden proporcionar. Trabajar con cada individuo pero sin perder de vista el objetivo: El grupo.

Desde lo positivo.

  Reconociendo y enfocando las acciones sobre la fuerza y las cualidades positivas.

Los maestros se sienten inclinados a creer que su deber es señalar las equivocaciones, consideran el diagnosticar errores como de la mayor importancia. Si las relaciones con el niño tienen como tarea principal señalar errores, las relaciones no serán muy agradables.

[note]Sería una buena cosa determinar las mejores características de cada niño y centrarse en ellas de forma que psicológicamente contribuyan a conseguir éxito. Concentrarse sobre los valores positivos utilizando el interés del niño sobre determinados aspectos para estimular su deseo de aprender.[/note]

Darse cuenta y entender el desánimo y con paciencia practicar aquello en lo que el niño puede tener éxito. El reconocimiento de su creciente destreza hace que el niño vuelva a creer en sí mismo. Hay que permitir que los niños alcancen el éxito en sus empresas para conseguir que venzan sus miedos. Un niño tiene que tener muy claro que sus acciones pueden cambiar su entorno, y que lo que realice tendrá unas consecuencias. Debemos empoderar a los niños. 

El señalar errores y equivocaciones no ayudará tanto como centrar la atención en aquellos aspectos en los que el niño muestra su habilidad. Involucrar, ofrecer participación, dar responsabilidad.

Actitud

El clima emocional de la clase y las interacciones entre el profesor y el alumno son aspectos importantes que hay que considerar. Se trata de aprovechar las oportunidades que se le brindan al educador para mejorar el carácter y cualidades de los alumnos. De ahí que sea sustancial renovar el conocimiento de la importancia que tiene entrenar al maestro en su trato con los alumnos porque el aula proporciona muchas oportunidades para poner de manifiesto las ventajas de trabajar juntos, la cooperación y el interés social son fundamentales para desarrollar un apropiado espíritu de grupo y una atmósfera propicia.

El maestro que no se da cuenta de la existencia y de las relaciones entre los subgrupos de la clase, no puede influir de manera efectiva.

Siempre en horizontal 

Algunas personas tienen la tendencia a imaginar el progreso como un movimiento desde una posición inferior a otra superior. Los movimientos en un sentido horizontal producen mejores resultados. El individuo puede expresar su interés social a través de su preocupación por un progreso mutuo y metas comunes que no necesitan estar por encima de los demás.

La no pertenencia genera sentimientos de inferioridad que tienden a restringir el interés social. Ayudarse unos a otros, disminuirá la competencia dentro del grupo.

[note]Poner de manifiesto que los conflictos son cosas de todos y se pueden superar con la cooperación de todos. Los problemas deben ser manejados de forma que permita a todo el grupo trabajar unido en la solución.[/note]

Comunicación efectiva para las preocupaciones, intereses y problemas de todos. La discusión de los problemas que afectan al grupo o a sus miembros es una de las técnicas más importantes que permiten al maestro entender y conocer a sus alumnos y poner de manifiesto las relaciones internas que prevalecen. Permite el desarrollo del entendimiento propio y ayuda a madurar la personalidad del niño. Estas discusiones deben ser una parte regular de la experiencia educativa. Sirven también para estimular el entusiasmo y aumentar la cohesión. El maestro debe aceptar los sentimientos de los niños, ya sean positivos o negativos.

Fundamental no pasar por alto el uso del error como oportunidad maravillosa de aprendizaje, como oportunidad para enseñar al niño a asumir responsabilidades sin culpa, ni vergüenza.

Notas y conclusiones

El proceso del estímulo es complejo, no es suficiente que uno desee estimular al niño, es necesario conocer mucho acerca de los métodos para conseguirlo. Por ello la primera necesidad es ayudar al educador…

En esta extensa publicación os he resumido un tema vital en educación; desde la perspectiva de DinKmeyer y Dreikurs, en “Cómo estimular al niño: el proceso del estímulo”, hoy cimiento sólido de la metodología de laDisciplina Positiva. Sin cambio de actitud las herramientas no son valiosas, si queremos ser educadores eficaces debemos aprender… a respetar la naturaleza infantil alentando crecimiento, maduración y desarrollo.

Carlos, Iván, Cristina y María… con su comportamiento nos trasladan un mensaje importante que como educadores debemos percibir desde la sensibilidad, “necesito ayuda, soy un niño, busco lograr conexión y no sé cómo lograrla”.

A la luz de estas líneas ya no debemos sentir impotencia, hay una caja llena de herramientas… 

  Todos los párrafos en color naranja son una colaboración muy especial y muy apreciada por mi de mi compañera MACARENA SOTO RUEDA, también Facilitadora de Disciplina Positiva y Experta en Neurosicoeducación y capacitación docente en Neurociencia.

Autora: Marisa Moya, directora de Escuela Infantil Gran Vía, Facilitadora de Disciplina Positiva para padres y docentes.

¿NIÑOS DESMOTIVADOS O ENTORNOS DESMOTIVANTES?

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